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CARTA ABIERTA AL DIRECTOR DE LA POLICÍA NACIONAL

None | 19 de Febrero de 2006 a las 00:00
Primer Comisionado
Edwin Cordero Ardila
Director – Policía Nacional
Su Despacho

Director:

Ante todo reciba mis condolencias por los trágicos sucesos de Juigalpa.

En torno a este caso, he escuchado comentarios orientados hacia la forma en cómo debieron actuar los miembros de la Policía: hubieran hecho esto, o hubieran hecho aquello. Considero que estas opiniones, provenientes de la "Voz Popular" y de algunos "periodistas" (acostumbrados al anti-profesionalismo de emitir juicios de valor), resultan desafortunadas. Estoy convencido que fueron vertidas a la luz de los impulsos y de una racionalidad ligera, al no procurar colocarse en el contexto de los miembros del orden.

Estimo que fueron varios factores los que confluyeron para que se consumaran esos hechos lamentables.

  1. Los Policías de Línea están sometidos a muchas tensiones y presiones, y éstas no se derivan exclusivamente de los peligros a que están expuestos por la naturaleza de su trabajo. Permanentemente deben conjugar el no hacer uso excesivo de la fuerza con el criterio de la legítima defensa y el cumplimiento del deber. En algunas circunstancias esto puede provocar desconcierto y titubeo en el actuar. No son pocos los policías que se han visto sometidos a onerosos procesos judiciales por haber actuado en función de garantizar la seguridad ciudadana. En esos casos la privación de libertad ha sido inmediata, pues no se trata de elementos en fuga; y no pueden acogerse al Recurso de Exhibición Personal, en vista de que no se les ha detenido ilegalmente ni se da un vencimiento de plazo, porque son puestos a la orden de un juez a la primera hora del día. ¿Actuar o no actuar? ¿Como procedería yo ante ese dilema? No lo sé.
  2. Resultó evidente que, a diferencia de los miembros de otras especialidades, los policías asignados a un Puesto o Distrito carecen de la preparación física y adiestramiento permanente en las técnicas de defensa personal y de Reducción. Al estar acuartelados se infunden un excesivo sentido de seguridad, razón por la que consideran un imprevisto la agresión en su propio local. Este fue el segundo caso.
  3. Más allá de lo impúdico que pueda parecer el "periodismo" sensacionalista, lo más deplorable es que esa práctica fomenta el envilecimiento y la inversión del orden de prioridades. La policía no ha escapado a esa influencia nociva. Sé de denuncias de hechos punitivos a los que se les ha tratado como trivialidades: se escatiman recursos para movilización y se deja correr demasiado tiempo en trámites meramente administrativos. Por ese "estricto apego" a los procedimientos es posible que se pierdan testigos decisivos o que no se evite que un mismo agresor perjudique a otro ciudadano. Sin embargo, para casos de escándalo doméstico se actúa con mucha diligencia, sin temor a quedar sin combustible. Y no es por aquello del "flagrante delito", sino para ser espectadores de bajezas. Observar la manifestación de la pobreza espiritual se ha convertido en una diversión. En Juigalpa, a un incidente de corte doméstico se le dio un tratamiento acorde a lo antes planteado. Y en espera a que esto no trascendiera a más, porque se ha hecho costumbre fungir como mediadores en simples problemas familiares, se produjo un exceso de confianza y se dio la oportunidad para que alguien sacara un arma blanca y acertara una estocada (en la misma unidad policial).
  4. Los policías son recursos humanos del estado que en algunos momentos resultan sub-utilizados o abusados. Si en el lugar de los hechos hubieran estado miembros de la Brigada Especial o un mayor número de efectivos, otra sería la historia. Sin embargo, en otro lugar los antimotines y patrulleros se dedicaban a trasladar médicos que por su carácter pacífico no oponen mayor resistencia, o bien brindaban protección a elementos que no gozan de inmunidad y que al parecer por sus fantasías megalómanas - de ellos - poseen un fuero especial. Sin excepción esas personas cuentan con la solvencia económica para contratar los servicios de protección privada, no obstante les resulta oportuno abusar de un recurso humano del estado. Mientras tanto, fueron otros, en Juigalpa, los que caían víctimas por el peligro real al que están expuestos los policías.

Agradecido por su atención, me suscribo

Atentamente

Oscar Domingo Marín Alfaro
Cédula 001-300468-0013D
Teléfono 8804918

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