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Claves para entender resultados en Brasil

Brasilia. Por Martín Granovsky, diario Página/12. | 4 de Octubre de 2010 a las 00:00
La mayoría de las encuestas daba ganadora en primera vuelta a Dilma Rousseff, la candidata del Partido de los Trabajadores y del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. No sucedió. También ésa era la percepción de la mayoría de los dirigentes del PT y de los miembros del gobierno, que ahora deberán replantearse la estrategia para la segunda vuelta del 31 de octubre. Y otra de las sorpresas fue el casi 20 por ciento obtenido por la candidata del Partido Verde y ex ministra Marina Silva. Sin embargo, el PT y sus aliados no enfrentan un cuadro desesperante. Lo muestran estos diez elementos de análisis electoral: 1 El Partido de los Trabajadores consiguió una base territorial de la que carecía. Desde el 1º de enero de 2011, cuando asuman junto con quien ocupe la Presidencia de la República, habrá gobernadores del PT en Sergipe, Bahía, Rio Grande do Sul y Acre, y también en el Distrito Federal, Brasilia. Los aliados del PT ganaron, entre otras, las gobernaciones de Rio de Janeiro, Pernambuco, Ceará, Maranhao, Piauí, Mato Grosso, Espirito Santo y Mato Grosso do Sul. Rio y Pernambuco (donde nació Lula) figuran por población entre los principales del país. 2 Por el triunfo en las gobernaciones, el PT y sus aliados, principalmente el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), tendrán mayoría en el Senado. Ampliaron el número en la Cámara de Diputados, aunque los cálculos más finos habrá que hacerlos hoy con los resultados finales y el recuento Estado por Estado. 3 El Partido de los Trabajadores mejoró sus números en el Estado de Sao Paulo pero no triunfó. José Serra, del Partido Socialdemócrata Brasileño, de centroderecha, le ganó a Dilma por 41 a 37. Es un pobre desempeño de Serra, que en el último debate se jactó de su mayor experiencia de gestión y recordó que fue intendente de la capital del Estado y gobernador paulista, cargo que recién dejó este año para convertirse en candidato a presidente. En elecciones para gobernador, cerca de la medianoche de ayer el petista Aloizio Mercadante estuvo a punto de obtener el logro histórico de pasar a segunda vuelta, cosa que nunca había ocurrido. Pero el integrista Gerardo Alckmin, candidato de Serra, superó por décimas el 50 por ciento. Serra fue quien perdió en las dos vueltas de las presidenciales de 2002 contra Lula. Alckmin ocupó el puesto de perdedor en las dos vueltas de 2006. 4 El PT ganó la gobernación en otro de los Estados importantes, Rio Grande do Sul, con uno de sus principales dirigentes de nivel nacional: el ex ministro Tarso Genro, que terminó con una impresionante diferencia de 30 puntos sobre el segundo (un dirigente del PMDB) y de 36 puntos sobre el tercero, del PSDB. También ganó allí Dilma sobre Serra, pero solo por seis puntos. Traccionar parte de los votos de Genro para Dilma es uno de los desafíos nacionales para el ballottage. 5 Río de Janeiro plantea un problema serio para el PT. Dilma ganó en las presidenciales con el 43,76 por ciento, pero Marina Silva obtuvo nada menos que el 31,52. Un aliado petista, Sergio Cabral, ganó en primera vuelta por un aplastante 66 por ciento de los votos. También aquí debería jugar la tracción, que como en cualquier país del mundo, incluida la Argentina, no es un fenómeno ni sencillo ni automático. 6 Minas Gerais sigue siendo, de los grandes Estados, el más resistente al PT en términos locales, porque se impuso el PSDB de Serra en primera vuelta. Sin embargo, Dilma también ganó en la pelea por la presidencia por una diferencia importante: 47 contra el 31 de Serra. Marina Silva hizo una gran votación, con el 21,26. 7 Dilma obtuvo aproximadamente el mismo porcentaje de votos que Lula en las primeras vueltas de las presidenciales de 2002 (46 por ciento) y 2006 (47 por ciento): casi el 47. Es verdad que en buena medida los votos se deben a la buena situación económica, a la importancia internacional de Brasil, a la justicia social y al propio Lula. Pero Dilma no tiene ni el carisma ni la popularidad de Lula. En febrero de este año, cuando Lula pidió su proclamación como candidata al Cuarto Congreso del PT, su intención de voto era menor que la de Serra y su nivel de conocimiento era bajo. 8 Marina Silva hizo una gran elección, con el 19,4 por ciento de los votos, y dio el batacazo. Ninguna encuesta previó ese resultado. Es posible que la ex ministra de Lula deje en libertad a sus electores, con lo cual una parte podría votar en blanco (y favorecer de hecho a Dilma, porque siempre el primero se beneficia del voto en blanco al aumentar los votos válidos) y otra repartirse entre Dilma y Serra. Si Marina concentró el voto disgustado con el PT al que no le parecía fashion votar a Serra o a candidatos aún más conservadores, habrá que ver en la segunda vuelta cuánto hay de disgusto entusiasta y cuánto de temor al regreso de un presidente ligado a la estagnación de Fernando Henrique Cardoso. 9 El PSDB retrocedió notablemente en gobernaciones y en el Senado. También fue importante el retroceso de varios de los antiguos coroneles (los jefes territoriales) que quedaron borrados en el nordeste. 