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Perú: Los riesgos del caudillismo

None | 4 de Abril de 2006 a las 00:00

Ollanta Humala puede ser el próximo presidente del Perú. El 29 de octubre de 2000, el teniente coronel se rebeló en la sureña ciudad de Tacna acompañado de su hermano, el mayor en retiro Antauro, y medio centenar de soldados, contra la politización y corrupción instalada en el ejército manejado por Vladimiro Montesinos, el hombre fuerte del régimen. Ollanta pidió la renuncia de Fujimori, quien abandonó pocos días después la presidencia escapando rumbo a Japón

Simplificando, los tres principales candidatos encarnan tres viejas aspiraciones de diversos sectores de la población peruana: Lourdes Flores a la oligarquía; Alan García la viveza criolla y Ollanta Humala "el caudillo buscado a lo largo de nuestra historia", según el sociólogo Gonzalo Portocarrero. Para el analista, entrevistado por el diario La República el pasado 30 de marzo, los políticos peruanos son visualizados como "corruptos" y "sinvergüezas" por la población como parte de un clima donde reinan "el desencanto y el cinismo".

Para Portocarrero, la fuerza de Humala consiste en que la gente común, los pobres del Perú, lo identifican como uno de los suyos: "Su fuerza está en esa especie de complicidad con los oyentes. En decirles: 'Yo soy como tú y te entiendo', 'tú vas a tener lugar en mi política'". A diferencia de lo que sucede con la política tradicional, se trata de una identificación no racional sino emotiva y hasta corporal: "Esa reivindicación se da a veces en un lenguaje no verbal a través de esos gestos, énfasis, en posiciones de cuerpo que lo describen como un individuo que ha vivido con los de abajo".

Víctimas del modelo neoliberal, buena parte de los partidarios de Humala -en consonancia con una parte de la tradición andina- siguen buscando un caudillo que ponga orden en un mundo caótico que, para colmo, no les ofrece un lugar o, a lo sumo, los acepta como subordinados. La debilidad de la institucionalidad peruana ha llevado a que el país oscile entre dos extremos, según Portocarrero: la oligarquía versus el caudillismo. Uno y otro se excluyen, hasta con violencia, pero pertenecen a un mismo universo.

"Los gringos y la clase política se rieron cuando apareció en la campaña electoral. No le dieron ninguna importancia, lo ningunearon, lo insultaron, lo trataron como basura", asegura el antropólogo Rodrigo Montoya en La Paz, en medio de las II Jornadas Andino-Mesoamericanas: "Movimiento Indígena, Resistencia y Proyecto Alternativo". A escasos días de las elecciones del 9 de abril, Humala encabeza las encuestas y todas las previsiones indican que pasará a la segunda vuelta con grandes chances de derrotar a Lourdes Flores, la "candidata de los ricos" como la llaman en Perú.

Según Montoya, el éxito de una candidatura que nació por fuera del sistema de partidos se debe a que desde hace mucho tiempo existe en Perú "un hartazgo total de los políticos". Ese cansancio llevó a la presidencia a un outsider como Alberto Fujimori, en 1990, y más tarde al actual presidente Alejandro Toledo, en las elecciones de 2001. Humala tiene sus apoyos más sólidos entre la población andina del sur (Cusco, Puno, Ayacucho, Huancavelica, Apurímac), y entre los sectores populares más castigados por el modelo neoliberal.

