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Reportaje de la agencia Reuters sobre Rosario Murillo

Por Bernd Debusmann, corresponsal especial. Agencia Reuters, desde Managua. | 28 de Enero de 2007 a las 00:00
Es aún muy prematuro decir a dónde llevará Daniel Ortega a Nicaragua en su periodo presidencial de cinco años que apenas comenzó, pero existe el consenso en quién sería la figura más influyente en el gobierno del ex guerrillero: su mujer, Rosario Murillo. En una de sus primeras acciones tras asumir, Ortega la nombró portavoz del gobierno y le dio poder en un amplio rango de asuntos, incluyendo salud, educación y cultura. El sitio oficial del gobierno en internet, aún en construcción, la tiene listada como "Primera Dama de la nación" y la coloca en tercer sitio después de Ortega y su vice presidente, Jaime Morales. Pero algunos nicaragüenses piensan que ello no refleja la realidad. "La gente de Nicaragua -dijo un telespectador a un programa en vivo pocos días después de que Ortega asumió- tiene la impresión de que la persona a cargo es Rosario Murillo". Sin duda exageró. Pero tomando en cuenta conversaciones entre los nicaragüenses de todos los niveles de vida, la compañera Rosario, como le gusta que la llamen, es vista como el poder detrás del trono. Murillo, de 56 años y madre de seis de los ocho hijos de Ortega, ha sido comparada con Hillary Clinton y hay una especulación incipiente en la pequeña clase política de Managua de que ella también tendría ambiciones presidenciales. Y menos halagüeña que la comparación con Hillary es la etiqueta de "La Chamuca" o diabla. "Ella es una mezcla entre estratega política, consultora de imagen y animadora", dijo un diplomático latinoamericano. "Pero incluso más importante, controla el acceso a Ortega", agregó. Una reconocida escritora de poesía, en gran parte erótica, Murillo encabezó la campaña rumbo a la elección que finalmente concedió a Ortega el retorno al poder 16 años después de que perdió en las urnas a finales de una década turbulenta y una cuasi guerra estadounidense-soviética entre los marxistas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y los contras rebeldes respaldados por Estados Unidos. Su toque se notaba por doquier, desde el color rosa en las firmas de los carteles de campaña hasta en una versión en español de la canción de John Lennon "Give peace a chance" (Den oportunidad a la paz) que fue la tonada de la campaña. Incluso los críticos conceden que ella fue decisiva en la victoria de Ortega, en su tercer intento por retomar el poder.

Arreglos debajo de la mesa

Ampliamente se cree que Murillo fue la fuerza que concretó algunos de los acuerdos debajo de la mesa que rediseñaron el escenario político en los últimos años, mientras Ortega formó alianzas con sus ex enemigos, incluyendo a su vicepresidente Jaime Morales Carazo y el ex arzobispo de Managua, Miguel Obando y Bravo. El casó a Ortega y Murillo en una ceremonia en el 2005, 25 años después de que comenzaron a vivir juntos en lo que la Iglesia vio como un concubinato. Uno de los críticos más acérrimos de Murillo, la poeta y ex sandinista Gioconda Belli, dijo que la ceremonia –en año electoral y en un país abrumadoramente católico– tenía otras razones más que el "profundo compromiso con la fe" que la novia citó en su momento. En su lugar, según Belli, la boda apuntaba a una obsesión por el poder a cualquier precio. No mucho después que Ortega y Murillo se arreglaron con la Iglesia, el Congreso de Nicaragua aprobó –con el respaldo del FSLN– una ley para prohibir el aborto incluso en casos en donde estuviera en riesgo la vida de la madre. La relación entre Murillo y Ortega ha sido tan turbulenta como la historia reciente del país. Los dos se conocieron cuando Murillo visitó la prisión en la que Ortega estuvo durante un tiempo por robar un banco en Managua, como parte de las actividades para recaudar fondos para el entonces clandestino movimiento sandinista. Los dos se hicieron amigos tras el triunfo de los sandinistas –muchos de los cuales prefieren las uniones informales a las formales bendecidas por la Iglesia que detestan– pero su relación fue alimento para los rumores y los cotilleos en Managua durante mucho tiempo. En la década de 1980, Nicaragua se convirtió en La Meca de los izquierdistas internacionales que arribaron en masa al país para expresar su solidaridad con los jóvenes revolucionarios que derrocaron a un dictador corrupto y desafiaron a Estados Unidos. Ortega, a comienzos de sus 30 años y más en forma de lo que está ahora a sus 61, fue comúnmente visto en compañía de bellas mujeres. Murillo escribió poemas -incluyendo uno titulado "Amar es luchar" y con el espíritu de libertad de la época también tuvo andanzas propias. La pareja se fortaleció e hizo inseparable después de que la hija de Murillo, Zoilamerica, acusó a su padrastro de abusar sexualmente cuando ella tenía 11 años e incluso comenzar a violarla a los 15. Los medios nicaragüenses publicaron con detalles del caso de 40 páginas que resultó de las acusaciones. La carrera política de Ortega parecía amenazada -en sus recorridos por los barrios populares que representaban gran parte de su apoyo se enfrentó a multitudes furiosas que ondeaban pancartas diciendo: "Daniel violador". Pero Murillo se mantuvo cerca de su pareja y le dio la espalda a la hija, con el argumento de que era mentalmente inestable. Las protestas acabaron y una corte eventualmente archivó el caso.

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