Escúchenos en línea

Necesitamos la Revolución de la Verdad, por Mario Fulvio Espinosa, Presidente del Colegio de Periodistas

El Nuevo Diario | 30 de Noviembre de 2006 a las 00:00
Todo parece indicar que el tema de la libertad de expresión y prensa se limitará durante el gobierno del comandante Daniel Ortega a repartir equitativamente la publicidad estatal y conceder a los dueños de medios de comunicación social las exoneraciones fiscales que fueron eliminadas con la reforma del Artículo 68 de la Carta Magna. Estamos de acuerdo con que los dueños de medios acudan a las instancias necesarias para obtener exoneraciones que consideran vitales para sus negocios, están en su derecho. Pero disentimos cuando se trata de derivar la libertad de expresión y prensa de la obtención de esas prebendas. No creo que la libertad de expresión y prensa dependa de la concesión de exoneraciones y dádivas. Así, supongo, deben entenderlo los miembros de la recién creada Asociación de Medios de Comunicación Independientes, o al menos que me den el beneficio de la duda. La libertad de expresión y prensa debe ser una criatura cristalina y prístina. Pero en sistemas como el nuestro esa libertad es manipulada por intereses económicos, políticos, comerciales y religiosos que desvirtúan su noble finalidad social y los sanos objetivos de la profesión periodística. Otro sentido tendría la defensa de la libertad de expresión y prensa si cualquier gobierno trata de aplastarla imponiendo impuestos onerosos a la industria mediática, encareciendo sus insumos o distribuyéndolos en forma selectiva Pero éste no es el caso de Nicaragua. Creo que los verdaderos problemas de la comunicación social nicaragüense tienen que ver, de manera primordial, no tanto con el gobierno de turno ni con prebendas, sino con el contenido ético de los mensajes que se transmiten a través de los medios. Un ejemplo fehaciente de lo que afirmo se patentiza en la recién pasada etapa de propaganda electoral que fue plagada de informaciones mentirosas, insultos, descalificaciones y toda clase de aberraciones. Y todos felices, porque todo ocurrió en el pleno goce de la libertad de expresión y prensa. Nadie cerró la cloaca y ésta dejó buenas ganancias. Por desgracia, estas aberraciones constituyen la regla y no la excepción. A través de la mentira "el fin justifica los medios". Me pregunto si es compatible la libertad de expresión con la mentira o si los periodistas debemos emprender una cruzada para llegar a la libertad de prensa a través de la verdad. La libertad de expresión resulta una aberración si está basada en la mentira. Los daños de la mentira mediática son incalculables. Por mentiras descaradas de la prensa internacional, se extermina en este tiempo al pueblo iraquí y se promueven nuevas masacres y holocaustos en muchos lugares del mundo. De la mentira se deriva la compra de conciencias y criterios, el venadeo, la corrupción, la pereza, el facilismo y la irresponsabilidad. Mucho bien podría hacer el comandante Ortega a los gremios periodísticos –a los que no tomó en cuenta en su reunión–, si nos ayudara e emprender la revolución de la verdad a través de los mensajes en los medios de comunicación. O si emprendiera otra campaña para sacar avante la libertad de conciencia, que está bajo la espada de Damocles por su contubernio con el clero católico que pronto estará pidiendo la cabeza del estado laico. De no ser así, pronto estaremos viendo los capirotes grises en la cabeza de las mujeres que están por el aborto terapéutico y levantarse las hogueras para quemar a los herejes y apóstatas que no comulgan con ruedas de molino.

Descarga la aplicación

en google play en google play