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Preparando el voto del miedo,
por Oscar-René Vargas

None | 19 de Abril de 2006 a las 00:00

El vocero del PLC, Leonel Téller, aseguró que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, otorgará 50 millones de dólares al FSLN para financiar la campaña electoral de 2006. Sin embargo, no mostró ninguna prueba. El diario La Prensa (11 y 12 de abril de 2006) toma su versión sin cuestionar las aseveraciones de Téller. Las afirmaciones de Téller son con base en fuentes anónimas e "informes de inteligencia", recogen los prejuicios, el lenguaje ideológico y la estructura maniquea propios de la guerra fría.

Con base en una misma matriz que combina información verídica con elementos de la guerra sicológica (propaganda negra, gris y blanca), juicios de valor, exageraciones y distorsiones de la realidad, rumores y teorías conspirativas, lo que se pretende es crear y utilizar un acontecimiento como núcleo de una operación futura, a la vez que manipular, sembrar confusión, alimentar la paranoia e influir en la opinión pública para fabricar un consenso que, invariablemente, sirva a la agenda y los intereses de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, a sectores del gran capital y la derecha vernácula.

Hemos pasado, entonces, de la "guerra fría" a la "guerra sucia". La "guerra sucia" es utilizada por aquellos que tienen mucho miedo de perder privilegios. La intención de la campaña de la "guerra sucia" será tratar de proyectar que Ortega es autoritario y generar la de que "pobre país" si él gana las elecciones presidenciales de noviembre de 2006. Quienes se sienten afectados por el proyecto del cambio de rumbo han comenzado una "guerra sucia", desinformando para meter miedo a la gente. Utilizarán el dinero, la televisión, los medios escritos y las mentiras.

Si en la época de la dictadura somocista el "enemigo interno" que había que combatir era la "subversión" y la "conjura comunista" del "eje" Pekín-Moscú-La Habana, hoy, siguiendo la agenda y el guión de Washington, Téller nos dice que las amenazas son un eventual gobierno "populista radical" encarnado por Daniel Ortega, quien vendría a sumar a Nicaragua al "eje" La Habana-Caracas.

La fabricación artificial de la información de Téller y reproducida por el diario La Prensa, tiene como finalidad trabajar sobre las emociones de la gente sencilla y dejar fijada la idea sobre el nuevo "eje del mal" emergente (Chávez-Castro-Ortega), así como reforzar la caracterización del candidato del FSLN como una figura "no transparente", cuyos partidarios estarían utilizando el dinero de Chávez para manipular a través de una campaña no tradicional (petróleo, urea, construcción de viviendas, financiamiento de cirugías, etcétera). Una premisa que se ajusta, en la coyuntura, al discurso de campaña de los candidatos de la derecha (Montealegre, Rizo y Lewites) de que el FSLN maniobrara "los resultados electorales" y "no habrá transparencia".

En definitiva, se trata de una típica acción de "distracción" dirigida no tanto a influir sobre la razón como en las emociones, cuyo objetivo es ir generando un clima de caos que alimente la paranoia en la opinión pública con el fin de inducir, otra vez, el voto del miedo. Es decir, la fabricación de un consenso para que el actual sistema de dominación neoliberal se siga reproduciendo.

No hay que olvidar que la propaganda moderna es una hábil combinación de información, verdades a media, juicios de valor y una variedad de exageraciones y distorsiones de la realidad, que busca influir en las masas. En general, a través de manipulaciones sicológicas, la propaganda tiende a confirmar ideas populares y agudizar los prejuicios; trata de movilizar a la población a través de sus emociones, en particular el miedo y el odio. Para tratar de convencer y modificar opiniones y juicios de la población, el propagandista se vale de todos los medios de difusión, oficiales o comerciales, y echa mano, también, de métodos inusuales como el rumor y las teorías conspirativas.

La connotación negativa del término propaganda, utilizado como sinónimo de mentira, desinformación y manipulación dirigidas a las masas ignorantes, crea la ilusión de que la elite, la población "educada" e "informada", es inmune a los mensajes propagandísticos. Nada más alejado de la realidad. Para construir la verdad "oficial" se utilizan genéricamente tres tipos de propaganda: blanca, gris y negra. La más dañina, la propaganda negra, es aquella que aduce otra fuente y no la verdadera; para encubrir su origen y sus intenciones se rodea de ambigüedades, secretos y misterios. Es la más utilizada en las operaciones clandestinas (o encubiertas) de los servicios de inteligencia y, por ello, es principalmente subversiva.

Por lo general, se canaliza a los medios a través de "filtraciones"; una fuente "oficial" declara en forma "anónima", o el medio señala que no puede divulgar el origen de la información. Es decir, afirma algo que no es posible corroborar con certeza y, de esa manera, la "información" (propaganda) queda plantada como si fuera una "noticia". En buen romance, la propaganda negra tiene la ventaja de la irresponsabilidad, ya que permite difundir escándalos y rumores sin desacreditar al gobierno.

Una de las técnicas de la propaganda está dirigida a "obtener desaprobación". Esa técnica se utiliza para intentar persuadir a la audiencia objetivo de la propaganda de que desapruebe una acción o idea popular, sugiriendo que está impulsada por un grupo temido o subversivo. Si se martillea en la población que las políticas que apoya son propias de gente indeseable o subversiva, entonces los miembros de la audiencia objetivo de la propaganda pudieran decidir cambiar su posición original.

La "guerra sucia" desatada por la derecha política apuesta a distorsionar el proceso electoral, a impedir que se conozcan las ideas de fondo de los candidatos y a generar un ambiente de provocación y tensión política innecesarias. Por eso las declaraciones de Téller son parte de una campaña sucia o negra, consistente en ponderar más los defectos, rumores y/o errores al contrincante que las ventajas del candidato propio.

La derecha reaccionaria quiere seguir disponiendo del país como si fuese un botín, quieren llevar a la campaña electoral a una situación de tensión, confrontación y violencia, pero muy difícilmente se saldrán con la suya, pues se han situado contra la razón, la paz y la reconciliación. Y también, a pesar suyo, contra el pueblo de Nicaragua. En este contexto, la disputa del sandinismo amplio en el actual proceso político-electoral debe de mostrar que su lucha no es por el poder y el dinero, sino por la responsabilidad de tener un país diferente.


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