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Una fría Navidad tendrán emigrantes en su travesía por México hacia Estados Unidos

Por Esther Domínguez Ramírez, Diario del Istmo. Desde Coatzacoalcos, Veracruz, México. | 22 de Diciembre de 2006 a las 00:00
Los emigrantes centroamericanos que de manera ilegal pasan por Coatzacoalcos en su camino rumbo a los Estados Unidos, pasarán una solitaria y fría navidad este año; historias de accidentes, así como de abandono se escuchan en las vías del tren de esta ciudad que a pesar de la época no disminuye la actividad que en ellas se genera cada día. Sin distinción de sexo o edad pero afectadas por la pobreza y la falta de un empleo con el que puedan mantener a sus familias, estas personas emprenden el largo viaje desde Nicaragua, pasando por El Salvador, Honduras y Guatemala llegando por medios diversos hasta México, antesala del llamado "Sueño Americano". Chiapas y Tabasco son algunas de las primeras etapas, ésas que se viven en las vías férreas y en donde se presentan los mayores peligros, llegan a Veracruz y a través de diferentes rutas paran en Coatzacoalcos, la llamada ciudad del progreso e inversiones en la que no sólo convergen empresarios sino también la necesidad de muchos pueblos del centro de este continente. En esta temporada del año el arribo de emigrantes a en Coatzacoalcos, y posiblemente en las del resto del país, se torna triste lleno de melancolía por la añoranza que estas personas sienten de sus familias, de las que dejaron en su país a la espera de que en poco tiempo su condición económica mejore y las que también estarán solas celebrando la Navidad. Fecha especial en la que la mayor parte de las personas en el mundo festejan el nacimiento de Jesucristo y aunque haya quienes no definan el motivo de su celebración éstos son días de fiesta, de unión familiar y en la que todos desean estrechar los lazos de amor con sus seres queridos. En el caso de los viajeros éste no será un día de festejo, estarán lejos de sus familiares y aunque sepan que han corrido con suerte hasta su llegada a Coatzacoalcos después de hasta 15 días de viaje, pensar en la lejanía de padres, hermanos, esposa o hijos hace que sus rostros queden desencajados al recordar la situación en la que se encuentran.

El caso de los «José»

José Ángel Cruz, José Mejía, José Sánchez y José Perdomo son jóvenes hondureños que se han encontrado en Coatzacoalcos después del viaje emprendido desde su país natal, lamentan tener que pasar estas fiestas lejos de sus familias pero ésta es la fecha, dicen, en que se puede pasar más fácil la frontera. A pesar de que en esta temporada de frío pudiera pensarse que no se arriesgan a emprender el viaje, y que por el contrario muchos están aprovechando para regresar a sus países de origen, éstos jovencitos lo han decidido así y ahora se encuentran en esta ciudad esperando sólo el próximo tren que los acerque todavía más hacia los límites con Estados Unidos. En una plática sostenida por este medio informativo con los jóvenes en la Casa del Migrante que se ubica cerca de las vías del tren, José Perdomo comentó que espera que le envíen dinero para continuar con el viaje en el que se pueden gastar hasta 500 dólares sólo en su paso por México y viajando a través del ferrocarril. Sonrientes todos comentan sobre la forma en que los han tratado en Coatzacoalcos y en general en el país al que consideran un sitio en el que los ciudadanos son amables además de haberlos apoyado con techo y alimentación durante el tiempo en el que han permanecido en diversas localidades por las que han tenido que pasar en su viaje. Más de dos semanas ha durado el trayecto desde Honduras hasta esta ciudad, pensar en lo que les falta no los hace desmayar pero sentir que precisamente en estas fechas estarán solos provoca cierta tristeza en sus ojos, recordar como José Sánchez que ha dejado dos hijos en su país a punto estuvo de provocar que ese sentimiento pudiera manifestarse con algunas lágrimas. No sucedió pero la emoción se quedó guardada al tiempo que José Mejía comentaba sobre la forma en que celebran la Navidad en Honduras; allá también realizan las posadas, rompen piñatas y en la cena comen tradicionalmente tamales de cerdo. "Un montón de cosas más", comentó con alegría José Perdomo. Es probable que no pasen la fiesta navideña en Coatzacoalcos pero hasta el día de hoy los hondureños aún permanecen aquí esperando, sí, sólo esperando la llegada del ferrocarril que los convenza de irse más hacia el norte.

«Me aguanto la tristeza»

La situación de don Miguel Antonio Zúñiga Alvarado no es diferente, también es de Honduras pero dejó esposa y cuatro hijos, ésos por los que sufre y por quienes desearía ver al menos un momento en estos días en los que siente que los necesitará aún más. Agachado en una especie de pozo en el que lavaba su pantalón, al que llama "papada", en la casa de asistencia al migrante de esta ciudad, don Antonio platica que se encuentra aquí porque espera a un vecino que se quedó en Tenosique, Tabasco; lugar en el que su compañero no logró subirse al tren al que éste se colgó para llegar hasta Coatzacoalcos. Mientras lo espera él lava su ropa, actividad que nunca había hecho en su hogar y que ahora realiza al tiempo de pensar en que pronto podrá estar en Estados Unidos y enviará dinero para que su familia mejore su condición económica. Piensa también en la Navidad, en lo bien que la pasaba en Honduras a pesar de las carencias en las que vivían, la añoranza ha tratado de dejarla a un lado porque "si me pongo a pensar en ellos (su familia) no voy a poder llegar, aquí me regreso", comentaba con tristeza este hombre de 39 años de edad y que también ha tenido ese sueño: el americano. Historias como éstas se ven diariamente en las vías del tren, en el lugar que es paso obligado de los migrantes ilegales de Centroamérica en la búsqueda de un mejor futuro para sus familias. Debido a las condiciones del viaje, mismo que realizan colgados de los vagones del tren, su arribo a esta ciudad no es precisamente la más adecuada, por ello agrupaciones civiles y religiosas se han organizado para brindar un poco de ayuda a los migrantes centroamericanos que hambrientos, sin bañarse, sin descanso y en algunos casos enfermos llegan a la localidad. Esta semana, la Pastoral Diocesana de Migrantes realizó una misa de acción de gracias por el cuidado que Dios ha tenido de los viajeros abajo del puente de la Avenida Uno, cercano a las vías del tren en Coatzacoalcos (Veracruz) y en donde estas personas se concentran en mayor medida; además se sirvieron alimentos y se partieron piñatas para hacerlos partícipes de las tradicionales posadas.

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