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Cristo ya nació en Palacagüina

Por Jaime Loring, profesor jesuita. Diario de Córdoba. | 24 de Diciembre de 2006 a las 00:00
No, no es verdad, Cristo nació en Belén de Judea. Tampoco son verdad la cantidad de figuritas, ríos con agua corriente y lucecitas que ponemos en los nacimientos durante la Navidad. No son verdad desde un punto de vista arqueológico, pero son verdad desde el punto de vista de una expresión plástica de lo que significó el nacimiento del Hijo de Dios en Belén. No ocurrieron las cosas tal y como se representan en los nacimientos, pero lo que ocurrió queda muy bien expresado en la ingenuidad infantil de esas figuritas. Los nacimientos, peso a su incoherencia arqueológica, son mucho más coherentes con el escenario en que tuvo lugar el nacimiento de Jesús, que los monumentos grandiosos con que generalmente queremos honrar su memoria. Lo mismo que ocurre con los belenes y nacimientos ocurre con ese precioso villancico nicaragüense. No es verdad que Cristo naciera en Palacagüina. Lo que sí es verdad es que ese pueblecito perdido en las montañas de Nicaragua tiene más coherencia con el Belén de Judá de la época que cualquier catedral por artística e impresionante que pueda ser. Puede escuchar o bajar la canción EL CRISTO DE PALACAGÜINA en este enlace: El villancico nicaragüense dice así: "Cristo ya nació / en Palagüina / de Chepe Pavón / y una tal María. / Ella va a planchar / muy humildemente / la ropa que goza / la mujer hermosa / del terrateniente". Tampoco es cierto que la virgen María sirviera de criada en la casa de algún propietario agrícola importante. Lo que sí es cierto es que la clase social de María y de José se parecía más a la de un artesano carpintero de pueblo cuya esposa trabajase en el servicio doméstico, que a la de un adinerado propietario agrícola. Literalmente hablando, el villancico no es correcto. Como expresión poética del entorno social en que Jesús nació y se educó, es absolutamente exacto. La Navidad es algo más que el recuerdo de un suceso histórico que ocurrió en un lugar y una fecha determinada. Lo ocurrido en ese preciso momento histórico marca una dirección, es una palabra que tiene un contenido conceptual. Es el señalamiento de una dirección hacia un proyecto futuro, el proyecto de Dios sobre el individuo y sobre la sociedad. Los hombres tenemos nuestra manera de comprender a Dios, Dios tiene su propia manera de hacerse comprensible a los hombres. Es claro y evidente que la Navidad se ha convertido en una fiesta de alcance humano globalizador. La celebramos los creyentes y los agnósticos, vienen los Reyes Magos y Papá Noel, se construyen nacimientos y árboles con luces, se celebran misas y comidas de empresa. La Navidad es la fiesta de todos. Esta expansión ecuménica y global de la Navidad es ciertamente un éxito social. Ello no impide que merezca la pena una reflexión sobre sus raíces. Su raíz es que Dios entró en la historia de los hombres, y entró de una determinada manera, especialmente escogida, seleccionada. Pudo entrar de otra manera cualquiera. De entre las muchas posibles, escogió una, no otra. Y la manera que escogió Dios para hacerse presente y copartícipe de la historia de los hombres choca, desentona con la escala de valores que los hombres tenemos. Los hombres cuando sacamos el Cuerpo de Cristo a la calle en la fiesta del Corpus, lo llevamos en una custodia de oro. Cuando tenemos que construirle un templo, no le hacemos una casita, sino una catedral. Cuando queremos representar su imagen, tallamos en piedra un monumento impactante. Por el contrario, cuando Dios quiere hacerse comprensible a los hombres, nace en un pesebre, porque sus padres no encontraron habitación en una pensión. Esa es la diferencia. Jesús marcó expresamente esa diferencia en cierta ocasión. Les comentó a los suyos que a pesar del éxito de multitudes que tenían por los pueblos de Galilea, una vez que llegasen a la capital Jerusalén, las cosas iban a terminar mal. Que sus opositores, los poderosos sacerdotes del Templo, lograrían silenciar su palabra, nada más y nada menos que matándolo. Pedro le contestó que eso no podía ser. La trayectoria vital de Jesús no podía terminar de esa manera. Jesús contestó tajantemente, "Pedro tú piensas como los hombres, no piensas como Dios". Más allá de estas minivacaciones de invierno, más allá de las comidas de empresa, más allá de la iluminación festiva de las calles, está el lenguaje, el estilo con el cual Dios ha querido hacerse comprensible a los hombres. Este lenguaje, este estilo, es el que se expresa en el villancico nicaragüense. La Virgen María no se peinaba los cabellos de oro con un peine de plata fina. La virgen María planchaba humildemente la ropa que lucía la esposa del rico terrateniente.

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