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La incógnita Ortega, por José Adán Silva

Agencia Inter Press Service (IPS). | 18 de Diciembre de 2006 a las 00:00
Mientras espera ser investido presidente el 10 de enero de 2007, el nicaragüense Daniel Ortega define el rumbo de su gobierno. Si bien necesita mayorías en el parlamento para gobernar, hasta ahora sólo ha pactado alianzas con las cámaras empresariales. Su gobierno será una mezcla de retórica que satisfaga a sus aliados internacionales de izquierda, populismo para sus bases y pragmatismo ante los organismos financieros y los acuerdos comerciales internacionales, es el ácido pronóstico de su ex vicepresidente, el escritor y disidente sandinista Sergio Ramírez. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Ortega cuenta con sólo 38 de los 92 legisladores del parlamento unicameral. El gobierno requerirá de mayoría absoluta para aprobar las leyes, es decir 47 legisladores. Ramírez compartió con Ortega la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, instalada por la revolución que derrocó en 1979 a la dinastía familiar de los Somoza, y fue luego su vicepresidente entre 1985 y 1990. Ortega, electo el de noviembre con 38 por ciento de los votos, había gobernado entre 1979 y 1990, mientras este país de 5,4 millones de habitantes sufría una guerra civil entre milicias financiadas por Washington contra su gobierno, que contaba a la vez con apoyo de la entonces Unión Soviética y del bloque socialista, en un escenario de guerra fría. Separado en 1995 del FSLN, Ramírez explicó a IPS cómo imagina el nuevo gobierno de Ortega y por qué ganó la Presidencia a pesar de los esfuerzos de Estados Unidos para impedirlo. "La causa fundamental del triunfo de Ortega está en haber rebajado el umbral del voto necesario para ganar del 45 al 35 por ciento, y promover la división de la derecha al fomentar y alimentar la creación de dos partidos liberales", señaló. Se refería a la participación en el proceso electoral del Partido Liberal Constitucionalista (PLC, bajo la égida del ex presidente Arnoldo Alemán) y de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), liderada por el banquero y disidente del PLC Eduardo Montealegre. Ortega había sido derrotado en las urnas en 1990 por la centroderechista Violeta Barrios de Chamorro, en 1996 por Alemán y en 2001 por el empresario y actual mandatario Enrique Bolaños. En 2002 y 2004 una reforma electoral acordada entre el PLC y el FSLN redujo las mayorías necesarias para que un candidato se alzara con la Presidencia en primera vuelta, estableciendo el umbral de 40 por ciento de los votos válidos o el 35 por ciento y una diferencia de cinco puntos porcentuales respecto del postulante que ocupe el segundo lugar. Esa cláusula habilitó a la postre el triunfo de Ortega. "Ortega hizo jugar a su favor el desgaste de tres gobiernos que si bien han traído ordenamiento fiscal y financiero al país, no han resuelto de manera visible la situación de pobreza en que está mucha gente. Es decir, ahora hay más pobres en Nicaragua que antes", opinó el ex vicepresidente. En este país, 75 por ciento de la población es pobre. A su juicio, la tercera clave del triunfo fue la estrategia del silencio durante la campaña electoral, entre agosto y noviembre. Ella "enlaza con la tendencia que tiene la gente de ver la campaña electoral como un espectáculo que se pone fuera de los parámetros de la historia", dijo Ramírez. "Nadie se puso a comparar el discurso de campaña de Ortega y su silencio ante los medios, con lo que había dicho pocos meses antes de la campaña, cuando llamó al presidente Bolaños 'lame-botas' del imperialismo", precisó Ramírez. Hay dos escenarios en los que Ortega podría desarrollarse de manera distinta como presidente: frente a los actores internacionales, como Venezuela y Estados Unidos, y frente a sus opositores internos. De acuerdo con Ramírez, en el plano internacional, al mandatario electo no le quedará más opción que "llamarse revolucionario y hablar de imperialismo, pero negociando con Estados Unidos", ejemplificó. Ortega recibirá un país con una situación financiera estable, un endeudamiento bajo control, con un perdón de más de 80 por ciento de la deuda