Hijo del ejército

Se trata de un personaje contradictorio si se lo mide con los parámetros de la política racional tradicional. Pero Ollanta es ante todo un militar, "una hechura del ejército", según Montoya. Cuando se levantó en Tacna no tenía la menor posibilidad de derrocar a Fujimori, por lo que no debe verse como una acción militar fracasada sino desde una óptica propagandística. Fue un éxito, ya que pese a ser expulsado de las fuerzas armadas consiguió un amplio respaldo popular. Cuando el parlamento decide la reincorporación de Humala, el ejército lo designa como agregado militar en París, en 2003, tiempo que aprovecha para estudiar Derecho Internacional en La Sorbona. En 2004 es enviado a Seúl para ocupar un cargo inexistente: adjunto a la agregaduría militar del Perú. Cuando su hermano Antauro se rebela en Andahuaylas, el 1 de enero de 2005, con un saldo de cuatro polícias y dos rebeldes muertos, Ollanta suscribe un comunicado mostrando su apoyo. Queda definitivamente apartado del ejército.

Hace pocos días, Ollanta aseguró en una carta pública que se lanzó a la carrera presidencial porque le denegaron la posibilidad de que se reincorporara a la fuerza armada. En febrero de 2005, luego de su definitivo apartamiento del ejército, escribió una carta en la que argumentaba: "Es una oportunidad que le doy al Ejército de reflexionar en su mala decisión. De lo contrario, entraré en la política de una manera diferente a lo que se ha visto hasta ahora". Parte de sus chances de ganar, radican en que 200 mil militares votan por primera vez en Perú, y se estima que la inmensa mayoría lo harán por Ollanta. Su inspiración ideológica se remonta a la Guerra del Pacífico (1879-1883) que enfrentó a Perú y Bolivia con Chile, en la cual los dos primeros perdieron las provincias de Arica, Tarapacá y Antofagasta. "En esa guerra, el mariscal Cáceres formó un ejército con zarrapastrosos y campesinos sin armas, y les ganaron todas las batallas a los chilenos en los Andes. Cáceres es considerado la figura del país por Ollanta y todos dicen que tiene los huevos bien puestos", asegura Montoya.

En este punto debe considerarse la figura paterna. Isaac Humala es un abogado empresarial de la sierra sur, domina el quechua, "comunista en su cabeza e indigenista en su corazón", dice Montoya. Fue militante comunista en la década de 1950 y luego formó parte del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, y ha sido el creador del denominado "etnonacionalismo", ideología que defiende con vehemencia su hijo Antauro. Por el contrario, Ollanta se define sólo como nacionalista, en una pugna político- familiar que salta cada cierto tiempo al escenario electoral. Mientras Antauro es partidario de una vía revolucionaria para la conquista del poder, Ollanta es más moderado y defiende los caminos legales para lo que creó el Partido Nacionalista Peruano (PNP).

En los últimos meses han surgido desde filas castrenses denuncias de la participación de Ollanta en la "guerra sucia" contra Sendero Luminoso. Pero el candidato presidencial no salió mal parado de las denuncias, según cree Montoya: "Ollanta tuvo que estar metido en la guerra sucia. Hay muchos datos y testimonios, y él mismo confesó que estuvo en la zona de guerra en la selva. El ejército quiso perjudicarlo con informaciones de su dossier secreto pero se les volvió en contra, ya que Humala desafió al ministro de Defensa a que aporten todos los datos. El ejército que nunca aceptó haber matado a nadie, no puede dar datos precisos sobre Humala porque sería aceptar el genocidio".

La izquierda, Evo y Chávez

El ascenso de Ollanta Humala se produce en una coyuntura en la que los países andinos están registrando un viraje profundo de la mano de líderes carismáticos: Lucio Gutiérrez en Ecuador, aunque luego de asumir la presidencia dio un abrupto viraje a favor de Estados Unidos; Hugo Chávez en Venezuela, principal problema para la estrategia de George W. Bush; y ahora Evo Morales en Bolivia. Hay analistas que sostienen que la Casa Blanca no estaría dispuesta a tolerar un triunfo de un hombre como Ollanta, que podría ambientar un eje andino anti-estadounidense y convertirse en un freno al Plan Colombia, la principal iniciativa del imperio en la región.

