Escúchenos en línea

Insulza mete la pata: el pez por su boca muere

Por Alfonso Gumucio, escritor, cineasta y periodista boliviano. | 9 de Enero de 2007 a las 00:00
No midió José Miguel Insulza el alcance de sus palabras. Cuando el Secretario General de la OEA cuestionó la decisión del gobierno de Venezuela de no renovar la licencia de la red nacional de televisión RCTV, el Presidente Chávez, con la franqueza y teatralidad que caracterizan sus declaraciones, replicó: "La posición del secretario general es bien insulsa, da vergüenza. Debería renunciar el insulso doctor Insulza". Fue aún más duro al calificar como "injerencista" la actitud de Insulza: "es un verdadero pendejo, desde la P hasta la O". Este episodio, uno más en la guerra verbal que protagoniza el Presidente Chávez, hay que analizarlo desde tres ángulos: el técnico, el político y el del lenguaje. Y una paradoja.

Por Alfonso Gumucio, escritor, cineasta y periodista boliviano.

Aspectos técnicos. El primer enfoque, puramente técnico, le da la razón al gobierno venezolano, aún antes de la decisión de nacionalizar las telecomunicaciones. Los grandes medios privados de difusión (no hay que otorgarles la etiqueta de "comunicación", ya veremos por qué…) se han acostumbrado a usar las frecuencias de transmisión como si fueran propias. La laxitud de los gobiernos y su dependencia política de esas grandes redes, hace que el poder de los medios sea cada vez mayor, al margen de toda legislación. Para poner las cosas en su lugar es importante recordar a los lectores que el espectro radioeléctrico es un bien común, es un recurso natural que posee cada país, tan natural como los bosques o el agua. Es un recurso que no puede ser vendido, ni subastado, ni regalado. El espectro radioeléctrico que utilizan las radios, las estaciones de televisión y las compañías de telecomunicación, debe ser administrado por el Estado, pero tampoco le pertenece, pues, como dije antes, es un bien común, un bien de toda la sociedad. Los Estados, a través de sus organismos de gobierno, tienen la obligación de administrar sabiamente ese recurso natural, otorgando licencias y concesiones a los medios de difusión que las soliciten. Pero esas licencias son por un tiempo limitado, no son para siempre, y el Estado conserva la potestad de renovarlas o no cuando se cumplen los plazos. En otras palabras, el gobierno venezolano está en su derecho, de acuerdo a las leyes venezolanas (que son similares a las leyes de cualquier otro país) de renovar o no renovar las licencias cuando fenecen. Y ahora, por favor, dejemos de usar "medios de comunicación" para referirnos a los medios de difusión. La comunicación viene del latín communio, que quiere decir participar y compartir. Es el acto de comunicar en los dos sentidos, de establecer diálogo entre las personas y entre las comunidades. Los medios de difusión masiva, en cambio, son verticales y autoritarios, informan (o desinforman) en un solo sentido, no comunican. Es una falta de respeto hacia los verdaderos medios de comunicación, atribuir esa etiqueta a los medios masivos. Aspectos políticos. Obviamente que la decisión del gobierno venezolano de no renovar la licencia de la cadena RCTV tiene una motivación política. No olvidemos que esa red de estaciones de televisión y de radios, ha hostigado permanentemente al gobierno venezolano, y mientras lo hacía ha sido tolerada. No se ejerció contra ella ninguna acción de represión ni de censura. No olvidemos que cuando se produjo el golpe en contra de Chávez, en abril del año 2002, RCTV se parcializó completamente a favor de los golpistas, colocándose de esa manera fuera de la ley. Pero no sufrió entonces consecuencias por esa complicidad con los golpistas. Ahora Insulza cuestiona la decisión del gobierno venezolano, y su actitud revela claramente sus preferencias personales, no así las de la organización que representa, la OEA, manejada desde siempre por el gobierno de Estados Unidos. Si Insulza fuera coherente en su defensa de la "libertad de expresión", haría comentarios similares sobre la persecución y clausura, con métodos violentos, de las radios comunitarias en Guatemala o en Brasil. En esos países, y en otros de la región, la represión de la libertad de expresión es pan de todos los días, pero Insulza nunca ha salido en defensa del derecho a la comunicación. Su actitud es defender la libertad de empresa, no la libertad de prensa. Al manifestarse como lo hizo en el caso de Venezuela, adoptó una posición política que lo acerca a los grandes empresarios de medios, no a las mayorías latinoamericanas de luchan por la libertad de comunicación. Ciertamente, el tema es político, y fue Insulza el primero en destacarlo desde ese ángulo. El lenguaje. Ya conocemos el lenguaje del Presidente Chávez. Sus declaraciones quedan marcadas por la teatralidad y por el estruendo de sus palabras. Nadie se acordaría de sus declaraciones si dijera las mismas cosas con palabras diplomáticas. Cuando en la Asamblea General de las Naciones Unidas del 2006 dijo "el diablo estuvo aquí" (refiriéndose a Bush), no hacía sino recoger lo que millones piensan pero no se atreven a decirlo. De esa Asamblea General no va a quedar nada en los anales de la historia, como no sea la frase de Chávez. Lo mismo que de la Asamblea General de la ONU en 1960 solamente recordaremos el "zapatazo" de Krushov, el Premier de la URSS. Todos, y también los políticos, usan en el ámbito privado las palabras más duras para referirse a sus enemigos, pero luego aparecen en público en grandes abrazos y mascullando hipocresías. Chávez, en su estilo campechano y ciertamente demagógico, dice lo que piensa, sin tapujos. En ese sentido, es más honesto. No le importa guardar la compostura, ni respetar la hipocresía de la diplomacia. Simplemente dice lo que tiene en mente. Y una paradoja. No deja de ser paradójico que Insulza llegó al cargo de Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), gracias al voto dirimidor de Venezuela.

Descarga la aplicación

en google play en google play