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De cómo EU puede provocar terremotos y otros males

Por Sergio Brosa. Siglo XXI. | 21 de Enero de 2010 a las 00:00
Este es un artículo escrito hace menos de dos años y publicado el 7 de abril de 2008 en el diario digital Siglo XXI, de España. Su autor, Sergio Brosa, cierra así: el proyecto «HAARP es capaz de excitar una zona de la ionosfera y provocar una lluvia de rayos en una pequeña zona de la superficie terrestre. O provocar un terremoto, alterar la climatología de una región o modificar el comportamiento de las personas al variar la frecuencia del cuerpo humano mediante la emisión de la adecuada radiofrecuencia que, rebotando en la ionosfera, se propaga en una parte habitada del planeta previamente establecida». Este es el artículo completo:

Escudo antimisiles y proyecto HAARP

Por Sergio Brosa
Nikola Tesla (Smilijan 1856 – Nueva York 1943) fue un científico singular; físico y matemático avanzado a su tiempo que de su Croacia natal, entonces Austria-Hungría, fue a estudiar a Praga ingeniería eléctrica. Trabajó más tarde para Thomas Edison, impulsor de la corriente continua, quien patentó para sí algunos de los inventos de Tesla. La mayor aportación de Tesla a la Ciencia fue la corriente alterna. Su enemistad con Edison, de gran espíritu mercantilista y mal pagador, le llevó a Nueva York, donde crea su propia compañía y acaba trabajando para George Westinghouse, construyendo una central hidroeléctrica en 1893 en las Cataratas del Niágara, la primera del mundo, contribuyendo al crecimiento de la fortuna de Westinghouse y convirtiéndose en el creador de la industria eléctrica. Nikola Tesla pasó inmerso muchos años en un procedimiento judicial contra Marconi, pues éste se arrogaba la invención de la radio y finalmente, el Tribunal Supremo de los EEUU falló a favor de Tesla, reconociéndole la propiedad intelectual de la radio. Fueron varios centenares los inventos de Tesla relativos a la corriente eléctrica, unos patentados -unas setecientas patentes- y otros no o patentados por otros con mayor visión comercial aunque menos ciencia y escrúpulos. A principios del siglo XX, Tesla se instaló en Colorado Springs para realizar las pruebas de alguno de sus inventos y particularmente, un sistema de transmisión inalámbrico de electricidad, mediante ondas de baja frecuencia dada la enorme capacidad de la ionosfera para conducir electricidad. A la muerte de Nikola Tesla, el Gobierno de los EEUU se incautó de todos sus archivos e investigaciones. Muchos de ellos aún no han sido desclasificados. El proyecto HAARP, High Frequency Active Aurora Research Program (http://www.haarp.alaska.edu/haarp/index.html) está siendo llevado a cabo por la fuerza aérea y la marina de EEUU. Se trata de "un esfuerzo científico destinado a estudiar las propiedades y el comportamiento de la ionosfera, con el énfasis particular de poder entender y usarlo para aumentar las comunicaciones y los sistemas de vigilancia tanto para objetivos de defensa como civiles". Este centro de investigación de la ionosfera HAARP instalado en Alaska, es la mayor instalación en el Ártico para las investigaciones de la atmósfera superior. La instalación consta de dos partes esenciales: I. Un transmisor de alta potencia con una red de antenas de Alta Frecuencia (HF). El transmisor es capaz de dar hasta 3,6 millones de vatios a una red de antenas consistente en 180 dipolos cruzados, dispuestos en un sistema rectangular plano. II. Un juego completo y extenso de instrumentos científicos para la observación tanto de los antecedentes de la capa superior de la ionosfera como de los efectos producidos durante la investigación activa usando el sistema transmisor. En el libro "Angels Don´t Play this HAARP: Advances in Tesla Technology" (Earthpulse Press) del doctor Nicholas Begich y Jeane Manning, haciendo un juego de palabras -arpa en inglés es harp- para titularlo "Los ángeles no tocan esta arpa" dan una inquietante explicación sobre este proyecto del gobierno estadounidense que fue secreto hasta 1994 y desvelado en este libro en 1995. La edición que ha llegado a mis manos es la segunda, de 2002, en su novena impresión en 2007. Begich, doctor en medicina, es hijo de un congresista americano, de Alaska. Fue elegido dos veces presidente de la Federación de Profesores de Alaska y del Consejo de Educación de Anchorage. Se ha dedicado a la investigación independiente en temas científicos y políticos. En su libro, Begich explica que HAARP, siguiendo los descubrimientos de Tesla, está diseñado para manipular la ionosfera. El sistema de antenas que el propio HAARP describe, está destinado, dice Begich, a focalizar la energía de la radiofrecuencia en un punto de la ionosfera. El aparato tendrá un poder efectivo de radiación de cien mil vatios cuando esté finalizada la primera fase del proyecto y parece ser que ha de estar acabado completamente, al parecer, a finales de 2008 ¿Coincidiendo con el final del mandato de Bush? El HAARP según Begich es como una emisora de radio que en lugar de propagar sus ondas las concentra en un punto. Será usado para "tomografías profundas de la tierra" buscando localizar a través de las capas de la tierra instalaciones o minerales; bolsas de gas o petróleo, comunicaciones con submarinos o para manipular comunicaciones de otros, radares más allá del horizonte, transferencia de energía desde una parte del mundo a otra, crear capas de energía o parches en la ionosfera para alterar el clima y poder ser utilizado como arma antimisiles. Acabamos de asistir a la reunión de la cumbre de la OTAN en Bucarest, donde Bush se ha empeñado en conseguir la instalación de su escudo antimisiles… ¿de Irán, de Oriente Medio? Parece que a cambio llevaba la ampliación de la OTAN con Ucrania y Georgia para disgusto de Putin. Pero no le podían rechazar todas sus propuestas, cuando además, el escudo antimisiles de Bush estaba respaldado por la propia OTAN. ¿Tendrá algo que ver este escudo antimisiles con el proyecto HAARP? Ojala no lleguemos a saberlo nunca, ya que será señal de que no ha sido utilizado, pues al decir de Nick Begich, el HAARP es capaz de excitar una zona de la ionosfera y provocar una lluvia de rayos en una pequeña zona de la superficie terrestre. O provocar un terremoto, alterar la climatología de una región o modificar el comportamiento de las personas al variar la frecuencia del cuerpo humano mediante la emisión de la adecuada radiofrecuencia que, rebotando en la ionosfera, se propaga en una parte habitada del planeta previamente establecida. Nos quejamos siempre del coste de los seguros, pero deseamos la mayor parte de las veces no tener que cobrarlos nunca. Este es uno de esos casos.

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