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Chinchilla termina el año como una presidenta bombera

San José. Por Nancy De Lemos, ACAN–EFE. | 13 de Diciembre de 2010 a las 00:00
Tras asumir el poder en mayo, la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, ha encontrado poco espacio para desarrollar sus promesas electorales por tener que dedicarse a atender imprevistos de todo tipo, hasta un litigio fronterizo con Nicaragua. Chinchilla, la primera mujer al mando de este país centroamericano, cierra 2010 con una alta popularidad (más del 80% según la última encuesta de Unimer), pero también con críticas por su débil acción en asuntos sociales y económicos, y sobre todo, por su cercanía con la Iglesia católica. En solo siete meses como gobernante, esta politóloga de 50 años ha tenido que hacer frente a las más diversas polémicas internas e incluso a la peor disputa internacional de su país en décadas, con Nicaragua, su vecino del norte. La intención de los diputados, especialmente los oficialistas, de aumentar su salario en más del 60% a dos semanas de asumir sus puestos, fue el primer obstáculo que Chinchilla debió sortear. La casi absoluta negativa popular a dicha iniciativa llevó a la mandataria a anunciar que de aprobarse el proyecto en el Congreso, vetaría la ley, lo cual le ganó aplausos entre la población. Pero otros retos más complicados le llegarían en los siguientes meses: la posición del Ejecutivo a favor de un polémico proyecto de minería de oro en la zona norte del país y una disputa por el presupuesto para las universidades públicas, pusieron a Chinchilla en el blanco de las más duras críticas y movilizaron a miles de costarricenses a las calles en marchas de protesta. La presidenta no ha ocultado tampoco su estrecha relación con la Iglesia católica, lo que le ha reportado críticas. La Iglesia católica promovió a inicios de año la celebración de un referendo para someter a votación popular un proyecto de ley que pretendía el reconocimiento a las parejas de homosexuales de derechos civiles como los de herencia y acceso al crédito conjunto. Chinchilla expresó en ese momento posiciones muy ambiguas en relación a este asunto, aunque siempre sostuvo abiertamente que se oponía al matrimonio entre personas del mismo sexo. Posteriormente, las críticas se volvieron más ácidas cuando, con motivo de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la mandataria se negó a firmar una declaración del Consejo de Derechos Humanos contra la penalización de la homosexualidad. El argumento de la mandataria, en ambos casos, fue que esas cuestiones no eran "prioridad" de su gestión. Al mismo tiempo, en la esfera económica, sectores como los exportadores y los empresarios turísticos empezaron a quejarse insistentemente de la política cambiaria del Banco Central, pues a lo largo del año el precio del dólar ha caído más de un 10%. Las cámaras empresariales exigieron al Gobierno su intervención por la rápida pérdida de competitividad que suponía para el país e incluso se anunciaron cierres de algunas compañías y despidos de cientos de personas. Pero cuando las voces en contra empezaban a hacerse más fuertes, los peores desastres naturales que Costa Rica haya experimentado en décadas y el conflicto con Nicaragua, por la soberanía de un sector fronterizo, hicieron su aparición en el escenario. Ambos eventos sirvieron para dejar de lado muchas de las críticas anteriores, cerrar filas en torno a la "unidad nacional" y catapultar la popularidad de la presidenta. A finales del año, las encuestas de opinión muestran que la mayoría de los costarricenses considera que Chinchilla ha manejado bien el conflicto fronterizo con Nicaragua. Por su parte, la mandataria ha afirmado que se siente optimista sobre el futuro de su administración, que debe concluir en mayo del 2014.

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