10 Lula seguirá siendo clave en la construcción de la victoria. No solo hará campaña sino que, según confiaron anoche dirigentes del PT, se ocupará aún más del diseño fino de los días que faltan hasta la segunda vuelta. Tiene, como mínimo, cinco desafíos: seducir a votantes de Marina Silva, mejorar las cifras del PT en Rio y Sao Paulo, lograr que voten los abstencionistas del nordeste (que alcanzaron cifras de hasta un 20 por ciento), convencer a militantes y electores de que no haber ganado en primera vuelta dista de ser una derrota, porque obviamente fue una victoria, y reforzar la percepción de que lo alcanzado socialmente en los últimos ocho años puede perderse en un día. La muñeca de Lula A la hora de entender el resultado de la elección brasileña, la figura del presidente Lula aparece como referente ineludible. Fue él quien armó la coalición electoral que le dio el triunfo a Dilma Rousseff, a través de alianzas con partidos de distinta orientación ideológica para blindar las chances de su candidata, haciendo uso de su muñeca negociadora que afinó en sus tiempos de sindicalista. Consciente de su rol de gran elector, dada su enorme popularidad, repartió sus preferencias según su lectura del tablero político, no siempre en favor de su partido, el PT. Fue también Lula quien eligió a la candidata, una funcionaria fiel sin vínculos con el liderazgo del partido oficialista. Un ejemplo es el estado de Marañon, donde prefirió pactar con la hija de José Sarney, Roseana, antes de apuntalar al candidato de la izquierda, porque evaluó que la hija de Sarney tenía más chances de ganar. En el crucial estado de San Pablo, primer distrito electoral, Lula bajó a los candidatos del PT para privilegiar un pacto con su principal aliado a nivel nacional, el hiperpragmático PMDB. Fue Lula quien se puso al frente de la campaña, incluso cerrando los actos en los que participaba Rousseff. Ayer, después de votar en San Pablo, el presidente apuró su regreso a Brasilia para mostrarse con su candidata durante la jornada electoral. Tampoco estuvo ausente en la campaña de Serra, que lo incluyó en sus spots televisivos y jingles de campaña, en un vano intento de mostrarse como su seguidor. Fue Lula quien llevó adelante casi en soledad el debate de fondo de la campaña, la pelea con los grandes medios de comunicación, en la que ambos lados se acusaron mutuamente de intervencionismo y abuso de poder por el protagonismo que tuvieron durante la campaña, relegando a los candidatos a un rol secundario. Fue Lula quien eligió a Dilma Rousseff, una funcionaria leal que nunca disputó una elección, que no tiene vínculos con el liderazgo del PT y que al empezar la campaña era prácticamente una desconocida para el electorado, y en cierta medida lo sigue siendo. Lula eligió a una economista y experta en energía como candidata porque ése es el perfil que eligió darle a la nueva presidencia, pero también eligió una candidata y una estrategia electoral que en los hechos pone un límite al crecimiento del PT ante los reclamos del supuesto hegemonismo partidario que se denuncia casi a diario en los grandes medios de la oposición. Fueron los programas del gobierno de Lula las principales cartas de presentación de Dilma, especialmente los programas sociales Bolsa de Familia y Programa de Acción Comunitaria, que sacaron a 12 millones de brasileños de la pobreza. Esos programas fuero clave para cambiar el perfil del votante de las zonas pobres del nordeste, que antes de 2006 iban a parar mayoritariamente a las arcas de los caudillos regionales populistas, y desde entonces viraron hacia la coalición que encabeza el presidente saliente. Y fueron las políticas macroeconómicas ortodoxas del presidente las que resultaron en un crecimiento de más del cinco por ciento este año, facilitando la penetración del lulismo en amplios sectores de la clase media. Y fue el modelo de seguridad de la Policía Pacificadora en combinación con programas de desarrollo que el gobierno de Lula elaboró, con sus aliados estatales y municipales en el estado de Río de Janeiro, el principal argumento que utilizó Dilma en el último debate, para cubrir un flanco siempre sensible para los políticos progresistas a la hora de captar votos de sectores moderados. La estrategia de concentrar el armado electoral, el protagonismo de la campaña y los logros del gobierno en la figura de Lula descolocó a los candidatos opositores, que escaparon a la confrontación directa con el popularísimo presidente y prefirieron mostrarse como sus continuadores mientras, paradójicamente, los medios que los apoyaban abiertamente intentaban convencer a sus lectores de que el gobierno de Lula había sido pésimo y que el presidente era un populista autoritario con aspiraciones hegemónicas, aun cuando Lula deja el poder respetando el mandato constitucional, con un Poder Judicial independiente, un Congreso variopinto y una prensa de lo más critica entre lo que se puede encontrar en la región. La táctica hiperlulista funcionó en tanto Dilma ganó la primera vuelta, pero mostró sus limitaciones al no alcanzar el piso del 50 por ciento al que aspiraba la coalición oficialista: la fuga de votos hacia los candidatos opositores en las últimas horas sugiere que a pesar de las garantías que dio el presidente, los votantes no quedaron convencidos con lo poco que vieron de Dilma, y prefirieron conocerla un poco más, cuatro semanas más para ser precisos, antes de decidir si es ella a quien eligen para entregarle la banda presidencial. Así fallaron los pronósticos que hasta ayer le daban el triunfo a Dilma en primera vuelta. Como si al momento de votar, a solas en el cuarto oscuro, una parte de los brasileños hubiera descubierto de repente que Lula no estaba en la boleta.

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