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El presente de Nicaragua visto con ojos suizos, por Sergio Ferrari

Swissinfo | 24 de Noviembre de 2006 a las 00:00
El 10 de enero del 2007 Daniel Ortega asumirá la presidencia de Nicaragua. Antiguos y actuales cooperantes suizos evalúan la etapa política que vive ese país centroamericano. Casi 17 años después de su derrota electoral de 1990 -contra Violeta de Chamorro-, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) volverá al gobierno. Con 37.99% de votos y con casi 9 puntos por encima de Eduardo Montealegre, candidato de la Alianza Liberal, Daniel Ortega se alzó con la victoria en la primera vuelta de los comicios del domingo 5 de noviembre. Se produce así un fenómeno político único en Latinoamérica. Una organización guerrillera que conquistó el poder en 1979 a través de una insurrección popular, volverá a gobernar, 28 años más tarde, pero esta vez a través de elecciones libres.

Cooperar con los más necesitados

"Aunque sin duda Daniel Ortega no defiende el mismo programa que en 1979, es importante su victoria ya que no era el candidato preferido por los gobernantes estadounidenses", evalúa Bernard Borel. Diputado del cantón de Vaud y presidente del Centro Social Protestante de dicho cantón, este médico pediatra trabajó durante seis años a inicio de la década de los ochenta, como voluntario en Nicaragua con el apoyo de la organización no gubernamental GVOM (Grupo Voluntario de más allá del mar). Borel pone énfasis "en la nueva etapa que vive toda Latinoamérica con gobiernos progresistas en muchos países", marco que podría facilitar la política exterior del sandinismo. "Es posible que Nicaragua, con el apoyo de Venezuela -y sus facilidades en el suministro de petróleo a precios solidarios- y con el respaldo de Cuba, pueda resolver la actual crisis energética que vive el país, lo que aliviaría un poco la vida cotidiana de miles de nicaragüenses", enfatiza el diputado cantonal. En los últimos meses se han incrementado los cortes de energía que en algunos barrios y comarcas se prolongan hasta 8 o 10 horas diarias. Ronald Rueda coincide en lo anterior. Suizo de origen peruano, el actual trabajador social de la ciudad de Friburgo colaboró durante seis años, en aquella época, como voluntario de la ONG 'Frères sans Frontières' (Hermanos sin Fronteras), en un proyecto de salud mental en Ciudad Sandino, un barrio popular de la capital Managua. Y luego, en los noventa, coordinó durante casi cinco años una estrategia de apoyo a tóxico-dependientes suizos que viajaban a ese país centroamericano para su recuperación.

Esperanza social

"El resultado de las elecciones del 5 de noviembre demuestra que a pesar de los 16 años en que estuvo alejado del poder, el FSLN sigue constituyendo una esperanza social para un amplio sector de la población", explica Rueda. Y a diferencia de la etapa anterior, "esta nueva experiencia de gobierno no tendrá que soportar una agresión externa". La guerra que padeció Nicaragua entre 1982 y 1990 dejó un saldo de más de 50 mil víctimas y pérdidas directas e indirectas que oscilaron en los 17 mil millones de dólares. En cuanto a las perspectivas futuras de la cooperación internacional -en ese país que ha sido históricamente beneficiario de una intensa ayuda al desarrollo-, "puede jugar un rol todavía más importante si privilegia proyectos que beneficien a los sectores más excluidos de la población", anticipa Rueda. Según datos oficiales, casi el 70% de la población nicaragüense vive hoy con menos de 2.50 francos diarios. Un millón de niños en edad escolar no pudieron acceder al sistema educativo en el 2006. Y el analfabetismo afecta al 40% de la población, mientras que en el anterior gobierno sandinista ese índice se había reducido al 13%. "El aporte financiero de la cooperación externa representa el tercio del presupuesto total de Nicaragua", explica por su parte Rosemarie Fournier, bibliotecaria y asesora del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica quien, además, concluye en diciembre su mandato de tres años como cooperante de E-Changer, ONG suiza presente desde hace 26 años en ese país centroamericano.

Un FSLN diferente

Para Fournier "seguramente el nuevo gobierno va a colaborar con los diversos actores de la cooperación internacional", pero ésta no tendrá el mismo condimento de "solidaridad internacional" que en la anterior etapa. "El FSLN hoy no es el mismo que antes", enfatiza, al recordar que la victoria de ese partido obedeció a "que la derecha se presentó dividida en dos listas". "Sin esa división, Daniel Ortega no sería el futuro presidente", coincide Sabrina Anastasia, otra cooperante helvética que trabaja como asesora en educación popular en el departamento capitalino. Anastasia subraya también "que el resultado electoral es producto de que buena parte de la gente tiene salarios bajísimos, atención médica pésima y carece de los recursos mínimos para mandar a sus hijos a la escuela". Y en ese sentido, a pesar de cierto escepticismo sobre el futuro político, "muchos seguidores de Daniel (Ortega), consideran que puede ser una carta válida de cambio", enfatiza la cooperante. A pesar de la historia reciente de confrontación, guerra y polarización política, "fue interesante apreciar una campaña electoral donde el Frente Sandinista usó un tono positivo, conciliador y propositivo", evalúa Verónica Pfranger, educadora suiza que vive en Nicaragua desde 1980. Pfranger, quien coordina actualmente los proyectos de la ONG helvética 'Brücke-Le Pont' y que fuera durante un largo período una de las responsables de los voluntarios de la plataforma UNITE en Centroamérica, constata también una nueva dinámica democrática en el país. "El proceso comicial fue muy tranquilo. Todo el mundo aceptó los resultados y casi no hubo ni impugnaciones ni pleitos", subraya. En cuanto a las organizaciones sociales de base, llaman a "estar atentos y vigilantes" para que los sectores hoy más desfavorecidos sean realmente los priorizados por el nuevo gobierno. En Nicaragua, país de sorpresas, el futuro político parece estar totalmente abierto a una nueva lógica de alternancia democrática instaurada por el sandinismo en 1990 y reforzada luego de los comicios del 5 de noviembre, y donde el reto de la cooperación internacional es claro, según consenso de los cooperantes suizos de ayer y hoy: favorecer a los más necesitados. Es decir, a ese 70% de la población que vive en la pobreza y que, en los últimos tres lustros, pagó el costo de una política de ajustes estructurales y desmantelamiento del Estado social.

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