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Mareros hondureños piden perdón a la sociedad y proponen diálogo

None | 2 de Febrero de 2006 a las 00:00

Tamara - "Pedimos perdón a todo el pueblo hondureño", se lee en la entrada de un módulo de la Penitenciaría Nacional (PN), donde 266 miembros de la Mara Salvatrucha (MS), al igual que 167 de la Mara 18 (M-18), piden dialogar con el nuevo gobierno de Manuel Zelaya, para deponer las armas e insertarse a la sociedad.

"Eso lo dice todo", afirmó este jueves Juan Carlos Ochoa (28), señalando la pared donde está la leyenda, en la entrada del módulo de la PN, la principal cárcel de Honduras, situada a 30 km al norte de Tegucigalpa.

Los 266 jóvenes de la MS están encerrados en un pequeño edificio sin poder moverse libremente por el resto de la prisión adonde hay unos 3.500 presos, incluyendo 167 de la otra pandilla la Mara 18 (M-18) instalados en un módulo afuera del recinto de la PN, conocido como "La Maquila", un edificio de bloques de concreto sin pintar.

"Nosotros estamos proponiendo la paz. Después de un arreglo si nos agarran en delitos que nos metan presos pero no por andar un tatuaje", agrega Ochoa que anda vestido con un pantalón de jean, y una camiseta blanca muy limpia que no le deja ver los tatuajes.

"Ya pedimos el diálogo y estamos esperando que la comisión que hemos nombrado se reúna con la gente del gobierno en estos días", aboga, por su parte, "Lucifer", de 23 años, dirigente de la M-18.

El nuevo ministro hondureño de Seguridad, Álvaro Romero, no ha descartado que el gobierno acceda a dialogar con los miembros de las pandillas que, según la Policía, estarían integradas por más de 100.000 jóvenes. Ochoa admite que ha visto un cambio en el Gobierno de Zelaya, en comparación con la administración anterior de Ricardo Maduro.

Antes de entregar el poder el 27 de enero, Maduro aseguró que había logrado reducir en 60% las actividades delictivas de las maras o pandillas al encarcelar unos 2.000 líderes.

"Tenemos muchas propuestas que hacerle al gobierno, más que todo queremos pedir perdón y que reformen la Ley Antimaras, no es por andar tinta (tatuajes) que tenemos que estar presos", afirma el integrante de la MS, Oscar Bonilla (24).

Los jóvenes fueron a parar a la cárcel por una reforma al Código Penal aprobada por Maduro que fija penas hasta de 30 años de prisión para los líderes de las pandillas que cometan delitos y hasta 10 por "asociación ilícita" a los que anden tatuados con los símbolos de las maras.

"Pero también queremos trabajo y que no nos discriminen por andar manchados", clama Bonilla, mientras miraba a otros compañeros que se bañaban al aire libre en una pila construida frente a las celdas del módulo.

"Si entramos al diálogo va a ser un 100% de los homies (compañeros), nos ponemos de acuerdo con todos los que hay en Honduras", aseguró Bonilla.

"Si después cometemos un crimen que nos agarren, pero no es que sólo por andar tatuados nos van a agarrar porque aquí en Honduras la Policía no busca a quien cometió el delito sino quien lo pague", asegura otro joven de la MS, Juan Carlos Martínez (29).

Al otro lado, en "La Maquila", en el grupo de la M-18, "Lucifer" asegura que "el diálogo va a ser en estos días y si vamos a votar palabra es por algo, porque la palabra del pandillero es lo que más nos hace valer".

Con un arreglo "se alejaría mucha violencia en las calles, la sangre dejaría de correr, se miraría el cambio de inmediato", promete otro joven de la 18, que se hace llamar "El Directo" de 34 años, que accedieron a hablar sentados en el patio a la entrada del módulo.

"Otro problema es que todo lo malo que pasa, todos los crimenes nos los echan al pandilleros, y eso no es cierto", advierte.

"Pero si se llega a un arreglo nosotros mismos nos encargamos de dar seguridad al barrio", afirma "El Puma" de 25 años, el que menos habla del grupo pero que parece ser el verdadero jefe del grupo.

"Nosotros controlamos todo, queremos lo mejor para nosotros y para la sociedad", asegura el líder de la 18 que deja ver el tatuaje de una cobra enrollada en las pantorrillas por su pantalón corto que en su faja lleva un moderno teléfono celular.


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