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Vargas Llosa deshonra Orden Rubén Darío

None | 18 de Enero de 2006 a las 00:00

Por Pastor Valle–Garay, Senior Scholar, Universidad de York. Toronto, Canadá. La Jiribilla, Cuba

Lo mejor de la visita a Nicaragua del escritor Mario Vargas Llosa es que ya pasó. Se marchó. Ojalá que no se repita. No se le echará de menos.

Vargas Llosa llegó a suelo nicaragüense con el aparente propósito de recibir la orden Rubén Darío de manos del presidente Enrique Bolaños. Por su obra literaria. Digo aparente porque si Vargas Llosa se hubiese limitado a discutir su oficio o el rodaje de una película sobre su novela, como suelen hacer los interesados en el mundo de auto promoción artística, quizás se pudiese digerir su jira relámpago. Lamentablemente fueron otros los motivos del lobo. He aquí donde las apariencias engañan. Vargas Llosa llegó a Nicaragua con otra agenda. No literaria. Política.

De ahí que la investidura de Vargas Llosa requiera explicación. Su visita se caracterizó como una más en la interminable y asquerosa romería de lamebotas y emisarios de la Casa Blanca que viajan al país con el singular y torpe propósito de obstaculizar el triunfo Sandinista en las elecciones presidenciales de este año. No se debe atribuir entonces a mera coincidencia que Bolaños, enemigo del Sandinismo, decida a estas alturas premiar a Vargas Llosa, apologista de Washington. Lo inaceptable es la hipocresía gubernamental de encubrirlo bajo el manto del máximo galardón nacional cuando su presencia, justo al iniciarse la campaña presidencial, es velada artimaña para inmiscuirse en los asuntos internos de Nicaragua.

En estas circunstancias Bolaños le confiere la Orden Rubén Darío. Simultáneamente la desvalora. Nada nuevo para el mandatario quien, al igual que su homónimo en Washington, no lee ni cintas cómicas. Tampoco es secreto que Bolaños confiere honores a tontas y a locas. Como quien distribuye pizza a domicilio. A diestra y siniestra. Ambas siendo una y la misma cosa. Por quedar bien con sus patrones al norte, el servilismo de Bolaños raya en lo canallesco

Entre los condecorados por el mandatario cuentan algunos de los más acérrimos enemigos de la nación centroamericana como el ex Presidente George H. W. Bush y Jean Kirkpatrick, ex embajadora de los Estados Unidos ante la ONU cuyo mayor logro fue defender en ese foro la guerra criminal de la Contra. También incluye a los nefastos Roger Noriega, John Maisto y Otto Reich. Vendrán más. Según fuentes confiables, la lista de Bolaños contempla condecorar a otros 30 gringos entre ellos al vice presidente Dick Cheney, la secretaria de estado Condoleezza Rice, el secretario de defensa Donald Rumsfeld y Paul Trivelli, actual embajador de los Estados Unidos con instrucciones específicas de Washington de descarrilar el anticipado triunfo sandinista en los comicios presidenciales. Basta un rápido vistazo a los nominados para apreciar que la lista más bien se asemeja a un "quién es quién" de los hampones gringos más dañinos para la América latina. Sin duda Vargas Llosa encaja admirablemente bien entre la pacotilla de luminarias que conforman el cuadro de honor de agitadores políticos. Premiados todos por descarada injerencia.

¿Y qué hizo Vargas Llosa para merecer tal privilegio? Aparte de escueta, protocolaria mención sobre Rubén Darío, el escritor no perdió tiempo en revelar la verdadera razón de la cita. En cuanto llegó al país, participó en sendas entrevistas y conferencias de prensa proponiéndose dictar cátedra sobre las ventajas de la democracia neoconservadora y de la empresa privada y las desventajas del socialismo. Sus pretenciosas lecciones de civismo no dieron pata con bola. La prensa nacional criticó su ignorancia de la realidad latinoamericana, su miopía política, su falta de tacto y de respeto para el pueblo nicaragüense y su ridículo papel de titiritero de la línea de Washington.

En pocas palabras, Vargas Llosa se comportó como un insolente patán. Olvidando su condición de huésped extranjero abusó de la acogida del país anfitrión y vulgarmente utilizó a Nicaragua como su plataforma personal para desproticar contra los presidentes Fidel Castro de Cuba, Hugo Chávez de Venezuela y Evo Morales de Bolivia. De paso le dio por brindar gratuitos, prepotentes y paternalistas consejos al electorado nicaragüense, salvadoreño y peruano sobre la dirección a seguir en los comicios presidenciales de este año como quien dirige perlas de sabiduría a niños ingenuos. No le mentaron la madre porque el nicaragüense es más cortés que el huésped.

Vargas Llosa se marchó de Nicaragua dejando la impresión que su ciudadanía española y su apego a la siniestra política de Washington despierta sentimientos colonialistas en el escritor. Se equivocó rotundamente. De época y de Hemisferio. Son otros tiempos y bien le valdría hacer un poco de memoria histórica. Ya no somos ni colonias españolas ni gringas. Tampoco le prestamos atención a las sandeces publicitarias de fantoches políticos que ignorante y arrogantemente cruzan océanos para indicarnos cómo deberíamos votar y vivir.

Su crítica de los países y candidatos socialistas demuestra ampliamente que debe limitarse a la escritura. Nada más. La política latinoamericana no es su campo. Zapatero a tus zapatos, las botas del pueblo le vienen demasiado grandes al españolito de marras. No solo por sus nexos europeos sino porque se marchó de este lado del charco precisamente por faltarle las credenciales que le permitirían asumir el papel de estadista. En 1990 un ex Presidente corrupto se lo demostró de sobra. Alberto Fujimori derrotó espectacularmente a Vargas Llosa en la campaña por la presidencia peruana. Es absurdo, por lo tanto, que un fracasado pretenda impartir lecciones de política a los pueblos de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Perú.

En su servilismo también se equivocó Bolaños. Deshonró la Orden Rubén Darío. Exquisita ironía en ello. Si Vargas Llosa fuese inteligente, se percataría que el inmerecido galardón lleva el nombre del gran poeta de América que, a diametral diferencia suya, siempre se opuso al imperio gringo. Que se cuelgue la medalla bien ceñida al pescuezo. Que le sirva de recordatorio que en este continente hay poetas y escritores que, como lo hicieran Rubén Darío y José Martí, defienden América de los oportunistas, de los charlatanes y de los políticos de montón que pretenden usurparla y mancillarla.


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