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Hondureños eligen este domingo presidente y diputados

None | 27 de Noviembre de 2005 a las 00:00

La ausencia total de alternativas de cambio aparece como trasfondo de las elecciones generales de este domingo en Honduras. Según las encuestas, dos empresarios agrícolas de derecha, Porfirio Lobo, del gubernamental Partido Nacional, y José Manuel Zelaya, del opositor Liberal, son los favoritos para imponerse.

Ambas fuerzas, junto a férreas dictaduras militares, se han repartido el control del gobierno a lo largo de más de un siglo de accidentada historia nacional, apuntó el despacho.

Los electores se movilizaban hacia las 14.800 urnas instaladas en 5.300 centros de votación en los 18 departamentos del país. La Organización de Estados Americanos (OEA) desplegó una misión de 113 observadores y organizaciones no gubernamentales aportaron otros 5.000 observadores, que verificaban que el proceso transcurriera en orden.

El Tribunal Supremo Electoral dijo hoy que ha recibido denuncias de posibles fraudes en los comicios mediante la falsificación de cédulas de identidad y la compra de votos.

El ganador de las elecciones del domingo recibirá la banda presidencial del actual mandatario, Ricardo Maduro, el 27 de enero de 2006 para gobernar durante los siguientes cuatro años. En las elecciones también se escogerá a un vicepresidente, 128 diputados titulares e igual número de suplentes del Congreso, y alcaldías de 298 municipios.

Las elecciones del domingo se plantean como un duelo entre los candidatos de los dos partidos tradicionales hondureños: Porfirio Lobo, del Nacional, y Manuel Zelaya, del Liberal, ambos conservadores, ya que ninguna otra fuerza ha sido capaz de estructurar una alternativa.

Los liberales y nacionalistas se han turnado en el poder en los últimos cien años, en algunas ocasiones interrumpido por regímenes militares, en un país que es uno de los más pobres de América Latina y con altos niveles de corrupción y violencia.

Pese a los grandes retos que tendrá que enfrentar Honduras, donde la tasa de pobreza afecta al 80 por ciento de los siete millones de habitantes, los candidatos se han enzarzado en una áspera campaña de insultos en lugar de exponer propuestas concretas.

El escritor y analista Julio Escoto señaló que esta ha sido "la peor campaña de los últimos 20 años" y afirmó que "todos sentimos que es una elección en la que se va a votar para mantener la democracia formal, pero nadie tiene esperanzas profundas de que va a haber un cambio".

Además de la pobreza y la alta tasa de desempleo que ronda el 30 por ciento y que obliga a abandonar el país rumbo a EEUU diariamente a unos a unos 300 jóvenes, el otro gran reto que tiene Honduras es la corrupción.

El analista y ex candidato presidencial del Partido Unificación Democrática (de izquierda), Matías Funes, dijo que "por la vía de la corrupción se desvían fondos importantes que podrían destinarse a salud y educación".

Dos candidatos iguales

El periódico local El Tiempo puntualizó que los dos principales candidatos son "conservadores leales al neoliberalismo con apenas matices en su trayectoria". De Lobo dijo que llevó a un nivel "fantasmal" la campaña de exacerbación del crimen, y calificó a Zelaya como el candidato "del poder ciudadano".

Ambos concentraron sus respectivas campañas en los tres últimos meses a descalificarse entre sí y anunciar severas medidas para enfrentar el pandillaje, uno de los más graves problemas sociales de esta nación.

Lobo, quien marcha primero en los sondeos, impulsó incluso desde el parlamento, el cual preside, la reimplantación de la pena de muerte. De 58 años e hijo de terratenientes, se declaró un ferviente admirador del dictador Tiburcio Carías, quien impuso a la nación un represivo régimen de 1933 a 1949.

Zelaya, con similar origen, pero cinco años más joven, eludió al igual que Lobo abordar durante los debates electorales los más candentes problemas de Honduras: la pobreza, el desempleo y la corrupción.

Lobo como Zelaya también son firmes defensores del tratado de libre comercio con Estados Unidos, el cual entrará en vigor el próximo 1ro. de enero, señaló PL.

