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Sutiles matices del genocidio

Guipuzkoa. Por Dizdira Zalakain, Dizdira.blogspot.com. | 31 de Marzo de 2011 a las 00:00
En este artículo se pretende argumentar que, incluso aceptando que el régimen de Gaddafi fuese tan criminal como afirma la resolución de la ONU, la única postura aceptable para la izquierda es NO A LA INTERVENCIÓN. SIN MATICES. Mientras escribo esto, decenas de civiles libios mueren asesinados por fuerzas militares autorizadas por la ONU. En efecto, esta masacre está justificada por una resolución aprobada por su Consejo de Seguridad. En esta resolución se afirma que la Jamahiriya árabe de Libia -es decir, el gobierno libio- es responsable de una gravísima y sistemática violación de los derechos humanos. Ante esta resolución, la mayoría de portavoces de la izquierda nominal de nuestro pais ha adoptado una general aquiescencia. Eso sí, matizada. Estos matices, al parecer, serían los que distinguirían su línea ideológica de la de la derecha y sus intereses de los intereses de las transnacionales. Tratemos de clasificar las posturas de la izquierda en función de esos "matices". Partimos, aunque no lo compartimos, de algo que todos ellos siguen manteniendo, que el diagnóstico de la ONU sobre la gravísima y sistemática violación de los derechos humanos en Libia es correcto. 1. -Es preciso intervenir militarmente. Sin matices. 2. -Es preciso intervenir militarmente. Matiz 1: Pero hay que evitar que haya víctimas civiles. 3. -Es preciso intervenir militarmente. Matiz 2: Pero hay que evitar que, de paso, las transnacionales se apoderen de los recursos petrolíferos y las potencias impongan un gobierno títere. 4. -No se debe intervenir militarmente. Matiz 3: Pero el régimen de Gaddafi debe caer. Clasificada la diversidad de posturas así de escuetamente, podemos argumentar lo siguiente: La postura 1 resulta indistinguible de la de la derecha. Este blog no está dirigido a personas de derecha, por lo que no voy a molestarme en rebatir su ideario. Es cierto que coincidir en algo con la derecha no implica estar equivocado, ni siquiera implica no ser de izquierdas. Pero coincidir en la necesidad de una intervención militar liderada por, entre otros, Reino Unido, Francia y EE.UU. en un país soberano sin plantearse nada más, salvo apreciaciones como "es el mal menor", aparte de una postura criminal, es una postura incompatible con el izquierdismo. Nadie de derechas estaría de acuerdo con la intervención soviética en Checoslovaquia, sea ésta un mal menor o no. Por tanto, quienes apoyan la postura 1 NO son de izquierdas -aunque digan o crean serlo. La postura 2 incluye el matiz de que la intervención debe hacerse sin víctimas civiles. Quienes han mantenido esto hasta el 21 de Marzo pueden ser calificados de ilusos ya que no ha habido ningún caso en el que, tras el decreto de zona de exclusión aérea, no se haya producido un bombardeo masivo con resultado de millares de civiles muertos. Pero quien todavía lo mantenga hoy, es que no lee los periódicos, ni siquiera los de su línea ideológica. O si los lee y sigue manteniendo esta postura es que debe ser idiota. Por tanto, quienes todavía apoyan la postura 2, o NO son de izquierdas o no han leído las noticias o -con perdón, pero no se me ocurre otra explicación- es posible que sean idiotas. La postura 3 incluye el matiz de que la intervención para derrocar a la supuestamente criminal Jamahiriya no termine con la imposición de un gobierno afín a los intereses económicos y militares de las potencias implicadas en la intervención. Ahora bien, lo que hay que preguntar es, si eso ocurre ¿quién lo va a evitar? Es decir, una vez eliminadas las fuerzas militares de la nación libia y asentadas en ella las potencias militares extranjeras, si a esas potencias les diera por adueñarse del petróleo y por controlar el país ¿quién lo iba a impedir? ¿Los libios? ¿Los izquierdistas que defienden la postura 3? ¿Con qué medios? Utilicemos una parábola, a ver si así está más claro. Un pastor tiene un rebaño de ovejas en un cercado, pero un lobo logra entrar en el cercado y va matando ovejas cada vez que tiene hambre. A alguien se le ocurre que para matar a ese lobo lo mejor sería dejar entrar a varios lobos de una manada enemiga. ¿Acaso el pastor no comprendería que con esa solución lo único que conseguiría es no dejar a salvo ni a una sola oveja? Si no, sería, desde luego un pastor muy tonto. Dejar entrar a las fuerzas de la OTAN en Libia para que los libios vivan en libertad y prosperidad es una idea demencial para cualquiera que conozca los objetivos y el modus operandi de la OTAN y su descomunal e incontestado poderío militar. Por tanto, quienes apoyan la postura 3, o NO son de izquierdas o -con perdón, pero no se me ocurre otra explicación- es posibe que sean tontos. La postura 4 parece radicalmente distinta a las demás, pues se manifiesta en contra de la intervención militar. Pero al hacerlo nunca se olvida de añadir un matiz: que Gaddafi y/o la Jamahiriya deben ser derrocados. "No a la intervención-No a Gaddafi." Ése es el lema, ésa es la doble exigencia. El