Escúchenos en línea

¡Siempre he sido ciudadano puertorriqueño!

Semanario Claridad. Desde San Juan, Puerto Rico. | 21 de Noviembre de 2006 a las 00:00
María Mercedes Barbudo, Manolo El Leñero, Joaquín Parrilla, Mariana Bracetti, Betances, Antonio Valero Bernabé, Juan Rius Rivera, Pachín Marín, Lola Rodríguez de Tió, Venancio Román, son ellos entre los primeros ciudadanos de la Nación puertorriqueña, así proclamada por el gobierno provisorio de Lares 1868: «Nos, los representantes de la NACIÓN puertorriqueña, debemos mandar y mandamos: 1. Que todo CIUDADANO natural del país está obligado a tomar las armas, y el que no lo hiciere será juzgado como traidor a la patria, siendo pasado por las armas».

Por Rafael Cancel Miranda, semanario Claridad. Desde San Juan, Puerto Rico.

Acto seguido viene el Grito de Lares y la Proclamación de la República. Es con esta gesta que nos ganamos el derecho a ser ciudadanos de la nación puertorriqueña, y somos miles los puertorriqueños quienes a través de nuestra historia, jamás hemos renegado ni renunciado a ese derecho, ni hemos sustituido nuestra ciudadanía puertorriqueña por otra. Nunca hemos sido ni nos hemos considerado ciudadanos de otro país que no sea el nuestro. Y en repetidas ocasiones hemos defendido a sangre y fuego nuestra nación y nuestra ciudadanía puertorriqueña (Levantamiento de Arroyo, 1895; Levantamiento de Yauco, 1897; Levantamiento de Ciales, 1898), y los guerrilleros puertorriqueños comandados por José Maldonado, quienes abanderados con nuestra Bandera Puertorriqueña enfrentaron las tropas invasoras norteamericanas (muy al contrario del incondicional Luis Muñoz Rivera, quien había jurado que con su vida defendería la corona española, y tan pronto nos invadieron los "americanos" juró lealtad de por vida a sus nuevos amos). Para cuando los yanquis nos invaden ya los puertorriqueños, después de largos años de lucha, habíamos forzado a los españoles a una Carta Autonómica, la cual muchos políticos en el gobierno de España protestaban de que era la "concesión" de la soberanía a Puerto Rico (parlamento propio, cuño monetario propio, tratados comerciales con otros países sin mediar España, sellos postales propios con reconocimiento internacional, ¡y los españoles mismos tenían que pedir permiso para entrar a nuestro país!) y entonces viene la invasión y el ilegal Tratado de París en que somos transferidos de un imperio a otro como botín de guerra, como mercancía de trueque. Para nada se contó con la nación puertorriqueña pese a que "jurídicamente" estaban obligados a consultarnos. Obviamente para los imperios lo jurídico es simplemente un adorno de vitrina. Betances inmediatamente dio a conocer la posición de la ciudadanía puertorriqueña: "No queremos colonia ni con España ni con los Estados Unidos". Pero los cañones yanquis se impusieron con la ley de los imperios: la ley del cañón. Violando a cañonazos la jurisprudencia de la nación puertorriqueña y del derecho internacional, y por tal razón, entre otras, es que Don Pedro Albizu Campos y los nacionalistas puertorriqueños consideramos ilegal y canallesca la imposición de las leyes norteamericanas sobre los ciudadanos puertorriqueños y rechazamos, no aceptamos bajo ninguna condición, la ciudadanía del invasor estadounidense, la cual fue impuesta a la cañona y en contra de la voluntad de nuestro parlamento y de nuestro pueblo. Los nacionalistas puertorriqueños creemos firmemente en la fuerza del derecho, no en el derecho de la fuerza ni en la falsa jurisprudencia que de tal fuerza emane, que solo será jurisprudencia para dar visos de legalidad a lo ilegal. Es por ello que jamás hemos aceptado la imposición de la ciudadanía estadounidense y la hemos combatido como ciudadanos puertorriqueños ya que nunca hemos dejado de serlo. Y como certeramente dijera don Pedro durante un discurso que pronunciara en la Plaza de Colón de Mayagüez en el año 1932: "No se puede renunciar a lo que nunca se ha aceptado". Sí respeto a aquellos que habiéndola aceptado, por las razones que fueran, ahora la renuncien, pero con la esperanza de que al hacerlo no lo hagan validando