Otros tres candidatos aspiran a la presidencia, representando fuerzas políticas surgidas en las dos últimas décadas, pero sin opción de triunfo, según las encuestas. Se trata de Juan Almendares, de Unificación Democrática (de sectores de izquierda); Carlos Sosa Coello, de Innovación y Unidad–Social Demócrata; y Juan Ramón Martínez, de la Democracia Cristiana.

Nuevo gobierno de Honduras enfrentará grandes desafíos

(AFP) – El gobierno que resulte electo en los comicios generales de este domingo en Honduras se verá enfrentado a grandes desafíos, tales como la pobreza que abate al 70% de la población, un desempleo que supera el 30%, la corrupción institucionalizada y una creciente delincuencia.

Los candidatos presidenciales favoritos tocaron de manera tangencial esos temas, ofreciendo algunas "soluciones" pero sin precisar los medios para lograrlas. Según estudios oficiales, más del 70% de los siete millones de hondureños vive por debajo de la línea de pobreza, hacinado en cinturones de miseria alrededor de la capital o en el interior del país, sin contar con los más elementales servicios públicos.

El desempleo aqueja a más del 30% de la Población Económicamente Activa (PEA) y la corrupción campea en esta nación centroamericana, de acuerdo con mediciones de organismos internacionales.

El Foro Social de Deuda Externa y Desarrollo Social de Honduras (FOSDEH), integrado por economistas y profesionales, señaló que "lo que debió ser la agenda electoral" durante la campaña "terminó siendo oculta".

Las pandillas juveniles, conocidas como maras –que según FOSDEH tienen unos 45.000 miembros y según el gobierno 100.000–, fueron convertidas en "el principal problema del país, por encima de la pobreza, la miseria, la corrupción, la débil economía, la migración, la falta de empleos y la inconformidad social", indicó el organismo de economistas.

"La mayor parte del enfrentamiento (entre Lobo y Zelaya) se concentró alrededor de las maras, un problema grave, efectivamente, pero no en la dimensión en que ha sido expuesto. Las maras son consecuencia acumulada, no causa de la crisis nacional", advirtió FOSDEH.

Lobo, siguiendo la política del actual presidente Ricardo Maduro, ha prometido "puño firme" contra los pandilleros, mientras que Zelaya, que en un principio planteó una visión más integral para afrontar ese problema, terminó hablando de establecer la cadena perpetua.

Según analistas, los partidos mayoritarios de Honduras se aprovechan de los bajos niveles de educación de los ciudadanos, el 30% es analfabeta, para desarrollar campañas vacías de contenido, sin respuestas a los problemas que agobian a la gente.

Lobo centró su oferta de campaña en garantizar la seguridad con su "puño firme" para propiciar las inversiones en maquila, turismo y el agro a través del desarrollo de proyectos de irrigación de vastas extensiones de terrenos cultivables.

Zelaya prometió mejorar el nivel de vida de la población mediante la estabilización de las finanzas públicas y ahorrando el dinero que se desvía por la corrupción para destinarlo a deuda social, educación, salud, vivienda, carreteras y estimular la producción alimentaria con financiamientos, así como emprender grandes proyectos de la integración centroamericana.

Tres partidos minoritarios que emergieron hace dos décadas: Innovación y Unidad (PINU, socialdemócrata), Unificación Democrática (UD, izquierda) y Democracia Cristiana (centro), también participan en la contienda, pero las encuestas les dan nulas posibilidades de ganar los comicios.

En calles y barriadas pobres de Tegucigalpa predominaban los símbolos azul y blanco del PN y rojo y blanco de los liberales, en afiches pegados en las paredes, fotografías de los candidatos o banderas en algunos techos.

El rostro de la pobreza hondureña son los jóvenes pandilleros

Por Carmen Jiménez, de ACAN–EFE

El nuevo presidente de Honduras que surja este domingo de las urnas tendrá que enfrentar el desafío de ofrecer oportunidades de futuro a una población, en su mayoría joven que, debido a la pobreza, se enrola en las pandillas.

Tanto si gana Lobo como Zelaya, durante su mandato de los próximos cuatro años tendrán que responder a una población hondureña muy joven, ya que actualmente cerca del 52 por ciento de los casi siete millones de habitantes son menores de 18 años y alrededor del 65 por ciento está por debajo de los 28 años.

