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Haití: podrían ser 200.000 muertos, mientras sube tensión por agua y alimentos

Puerto Príncipe. Agencias | 16 de Enero de 2010 a las 00:00
La tensión crecía este sábado entre haitianos desesperados por hallar a sus familiares y ansiosos por recibir ayuda internacional en agua y alimentos, que empiezan a escasear tras un terremoto que según autoridades de la isla podría haber dejado hasta 200.000 muertos. El golpeado Gobierno de Haití entregó en manos de militares de Estados Unidos el control de su principal aeropuerto para ordenar los vuelos de ayuda de todo el mundo y distribuir los suministros en la empobrecida nación caribeña. La secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, se dirigía a Puerto Príncipe para reunirse con el presidente haitiano, Rene Preval, en el aeropuerto de la ciudad. Clinton planea entregar ayuda humanitaria y regresar con los estadounidenses evacuados. Camiones cargados con cadáveres han estado transportando los cuerpos a fosas comunes excavadas con rapidez en las afueras de la ciudad, pero se cree que miles de víctimas aún están sepultadas bajo los escombros. "Ya hemos recogido alrededor de 50.000 cadáveres y anticipamos que habrá entre 100.000 y 200.000 muertos en total, aunque nunca sabremos la cifra exacta", dijo a Reuters el ministro del Interior, Paul Antoine Bien-Aime. Rescatistas estadounidenses trabajaron durante la noche para sacar a los sobrevivientes de entre las ruinas de un supermercado, donde podría haber atrapadas hasta 100 personas. El grupo estaba a punto de rendirse cuando recibió la noticia de que una cajera que había logrado llamar a alguien en Miami para decir que estaba con vida. Residentes hambrientos luchaban entre sí por bolsas de alimentos entregadas por los camiones de Naciones Unidas en el centro de Puerto Príncipe. Un funcionario de alto rango de la ONU advirtió que el hambre fomentará problemas si la ayuda no llega pronto, aunque la situación de la ley y el orden siguen bajo control "por el momento". "Ha habido algunos incidentes en los que la gente estaba saqueando o peleando por comida. Ellos están desesperados, han estado tres días sin alimentos ni ayuda", dijo el subsecretario general de Naciones Unidas para las fuerzas de paz, Alain Le Roy al programa "The PBS NewsHour". La misión de Naciones Unidas responsable por la seguridad en Haití perdió al menos 36 de sus 9.000 miembros cuando su sede central se derrumbó. Sus dos máximos funcionarios no han sido hallados. El presidente Rene Preval y el primer ministro Jean-Max Bellerive están viviendo y trabajando en el cuartel general de la policía judicial. "No tengo casa, no tengo teléfono. Este es mi palacio ahora", dijo el presidente a Reuters en una entrevista. La Organización Panamericana de Salud sostuvo que al menos ocho hospitales y centros de salud en Puerto Príncipe se habían derrumbado o sufrido daños y no estaban en condiciones de operar La policía apenas se ve en las calles y aunque algunas fuerzas de paz de la ONU con soldados brasileños patrullaban, hubo informes esporádicos de robos, algunos saqueos y un reporte de disparos en el centro de Puerto Príncipe el viernes. En un supermercado derrumbado, decenas de personas pululaban por los escombros para tratar de llegar a la comida bajo las ruinas. En las afueras del barrio periférico de Cité Soleil, la gente desesperada se reunía alrededor de una tubería de agua para beber de la cañería o llenar baldes. Temblor 4,5 vuelve a sacudir Un temblor de magnitud 4,5 grados en la escala de Richter, réplica del devastador terremoto que asoló a Haití el pasado martes, se registró este sábado en el país caribeño, informó el Instituto Geológico de Estados Unidos. Un portavoz del Instituto Geológico de EE.UU. dijo a Efe que desde el gran terremoto del martes, de 7 grados Richter, se han registrado más de 50 réplicas de mayor o menor intensidad. La de este sábado, que según informaciones procedentes de Puerto Príncipe, volvió a sembrar el pánico en la capital haitiana, se produjo poco antes de las 11.00 hora local (16,00 GMT). El epicentro de este nuevo sismo se registró a 25 kilómetros al oeste de Puerto Príncipe, donde se paralizaron durante un rato las tareas de rescate, ante el temor de que se estuviera registrando otro terremoto importante. Sin embargo, cinco minutos después, se restauraron las tareas de recuperación de cuerpos que se llevan a cabo contra reloj en muchos puntos de la capital haitiana. Policía Haití teme violencia Las autoridades haitianas están vigilando a posibles alborotadores para evitar que saqueos esporádicos se conviertan en actos de violencia graves, luego del terremoto que devastó a la empobrecida nación caribeña, dijo un alto funcionario de seguridad. Haití, el país más pobre del hemisferio occidental, tiene antecedentes de violencia callejera y saqueos durante los frecuentes disturbios políticos y