lo mismo que renuncian o degradando la ciudadanía propia. Y sin perder de perspectiva que lo más importante aquí no es quitarnos un carimbo individual y sí quitar ese carimbo a toda nuestra nación, o el peor de los carimbos, que es el coloniaje. Ciudadanos puertorriqueños fueron masacrados en Ponce un 21 de marzo por defender su nación y ciudadanía (la defensa de la soberanía es la única forma válida de defender tanto una como la otra). Lo que no nos lleve hacia ese rumbo, nos tendrá dando tumbos. Ciudadanía sin soberanía es como fusil sin municiones, o como un río sin agua. El esclavo sigue siendo esclavo aunque tenga su propio nombre. La cosa es romper las cadenas, no adornarlas con nuestro nombre, de lo contrario seguiríamos siendo una colonia con bandera, con himno, con constitución ¿y hasta con ciudadanía? ¡Pero siempre bailando al son que nos toquen los gringos! Para felicidad del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, del Banco Interamericano de "Desarrollo" de la globalización y del neoliberalismo capitalista, que sienten aversión hacia la soberanía de los pueblos. Y que sigan nuestros hijos muriendo en las guerras del capitalismo norteamericano, y que nuestro territorio nacional continúe saturado de bases militares yanquis, y que sigan robándose nuestro patrimonio nacional y empujando a la miseria a miles de nuestros compatriotas, y siga drogándose a nuestros niños pues, después de todo, ¡la colonia tiene ciudadanía! Algo así le ofrecieron los yanquis a Don Pedro; él lo rechazó, Muñoz Marín lo aceptó. Por eso es que Don Pedro es un ciudadano puertorriqueño de verdad, y Muñoz un ciudadano de la ambigüedad. Y cayeron ciudadanos puertorriqueños en la Masacre de Río Piedras, en la Masacre de Utuado, en el Cerro Maravilla, en las aceras de Washington, y la ciudadanía puertorriqueña que nació en Lares aquel 23 de septiembre de 1868, se reafirma en Jayuya un 30 de octubre de 1950 y, por si quedaba alguna duda, vuelve a dejarse sentir un primero de marzo de 1954, en una gesta que internacionalmente le desgarró la careta al mamotreto colonial llamado el Estado Libre Asociado bajo el cual se quiso enterrar nuestra única y verdadera ciudadanía puertorriqueña. Otros ciudadanos puertorriqueños han reafirmado su ciudadanía en diversas maneras... MIRA, MAPA, CAL, Macheteros, Los Voluntarios, las FALN, y en toda forma de lucha independentista, que es la verdadera forma de defender la nación y la ciudadanía. Para quienes hayan validado o aceptado la ciudadanía "americana" como suya, sí tengo entendido que hay diez maneras de renunciarla, dos de ellas ustedes las conocen. Hay una tercera que es entrándole a tiros, que no parece muy recomendable. Digo esto porque al tiempo de los tiros en Wáshington los carceleros me llevaron unos blancos para que yo los llenara como extranjero y, como yo estaba en los Estados Unidos y allá soy extranjero, los firmé pero nunca más volví a oír del asunto. Allá por los años 1981-82 me invitaron a Japón para un congreso acerca de Corea. Acepté, pero los japoneses me requerían un pasaporte norteamericano. Preparé un documento (el Dr. Cancel Ortiz me lo pasó a computadora) y le pegué dos retratos de pasaporte. En ese documento explicaba las razones por las cuales no aceptaba la ciudadanía "americana" ni usaba sus pasaportes. Recuerdo que lo llevé al consulado japonés en Nueva York acompañado de la representante (en ese entonces) del Comité de Puerto Rico en la ONU. Valga decir que los japoneses no me validaron el documento, ni con mi acta de nacimiento. Decidí entonces llevar el caso a las Naciones Unidas, y ese mismo año argumenté ante el Comité de Descolonización de la ONU la ilegalidad de la imposición de la ciudadanía yanqui sobre la nación puertorriqueña y el insulto que se nos hacía como pueblo al requerirnos pasaporte norteamericano para poder viajar. Era como forzarnos a nosotros mismos a legalizar la invasión de nuestra nación. Juan Mari y otros puertorriqueños que deponían en esa sesión estaban presentes, aunque sus ponencias eran de otro carácter. Por la misma absurda razón de requerirnos pasaporte