Escúchenos en línea

Aquella visita de Fidel en 1980, cuando cimbró Centro América con sus barbas, sus ideas y su ejemplo

Diario El Universal, de México. Desde San José. | 31 de Diciembre de 2006 a las 00:00
Al margen del enfoque ideológico, que no le permite tener una visión más objetiva de la realidad centroamericana, el autor de este artículo recuerda un evento histórico que cimbró la región: la visita de Fidel a Nicaragua en 1980, para celebrar el primer aniversario del triunfo de la Revolución Popular Sandinista. Lo reproducimos íntegro, salvando las diferencias con el enfoque del periodista.

Un pelo de la barba de Fidel

Por José Meléndez, corresponsal en Costa Rica del Diario El Universal, de México.

Poco antes del mediodía del 19 de julio de 1980, en el primer aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, y ante miles de nicaragüenses y comandantes de las guerrillas de El Salvador, Guatemala, Chile, Colombia, Argentina y Uruguay, Fidel Castro relató en Managua una anécdota histórica, política y militar del impacto de la Guerra Fría en Centroamérica. "Dícese que el tirano Somoza, al despedir a las fuerzas mercenarias de Girón, les pidió que le trajeran al menos un pelo de la barba de Castro. Y yo he venido aquí, con toda mi barba, para ofrecérsela al pueblo victorioso de Nicaragua". Castro se quedó en silencio profundo. De inmediato, comenzaron a escucharse risas y aplausos. Y segundos después, lo que era un grito lejano, pero que iba en aumento, ganó fuerza y la plaza se unió en una sola voz de aclamación repetida: "Fidel, Fidel, Fidel.". En medio de la algarabía, el líder cubano lanzó un desafío a Estados Unidos al asegurar que aunque a Cuba se le culpaba de querer "incendiar" los países centroamericanos con movimientos guerrilleros, tampoco debía olvidarse que Centroamérica es una tierra "volcánica". En pocas palabras, el líder cubano resumió un pasado-presente-futuro del reflejo del conflicto este-oeste en el istmo: en abril de 1961, las tropas anticastristas adiestradas en Guatemala por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, se disponían a embarcar en Puerto Cabezas, Nicaragua, rumbo a Bahía de Cochinos, en Playa Girón, Cuba, al amparo de la dictadura de la familia Somoza Debayle. La invasión alentada por la CIA fracasó en menos de 48 horas. La fuerza organizada, entrenada y financiada por Estados Unidos fue derrotada y apresada en las playas de Girón. En el transcurso de aquellos agitados años de la década de 1960, y tras afianzarse en el poder, Castro convirtió a Cuba en un santuario de las guerrillas latinoamericanas. Al amparo del ya fallecido dirigente Manuel Piñeiro, famoso Barbarroja y jefe del Departamento América del Partido Comunista de Cuba, gran número de rebeldes centroamericanos fueron llevados a las bases de entrenamiento de rebeldes que el régimen cubano mantenía en secreto en la occidental provincia cubana de Pinar del Río. Aprovechando su influencia, Castro logró que las distintas facciones -insurreccionales, terceristas y GPP (guerra popular prolongada)- que formaban el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua (FSLN) se unieran bajo una sola dirección nacional de nueve comandantes, en un pacto sellado en La Habana a principios de 1979. Una maniobra similar realizó Castro con los diversos movimientos guerrilleros de El Salvador, que a finales del decenio de 1970 e inicios del de 1980 aceptaron en La Habana aglutinarse en torno al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Con la guerrilla guatemalteca, el gobernante cubano también influyó para que las organizaciones rebeldes se agruparan en la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). Por eso, La Habana se transformó en frecuente punto de paso -vía México- de los ahora fallecidos jefes insurgentes Carlos Fonseca Amador, del FSLN, Shafick Handall, del FMLN, o Rodrigo Asturias, de la URNG. Tras abrir un puente de transporte de armas -vía Costa Rica- para los insurgentes nicaragüenses, que obtuvieron el triunfo en julio de 1979 al derrocar a la dictadura somocista, Castro logró tener una "cabeza de playa" en Managua, para ejecutar sus operaciones hacia el resto de Centroamérica. A partir de 1979, con respaldo de La Habana y Moscú y para malestar de Washington, Nicaragua se convirtió en el santuario de la subversión en el istmo, lo que le permitió principalmente a la guerrilla salvadoreña arreciar un conflicto bélico que concluyó en 1992, luego de 12 años de intensos combates. Después del avance en Nicaragua, las guerrillas procastristas alteraron el equilibrio regional de poder e incendiaron Centroamérica, convertida en otro foco de la confrontación este-oeste. Los pactos de paz suscritos en 1987 -que lanzaron una exigencia de "fuera manos" del istmo- llevaron a la pacificación en Nicaragua, Guatemala y El Salvador, pero también aceleraron el declive de la influencia de Castro en la zona. Con la derrota electoral sandinista en 1990, la firma de la paz en El Salvador entre el FMLN y el gobierno, la intervención militar de Estados Unidos en Panamá en 1989, que provocó la caída del régimen del ahora encarcelado general Manuel Noriega, y la debacle del campo socialista en Europa del Este, mermaron las posibilidades de influencia de Cuba en el área. Pero en la historia quedó el recuerdo de un momento cúspide: Fidel Castro, con toda su barba, en el volcánico territorio centroamericano.

Descarga la aplicación

en google play en google play