desastres naturales en su volátil historia reciente. "Ha habido algunos intentos de causar problemas. Hay ladrones saliendo (a las calles)", dijo el inspector general de la policía de Haití Jean-Yonel Trecile, en una entrevista con Reuters el viernes por la noche. "Me aseguraré de que esto no se propague, hemos capturado a una serie de estas personas de las calles. Hemos arrestado a cerca de 50 personas. Espero que se mantenga en calma ahora", indicó. Algunos tiroteos han surgido en el centro de Puerto Príncipe, dijeron testigos, luego del terremoto del martes que causó la muerte de decenas de miles de personas. Algunos refugiados, en campos constituidos de manera improvisada sobre la capital costera, dijeron que los ladrones están buscando apoderarse de sus pocas posesiones, mientras que saqueadores han estado sacando productos de algunas tiendas. Pero las temidas pandillas de Haití no parecen estar aterrorizando a los residentes como lo han hecho en el pasado, señalaron. La desesperación de los damnificados y el hambre hasta ahora no ha llevado a protestas masivas o robos, aunque muchos se preocupan de que ello aún pueda ocurrir. Trecile, uno de los varios inspectores generales que lideran una fuerza policial de 9.000 efectivos, dijo que era crucial para los haitianos permanecer calmados y unidos. "Nadie es responsable por esto, no hay nadie a quién culpar, todos estamos juntos en esto", dijo. "Los que hemos sobrevivido debemos tener valor para superar este difícil momento, mostrar solidaridad y ayudarnos", agregó. Trecile indicó que cerca de la mitad de la fuerza policial del país estaba trabajando con el resto de los equipos de rescate e intentando ayudar a las familias. Al menos 50 efectivos perdieron la vida, informó. "Las prioridades para nosotros son ayudar a controlar a los vehículos en las calles, distribuir alimentos, buscar cuerpos, y proteger las estaciones de gasolina", sostuvo en la entrevista, realizada en una sede policial cerca del aeropuerto, donde el mandatario Rene Preval está instalado tras el colapso parcial del palacio presidencial. Como ex soldado, Trecile ha sido testigo de varios eventos en Haití, desde la caída de Gobiernos al paso de huracanes. "Nunca ví nada como esto, en todos mis años (de servicio)", manifestó, mientras sacudía la cabeza. Hasta la sombra es un lujo Sin comida ni asistencia, los ciudadanos de Haití se concentran en buscar la mejor manera de guarecerse del sol. Es sábado y los ciudadanos de Puerto Príncipe se disponen a afrontar todavía sin asistencia su quinto día a la intemperie, aunque con unas ligeramente mejores perspectivas de que los alcance la operación internacional de ayuda que se ha puesto en marcha. Por la tarde del viernes podían verse en las zonas más afectadas por el terremoto cómo algunos convoy de la misión de Naciones Unidas empezaban a distribuir alimentos y pertrechos. Sin embargo, el esfuerzo es aún insuficiente, dada la magnitud de la tragedia y la tardanza con la que ha empezado a moverse la maquinaria humanitaria. Al parecer no ha sido por la falta de colaboración internacional (han aterrizado más de 100 aviones al día provenientes de todas partes del mundo) sino por la capacidad física del aeropuerto de Puerto Príncipe que no permite organizar una operación de la escala necesaria. "Es como un embudo", me explicaba un oficial de la misión militar chilena. Ese embudo promete ensancharse ahora que la fuerza aérea estadounidense recibió oficialmente de manos del gobierno haitiano la responsabilidad de administrar las operaciones de la terminal y todo el tráfico de ayuda que ingresa al país. Entre muros y árboles Pero para la mayoría de los ciudadanos que han pasado la semana en descampados, rodeados de construcciones a punto de caerse y entre la pestilencia de miles de cuerpos en descomposición, estos ajetreos administrativos les son ajenos. Más importante les es guarecerse. Una sombra ha pasado a ser de los pocos lujos que pueda darse cualquiera en esta ciudad. Aunque con el intenso sol tropical que barre la isla podría decirse que más que un lujo es una necesidad para la salud pública. Se ve a muchas personas amparadas tras paredes. Una práctica desaconsejable, si se toma en cuenta el precario equilibrio en el que están casi todas las construcciones. Ese muro en apariencia sólido puede convertirse en la tumba de esos que a su sombra se amparan, la próxima vez que haya una réplica telúrica. La mayoría conoce el peligro que genera cualquier construcción. Por eso se concentran en plazas, descampados? Hasta en algunos cementerios hay personas guarecidas y a la espera. Eso es lo único que hacen, esperar. Los que no están sacando con sus propias manos escombros de lo que alguna vez fueron sus casas y sitios de trabajo en busca de familia y amigos, están reunidos bajo improvisados techos de plástico o lonas colgadas entre los árboles o postes. Reacción distinta Al contrario de lo que