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Dejemos que Daniel piche su juego, por Mario Urtecho

El Nuevo Diario | 24 de Noviembre de 2006 a las 00:00
La recién estrenada victoria del FSLN en las elecciones presidenciales ubicó a Nicaragua en primera plana de los noticieros mundiales. Y no es para menos. Por primera vez en la historia de Latinoamérica --y creo que en el mundo-- el dirigente de una revolución que tomó el poder por las armas y lo perdió en las urnas lo recupera con los votos 16 años después. Acontecimientos de tal magnitud son susceptibles de ser divulgados con múltiples matices y enfoques, que en la ciudadanía receptora de la información provocan una mixtura de reacciones: alegrías, tristezas, suspicacias, temores, dudas, rencores revividos y un prolongado etcétera, en dependencia de la óptica, intereses e ideología de los emisores. De lo que no hay ninguna duda es que en miles de corazones nicaragüenses ha retoñado la Esperanza, así con mayúscula, porque el deseo de volver a creer que la vida puede ser distinta tiene dimensiones colosales, en particular, para quienes nunca han conocido más que pobreza, miseria y exclusiones, para quienes durante años han sorteado la vida para sobrevivir con menos de un dólar cada día. Los sentimientos de alegrías y esperanzas fueron sintetizados en una fotografía la noche que miles de sandinistas celebraban su victoria: un hombre de avanzada edad lloraba cubriéndose la cara con una mano mientras en la otra sostenía una flor, reafirmando un sí al amor y a la paz. ¡Como en Woodstock! A lo interno del país la tranquilidad se siente en el ambiente, y la confianza se expresa en la estabilidad de los recursos del sistema financiero. No hay fuga de capitales. Los ahorros mantienen su conducta y la canasta básica no ha sido conmovida más de lo que ocurre en época de Navidad. Eso sí, continúa tan inaccesible para miles de familias como estaba antes de las elecciones. No se registran alteraciones al orden público o enfrentamientos entre simpatizantes de los partidos políticos. La conducta de los y las nicaragüenses fue calificada por miles de observadores internacionales con un loable 100, y según las representaciones diplomáticas acreditadas en el país los resultados del proceso electoral cumplieron a cabalidad las normativas y procedimientos establecidos. Se sabe que en las elecciones el acceso a la Presidencia lo gana quien recibió mayor número de votos, en este caso el FSLN. Sin embargo, mentiras y artimañas ya comenzaron a aflorar. Conocidos personajes nacionales han afirmado que éste será un gobierno de minorías por haber obtenido sólo 38% del total de los votos válidos del electorado. Es mentira, porque ningún otro partido sacó porcentaje superior a ese 38% y porque se basan en lo que pudo haber sido y no fue. Su razonamiento es que el 62% prefirió otras opciones. Es cierto, pero demasiado simplista, pues si promediamos ese 62% entre las otras 4 opciones, cada una obtiene sólo el 17% --menos de la mitad del 38%--, una cifra en verdad minoritaria. Tampoco es cierto que el nuevo gobierno será de minorías, porque en Nicaragua es la inmensa mayoría de la población --sin importar su color político, raza, género o credo-- la que vive en la miseria, y es con esa mayoría con quien se ha comprometido el FSLN a buscar soluciones para salir de su agobiante situación. Este gobierno sí sería de minorías si las elecciones las hubiese ganado una vez más uno de los representantes de las autollamadas fuerzas “democráticas”, que los últimos 16 años detentaron el poder para el usufructo de una elite de privilegiados, descendientes y/o cómplices del gobernador Tastuanes. Sólo en los tangos los años no son nada. En 16 años hay 5,840 días, en los que cada uno de los pobres y desempleados debieron rebuscarse 17,500 tiempos de comida. En 16 años pasaron 16 navidades. En 16 años hay 192 meses, tiempo en los que pueden desarrollarse 21 partos, uno tras otro. En 16 años una sola persona que ganaba 3 mil dólares al mes se embolsó 576,000 dólares, que pagados a 18 pesitos totalizan 10 millones 368 mil córdobas, más sus 16 aguinaldos. Debe ser por eso que muchos andan histéricos y hablando solos en los pasillos de los ministerios, de la Cancillería y de otras instancias gubernamentales. Sufren. No seguirán mamando las numerosas y pródigas tetas del Estado, como esperamos que no lo lleguen a hacer los nuevos funcionarios El resto de la gente está tranquilaza. Por la víspera se saca el día, y lo que sí se avecina es una recia contienda en los medios de comunicación social, porque ésos estarán abiertos y sin censura. Ojalá que la crítica se ejerza con madurez y respeto de parte de los gobernantes y de la oposición. Lo que sí hemos oído es una excesiva e inusual cantidad de recomendaciones hechas al presidente: que no se engaville con Hugo Chávez, que se ande de largo con Fidel, que cuidado con Evo, que no se acerque mucho a Kadaffi, que ni se le ocurra disgustar a Bush, que cambie el caminado, que respete al FMI, al BM, a la UE y un largo etcétera. No recuerdo haber visto a esta clase política con tantos remilgos con los anteriores gobernantes. Se está especulando, y la especulación genera incertidumbre, temor, intranquilidad, desespero; y en esas condiciones ningún pueblo está en condiciones para asumir los retos que tenemos pendientes. ¿Por qué mejor no esperamos a ver cómo se desenvuelven los acontecimientos; a que comience a lanzar su juego este pitcher?, quien prometió reconciliación, trabajo, progreso y tranquilidad; que de los inflamables discursos de Lenin se hizo acompañar de la imperecedera y pegajosa música de Lennon, pidiendo una oportunidad para el amor y la paz en Nicaragua. ¿Por qué no nos disponemos todos y todas a aunar esfuerzos para que en vez de dar lástima, demos un luminoso ejemplo al mundo de lo que el noble y valiente pueblo nicaragüense podemos hacer por nosotros mismos y por los demás? Dejémoslo que piche su juego, para que veamos qué trae en la bola Después… ya veremos. ¡Que la paz de Jesucristo esté siempre en nuestros espíritus!

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