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Los nicas y la bancarrota moral de la sociedad costarricense

None | 23 de Enero de 2006 a las 00:00

Un hombre nacido en Nicaragua entra a robar a una propiedad privada. Alguien azuza a un par de imponentes y fieros perros. El espectáculo posterior no tiene nada que envidiarle a un circo romano. Los dos animales literalmente descuartizan al hombre, mientras policías y otros curiosos hacen como que quieren espantarlos con tan pudibunda y asustadiza disposición como la que mostraría una damisela de la sociedad victoriana del siglo XIX. No faltó quien filmara el atroz espectáculo ni tampoco escaseó la "libertad de prensa" que –exuberante en el amarillismo de los usuales telenoticiarios– se encargara de difundir las sangrientas imágenes.

La evolución posterior del asunto ha puesto al desnudo las peores miserias y frustraciones escondidas en el alma de un pueblo usualmente generoso y democrático, pero ocasionalmente proclive al odio chauvinista. La circulación masiva de chistes cargados de oscuros rencores, de recónditos atavismos, de siniestros prejuicios con tintes étnico–raciales, ha sido la parte menos grotesca –con serlo en grado superlativo– de una explosión de decadencia y autoaniquilación moral.

Es patético y deplorable escuchar que se justifica la muerte de este hombre, por ser un ladrón que invadió la sacrosanta propiedad privada. Luego, ¿debería aplicársele pena de muerte a cada ladronzuelo? Esto es muestra de un completo extravío moral. Más, sobre todo, resulta sintomático. Es una síntesis –cruel y precisa– de la enrarecida atmósfera espiritual de estos tiempos de fetichización de la propiedad privada, convertida mágicamente en razón suficiente para la aniquilación de la vida. Espoleado por el chauvinista, ello se evidencia aquí con ribetes violentos y ofensivos.

Tal es el espíritu del neoliberalismo que, por ejemplo, encuentra también encarnación elocuente en las disposiciones sobre propiedad intelectual contenidas en el TLC con Estados Unidos. Y si usted lo duda, refiérase a lo que escriben sobre el particular los abogados y abogadas "expertas" en la materia: justifican la imposición de gravosas y virtualmente prohibitivas barreras de acceso a los medicamentos, como mecanismo necesario para "incentivar" y "premiar" la "innovación" de las gigantes farmacéuticas transnacionales. Eufemismos y florituras aparte, este no es más que un argumento cínico que antepone la rentabilidad a la vida.

Si el sangriento asesinato de este hombre ha desatado los peores instintos soterrados en el alma colectiva, en todo caso ha de reconocerse que, puesto en relación con ciertos discursos "políticos" que se agitan con los vientos electorales, no resulta, en absoluto, un hecho aislado. La Asamblea Legislativa aprueba una ley de tonalidades nítidamente xenofóbicas, que abre portillos al ejercicio de la violencia sobre los derechos humanos, la cual es posteriormente refrendada, sin escrúpulo ni cuestionamiento, por el Presidente Pacheco. Y, entre tanto, candidatos presidenciales hay cuyo programa de gobierno parece alimentarse de esos mismos oscuros prejuicios y odios nacional–chauvinistas.

Son liderazgos políticos que se alimentan de la podredumbre. No educan ni clarifican ni conducen. Ni siquiera intentan alimentarse de la parte luminosa que ofrecen los logros democráticos históricamente gestados por el pueblo costarricense. Tan solo se afanan por engullirse ese veneno que intoxica la parte tristemente enferma del alma de este pueblo. Un veneno que, posiblemente, surge –y sobre todo crece– a partir de la frustración acumulada: frente a partidos y políticos mentirosos; frente a la pobreza sin posibilidad de remisión; frente a la escasez de mínimas oportunidades de mejoramiento; frente a la insoportable presión del consumo y la competencia; frente al proceso imparable de empobrecimiento; frente al riesgo permanente del asalto, la estafa, el engaño, la violencia…

La sociedad costarricense de los tiempos del predominio neoliberal, es democrática en solamente un sentido: reparte frustración con largueza y generosidad. Y con ello incentiva odios y violencia. Entonces resulta fácil –pero también cobarde– hacer de los nicaragüenses chivos expiatorios. Y culpabilizarlos de las penurias económicas de la Caja y la deficiente atención en sus hospitales; y responsabilizarlos de los bajos salarios y la creciente delincuencia. Y hasta de la basura en las calles.

Fácil olvidar, por esa vía, que algunos se han hecho ricos, ricos y muchos se han empobrecido. Y olvidar que hay camarillas que han robado y engañado. Y cerrar los ojos ante la evidencia de un desarrollo nacional basado en la especulación y el despilfarro; generoso en el exceso de las oligarquías y mezquino en la creación de oportunidades efectivas para una vida digna. Y que todo este curso de decadencia y descomposición ha sido liderado y propiciado por gente de nacionalidad costarricense. Y que costarricenses son quienes, por complicidad o indiferencia, han propiciado que esta evolución enfermiza se entronice y se afirme.

Neoliberalismo secuestra democracia, dice arzobispo de Costa Rica

Costa Rica ha caído en la trampa del neoliberalismo y la brecha ha ido creciendo entre un grupo extraordinariamente rico y el resto de la sociedad, aseguró el viernes el arzobispo de San José, Hugo Barrantes, quien llamó a meditar el voto para las próximas elecciones.

