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Moraleja del golpe en Honduras: hay que fortalecer los organismos regionales

Tegucigalpa. Reuters. | 29 de Enero de 2010 a las 00:00
La crisis en Honduras surgida del golpe de Estado, que ya empezó a apaciguarse, dejó al desnudo la incapacidad de Latinoamérica y de Estados Unidos para cuidar la democracia regional, y muchos ahora creen que se debe dar más dientes a los organismos internacionales. La Organización de Estados Americanos (OEA), una de las entidades que tiene por objetivo ser guardián de la democracia, fue rápida en suspender a Honduras de sus filas tras el golpe militar del 28 de junio del año pasado que derrocó a Manuel Zelaya y llevó a un Gobierno de facto al poder. Pero aunque desde entonces lanzó un ultimátum al Gobierno de facto de Roberto Micheletti y envió varias delegaciones al país centroamericano para cerrar un acuerdo que devolviera el poder a Zelaya, el mandatario acabó saliendo esta semana exiliado de Tegucigalpa sin haber vuelto a pisar la casa presidencial. Micheletti resistió durante siete largos meses los exhortos de la OEA, el recorte de asistencia económica y las presiones de Estados Unidos y del resto del mundo hasta que el presidente del Congreso le pasó la banda presidencial el miércoles al mandatario Porfirio Lobo, que fue electo en criticados comicios a fines de noviembre auspiciados por el Gobierno de facto. Para algunos como el analista en temas internacionales Carlos Rodríguez Arechavaleta, la crisis en Honduras instauró un triste precedente dentro de la democracia en Latinoamérica: el golpe de Estado sobrevive como mecanismo autoritario de restitución del orden público. Eso era algo que en Latinoamérica, una región golpeada durante el siglo XX por muchos golpes militares y dictaduras, se creía superado. "La presión de la OEA no tuvo efecto alguno, Micheletti ha salido del Gobierno de facto inconstitucional aplaudido por sus seguidores como un político salvador", dijo Rodríguez, de la mexicana Universidad Iberoamericana. Ya la tormenta comienza a amainar en la dividida Honduras con la asunción de Lobo y la salida de Zelaya hacia República Dominicana, pero algunos especialistas creen que ahora es tiempo de ponerse a pensar en reformas a las instituciones internacionales para que de verdad puedan vigilar y presionar. "Su incapacidad pone a la democracia en América Latina en una situación muy vulnerable. La OEA no tiene garras, no tiene dientes, no tiene fuerza para defender la democracia", dijo el profesor universitario y ex canciller hondureño, Ernesto Paz. Ni los esfuerzos del gigante latinoamericano Brasil, que permitió en septiembre entrar a Zelaya a su embajada en Tegucigalpa, ni los enviados de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, pudieron arrancar un acuerdo al Gobierno de facto. Un mes después de que Zelaya fue sacado de su casa por militares, el presidente estadounidense Barack Obama tachó al golpe de ilegal advirtiendo que dejaba un "terrible precedente". Pero tras frustrados intentos de acuerdo, avaló las elecciones y hoy Washington es uno de los pocos gobiernos que reconoce a Lobo como presidente. "La postura de Estados Unidos fue contradictoria y de falta de conocimiento de toda América Latina, tal vez por sus propias prioridades como son Afganistán o Irak", dijo el analista político Efraín Díaz. Todavía la mayoría de los países no reconoce a Lobo ni ha restaurado sus relaciones diplomáticas. Ante el fracaso de los esfuerzos individuales -que incluyó una larga mediación del presidente costarricense y premio Nobel de la Paz Oscar Arias- los observadores opinan que son los organismos internacionales los que deben intervenir, pero para eso deben fortalecerse. "No es posible que la Carta Democrática (de la OEA) diga que los Estados miembros la firman y la constituyan para defender la democracia y cuando hay un atentado contra el orden democrático, contra un presidente electo popularmente, entonces no tenga capacidad para restaurarse", dijo Zelaya esta semana al llegar a Santo Domingo. Tradicionalmente las votaciones en la OEA para tomar alguna resolución se dan por unanimidad, o de lo contrario no se adoptan. Esta regla evitó que el organismo no pudiera decidir si la restitución de Zelaya debía condicionar el reconocimiento de los comicios presidenciales. "Sugiero que habría que analizar qué otra alternativa tendría la OEA para el caso de una ruptura del orden constitucional además de la suspensión del Estado miembro", dijo el presidente dominicano Leonel Fernández el miércoles. "Debe haber todo un espacio de reflexión y de estudio para ver cómo podemos seguir perfeccionando la democracia en América Latina, cómo podemos tener una democracia de calidad protegida institucionalmente", agregó.

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