gringo no pude responder a invitaciones de Suiza, España y Grecia. Yo sólo viajo a donde me acepten mi acta de nacimiento. Llegué a tener pasaporte nicaragüense. En un viaje a Nicaragua me encontré en el mismo avión con Rubén [Berríos] y le enseñé mi pasaporte nicaragüense, pasaporte que llevé con mucha honra y orgullo (y del cual me sentí merecedor sólo cuando fui al frente de guerra a recoger un combatiente herido que no se sabía si era compa o contra. Me acompañaron unas mujeres boricuas). ¿Por qué escribo estas líneas acerca de la ciudadanía? Porque muchos amigos y compañeros me han preguntado al respecto, y como los respeto, les contesto. También quiero hacer mención de unas reacciones ante este asunto de la "ciudadanía". En un libro de texto de siquiatría que se usa en las escuelas de los Estados Unidos hay una enfermedad de la psiquis que la llaman "síndrome puertorriqueño". Yo no sabía a qué se referían hasta que leía y oía las reacciones casi al borde de la locura de los que padecen el "síndrome del pitiyanquismo", ante la "resolución" del tribunal colonial, pese a que saben que ese tribunal carece de poder decisional. La degradación y el ridículo del colonizado no conoce límites, sobre todo si tras colonizao’ también es desvergonzao’. En un manicomio se ve gente más cuerda que aquellos que reniegan de sí mismos hasta el grado de la humillación. Macondo es nada al lado del Puerto Rico de los superciudadanos "americanos". Ni los mismos anglosajones son tan "americanotes". Estos se reirían de aquellos, pues cada año miles de ellos renuncian a esa ciudadanía y no se alborotan ni las gallinas. Es patética y hasta dolorosa la forma en que los colonizados reniegan de sí mismos y convierten en dioses a los mismos que los han despersonalizado. Tal vez ése es el "síndrome puertorriqueño" a que se refiere ese libro de siquiatría. Y para terminar lo haré contestando la pregunta que algunos se hacen acerca de este nuevo y viejo asunto de ciudadanías. Y es que como nunca he renunciado a ser puertorriqueño, por lo tanto, como que sería ilógico de mi parte pedir ser lo que nunca he dejado de ser ¡CIUDADANO PUERTORRIQUEÑO! y, sumado a eso, el hecho de que nunca he reconocido poder alguno que pueda forzarme a dejar de ser puertorriqueño y a ser lo que no soy. La mira de mi lucha (y la de tantos miles de ciudadanos puertorriqueños) es que los yanquis nos devuelvan todos los poderes soberanos que ilegalmente detentan, y será entonces cuando los ciudadanos puertorriqueños habremos cumplido con nosotros mismos. ¡Y todo lo demás vendrá por añadidura! También quisiera aclarar algo. Se está diciendo por algunos sectores que los únicos que son ciudadanos puertorriqueños son aquellos que han renunciado a la ciudadanía "americana". Eso se parece a la torpe racionalización de Rosselló al decir: "que primero hay que ser "americano" para entonces ser puertorriqueño". En este otro caso, pues parece que primero hay que aceptar la "ciudadanía" yanqui, renunciarla, para entonces ser ciudadano puertorriqueño, o sea, aceptar ser lo que no soy, renunciar, para entonces ser lo que nunca he dejado de ser. Laberintos de la colonia. ¿Será otro reflejo del llamado "síndrome puertorriqueño"? Porque según ese sector, entonces ni Don Pedro, ni Blanca Canales, ni Concepción, ni Baltazar, ni Rafael Manuel Suárez Díaz, ni mi propio padre, ni Dominga Cruz Becerril, ni nuestros dieciséis patriotas encarcelados (ya por más de dieciocho años en cárceles "americanas"), ni Betances, ni Corretjer, ni Elías Beauchamp y Rosado, ni los caídos en Ponce, ni los combatientes de Jayuya, ni Oscar, ni Elio Torresola, en fin, ninguno de nosotros se salva, pues nos dejaron en el limbo: ni yanquis ni puertorriqueños. Eso es como decir que el honesto sólo es honesto si roba y devuelve lo robado, que de lo contrario no es honesto si nunca ha robado. ¿Puede alguien explicarme la lógica de ese disparate? Decía Don Pedro: "O yanquis o puertorriqueños". De yanqui nunca he tenido un pelo, de puertorriqueño lo he tenido todo, incluyendo la ciudadanía.

Descarga la aplicación

en google play en google play