derrocamiento viene justificado porque quienes dicen esto creen que las acusaciones de la ONU son ciertas. Nosotros, aunque consideramos falsas esas acusaciones(1), vamos a darlas por buenas para no tener que enfrascarnos aquí en un debate sobre hechos. Desde un punto de vista puramente teórico, esta postura parece perfectamente defendible. Si Gaddafi es un tirano es justo reclamar que sea derrocado. El problema es que las afirmaciones públicas tienen consecuencias no solo teóricas sino también prácticas. De modo que lo que es correctísimo en un plano teórico puede ser sumamente inconveniente en un plano práctico. Llamar cabezón a alguien con una cabeza claramente más grande que la media es teóricamente correcto, pero en la práctica es, como mínimo, una falta de educación. Según qué casos, puede ser incluso una crueldad. Pues bien, pedir el derrocamiento de Gaddafi cuando se sabe que el derrocamiento de Gaddafi es precisamente la excusa que se está utilizando para la intervención militar, puede ser teóricamente muy admisible. Pero en las circunstancias actuales es una tremenda irresponsabilidad y un tremendo contrasentido. Gritar "No a la intervención-No a Gaddafi", en las circunstancias actuales es un oxímoron. Gritar "No a Gaddafi" implica, a nivel práctico, gritar "Sí a la intervención." Se quiera o no. Pongamos otro ejemplo. Imaginemos que una persona considera que la religión de los Testigos de Jehová es sumamente perjudicial para el que la practica y, en general, para toda la sociedad. Imaginemos también que el Parlamento, opinando lo mismo que esa persona, aprueba una ley según la cual los Testigos de Jehová deben ser internados en campos de concentración. A esa persona le parece que esta medida es absolutamente brutal y desproporcionada, a pesar de lo perjudicial que considera que es esa religión. En medio de las persecuciones a esa minoría indefensa ¿estaría justificado que esa persona saliese con una pancarta que diga "No a los campos de concentración-No a los testigos de Jehová"? ¿A quien beneficiaria esa pancarta? Desde luego, es evidente, por un lado, que los campos de concentración no dejarán de existir a causa de esa pancarta. Pero, por otro, es tambien evidente que, queriéndolo o no, la pancarta está dando una coartada ideológica muy útil para que sigan existiendo. Aplicado a nuestro caso, hasta el más optimista sabe que una pancarta contra la guerra ya no va a parar la guerra. Pero también debería saber que una pancarta contra Gaddafi le está dando a esa guerra un útil y cómodo apoyo en la opinión pública. En una relación de fuerzas tan terriblemente desproporcionada como la que se da entre la Jamahiriya y las potencias militares implicadas en la intervención ¿tiene sentido condenar a la primera? En una situación de tan claro desequilibrio, la neutralidad teórica se convierte a nivel práctico en un partidismo por el más fuerte. Los votos en blanco de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de la ONU significan neutralidad a nivel teórico, pero suponen partidismo por el más fuerte a nivel práctico. Por tanto, quienes mantienen la postura 4 deben comprender que esa postura, aunque deje a nivel teórico la conciencia tranquila, en la práctica, es indistinguible de las otras tres. Nadie les habría echado en cara a esos izquierdistas que en 2007, por ejemplo, hubiesen organizado una manifestación contra el régimen de Gaddafi. En aquel tiempo Gaddafi era amigo de nuestros gobernantes y tenía sentido protestar ante esos gobernantes para que renunciaran a esa amistad. Pero ¿por qué lo hacen justo ahora, cuando ya no hace falta, cuando ya de todos modos sus gobiernos están de acuerdo con ellos? Confieso que no lo entiendo. Es muy posible que quienes sienten la ineludible necesidad de añadir un "No a Gaddafi" al "No a la guerra" no hayan caído en las consecuencias prácticas de ello. Es posible que sean unos incautos. Yo no quiero insultar a nadie, y además estoy convencida de la excelente talla intelectual de nuestros portavoces oficiales de la izquierda, desde Luis García Montero a Inmanuel Wallerstein (bueno, admito que ciertas diferencias intelectuales sí que hay entre ambos...) No quiero suponer que esos faros por los que se guía la gente de izquierdas sean idiotas o tontos. Ni siquiera puedo admitir que sean incautos. Pero, por eso mismo, solo puedo considerarlos unos impostores. Pero si los portavoces de la izquierda, los creadores de opinión de la izquierda, fueran mayoritariamente unos impostores, eso significaría que las personas normales y corrientes de izquierdas estamos en sus manos. ¡Pues al diablo con los portavoces de la izquierda! ¿Quiénes los han nombrado portavoces? ¿Qué medios de comunicación les dan voz? Hay muchas personas que no somos portavoces de nada pero que no estamos de acuerdo con la resolución de la ONU. Algunos incluso, no se consideran de izquierdas. Pero al menos tienen dos cosas, cerebro para pensar y corazón para compadecerse. Escuchemos, mejor, a esas personas. Notas (1) http://dizdira.blogspot.com/2011/03/libia-revuelta-popular-nuevos-datos.html

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