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Trivelli nuevamente,
por Miguel d’Escoto Brockmann

None | 21 de Abril de 2006 a las 00:00

Los niveles de irrespeto, desfachatez y temeridad del representante del gobierno guerrerista de George W. Bush en Nicaragua sólo son superados por la desvergüenza, servilismo y entreguismo de políticos nicaragüenses que compiten entre sí buscando ser "beneficiados" por el dedazo de Washington y así estar mejor posicionados (según ellos) para ganar las elecciones en noviembre.

Nuevamente me siento en la obligación de recordarle a Trivelli que él no es más que el representante de un país que, por muy rico y poderoso que sea, desde el punto de vista ético y moral es considerado por la gente de bien como un andrajo despreciable por ser el líder indiscutible en criminalidad y corrupción en este mundo.

Para los adoradores del poder, como por ejemplo Montealegre, Herty o el mismo Rizo, esas consideraciones éticas son absolutamente irrelevantes. Lo que les importa a ellos, lo que veneran, es la fuerza bruta de las armas o el dinero de los yankis. Cosas similares fueron también las que sedujeron a los seguidores de la "Bestia Apocalíptica".

Y no es que yo quiera denigrar a ningún nicaragüense. Francamente lo digo, lo grito y lo denuncio con dolor y, por más que desearía estar equivocado, la actuación rastrera de estos tres aspirantes a la presidencia no puede ser más elocuente, claramente confirma las sospechas de que en esos políticos sólo tenemos potenciales vendepatria. Me apresuro a escribir esto en la esperanza de que sirva como campanazo para hacer reflexionar a todas y todos mis hermanos y hermanas nicaragüenses antes de que nos sigamos metiendo en el pantano al que los tres últimos gobiernos, apadrinados por Washington en su momento, nos han llevado.

Los pantanos tienen un punto desde el cual retroceder se hace imposible. No quisiera ni siquiera meterme a imaginar las terribles consecuencias para Nicaragua si llegamos al punto de no poder zafarnos de las garras del imperio por medio de elecciones democráticas, verdaderamente libres y sin el nefasto injerencismo de Washington, que sólo sangre y sufrimiento nos ha traído en toda nuestra historia.

Pero volviendo nuevamente al caso de Trivelli, ¡hasta cuándo, Trivelli, abusará nuestra paciencia! ¿Qué quiere usted, embajador? ¿Acaso está usted queriendo probar si en realidad el pueblo de Sandino tiene dignidad? No se lo hemos ya sobredemostrado a ustedes y al mundo entero en los ochenta cuando, además, la Corte Mundial emitió contra Estados Unidos la más fuerte condena jamás emitida contra la política de Estado alguno, por su terrorismo contra Nicaragua y el campante desacato de Estados Unidos a las más elementales normas de convivencia internacional a que, como miembro de Naciones Unidas, se había obligado.

Permítame, señor Trivelli, recordarle que, por muy embajador que sea, usted es, más que nada, un delincuente, porque representa y defiende los intereses del mayor delincuente y asesino del planeta. Usted no es más que un pordiosero espiritual que viene aquí con ínfulas de maestro de moral y democracia. Siguiendo las instrucciones de su mundialmente desprestigiado gobierno, se refiere de forma pública al ex presidente Arnoldo Alemán como un "criminal" que resulta inaceptable para los, en todo caso, mil veces más grandes criminales de la Casa Blanca y el Pentágono.

Correcto, Alemán a sabiendas cometió graves equivocaciones que redundaron en un grave perjuicio contra el empobrecido pueblo nicaragüense, al que el gobierno de Estados Unidos robó muchísimos miles de millones de dólares al rehusar indemnizar a Nicaragua, como le mandató la Corte, por los daños ocasionados a nuestro país con su guerra criminal. Pero mientras que Alemán está en manos de la justicia en Nicaragua, los más grandes criminales y ladrones de Washington y el mundo, con inaudito desparpajo, se pasean libremente por el mundo amenazando y sentando cátedra sobre buen comportamiento.

Dígale, señor Trivelli, a sus superiores en Washington, como yo se lo digo a usted aquí en Nicaragua, ¡que no sean tan hipócritas! Alemán es un niñito de primera comunión comparado con el genocida Bush que usa la guerra como método para robarse países enteros sin importarle a cuántos tiene que matar en el proceso. Usted ya nos aburre. Córtela, señor Trivelli. Como ya le dije antes: Cut the Bush shit or scram! Usted no tiene ni la más mínima autoridad moral para hacer señalamientos a nadie, y lo único que está logrando con esos insensatos políticos criollos que a usted se acercan, es estigmatizarlos para siempre.

En cuanto a las estupideces que usted, señor Trivelli, dice sobre el ex presidente de Nicaragua, el comandante Daniel Ortega Saavedra, considero no vale la pena contestarle. Jamás en toda su historia tuvo Estados Unidos un presidente de la talla de Daniel Ortega. Aunque le arda a usted y a los criollos vendepatria, le aseguro que él volverá a regir los destinos de nuestra Nicaragua y volverá a enaltecer el nombre de esta patria que ustedes, con Daniel de presidente, tendrán que respetar.

Finalmente, señor Trivelli, quiero decirle que sus vulgares epítetos contra Daniel Ortega nunca lo alcanzarán, pues ustedes están muy por debajo y, aunque los lancen con toda la indiscutible fuerza que poseen, sólo recaerán sobre sus enfermizas cabezas, como escupitajos, por la misma ley de gravedad.


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