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Una madre ha encontrado a su hija 24 años después que fue secuestrada por soldados salvadoreños

Por Juan José Dalton, diario El País. Desde San Salvador. | 13 de Diciembre de 2006 a las 00:00
Hace un poco más de un mes, el 24 de octubre, la campesina salvadoreña María Maura Conteras testificaba en Washington ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) acerca de la desaparición de tres de sus hijos menores, raptados por soldados del Ejército de El Salvador en una operación de tierra arrasada conocida como la Masacre del Calabozo y ejecutada el 25 de agosto de 1982 en la provincia de San Vicente. María Maura estaba entristecida: "Me duele estar recordando y contando lo mismo", decía con los ojos anegados de lágrimas. Sin embargo, la triste insistencia ha tenido ahora recompensa: tras 24 años de separación forzada, su hija raptada Gregoria Herminia –ya con 28 años cumplidos– pudo abrazarla el martes, en un acto celebrado en la capilla de la jesuita Universidad Centroamericana (UCA). "Ambas se fundieron en un abrazo del que no se querían despegar; todos los testigos hemos llorado... Ha sido emocionante, increíble", narra una activista de la organización humanitaria ProBúsqueda, que ha localizado, tras largas investigaciones, a más de 300 de los 800 menores de edad registrados como desaparecidos durante la guerra civil (1980-1992). La historia de Gregoria Herminia está llena de crueldades, pero el hecho de haber localizado a su familia biológica (padre y madre) se ha convertido en un "bálsamo sanador", según sus palabras. A la edad de cuatro años, en medio de un operativo antiguerrillero ejecutado por el Batallón Atlacatl ?autor también de la Masacre del Mozote en diciembre de 1981, en la que murieron unas 1.000 personas?, fue secuestrada por los soldados junto a sus hermanos Serapio Cristian (de un año y ocho meses) y Julia Inés (cuatro meses). Las investigaciones de ProBúsqueda concluyen que los soldados se repartieron a los niños. Gregoria Herminia fue criada en el seno de una familia que la maltrataba. Por eso, cuando ya era una jovencita, huyó de El Salvador para exiliarse en el extranjero. Los abogados de ProBúsqueda no quieren dar más información hasta que la familia lo decida. "Hoy tengo la convicción de que mis otros hijos están vivos. Estoy alegre y triste a la vez; doy gracias a Dios, a monseñor Óscar Romero [asesinado en 1980] y al padre Jon Cortina sacerdote español fallecido en 2005], que están en el cielo, por darme fuerzas para seguir luchando hasta saber del paradero de mi Serapio y Julita", aseguró María Maura. Zaira Navas, una de las directoras de ProBúsqueda, afirma que "Gregoria Herminia fue localizada gracias a la información que proporcionó de manera anónima un ex soldado, y luego hemos ido tejiendo la historia hasta llegar al reencuentro con su madre y padre. Es un caso que fortalece todas las denuncias acerca de que el Ejército salvadoreño tomaba a los menores de edad y se los llevaba como trofeos; algunos los regalaba, los vendía o se los adueñaba, como parece ser el caso de los tres niños Contreras". Navas reclama al actual presidente de El Salvador, Elías Antonio Saca, que abra los expedientes de las Fuerzas Armadas para localizar a la mayoría de los desaparecidos, algo a lo que hasta el momento el Gobierno se niega rotundamente. El caso de los niños Contreras está siendo estudiado por la CIDH y, según los querellantes de ProBúsqueda, próximamente podría pasar a una instancia superior, es decir, a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que el año pasado condenó por primera vez al Estado de El Salvador por el caso de la desaparición de las menores Erlinda y Ernestina Serrano Cruz, desaparecidas también en un operativo contrainsurgente en la norteña provincia de Chalatenango. La aparición de Gregoria Herminia coincide con el primer aniversario del fallecimiento del sacerdote jesuita Jon Cortina, fundador en 1994 de Pro-Búsqueda. Cortina murió víctima de un derrame cerebral y está siendo objeto de homenajes en El Salvador, como la publicación del libro Con Jon Cortina Dios pasó por Guarjila, en el que se hace referencia al lugar que el jesuita escogió para vivir durante más de 15 años, en el seno de una comunidad campesina y como párroco de una iglesia que él mismo edificó gracias a su preparación como ingeniero civil.

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