he visto en otras tragedias como estas, aquí cada quien vela por si mismo y su familia cercana. Al contrario de lo que he visto en tragedias similares que me ha tocado cubrir, no parece haber en marcha un mecanismo de solidaridad vecinal. No hay esas cocinas comunales, o patrullas vecinales, que suelen organizarse cuando la estructura del estado desaparece del todo y el ciudadano queda a su propia suerte. El que todavía tiene mercancías para vender o alimentos para preparar coloca su tarantín como siempre ha hecho en la plaza -ahora atestada de gente- y cobra a veces el doble o el triple de lo que su producto valía hasta apenas una semana. En medio de uno de esos campamentos improvisados me encuentro con Luis, un enfermero que vive en Florida. Llegó de vacaciones el domingo y fue sorprendido por el terremoto. Cuando me entero de su profesión le pregunto por que no está participando de algún tipo de operativo de asistencia a los damnificados. Me responde en un español dificultoso con una pregunta: "¿Y cómo? Si aquí no hay quien quiera organizarse", me dice en el que se percibe cierta frustración por lo que considera la dejadez de sus compatriotas. Ante la falta de asistencia médica, de servicios elementales, de comida y de agua, lo único que parece poder hacer esta gente por ahora es buscarse la mejor sombra posible. Y rezar porque no llueva. Decenas de miles en la calle Decenas de miles de personas afectadas por el terremoto del martes viven ahora en las calles y en campamentos improvisados que cubren casi cada centímetro de los espacios públicos abiertos en Puerto Príncipe, según responsables del Comité Internacional de la Cruz Roja presentes en la ciudad. El portavoz del CICR Simon Schorno, quien pudo visitar varias zonas de la ciudad el viernes, entre ellas Christ-Roi, Nazon, Centre-Ville, Delmas y Canape-Vert, señaló este sábado que "el caos es total". "Hay destrucción en todos los barrios. La gente anda de un lado a otro, buscando comida, ayuda. Muchos llevan mascarillas para protegerse del mal olor de los cadáveres en descomposición, no hay tiendas para refugiarse, no hay bolsas de plástico, no hay lugares para cocinar, ni retretes", señaló. Schorno describió, sin embargo, escenas de gran solidaridad entre vecinos y desconocidos, que comparten lo poco que tienen y se organizan de la mejor manera posible. En los centros médicos de la capital, falta personal médico, están saturados y no pueden atender al alto número de pacientes, mientras se espera que un cargamento de 40 toneladas de suministros médicos del CICR llegue a Haití el domingo. El CICR calcula que unas 50.000 personas se encuentran instaladas en la plaza de la ciudad del Champ de Mars. En total, hay unos 40 puntos en la ciudad donde se concentra y acampa la asustada población. Entretanto, mucha gente sale en autobuses repletos de personas que van al campo tratando de llegar hasta donde tienen familiares. Cerca del instituto de enseñanza Louis de Gonzague viven ahora unas 5.000 personas que duermen al raso. El CICR ha publicado folletos con preguntas y respuestas acerca de los riegos que conllevan los cadáveres y la posible extensión de enfermedades. La mayoría de los hospitales públicos y privados que funcionan no tienen médicos ni enfermeras suficientes para atender a los cientos de heridos que se agolpan en sus puertas. En una clínica que visitó el CICR en Cité Militarire, la situación es crítica, y Melissa, una enfermera de 51 años, es el único personal médico que hay. El edificio está vacío, mientras los pacientes están en el patio con sus familiares. Melissa dijo al CICR que los médicos del hospital nunca regresaron después del terremoto, y que probablemente se están ocupando de sus familias, y esa situación se repite en otras instalaciones sanitarias. Una niña de ocho años con una pierna rota y que echa espumarajos por la boca está esperando ayuda, en medio del dolor, desde el martes. Melissa afirma que necesita antibióticos, gasas y un kit de primeros auxilios, pero "no tengo nada -dice- y mis pacientes necesitan ser operados". Hay dos cadáveres en el patio y numerosas moscas cubren sus cabezas. Una anciana con un brazo amputado también espera, con un agujero en la parte alta de su cabeza. "(A la niña) no le han podido dar calmantes y está delirando. Sus heridas huelen y sus familiares parecen alucinados", señaló Schorno. Ante la gravedad de la situación, que la ONU ha calificado de "catástrofe histórica", la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja ha revisado al alza el llamamiento para recaudar fondos para Haití hasta los 105,7 millones de francos suizos (103 millones de dólares, 73 millones de euros), para asistir a 300.000 personas durante tres años. El llamamiento ha multiplicado por 10 la cantidad inicial solicitada el 13 de enero, y refleja la necesidad de ayuda a largo plazo para el devastado país.

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