En todo caso, el ascenso de Ollanta está ligado –entre otras razones- a la debilidad de la izquierda peruana, que aún no consiguió reponerse de la "pinza" que sufrió entre Sendero y Fujimori. Sin olvidar, que una parte considerable "se sumó al proyecto de Fujimori, entre ellos Patria Roja, dice Montoya, el partido de matriz maoísta que hoy se erige en la principal fuerza organizada de la izquierda. Además, problemas de sectarismo le impiden unirse y acude a las elecciones en decenas de pedazos que evidencian una insuperable fragmentación. En realidad, Ollanta asume buena parte del discurso de la izquierda: "Creo que hay influencia directa de Chávez y de Evo, ya que dice que entiende el nacionalismo como el control de los recursos naturales por los propios países y eso abre un horizonte importante". En el Perú actual suena normal que las empresas canadienses y norteamericanas se ocupen de explotar las riquezas mineras, y Ollanta viene a ocupar el lugar vacante de oposición del imperialismo.

Sin embargo, cree que el proyecto de Ollanta es poco sólido y que "los mecanismos para cooptar a Humala son más fuertes que su potencialidad para cambiar el sistema". Queda en el aire la pregunta de si Ollanta, en caso de ganar la presidencia, será más parecido a Lucio Gutiérrez o a Hugo Chávez: "Creo que va a tener de las dos cosas", asegura Montoya. De alguna manera, adivina un nuevo período de incertidumbres para un país, como Perú, acostumbrado a los sobresaltos.

Perú: Humala primero, aunque con segunda vuelta

En el último día de difusión, los sondeos de cara a los comicios del próximo domingo en Perú reflejan una victoria del nacionalista Ollanta Humala, una tendencia a la baja de la candidata de la derecha y un crecimiento del ex presidente aprista.
Por Carlos Noriega, diario Página/12 de Argentina. Reportaje desde Lima

A una semana de las elecciones para elegir al nuevo presidente peruano todo indica que el ganador será el ex comandante Ollanta Humala, pero que no le alcanzará para un triunfo definitivo y tendrá que ir a una segunda vuelta. A pesar de las denuncias en su contra –incluida la de haber sido un represor que violó los derechos humanos cuando estuvo en el ejército y de tener vínculos con la mafia militar de Vladimiro Montesinos, el encarcelado ex brazo derecho de Fujimori; de las permanentes impertinencias de sus allegados y de la masiva campaña para meterles miedo a los peruanos frente a un posible gobierno suyo, Humala, que parece estar revestido de una coraza de teflón, mantiene su ventaja en las encuestas. La gran incertidumbre, y el tema que domina el debate político y las conversaciones entre los peruanos en estos días, es quién competirá contra Humala en el ballottage, si la derechista Lourdes Flores o el ex presidente Alan García (1985-90), del socialdemócrata partido aprista.

Dos encuestas publicadas ayer –el último día que la ley electoral permite difundir encuestas– coinciden en que García se le ha acercado peligrosamente a Flores y que la disputa entre ambos por el segundo lugar que les permita ingresar al ballottage será voto a voto. Apoyo le da a Flores 26 por ciento y a García 23 por ciento. Hace una semana la misma encuestadora le daba a la candidata de la derecha una ventaja de cinco puntos sobre el ex presidente. Humala se mantiene en el primer lugar con 31 por ciento. El sondeo realizado por el Grupo de Opinión Pública de la Universidad de Lima le otorga a Flores 26,1 y a García 22,7 por ciento, mientras Humala encabeza el sondeo con 32,6 por ciento. Un mes atrás, una encuesta de esta misma universidad colocaba a la candidata en primer lugar con 33,6 por ciento, a Humala con 27,6 y a García con 20,5 por ciento. Todas las encuestadoras reflejan una tendencia a la baja de Flores y un crecimiento, aunque moderado, de García, con lo que la curva electoral de ambos podría encontrarse el día de las elecciones. En 2001 García le arrebató en el último tramo electoral el segundo puesto a Flores por 150 mil votos, y pasó a competir en la segunda vuelta con el actual presidente Alejandro Toledo. Un recuerdo que por estos días seguramente atormenta a Flores y le inyecta esperanzas a García.