"Pensamos que produciendo mucho y exportando mucho eso iba a generar justicia social y eso no es cierto. El Estado tiene que intervenir en muchos aspectos para que haya distribución de la riqueza", señaló el prelado en entrevista con un programa televisivo.

Barrantes aseguró que un grupo muy pequeño de ricos empresarios y políticos tiene "secuestrada" la democracia costarricense, mientras que "la clase media está al borde de la pobreza y los pobres al punto de la miseria".

Costa Rica irá a elecciones generales el próximo 5 de febrero, con una vasta oferta de 14 candidaturas presidenciales, entre las cuales sólo dos tienen posibilidades de triunfo: la del ex presidente Oscar Arias (1986-1990), un confeso partidario del neoliberalismo, que busca la reelección por el Partido Liberación Nacional (PLN), y Ottón Solís del Partido Acción Ciudadana (PAC) y quien cuestiona abiertamente el sistema económico imperante en el país.

Arias es partidario de las políticas neoliberales que se han venido aplicando en el país desde mediados de la década de 1980, apoya la ratificación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC), así como la privatización de las empresas estatales. Solís, por su parte, prefiere que el Estado conserve estas empresas y propone una renegociación del TLC para corregir aspectos que podrían afectar a los productores nacionales.

En recientes declaraciones a un medio radial, el Arzobispo ha sostenido la tesis de que "hay que defender al ICE (Instituto Costarricense de Electricidad) y el INS (Instituto Nacional de Seguros)", las dos empresas públicas que generan mayores ingresos al Estado. "Y ni pensar en privatizar la salud, no debemos vender las joyas de la abuela", agregó Barrantes en referencia a la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS).

El arzobispo pidió a los costarricenses meditar detenidamente el voto: "vean si tal partido está favoreciendo intereses particulares o realmente está buscando el bien común del país", advirtió. Además de presidente y dos vicepresidentes, los electores (alrededor de 2,5 millones) deberán elegir 57 diputados a la Asamblea Legislativa y los gobiernos municipales de 81 cantones del país.

Triste campaña presidencial

San José (AFP) – No hay ambiente de fiesta, no hay banderas, no hay afiches, no hay concentraciones, nada parece en las calles de San José presagiar que dentro de dos semanas, más de 2,5 millones de costarricenses van a elegir al nuevo presidente. Pero, ¿dónde están las campañas de antaño, marcadas por la euforia, una vistosa propaganda y el debate acalorado entre los ciudadanos en cualquier sitio?

El jueves por la tarde en la barriada de Curridabat, al este de San José, Oscar Arias, presidente entre 1986 y 1990, favorito de la prensa y de las encuestas, vino a compartir y mezclarse con algunos cientos de sus partidarios. Arias es escoltado en los sondeos por su ex ministro de Planificación, Ottón Solís, del Partido Acción Ciudadana (PAC).

En esta barriada popular, Arias fue recibido con banderas verdi-blancas de su Partido Liberación Nacional (PLN), y algunos de sus seguidores con camisetas marcadas con el lema de: "Sí, Costa Rica, Oscar Arias", llegaron a saludar al Nobel de la Paz. El candidato presidencial de 65 años parecía fatigado, mostrando apenas una sonrisa y limitándose a saludar a sus seguidores. Apretaba manos, abrazaba a los niños, pero no dio ningún discurso a sus seguidores.

Según los sondeos, un 50% de los electores costarricenses no sabe si votarán en los comicios o por cuál de los 14 candidatos presidenciales lo hará. Si algunos de los candidatos no obtiene el 40% de los sufragios, una segunda vuelta tendrá lugar en el mes de abril. "Nosotros dejamos la alegría para las últimas semanas", dijo a la AFP Oscar Arias.

Para explicar la gran apatía de esta campaña, el arzobispo de San José, Hugo Barrantes, estimó el viernes que un grupo reducido de hombres de negocios y de políticos "han secuestrado" la democracia costarricense, tanto que "la clase media está al borde de la pobreza, y los pobres al borde de la miseria".

Otra explicación se encuentra en los casos de corrupción en que se vieron envueltos en 2004 dos ex presidentes que fueron a la cárcel y el exilio de un tercero.

Aparte de algunas vallas publicitarias, la campaña se desarrolla esencialmente en la radio y la televisión. Los debates fueron casi inexistentes. Oscar Arias sólo fue a uno de ellos, hace dos meses, en un debate de poca profundidad. Después de haber sido galardonado con el Nobel de la Paz por su mediación en las guerras civiles en América Central en los años 80, Oscar Arias afirma que su principal desafío está centrado en los problemas nacionales.

Considerado hoy día como un candidato de la derecha, que se autodefine como socialdemócrata, sostiene que si América Latina está girando a la izquierda, "es porque las democracias no dieron sus frutos y no mejoraron el nivel de vida de los pueblos".

"Si yo llegó al poder", dijo a la AFP, "mi principal desafío será sentar las bases de un desarrollo más sostenido y poner a Costa Rica otra vez en marcha, y ver si es posible obtener un crecimiento sostenido del 6%", teniendo "como motor" el comercio y las inversiones extranjeras.

El arzobispo, al igual que Ottón Solís, defiende el punto de vista contrario y asegura que Costa Rica ha caído "en la trampa" del neoliberalismo.

Este debate fundamental para el país, que debe ratificar el tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos, no llega por el momento a apasionar a la ciudadanía.


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