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¿Dónde está el enemigo de Doña Chinchilla?

Por Mauricio Álvarez Mora geógrafo, docente de la UCR y ecologista | 10 de Diciembre de 2010 a las 00:00
A 16 años de la muerte de Maria del Mar Cordero, Jaime Bustamante y Oscar Fallas. “Enero del 2013. A propósito la inauguración del Parque Binacional Nicaragua-Costa Rica ‘Isla Calero’, y tras consolidar otra área en los terrenos de Industrias Infinito, la presidenta llamó a combatir a los empresarios y a las transnacionales que se aprovechan del ambiente…”. El párrafo anterior es una ficción no tiene que ver con la realidad, espero no ser demandado por eso. Pero éste sí es real: “…por eso es que yo necesito, que en muchos casos que vamos a enfrentar, personas como ustedes, nos ayuden a levantar la voz contra algunos grupos radicales, que no quieren proteger el medio ambiente”. Lo dijo la presidenta Laura Chinchilla en San Carlos ante la Cámara de Ganaderos, a raíz del establecimiento del área protegida en el humedal Maquenque en la Zona Norte. En la grabación se escuchan aplausos y Chinchilla prosigue su discurso diciendo que, cuando firmó el decreto de interés nacional para un mega-aeropuerto, “en (la Península de) Osa me encontré grupos radicales, que me dijeron ‘no haga el aeropuerto’, ‘no más turismo’, esos no quieren desarrollo, y esos grupos los vamos a tener que enfrentar juntos”. Lamentablemente, hay demasiados ejemplos en la historia de personas que se han visto acalladas por amenazas o atentados, incluso asesinatos, por pensar distinto. Aunque la memoria histórica de Costa Rica no lo registre, en Costa Rica también hay ejemplos de ello. ¿Quiénes son los enemigos? Uno de esos habitantes preocupados por la firma del decreto que declara de interés público la construcción del aeropuerto de Osa es el ambientalista Carlos León quien viene realizando denuncias ambientales en la zona. León sufrió un ataque a su casa a finales de agosto, cuando desconocidos amarraron las puertas de la casa en Palmar Norte y le prendieron fuego (Diario Extra, 31-8-2010). Este caso está en investigación y se suma a una práctica muy común en Osa, la de ataques físicos y represión de la lucha ambientalista. Todavía se recuerda el arresto de ecologistas durante una marcha pacífica en el cruce de Chacarita, en el marco de una lucha por establecer una veda forestal en Osa. Ese mismo día fue incendiada la sede policial de Rancho Quemado de Osa (La Nación, 22-2-1999). Otro incendio provocado destruyó la Asociación para el Desarrollo del Parque Marino Ballena. En esa zona ya habían tenido lugar cuatro ataques contra grupos ecologistas y funcionarios del Ministerio de Ambiente y Energía (Minaet). En 1995 se le prendió fuego a la casa de los guardaparques (La Nación, 15-1-2006). El año pasado fue incendiada la oficina del Minaet del Área de Conservación Osa, en Palmar Norte. Las oficinas dañadas contenían expedientes sobre investigaciones de talas en zonas protegidas (La Nación, 23-4-2009). Además, vecinos de la zona recuerdan, en plena pelea por la defensa de la Fila Costeña, el incendio de expedientes dentro de la Municipalidad de Osa. El ambientalista Alcides Parajeles, quien ha denunciado sistemáticamente a madereros y autoridades en Península de Osa, fue amenazado con armas y sufrió la destrucción de su finca. Y así se podría continuar… El hecho más trágico se da después de una larga campaña contra la instalación de un puerto astillero, cuando murieron en un incendio (cuyas causas no fueron esclarecidas satisfactoriamente por la investigación oficial) Oscar Fallas, Jaime Bustamante y María del Mar Cordero, dirigentes de la Asociación Ecologista Costarricense, el 7 de diciembre de 1994. Meses después se dio la muerte de David Maradiaga, tras una misteriosa desaparición de tres semanas. Estos antecedentes no son los únicos; en nuestro ecológico país muchos “radicales” han sido amenazados, perseguidos, y hasta asesinados. Fueron asesinados el luchador indígena Antonio Zúñiga (1989) y Oscar Quirós, dirigente de la lucha en contra de la deforestación en Sarapiquí (1992). El activista de la Zona Sur Aquiles Rivera fue amenazado de muerte y su computadora fue sustraída de una oficina (2009). En la década pasada recibieron amenazas la escritora Ana Cristina Rossi, la periodista Patricia Sánchez, y el ingeniero forestal León González. En abril de 1995 hubo incendios simultáneos en las viviendas del geólogo Wilfredo Rojas y de la trabajadora social Elizabeth González, que participaban de una lucha contra el relleno sanitario en Mora. Asimismo, el año pasado se le prendió fuego a la casa del dirigente comunal y defensor de las tortugas de Ostional Gilbert Rojas, luego haber sido amenazado semanas atrás con arma de fuego. También pueden citarse las demandas por diversas causas relacionadas con la protección del ambiente, como al comunicador social de Zona Norte Marco Tulio Araya, en 2006, por parte de la minera Industrias infinito; al programa Era Verde de Canal 15; a la ecologista Marielena Fournier y al catedrático Fredy Pacheco; al líder comunal Abel Sánchez Solórzano, a la regidora del PAC Erlinda Quesada; al activista Carlos Arguedas, etc. Hasta José Lino Chaves, Jorge Bonilla y Mario Leiva, jueces del Tribunal Ambiental Administrativo del Minaet, fueron amenazados de muerte por teléfono luego de haber cerrado proyectos turísticos irregulares en las zonas costeras (AFP, 20-5-2008). Entonces uno se pregunta… ¿somos los y las ecologistas, escritores, periodistas, pescadores, indígenas, líderes comunales, guardaparques, catedráticos, funcionarios públicos, amas de casa, universitarios, profesionales, jueces de la República y campesinos una amenaza a combatir? ¿A quién y para qué está arengando la presidenta Laura Chinchilla? ¿Por qué quiere crear un enemigo donde claramente no lo hay? Y lo fundamental: ¿Tendrá la presidenta idea de las acciones que pueden motivar sus irresponsables y desafortunadas palabras?

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