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Domésticas nicas en Costa Rica, víctimas de estereotipos, xenofobia y acoso sexual

San José. elpais.cr | 15 de Febrero de 2011 a las 00:00
El sistema económico impuesto en la mayoría de los países de América Latina, entre ellos Costa Rica, obliga a muchas mujeres a trabajar como empleadas domésticas en condiciones no apropiadas, por lo que llegan a sufrir de estereotipos, xenofobia e inclusive acoso sexual. Los múltiples problemas que aquejan a dicho sector fueron abordados en una conferencia realizada en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica (UCR) y fue impartida por la Dra. Mary Goldsmith, quien labora en la Maestría en Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma Metropolitana de México (UAM). Goldsmith indicó que las extranjeras son generalmente estereotipadas de diferentes maneras. En países como Costa Rica y Chile, "se piensa que las migrantes no están preparadas para hacer otra actividad; por ejemplo, las peruanas en Chile son calificadas como más afectuosas que las locales por lo que son mejores nanas, mientras que las nicaragüenses en Costa Rica se supone que son más trabajadoras que las ticas", acotó. Lo que sí queda claro para la experta es que la mayoría de estas mujeres que trabajan en tareas domésticas realizan dicha labor aún en malas condiciones por temor a ser deportadas y por la necesidad de contar con un salario. "Ellas sienten mucha angustia por estar lejos de sus hijos y no saber realmente cómo están", enfatizó. Según Goldsmith, el último censo de hogares, realizado en Costa Rica, indicó que existe un total de 135.512 trabajadoras domésticas y todas son presentadas como asalariadas, mientras que nueve de cada diez son mujeres. Y precisamente por ser una labor que se percibe como fácil y que cualquiera puede cumplir es que se fija en muchos países un sueldo por debajo del salario mínimo. "Se generaliza la idea de que las trabajadoras domésticas desempeñan un pseudo trabajo", afirmó. La investigadora, de origen estadounidense, quien reside en México, desde hace 34 años, fue clara al afirmar que las trabajadoras domésticas y sus familias sacrifican todo con tal de contar con el sustento económico que les permita al menos subsistir. "Mucha veces la hija o el hijo mayor se ven obligados a dejar el estudio para cuidar a los demás hermanos mientras la mamá sale a trabajar, inclusive mientras ella se desempeña en sus labores con gusto y buen humor, a pesar de todo no llega a ser bien valorada por los empleadores", advirtió Goldsmith. La migración campo-ciudad es otra de las consecuencias de las políticas neoliberales de los últimos años, pues muchas mujeres se enfrentan a la falta de oportunidades en sus pueblos rurales y optan por viajar a las grandes ciudades en búsqueda de trabajo, enfrentándose finalmente a la explotación laboral.

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