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Indígenas 2005: una de cal y otra de arena

None | 27 de Diciembre de 2005 a las 00:00

El triunfo de Evo Morales en los comicios presidenciales de este 18 de diciembre en Bolivia es, sin dudas, la mayor conquista de los indígenas en 2005. Los 50 millones de nativos que conviven en Latinoamérica tienen ahora, en La Paz, una tribuna de alto nivel para luchar contra la discriminación, el odio y el desprecio, "para vivir todos juntos en la unidad y la diversidad".

Así manifestó Evo al sintetizar el significado de su histórica victoria: "vivimos tiempos nuevos (...) el tercer milenio es de los pueblos, no del imperio".

El sufrimiento de estas comunidades, sus necesidades e intereses, encontraron eco este año en la III Cumbre de los Pueblos, el Segundo Encuentro de Pueblos Originarios de América, y el foro sobre Lenguas Indígenas en Riesgo de Desaparición, básicamente.

Entre los principales factores que inciden en la situación de pobreza por la que atraviesan, la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) reconoció hace unos días "la pérdida progresiva de tierras y la quiebra de las economías comunitarias".

La tala indiscriminada de bosques, la extracción de petróleo y la construcción de embalses y represas han tenido consecuencias demoledoras para muchas comunidades nativas.

En el transcurso de 2005 se registraron múltiples fracasos en la lucha de estos pueblos: el Congreso paraguayo, por ejemplo, rechazó un proyecto de ley destinado a proteger el corazón del territorio de los Ayoreo, una etnia nómada que reside en la parte occidental del país. Esa área -de casi tres millones de hectáreas- está en manos de dos compañías privadas brasileñas y una paraguaya.

"Este es un día terrible para los Ayoreo totobiegosode, que han perdido la oportunidad de conseguir algo de protección", lamentó el 7 de abril Stephen Corry, director de Survival, una organización no gubernamental dedicada a la protección de grupos indígenas.

También el 15 de diciembre, líderes indígenas se entrevistaron con el ministro del Ambiente paraguayo, Alfredo Molinas, para solicitarle apoyo institucional para la protección de unas 70 mil hectáreas en el departamento de Alto Paraguay.

Desde hace algún tiempo, argumentaron, ingresan frecuentemente ganaderos brasileños que depredan los bosques para destinarlos a la cría de ganado vacuno.

El 8 de noviembre, la asesora de Asuntos Etnicos de la Fiscalía paraguaya, Lida Acuna, reconoció que los indígenas de Puerto Colón, en el Departamento de Presidente Hayes, son víctimas de genocidio.

Además de los Ayoreo y los tagaeri, quedan aisladas los korubo (en Brasil), mashco-piros, ashaninkas y yaminahuas (Perú), y otros de Bolivia y Colombia, que en total no sobrepasan los cinco mil.

Con excepción de Uruguay, donde fueron exterminados en 1831 por el presidente Fructuoso Rivera, en todos los países sudamericanos hay aborígenes.

Para Roberto Stavenhagen, relator especial de Naciones Unidas sobre Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de los Indígenas, los nativos sudamericanos que no desean tener contacto con la civilización enfrentan un exterminio cultural.

Aunque la retórica gubernamental y las leyes garantizan la existencia de esos pueblos, su ruta hacia la extinción parece estar ya trazada, advirtió.

En los últimos meses, los pueblos originarios del Cauca, en Colombia, ratificaron su voluntad de diálogo y resistencia pacífica para que el Estado responda y atienda los compromisos adquiridos hace más de 20 años.

Las autoridades indígenas acusan al gobierno de Alvaro Uribe de un asesinato, más de 50 heridos de gravedad y varios detenidos, como resultado de los tantos intentos de desalojo violento.

Denunciaron que los militares están usando gases lacrimógenos, armas de fuego, explosivos, garrotes con clavos y municiones no convencionales.

En mayo, indígenas y abogados de Ecuador, Colombia y Paraguay se reunieron para revisar el funcionamiento de los sistemas estatales de protección y defensa de los derechos humanos.

Coincidieron en la necesidad de propiciar cambios estructurales a nivel de los estados y de las sociedades, estableciendo marcos definidos de acción.

En abril miles de aborígenes celebraron en Formosa, Argentina, en el Segundo Encuentro de Pueblos Originarios de América, considerada la mayor cita latinoamericana de los aborígenes.

Ceremonias, danza, literatura, música ancestral, muestras de la gastronomía, juegos, ritos y artesanías, intercalaron con jornadas dedicadas al análisis y el debate.

Entre los temas de las conferencias estuvieron el agua, el árbol (algarrobo), planificación urbana, diseño de indumentaria indígena, legislación, arquitectura y genética.

Otros tantos reclamos se escucharon en la III Cumbre de los Pueblos, en la primera semana de noviembre, en Mar del Plata, Argentina, donde más de 12 mil organizaciones sociales expresaron su propia visión de desarrollo.

En las conclusiones del foro quedaron plasmadas dos de sus más legendarios reclamos: una reivindicación sobre el derecho a sus tierras y la autodeterminación de sus pueblos.


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