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Correa, el economista que promete cambiar la cara externa de Ecuador, y sus primeros bandazos políticos

Agencias AFP y AP. Desde Quito. | 1 de Diciembre de 2006 a las 00:00
Con una tenacidad que muchos tachan de arrogancia, el economista Rafael Correa puso patas arriba la política de Ecuador al ganar la presidencia sin el favor de los partidos, en contra del sistema y con la promesa de integrar al país al circuito de la nueva izquierda sudamericana. Jovial, carismático y a veces áspero, el ex ministro de Economía, de 43 años, torció en tiempo récord las encuestas y la guerra sucia que él también fomentó durante la campaña para convertirse en el primer mandatario de izquierda elegido en tres décadas. El hombre de la irreductible sonrisa, aficionado a la trova y amigo del presidente venezolano Hugo Chávez venció al derechista Alvaro Noboa -el hombre más rico de Ecuador- por una ventaja arrolladora en el balotaje del domingo, luego de perder la primera vuelta. Correa invirtió ingenio para imponerse a la "chequera más gorda del país" -como personificó a Noboa- a través de una campaña que pareció muchas veces un espectáculo deambulante de canto, baile y promesas, alejada del letargo de discursos y ofrecimientos de la vieja usanza. Su triunfo es resultado de "las aspiraciones de cambio de la mayoría, y el rechazo y castigo a la mafia política y económica que representaba Noboa", comentó Santiago Roldós, columnista de la revista Vistazo. A su vez Correa, que siempre fue el primero de la clase y se mostró como un boy scout con alma justiciera, se presenta también como la voz en Ecuador de la "nueva izquierda" latinoamericana y del "socialismo del siglo XXI" que pregona su amigo Chávez, a quien conoció en 2005 siendo ministro de Economía. Pero aun cuando rechaza ser un nuevo Chávez, un Lula de Brasil o un Kirchner de Argentina, con ellos comparte la severidad de la crítica contra la política estadounidense. Y en eso Correa puede ser tan mordaz como el líder venezolano. En la campaña llamó "extremadamente torpe" al jefe de la Casa Blanca, George W. Bush, e ironizó que compararlo con el Diablo -como lo hizo Chávez en el seno de la ONU- era ofender al mismo Diablo. Sin disculparse, el presidente electo admitió como una imprudencia sus palabras, pero ratificó que desde el poder rehusará el libre comercio con Estados Unidos y terminará con el convenio por el cual tropas de ese país operan la base antidrogas de Manta (suroeste). Su carácter explosivo le ha valido el prejuicio de arrogante intelectual. Al nuevo presidente de Ecuador le gusta imponerse, tener siempre la razón, callar a los periodistas y burlarse sin compasión de sus enemigos, según críticos y colaboradores cercanos. Correa se defiende señalando que es un hombre apasionado que le gusta defender sus ideas, y que cuando es necesario reconoce errores. Pero para convencerlo se requiere de mucha paciencia, de una tarea ardua de convencimiento, según el semanario Vanguardia, que consultó al círculo más cercano del izquierdista sobre el talante del nuevo mandatario. "Coincidir con Correa es complicado. Primero, porque para él es muy importante ir adelante en argumentos. No le gusta que alguien lo sorprenda y peor estar desinformado", escribió la revista. Virtudes y defectos, hacen de este ex ministro un político diferente, un líder de la nueva corriente de izquierda, sobre quien seguramente se hablará mucho dentro y fuera de Ecuador en los próximos años.

Los primeros bandazos

El presidente electo Rafael Correa dijo el jueves que la llamada telefónica que recibió del mandatario de Estados Unidos George W. Bush para felicitarlo por su triunfo en las recientes elecciones, demuestra "la nobleza" de ese jefe de estado a quien había criticado durante la campaña electoral. Abordado por la prensa durante una ceremonia por la conmemoración de la fundación de esta capital, Correa confirmó la "llamada de cortesía" que recibió del presidente estadounidense con quien conversó "unos cinco minutos". Consultado sobre si esa es una señal de que Bush no le guarda rencores por las críticas que le hiciera durante su etapa de candidato presidencial, aseguró que el gesto demostró "la nobleza del presidente Bush, de todas las personas se aprende" "Ha demostrado lo noble que es", agregó. Al preguntarle si estaría dispuesto a dialogar con el presidente de Estados Unidos dijo: "Si hay oportunidad, ¿por qué no?" Correa, un economista de 43 años, había señalado, durante la campaña electoral que "Bush es un presidente tremendamente torpe que ha hecho mucho daño a su país y al mundo". Y respecto a las palabras del presidente de Venezuela Hugo Chávez, en el seno de las Naciones Unidas quien comparó a su par estadounidense con el diablo, Correa había dicho que "compararlo con el diablo (a Bush) sería ofender al diablo" Correa que se reconoce como amigo de Chávez, más tarde reconoció que "tal vez habría sido una imprudencia" hacer esas declaraciones.

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