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Las tareas del nuevo gobierno

Por Néstor Marín, corresponsal de Prensa Latina en Nicaragua. | 7 de Enero de 2007 a las 00:00
Aunque en Nicaragua, que se rige por el calendario gregoriano, el 2007 comenzó el pasado 1 de enero, para todos está claro que el "año político" iniciará el próximo día 10, con la toma de posesión del sandinista Daniel Ortega. El líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) ganó los comicios del 5 de noviembre pasado, a la cabeza de una variopinta alianza de partidos de diversas tendencias políticas, pero arropados todos por la bandera de la paz y la reconciliación. Logró la victoria en su cuarto intento consecutivo, cuando el rechazo al continuismo de las políticas neoliberales pudo más que el miedo al Sandinismo insuflado desde la derecha local y desde Estados Unidos. Muchos serán los retos que deberá enfrentar Ortega, quien ya estuvo al frente de los destinos de Nicaragua entre 1979 y 1990, primero como coordinador de la Junta de Gobierno que se formó tras la Revolución Sandinista, y luego como presidente electo. Pero 16 años después, el también secretario general del FSLN regresa a un escenario político totalmente distinto. Aunque ya no hay guerra civil, y la mayoría de los "contras" de antaño son ahora aliados de los sandinistas, la galopante pobreza es un enemigo quizás más difícil de derrotar que una fuerza de tarea enemiga atrincherada en una montaña. Nicaragua ha vivido desde 1990 bajo el yugo de los programas económicos de los organismos financieros internacionales, los cuales sólo han contribuido a abrir aún más la brecha entre ricos y pobres. Dieciséis años de neoliberalismo convirtieron a Nicaragua en el segundo país más pobre de América Latina, sólo superado en ese negativo índice por Haití. Datos de organismos internacionales aseguran que el 80 por ciento de los nicaragüenses vive en condiciones de pobreza, y que de esa cifra, más de la mitad está en la miseria. Revertir esa situación será el principal reto del futuro gobierno sandinista, que desde ahora anuncia la institucionalización a nivel nacional del llamado programa Hambre Cero. El proyecto, que se ha venido implementando hasta el momento de manera parcial, pretende beneficiar a más de 75 mil familias campesinas en cinco años. Se trata de un programa social y productivo, cuyo objetivo principal será capacitar al campesino para que garantice su seguridad y soberanía alimentaria, a través de una ayuda inicial que incluye la entrega de animales, herramientas y otros insumos. La creación de un Banco de Fomento de la Producción fue otra de las promesas de campaña de Ortega. La búsqueda de una solución definitiva a la crisis energética que sufre el país es otra de las tareas en las que se encuentran enfrascados los sandinistas, aún sin haber asumido oficialmente el poder. Para ello cuentan con la mano solidaria tendida por Venezuela, a través del suministro de combustible en condiciones ventajosas de pago, y de plantas eléctricas para evitar los molestos apagones. Los primeros resultados de ese nuevo tipo de cooperación basada en la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) son palpables en Managua desde el mes pasado, con la reducción del precio del pasaje, gracias a la entrega de combustible subsidiado a las cooperativas de ómnibus. Aunque no deja de ser un paliativo, la ayuda venezolana dará un respiro a las nuevas autoridades, mientras buscan en los abundantes recursos hídricos y geotérmicos del país la solución definitiva a la crisis. La reducción del analfabetismo, que en los últimos años trepó al 35 por ciento, luego de que una Cruzada Nacional realizada en 1980 por el primer gobierno sandinista lograra bajarlo al 12 por ciento, será otra de las prioridades del nuevo gobierno. Para ello, ya anunciaron que darán todo el apoyo oficial necesario a la campaña que desde el año pasado iniciaron varias alcaldías sandinistas, las que a pesar del escaso respaldo gubernamental cerraron 2006 con 70 mil adultos alfabetizados. El éxito obtenido hasta ahora obedece en gran medida a la consagración, tanto de los educadores como de los educandos, quienes supieron sortear las dificultades derivadas de la pobreza misma, la falta de recursos y de los apagones. Factor clave en la aceleración de la nueva cruzada fue la llegada del Yo Sí Puedo, un revolucionario método de enseñanza cubano, de probada eficacia en distintas partes del mundo. Las cartillas que se utilizan en los 100 municipios nicaragüenses enfrascados en la tarea fueron donadas por Cuba, que aportó también media docena de asesores pedagógicos. La cooperación docente desde la isla caribeña, sin embargo, podría aumentar de forma exponencial, de cumplirse los pronósticos de una explosión de matrícula a partir del próximo curso escolar, cuando se haga cumplir el principio constitucional de la gratuidad de la Educación. Según anunció el futuro ministro del sector, el pedagogo Miguel de Castilla, en caso de un déficit de maestros, no dudarán en pedir ayuda a Cuba, país que ya la aportó en los años 80.

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