Alfredo Torres, director de la encuestadora Apoyo, opina que “la diferencia entre Flores y García es tan ajustada que la definición de quién pase a la segunda vuelta será de fotografía”. Por su parte, Luis Benavente, director del Grupo de Opinión Pública de la Universidad de Lima, también pronosticó que la disputa entre Flores y García por meterse al ballottage “será una lucha voto a voto”. Ambos dan por descontado el primer lugar de Humala. Mientras sus dos rivales se atacaban mutuamente, coincidían en descalificarlo a llamándolo “improvisado” y “autoritario”, un Humala confiado por su primer lugar en las encuestas ingresó trotando, como si estuviera en una marcha de entrenamiento militar, al mercado de abastos de La Victoria, ubicado en un populoso barrio de Lima, pero ahí no solamente se encontró con aplausos y consignas de “Ollanta presidente”, sino que también tuvo que escuchar silbidos y gritos que le reclamaban por sus supuestos vínculos con Montesinos –algo que Humala negó– y hasta debió esquivar algunas lechugas que le lanzaron. Para lograr quedarse con el ansiado segundo puesto, tanto Flores como García se presentan a los electores como “la mejor alternativa” para derrotar a lo que ambos califican como “la amenaza del autoritarismo de Humala” y lo que aseguran será “un salto al vacío” si Humala llega alpoder. En la guerra por el segundo puesto, Flores ha llamado a García “el candidato mentiroso” y ha puesto énfasis en recordar “el desastre que fue su gobierno (el de García), con hiperinflación, terrorismo y corrupción”. García, por su parte, descalifica a Flores llamándola “la candidata de los ricos”. Las encuestadoras coinciden en que Flores tendría mayores posibilidades de derrotar a Humala. En una segunda vuelta, Apoyo le otorga a la derechista Flores ganadora por 55 por ciento contra 45 por ciento de Humala, mientras que éste le ganaría a García por 51 contra 49 por ciento. Sin embargo, Torres, de Apoyo, advierte que “ese es un resultado muy relativo, en la segunda vuelta todo comienza de nuevo”. Consultado por Página/12, el politólogo Carlos Reyna expresó su discrepancia con las encuestas en este punto. Para Reyna, García sería un rival más temible para Humala, porque “puede darle la pelea en los sectores populares, que es el fuerte de Humala, mientras que si la competencia es entre Humala y Flores la elección se polarizaría socialmente entre ricos y pobres, que es la misma polarización que hizo perder a Mario Vargas Llosa, visto como el candidato de los ricos, el año ’90 (frente a Fujimori)”.

Si García no pasa a la segunda vuelta, se podría dar la paradoja de que un partido que se quede al margen por la disputa presidencial sea el que tenga la primera mayoría en el Congreso. Las encuestas le dan al partido aprista de García entre 36 y 37 curules en el Congreso unicameral de 120 bancas. El humalismo obtendría entre 30 y 31 parlamentarios y la derechista Unidad Nacional de Flores entre 25 y 27 bancas. Más relegados quedarían el fujimorismo, que tendría entre 12 y 15 congresistas, el frente centrista del ex presidente Valentín Paniagua (2000-2001), que sacaría entre 8 y 10 parlamentarios, y el oficialista Perú Posible del presidente Toledo, que apenas llegaría a colocar entre cuatro y cinco representantes al Congreso. Lo que parece seguro es que sea quien sea el próximo presidente no tendrá mayoría parlamentaria, por lo que estará obligado a negociar con los otros grupos políticos. Durante esta campaña, la relación entre los partidos que estarán obligados entenderse en el próximo gobierno está marcada por una implacable guerra de descalificaciones mutuas.


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