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La esperanza llega de la mano de la gente y de los pueblos hermanos

Agencia AFP y Diario Granma, Cuba. | 10 de Enero de 2007 a las 00:00
Cuba consideró este miércoles que la tomas de posesión del reelecto presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y del nuevo gobernante de Nicaragua, Daniel Ortega, marcan "nuevos momentos políticos" en esos países e insuflan "renovadas esperanzas" a América Latina. Las investiduras de Chávez y Ortega "representan el inicio de nuevos momentos políticos para esas dos naciones y de renovada esperanza para América Latina", señaló el diario oficial Granma. Bajo el título "Venezuela y Nicaragua, los pueblos al poder", la televisión cubana abordará el tema este miércoles el espacio Mesa Redonda, que refleja la posición oficial en temas de actualidad nacional e internacional. Desde muy temprano los medios cubanos dieron seguimiento este miércoles a las ceremonias en Caracas y Managua. Un comentarista de la estatal Radio Rebelde destacó que "soplan nuevos vientos en América", una región "que resurge", y subrayó que "el cambio (en la región) es una realidad sociopolítica". José Ramón Machado Ventura, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba (único) y vicepresidente del Consejo de Estado, encabeza la delegación de la isla que participará en la toma de posesión de Ortega este miércoles. El rotativo destacó que durante su permanencia en Nicaragua, la delegación cubana "sostendrá conversaciones con las nuevas autoridades nicaragüenses y con otras delegaciones oficiales presentes en la ceremonia".

América Latina y la rebelión del siglo

Por Joaquín Rivery Tur, diario Granma.

Posiblemente nunca Estados Unidos había estado tan tranquilo con la situación de América Latina como a principios de este siglo. La región amaneció con los datos macroeconómicos por los que el neoliberalismo hace más ricos a los más ricos, mientras incrementa al ejército de pobres. La nueva centuria hacía presagiar para Washington más de lo mismo, es decir, la repetición de gobiernos entreguistas, sin percatarse de los sentimientos subterráneos propiciatorios de profundas mudanzas. La estabilidad del voto —en tanto la democracia era reducida al ejercicio del sufragio universal— era lógica, porque Estados Unidos y los países capitalistas desarrollados, con sus mecanismos financieros y comerciales internacionales, habían lanzado al mundo la ideología del mercado, un régimen en el que el capital se convertía en el dominador universal: la globalización neoliberal. Como dice el académico Emir Sader en un estudio publicado en el sitio oficial de Internet del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), el proceso fue¼ "De tal manera que el neoliberalismo, como política económica y como ideología, se tornó una expresión aparentemente indisociable de tales regímenes democrático-liberales". Pero conllevó una crisis social verdaderamente espantosa por toda América Latina, creó condiciones para que las masas no soportaran más y se acrecentara el movimiento para sacudirse el yugo. Las victorias de Chávez se debieron al hastío popular por la noche interminable neoliberal; la sublevación argentina de finales del 2002 mostró nítidamente los ánimos levantiscos del subcontinente hambreado; a ello se unieron la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en el 2002, y de Néstor Kirchner en el 2003, completada por el éxito del Frente Amplio de Uruguay en el 2004.

La convulsión del 2006

Es muy difícil figurar en las estadísticas mundiales como la región de mayor desigualdad social del planeta y que no suceda nada. El siglo nació intranquilo. El alumbramiento traía temblores en las entrañas. La aspereza de la situación es evidente todavía hoy, cuando la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), un organismo de la ONU, retrata el panorama diciendo que en el año 2005 el 39,8% de la población vivía en condiciones de pobreza (209 millones de personas), y un 15,4% de la población (81 millones) vivía en la pobreza extrema o la indigencia. Desde el año anterior, los analistas políticos prestaban atención al fenómeno electoral que esperaba a las sociedades latinoamericanas. Así, antes de que terminara el 2005, los bolivianos daban una lección de conciencia, al elegir en la primera vuelta al indígena Evo Morales, para que tomara el poder a partir de enero del 2006, con todas sus ideas de Constituyente, nacionalizaciones, educación, salud, repartos de tierras y otros anhelos siempre perseguidos a balazos por las oligarquías ahora estremecidas junto con Washington. Una significación de la victoria boliviana se puede encontrar en la página 578 del libro Cien horas con Fidel, del intelectual francés Ignacio Ramonet, donde el líder de la Revolución cubana expresa: Evo Morales se proyecta hacia el futuro como una esperanza para la mayoría de su pueblo. Encarna la confirmación de la quiebra del sistema político aplicado tradicionalmente en la región, y la determinación de las grandes masas de conquistar la verdad. Su elección es la expresión de que el mapa político de América Latina está cambiando. Nuevos aires soplan en este hemisferio. Las reelecciones de Lula y Chávez tuvieron más tarde resultados esperados. Pero faltaba todavía el golpe de knock out de Nicaragua y la sacudida telúrica de Ecuador, donde un millonario parecía ya con el poder en las manos, pero, en segunda vuelta, Rafael Correa lo derrotó por aplastante mayoría, a pesar de los enormes gastos en propaganda de Gustavo Noboa, de sus apariciones místicas y sus compras de votos en los barrios pobres. En Nicaragua, el gobierno de Bush recurrió a todo por impedir el retorno del FSLN al poder. Su embajador estuvo constantemente entrometido en la campaña electoral; a Managua llegaron delegaciones de congresistas y hasta el mismo Oliver North, quien tanto daño hizo a los nicaragüenses al organizar y fomentar la guerra sucia contrarrevolucionaria financiada con drogas, viajó a Managua para intentar escamotear la victoria de Daniel Ortega. Todo ese despliegue de fuerza realza todavía más el triunfo sandinista, con el que los nicas cobraron las secuelas sociales de tres administraciones neoliberales. Es indudable que la imposición del neoliberalismo ha empujado a las masas a la acción política. Ángel Guerra Cabrera, el conocido analista político del diario mexicano La Jornada, señalaba hace poco que "esta mutación no habría sido posible sin el accionar de los novedosos, disímiles y vigorosos movimientos sociales latinoamericanos (...) No hay una sola nación en América Latina donde estos movimientos no presenten batalla al neoliberalismo". Lo peor para Estados Unidos es que la tendencia crece. La lucha de hoy es profundamente antimperialista, debido a que nadie está dispuesto a aceptar mansamente las reglas neoliberales depauperantes ni los tratados de libre comercio como el CAFTA centroamericano, donde esos países prácticamente pierden su soberanía con la ratificación del convenio atroz y, jurídicamente, ni siquiera pueden salirse. La contienda está planteada y, a estas alturas del siglo XXI, se puede concordar con el Presidente electo de Ecuador en que no estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época.

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