Pese a que los jóvenes son el sector mayoritario de la sociedad hondureña, ninguno de los candidatos ha presentado enfoques dirigidos a ellos, según dijo José Manuel Capellín, director de Casa Alianza, organización que trabaja con jóvenes en situación de riesgo.

Capellín resaltó que el único mensaje de la campaña ha sido "mano dura" contra las pandillas, a las que las autoridades atribuyen la mayor parte de la violencia que padecen los hondureños.

Ante la escalada de violencia en Honduras, Lobo ha llegado incluso a proponer la instauración de la pena de muerte, mientras que Zelaya, aboga por la cadena perpetua.

El fenómeno de las pandillas no es nuevo en Honduras y, de hecho, uno de los principales ejes del gobierno del actual presidente Ricardo Maduro ha sido la "guerra sin tregua" contra las maras y durante su mandato ha encarcelado a más de 1.000 pandilleros y se han endurecido las penas de cárcel.

Pero Capellín señaló que estas medidas represivas no atacan la raíz del problema que tiene que "ver con un modelo que nos ha hecho más pobres" por lo que cada vez más niños y jóvenes hondureños, una media diaria de unos 300, abandonan su país rumbo a EEUU en busca de un mejor futuro.

La pobreza en Honduras ha ido en aumento en los últimos años y en la actualidad afecta al 80 por ciento de los hondureños, mientras que la tasa de desempleo ronda el 30 por ciento.

Ramón Custodio, Comisionado Nacional de los Derechos Humanos, dijo que en Honduras "se criminaliza a la juventud y se hace creer a la gente que ser joven es ser delincuente". Custodio explicó que "se presenta a la mara como el único problema de seguridad del país", pero señaló que también hay "delincuencia y narcotráfico".

Para Capellín la situación de los niños en Honduras es "dramática" y señaló que no hay "una política de Estado enfocada hacia la infancia" que cada día "está más abandonada".

Según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), hay casi 400.000 niños hondureños que no van a la escuela porque tienen que trabajar para ayudar a sostener a sus familias, y unas 10.000 niñas están siendo explotadas sexualmente, según un estudio de Casa Alianza, que indica que ya están llegando turistas sexuales a Honduras.

Pero además, los niños y jóvenes también son víctimas de la violencia y desde 1998 hasta la fecha se han registrado 2.879 asesinatos de menores de 22 años, según estadísticas de Casa Alianza. Custodio señaló que estas ejecuciones de niños no han sido "debidamente investigadas por las autoridades".

El próximo presidente de Honduras, uno de los países más pobres de América Latina, tendrá que afrontar también los retos de una frágil economía, cuyo principal pilar es el turismo y las remesas que envían los hondureños que viven en el exterior, y la corrupción.

Lobo: de comunista a duro derechista

El candidato oficialista a la Presidencia de Honduras, Porfirio Lobo, que fue formado en una escuela de cuadros del Partido Comunista de la extinta Unión Soviética, es ahora un conservador de línea dura que ha prometido "puño firme" para enfrentar la delincuencia y las pandillas.

Nacido el 22 de diciembre de 1947, Lobo perteneció al incipiente Partido Comunista de Honduras (PCH) en la década del 60, cuando viajó a la URSS para integrarse a la escuela de cuadros del Partido Comunista.

Sin embargo, tras aquella experiencia, el ahora candidato del gobernante Partido Nacional (PN) viajó a Miami, Estados Unidos, donde entre 1966 y 1970 cursó la carrera de administración de empresas, además de realizar estudios en economía, política y derechos humanos.

Su conversión se produjo tras regresar a Honduras, cuando pasó a ser presidente de la Juventud del PN, siguiendo la tradición política de su familia. En esa época ejerció la docencia en una escuela primaria.

Fue miembro fundador del Consejo Nacional de Productores para la Política Agrícola de Honduras (CONPPAH) y miembro de la Asociación de Ganaderos y Agricultores de Olancho (AGAO). Está catalogado como uno de los mayores productores de granos básicos, como maíz, frijoles y sorgo en sus fincas en Olancho (este).

