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Después de las elecciones, ¿qué? ¿un nuevo camino?, por Víctor Tirado López

El Nuevo Diario | 24 de Noviembre de 2006 a las 00:00
En 1989 el mundo dejó de ser bipolar con la caída del Muro de Berlín. El campo socialista se derrumbó. Al mismo tiempo los países subdesarrollados, o sea los pertenecientes a los No Alineados, entraron en crisis, dejaron de expresarse en su instrumento de lucha. Nicaragua no fue ajena a ese derrumbe, la Revolución Sandinista fue derrotada en las urnas en febrero de l990 en parte por las mismas causas. El proyecto sandinista se vino abajo. La Unión Nacional Opositora (UNO) fue la alternativa democrática, compitió electoralmente y ganó la partida. A esa distancia, el Frente Sandinista ha participado en tres contiendas electorales (1999, 1996, 2002) con un solo candidato, Daniel Ortega, para presidente de la República y ha cosechado tres derrotas consecutivas. El cinco de noviembre de este año entró a la cuarta contienda electoral, alcanzando por fin su meta ansiada: la Presidencia de la República, pero ya no para sostener o conquistar el poder revolucionario, como en 1979, sino para llegar al gobierno, para defender sus intereses de grupo, pero sin alcanzar el poder absoluto como en 1979, sino para hacer funcionar las medidas neopopulistas con un contenido neoliberal. Rescatar un nuevo proyecto no es tarea fácil, pero tampoco el Frente Sandinista realizó esfuerzo alguno desde 1990. Han pasado 16 años desde la primera derrota electoral, y el Frente Sandinista en la oposición no se comprometió a redactar algo novedoso capaz de hacerle frente a las nuevas condiciones que nos anunciaba el fin del sistema socialista mundial. Sin embargo, para reencontrarse con el poder, Daniel Ortega olvidó lo más sustancioso de la lucha: el programa económico, y se dedicó al practicismo desde el punto de vista político electoral, que vino preparando y planificando su propia existencia a través de un periodo que duró cerca de diez años y medio hasta no ver consumadas sus ambiciones de volver a la Presidencia. La alcanzó, es cierto, a pesar de sus tres derrotas consecutivas, hace suya esta victoria electoral con las ideas de la "reconciliación y unida Nicaragua triunfa". El tiempo para Daniel no era de suma importancia y no fue sino este cinco de noviembre que logró el fruto de su estrategia electoral. El Frente Sandinista bajo la dirección de Daniel Ortega creó un ambiente favorable. Nacional e internacionalmente trata de ganarse a los distintos Estados de Europa y en primer lugar al gobierno de los EU, ahí está su debilidad, es decir no recibe como Frente el apoyo de la comunidad internacional; al contrario, es el danielismo que le da forma a esta dirección dentro de la organización al obtener una victoria electoral pírrica. El danielismo nunca se preocupó por aportar a la discusión y al debate económico, así lo demostró Daniel en su campaña electoral al rehuir la polémica. Su preocupación radica en consolidar la cuota de poder que se ha visto acrecentada a partir de la firma del pacto del 99. Surge una pregunta, ¿la reconciliación es un criterio de unificación?, porque cuando se carece de un proyecto de programa y se aspira a un puesto público o político de alto nivel como la magistratura presidencial y después de tres fracasos presidenciales, la forma conveniente de defender los propios intereses de grupo no son más que las reivindicaciones de un capital formado con la ayuda estatal, entonces la propiedad pública se trasforma en propiedad privada, y en este caso el pacto aparece como desprendiéndose del Estado. Por ejemplo, te pregunto Daniel Ortega, ¿puedes escapar al capital tradicional en aras de defender a los votantes desocupados que te dieron el triunfo electoral? Está por verse. El grupo económico sandinista que te apoyó y el bloque del gobierno que coincide con tus intereses, como partido, producto del modelo económico estatal en donde se acentúan los intereses de grupo al calor de la piñata y el de Alemán, se han enriquecido siendo gobernantes del Estado, por eso es que se buscan a como dé lugar atentando contra las instituciones del gobierno, como el Poder Judicial, el Consejo Supremo Electoral y otros de igual cuantía, porque en el Estado amasaron su fortuna, al no contar con los elementos necesarios de formación de capital legal, éste se fue formando al amparo del Estado. Una cosa es que el Estado te defienda tus intereses a través de acumular una fortuna por tu propia cuenta y otra distinta es hacer fortuna a costa de él. Acuérdense los grupos económicos que hicieron su capital al calor del Estado que la riqueza la produce el trabajo y que para adueñarse de ella hay que hacer uso del trabajo, y si no existe esta forma de acumular bienes entonces quiere decir que se vive del trabajo ajeno, o bien, del erario del Estado. Daniel Ortega, ninguna economía puede funcionar si están de por medio los grupos económicos producto del azar, por que esto conduce a la corrupción al despilfarro y la inestabilidad