externa, buena disposición para las inversiones, y un tratado de libre comercio con Estados Unidos funcionando, amén de acuerdos con el Fondo Monetario Internacional en ejecución. "Treinta por ciento del presupuesto nacional está siendo financiado con donaciones internacionales, y cualquier movimiento en falso que saque al país de este marco no sería un movimiento sísmico apenas perceptible, sino algo que podría llevar a una verdadera catástrofe, la zozobra en la navegación. Sería desastroso, y Ortega lo sabe", opinó el escritor. La situación política internacional es distinta a la de los años 80. Entonces, "la irresponsabilidad patriótico-ideológica lo podía llevar a excesos que nadie era capaz de calcular en sus consecuencias. Ahora quien no calcula las consecuencias está perdido, y por lo tanto la única alternativa que Ortega tiene es hacer un gobierno, en términos financieros, conservador", advirtió. El presidente electo ha anunciado el irrestricto respeto a la empresa privada y a los medios de comunicación y ha establecido contacto con representantes de Washington, ante quienes se comprometió a respetar "las reglas del juego democrático". El 17 de este mes se divulgó una alianza con las 12 cámaras que integran el Consejo Superior de la Empresa Privada, "para combatir juntos la pobreza a través de la inversión nacional y extranjera para que genere empleos a largo plazo", según palabras del propio Ortega. En el plano interno, Ramírez pronostica un gobierno "populista y manipulador". "Yo no veo a Daniel quitando el puño con que tiene agarrado al Poder Judicial, por ejemplo, ni ir cambiando la correlación de fuerza en el Consejo Supremo Electoral, ni quitando el puño con que tiene agarrada a la Contraloría, ni lo veo absteniéndose de hacer maniobras en la Asamblea Nacional (legislativa) para hacerse con una mayoría él solo, comprando y quitando diputados de otras bancadas", sostuvo. El acuerdo sellado en 2000 con Alemán --quien gobernó entre 1997 y 2002 y está condenado a 20 años de prisión por corrupción y lavado de dinero-- permitió a Ortega colocar a militantes de su partido en puestos clave en todos los órganos de contralor del Estado: la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral, la Contraloría General de la República y el Ministerio Público. "Todos estamos obligados en este momento a facilitar que Daniel Ortega lleve adelante una economía ordenada, pero también estamos obligados a evitar una concentración de poder mayor", señaló Ramírez. La oposición "tiene que estar con los ojos bien abiertos en lo que refiere a la institucionalidad del país, a las libertades públicas, a la libertad de expresión, porque una vez que alguien quiere concentrar poder…, todo trae como consecuencia que asuntos como la libertad de expresión comienzan a ser materia secundaria", advirtió Ramírez. Para el analista político y académico Carlos Tünnermann, el principal reto para un gobierno del FSLN es interno. Al haber obtenido la primera minoría en el parlamento, Ortega podría recurrir a su dominio de las instituciones para obligar a otras fuerzas políticas a negociar en condiciones poco favorables, dijo el analista a IPS. Hasta ahora, el FSLN no ha dado señales de discutir acuerdos con ninguna de ellas. La derecha tiene un poder interesante en el parlamento, aunque está dividida. El PLC cuenta con 25 escaños, la ALN con 22 y el Movimiento Renovador Sandinista con cinco. Además, por ley corresponde un escaño al presidente saliente Bolaños y otro al candidato que resultó segundo en los comicios, Montealegre. "El FSLN buscará al partido más débil institucionalmente para hacer mayoría en la Asamblea. Preciso: buscará al PLC y prometerá la libertad de Alemán a cambio de los votos liberales para anular a la oposición", advirtió Tünnermann. Hay más posibilidades de que el PLC y el FSLN reediten el pacto de 2000 para lograr mayoría, en lugar de que el sandinismo logre atraer a legisladores de las demás fuerzas opositoras, opinó. "Si ya lo hicieron, ahora que uno de los socios tiene más poder es seguro que tenga más beneficios que ofrecer, y no es de extrañarse que Alemán y Ortega puedan volver a aliarse", estimó.

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