Irrumpió con mayor ímpetu en la política cuando en 1990 se convirtió en presidente de la Convención del PN, y entre 1999 y 2001 llegó a convertirse en presidente del Comité Central de la agrupación. Entre 1990 y 1992 se desempeñó como gerente de la Corporación Hondureña de Desarrollo Forestal (Cohdefor).

En enero de 2002 fue elegido diputado y asumió la presidencia del Congreso Nacional por su cercanía con el presidente Ricardo Maduro, desde donde empezó a estructurar el movimiento para lanzar su candidatura.

Practicante de artes marciales, Lobo ha logrado imponerse en importantes batallas políticas para postular su candidatura. Una de ellas fue contra una reforma a la Constitución Política, aprobada por el Congreso, que impide al presidente de la Cámara postular su candidatura presidencial usando fondos del presupuesto nacional.

Sin embargo, Lobo impulsó y ganó una interpretación en el sentido de que la reforma no tiene efecto retroactivo, por lo que no afectaba sus propias aspiraciones.

En las elecciones internas de su partido, celebradas en febrero pasado, logró imponerse a Miguel Pastor, alcalde de Tegucigalpa. Lobo arrancó su campaña prometiendo aprobar la pena de muerte contra los que cometan delitos atroces, pero luego varió su consigna por la de "puño firme" contra la delincuencia, especialmente la de las maras o pandillas.

Está casado con Rosa Elena Bonilla, con la que ha procredo tres hijos, pero tiene once hijos en total.

Candidato opositor: promotor del poder ciudadano

Manuel Zelaya, candidato presidencial del opositor Partido Liberal (PL, derecha) de Honduras, es un convencido de la participación ciudadana en la toma de deciones, política que ya puso en práctica durante su gestión como ministro del Fondo Hondureño de Seguridad Social (FHIS).

Nacido el 20 de setiembre de 1952, de aproximadamente 1m90 de estatura, cabello peinado hacia atrás y de frondoso bigote, Zelaya tiene estudios de ingeniería civil, que no llegó a terminar por dedicarse a la agricultura y la ganadería en los terrenos de su familia, en el departamento de Olancho (este). Sus detractores hacen burla de su poca formación académica y afirman que ni él mismo entiende el sentido de su campaña, centrada en el "poder ciudadano".

Zelaya procede de una familia de madereros y ganaderos de Olancho, fue presidente de la Asociación de Industriales de la Madera, directivo del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), entidad cúpula del empresaridado, y gerente de un banco y de otras empresas.

Como funcionario público se le conoce por su obra en el FIHS durante la administración del ex presidente Carlos Flores (1998–2002), difícil época en que Honduras fue devastada por el huracán Mitch. En ese periodo, el FIHS desplegó una importante obra social, reconstruyendo carreteras, edificios, acueductos y otras obras públicas, en un proceso en que las comunidades mismas, reunidas en cabildos, definían sus prioridades.

Zelaya, que enarbola este concepto de participación con el nombre de "poder ciudadano", plantea extenderlo a otras áreas de la administración pública, tales como la seguridad. El PN atacó a Zelaya diciendo que la consigna del poder ciudadano la había tomado del líder sandinista de Nicaragua Daniel Ortega.

A última hora, cuando estaba a punto de cerrarse la campaña, el Partido Nacional (PN, también de derecha) se sacó un "as" de la manga y vinculó a "Mel" –como se identifica popularmente al candidato liberal– con un crimen ocurrido en 1975 y que se conoce como la masacre de Los Horcones.

En junio de 1975, hombres armados atacaron a los participantes en una marcha que realizaban campesinos sin tierra entre el departamento de Olancho y la capital, matando a 14 personas, entre ellos dos monjas y un sacerdote, y el padre de Zelaya estuvo detenido como sospechoso de la autoría intelectual.

Como militante del PL, Zelaya hizo su aparición en la década del 80 en el consejo local de Olancho, y logró ser elegido en 1985 como presidente de la Comisión de Recursos Naturales y Petróleo del Congreso. Durante el gobierno de Carlos Flores (1998–2002) también fue elegido diputado, pero pasó a ejercer la función en el FHIS.

Está casado con Xiomara Castro con la que ha procreado cuatro hijos.


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