política, sin conseguir el crecimiento justo. Daniel Ortega, en tu presentación electoral no hablaste de las instituciones corruptas, creo que me da la impresión que no tratas de impedir su desenvolvimiento. Desde luego, esta campaña electoral no contenía el programa económico del sandinismo nuevo, es decir, la coyuntura se los comió. Ya no es el Frente Sandinista de los años 80. Lo entiendo. Pero sí se aventura a crear un nuevo proyecto de corte de capitalismo salvaje, aun a pesar de sus intenciones es salvaje, como la forma de hacer el capital. A lo largo de estos últimos tres meses de campaña electoral se dieron cita para competir por esos puestos gubernamentales los partidos políticos del centro, centro-derecha, izquierda-centro, entre ellos la Alianza MRS en busca del paradigma perdido. Y llegadas las elecciones de noviembre de 2006, el Frente Sandinista obtiene una ganancia electoral por medio de alianzas individuales y de grupos políticos, que con el tiempo conllevan la gestación de una oligarquía política. Para Daniel el cambio que ha originado no es más que convertirse de las ideas revolucionarias al dogma de la religión católica. Si esta alianza se mantiene, por un buen tiempo seguiremos siendo el país de los caudillos. El programa de cada uno de ellos no se diferencia en lo fundamental. Todos hablan de reducir la pobreza, crear nuevos puestos de trabajo, viviendas, contra la corrupción, sin embargo, no llevan en su seno la lucha por reconstruir Nicaragua, contra la injusticia judicial que se mantiene a través del pacto, el respeto a los poderes del Estado, es decir, el Estado de Derecho; debemos de enmendar, mejorar, reformar todo el Estado, en una palabra: cambiar. Pues bien, ¿cuál es el camino? La economía de mercado y la necesidad de democratizar este mercado, por lo tanto, la izquierda debe proclamar y luchar por una distribución justa del ingreso y la riqueza. Ése es uno de los puntos esenciales de la izquierda nueva, o de centro, como se le quiera llamar. No trato de hacer del mercado el centro de la economía, pero sí comparto con algunos analistas humanizar el mercado, por lo menos, pues todos los sistemas económicos existentes hasta nuestros días no han sido humanos, desde la comunidad primitiva pasando por el capitalismo y el socialismo. Lo que hay que tratar es de dar un enfoque alternativo al proponer la democratización de la economía de mercado No hay otro camino. Candidato ganador, Daniel Ortega, no te hagas ilusiones en cuanto a aplicar tus intenciones programáticas a favor de disminuir la pobreza, pues la realidad es una y a veces creemos que vamos por el camino correcto y nos equivocamos, así nos sucedió a nosotros con la Revolución Sandinista. Caminamos de error en error. El camino del sistema económico que pasa por nuestras cabezas se convierte en pura ilusión, y estoy seguro que para Daniel Ortega los encuentros que ha sostenido con los distintos sectores económicos del país, después de ser declarado oficialmente el presidente electo, lo llevan sin duda alguna a continuar el capitalismo salvaje, que tanto criticó en su campaña electoral. Mucho cuidado. Por lo tanto, el Estado debe garantizar el proyecto educativo, para evitar el capitalismo salvaje a un Estado enriquecido bajo el ahorro nacional, pero no enriqueciendo a los funcionarios del gobierno, un sistema fiscal justo, de igual manera la valorización de un salario y empleo dignos dentro de un amplio mercado de trabajo, defendiendo un Estado fuerte para aplastar el neoliberalismo, no con el Estado actual que tenemos, contar con una democracia capaz de enfrentar las desigualdades sociales, elevar el ahorro interno en donde se liberará en parte el círculo vicioso de dependencia del capital extranjero por medio del BM y el FMI destinado al aumento de la producción y de la productividad. Pero bien, ¿qué sistema tratan de edificar los danielistas: el parlamentario o el presidencialista? Cualquiera de los dos los lleva inconscientemente al capitalismo de Estado o lo que es lo mismo a la oligarquía política, por lo tanto, hay que crear el Estado de Derecho. Bajo la dirección del caudillo Daniel Ortega, es difícil. Ganó las elecciones, es cierto, pero mantiene el Estado como una reedición del pasado, por varias razones, entre ellas: la alianza con el ex presidente Alemán, con el cardenal Obando y Bravo, haberse unido a los contras capitalistas, es decir la derecha más liberal, además se trajo a las fuerzas sociales de los bajos fondos, sectores que no tiene porvenir si no es que se les subsidie como fuerza económicamente informal, amén de controlar el Consejo Supremo Electoral, el sistema de fiscales y el padrón electoral dieron la ganancia, como en el sistema capitalista, a la mercancía más demandada y con más competencia, pagó un precio justo. Daniel manejó todos los hilos del gobierno desde años atrás hasta llegar a su culminación el cinco de noviembre de 2006. En consecuencia, controló todo el proceso electoral en el momento de la firma del pacto.

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