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Lo peor no es postergarlo, sino ejecutar el TLC

None | 2 de Enero de 2006 a las 00:00

El Año Nuevo comenzó mal para los gobiernos y grandes empresarios de Centroamérica y la República Dominicana. Sin embargo, pudo ser peor para los habitantes de esos países.

Según lo planeado, el Tratado de Libre Comercio de esa región, más el país caribeño, con Estados Unidos (TLC-CA/RD) arrancaría junto con 2006. Así, los gobiernos regionales estarían felices de servir al patrón, los empresarios de las naciones latinoamericanas involucradas listos para comenzar la venta masiva de sus empresas al capital foráneo, las trasnacionales clavarían más hondo sus colmillos en esas economías y el inquilino de la Casa Blanca celebraría el "éxito" de su política con "este ejemplar caso de la democracia comercial".

Algo falló, y la entrada en vigor del tratado se pospuso (algunos hablan de un mes, otros ven más incierto el banderazo de salida), con lo que, de momento, la población centroamericana y dominicana salvó lo que le queda de pellejo, aunque está consciente de que tarde que temprano la "panacea" del libre comercio terminará por engullirla, lo que será peor a la referida posposición.

A finales de julio pasado, tan sólo dos votos de diferencia en la Cámara de Representantes de Estados Unidos (217 a favor, 215 en contra) ennegrecieron aún más el de por sí oscuro futuro de centroamericanos y dominicanos, pues ese cuerpo legislativo aprobó el nuevo tratado comercial.

Por aquellos días comentábamos en este espacio que gobiernos y empresarios centroamericanos y dominicanos creen que con la aprobación de dicho tratado cientos de millones de dólares inundarán a sus respectivos países. Nadie lo garantiza -de hecho es dudoso que sea así-, pero lo cierto es que la expulsión de mano de obra les deja mucho más: en los últimos cinco años, alrededor de 50 mil millones de dólares en remesas han sido inyectados a las economías regionales, y con o sin TLC-CA/RD -que incluye de todo, menos capítulo migratorio, como en el caso del TLC- ese río de dinero seguirá llegando.

La CEPAL ha ponderado algunos de los costos que el acuerdo representará para la parte flaca del nuevo tratado comercial (Centroamérica y República Dominicana). La visión general, dice, es que habría una pérdida neta de ingresos fiscales. Los efectos positivos del incremento en el volumen de importaciones serán superados por el efecto combinado de la reducción de ingresos por los recaudos aduaneros y los impuestos indirectos internos obtenidos sobre las importaciones. "Esto es cierto aun en el escenario más optimista, donde el crecimiento de las importaciones es muy fuerte".

Para Costa Rica la pérdida neta oscila entre 0.19 y 0.24 por ciento del producto interno bruto, dependiendo de la tasa de crecimiento del PIB estimada. Al final del periodo de transición esos valores aumentarían a 0.21 en el escenario optimista y a 0.26 en el pesimista. En los casos de El Salvador, Guatemala y Nicaragua las pérdidas son levemente mayores, pero no sobrepasan 0.40 por ciento del producto hacia el final del periodo de transición.

El único país que puede tener problemas serios debido al acuerdo es Honduras. Incluso en el escenario optimista de crecimiento, la pérdida se estima en 0.73 por ciento del PIB a comienzos del periodo de transición, y en 0.78 al final. Los números equivalentes en el escenario pesimista son de 0.78 y 0.83 por ciento del producto, respectivamente. Honduras tiene la economía con el mayor nivel de vulnerabilidad fiscal de la región, lo que hace más inquietante las implicaciones fiscales del TLC-CA/RD para ese país.

La mayor pérdida por impuestos indirectos internos se detecta en Guatemala, que tiene una disminución del ingreso total de 0.4 por ciento del PIB, con El Salvador en segundo lugar. Las pérdidas en los otros países son incluso menores. Si se totalizan los dos efectos adversos, se advierte que el país menos afectado desde un punto de vista negativo es Costa Rica. Durante el primer año del tratado, el impacto adverso es de 0.28 por ciento del producto. La mayor pérdida será de 0.30 por ciento a los 10 años de operación del TLC-CA/RD. El país más afectado es Honduras, cuyos ingresos fiscales disminuirán en 0.82 por ciento sólo en el primer año del tratado. El techo se alcanzará en el noveno año, con una reducción equivalente a 0.86 por ciento del PIB.

Existen varias razones que explican el hecho de que Costa Rica sea el país menos afectado, Honduras el más perjudicado y el resto de los países ocupen las posiciones intermedias. Estas razones incluyen la proporción del ingreso arancelario en el PIB de cada país, la proporción de las importaciones de Estados Unidos que todavía pagan aranceles (importaciones sin maquila) en el total de importaciones, el porcentaje de importaciones no sujeto a aranceles durante el periodo de transición y la estructura de importación, así como el perfil de la eliminación de los derechos aduaneros. Por ende, una combinación de todos estos factores es responsable de los diferentes resultados entre los cinco países con respecto al costo fiscal del TLC-CA/RD.

Sumando las implicaciones positivas y negativas de los ingresos, se estima que habría una pérdida neta del ingreso fiscal en virtud del tratado comercial con Estados Unidos en todos los países. Los efectos positivos por el incremento de las importaciones serán superados ampliamente por el efecto combinado de la reducción de ingreso de los tributos aduaneros y de los impuestos internos indirectos establecidos sobre las importaciones.

Con el TLC-CA/RD se reforzará la tendencia descendente en el costo de la mano de obra, aunque los únicos que seguirán pagando impuestos serán los trabajadores. Como bien lo ha señalado la propia Cepal, las reformas de libre mercado no han sido una respuesta a los problemas de inequidad, de allí el interés estadounidense de promover acuerdos comerciales -por separado- con todos los países subdesarrollados.

Que mala, pues, la posposición del TLC-CA/RD, pero será peor cuando finalmente inicie operaciones.


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