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El presidente Evo Morales y el mequetrefe Jorge Ramos

None | 3 de Febrero de 2006 a las 00:00

Jorge Ramos Ávalos cuenta su versión de la entrevista con el presidente Morales

La Paz (Univision Online) – A Evo Morales, el nuevo presidente de Bolivia, no le gusta que le pregunten sobre el narcotráfico. Tampoco le gusta que lo cuestionen sobre la admiración que dice tener por el dictador cubano Fidel Castro ni sobre su amistad con el polémico presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Pero, después de todo, a eso precisamente había ido a Bolivia: a tratar de conocer al verdadero Evo Morales.

La cita con este líder cocalero se cambió varias veces —"es que Evo sigue en Cochabamba", "es que tiene una cita en el hotel Radisson", "es por razones de seguridad"— hasta que por fin dimos con él al mediodía en la casa donde solía dormir, antes de ser presidente, en esta capital boliviana. Iba vestido con la misma chompa o sueter rojo de rayas blancas y azules con el que apareció hasta el cansancio en su reciente gira por Europa, Asia y Sudáfrica. No usa corbata porque, según sus palabras, "las mayorías nunca usan corbata".

Desde sus primeras palabras quedó claro que se siente mas a gusto comunicándose en su nativa lengua aymara que en español. Pero eso no le evitó decir, categóricamente, que "admira y respeta" a Fidel Castro (quien gobierna Cuba desde el mismo año en que nació Evo en 1959). "Allá hay democracia", me dijo Evo respecto al regimen castrista. "Para mí (Fidel Castro) es un hombre democrático que defiende la vida, que piensa en el ser humano; si para usted es un dictador, ese es su problema, no el mío."

Pero cuando le pregunté si no era una hipocresia querer la democracia para los bolivianos —que tanto trabajo les ha costado desde 1982— y no para los cubanos, la conversación se tornó peligrosamente personal. "Yo le pido mucho respeto, no me diga hipócrita", me increpó. "La hipocresia viene solamente de sus preguntas." Intenté, sin mucho exito, de explicarle lo que hacía: "Mi trabajo como periodista, con todo respeto señor Evo Morales, es hacer preguntas". El ambiente, de pronto, se había enrarecido. Él estaba molesto y se notaba; se retorcío en su silla. Oí en el fondo las quejas de su asesora de prensa pero seguí.

Cuando le dije que el exilio cubano podría demostrar la muerte de miles de personas en manos de Fidel Castro, Evo se lanzó contra el presidente de Estados Unidos, George W. Bush: "Yo no veo mucha muerte (en Cuba) como la que está haciendo Estados Unidos y Bush en Irak". "Fidel ¿cuántas bases militares tiene en latinoamérica o en el mundo?" se preguntó a sí mismo Evo y luego continuó."Y Bush, dígame usted ¿cuántas bases militares tiene en el mundo y dónde está masacrando cada día?"

"¿Bush para usted es un asesino?" le pregunté. "Eso lo dirá el pueblo", contestó, evitando hablar en primera persona. "(Es) una intervención militar salvaje; el pueblo dirá qué es eso." Sin embargo, cuando traté otra vez de obtener su opinión personal, me respondió molesto. "No insista en eso". Y poco después añadió: "Lo que usted está llevando es a una confrontacion internacional y no voy a permitir eso".

Intenté preguntarle sobre su alianza con Hugo Chávez —llama "el eje del bien" a Cuba, Venezuela y Bolivia— pero se rehusó a contestar diciéndome que a partir de ese momento solo respondería a temas vinculados con Bolivia. La conversación no iba bien, así que salté al tema del narcotráfico.

En Bolivia hay alrededor de 30 mil hectáreas dedicadas al cultivo de la hoja de coca. Una parte, es cierto, es para el consumo tradicional de los bolivianos, que usan la hoja tanto para hacer té como medicinas. Pero otra parte importante es destinada para los narcotraficantes que convierten la hoja en la pasta con que se produce la cocaína. "¿Usted piensa erradicar cultivos de hoja de coca en Bolivia?" le pregunté. "No", contestó sin dudarlo. "La coca es sagrada. La coca no se erradica. Sí, hay que erradicar el narcotráfico, hay que erradicar la demanda y hay que erradicar la cocaína." Pero cuando le pedí detalles sobre sus planes para evitar que el exceso de hoja de coca fuera utilizado por el narco, Evo dio por terminada la entrevista. "Muchas gracias, se acabó el tiempo", me dijo, levantándose de su asiento y arrancándose el micrófono.

Vi mi reloj y apenas habíamos conversado 6 minutos con 40 segundos, mucho menos de los 15 minutos que nos habían prometido. "¿No le gustaron las preguntas?" alcancé a sugerir. "No, no es eso", balbuceó Evo. Mientras, su asistente de prensa me pedía que me callara y me fuera de ahí: "Compañero, por favor, compañero". Evo Morales estaba mirando a otro lado cuando salí del cuarto.

Reconozco que ésta no es la mejor manera de conocer a un nuevo presidente. Quizás mi visión de Evo desde el exterior, mucho más estereotipada, no coincidía con la percepción interna de que, por fin, la gran mayoría de los bolivianos tenía a un mandatario indígena que se parecía a ellos y que prometía defenderlos.

Me aseguraron que es preciso esperar a lo que haga Evo y no poner tanta atención en lo que dice. De entrada ya redujo el salario presidencial a la mitad: ganará el equivalente a 1,875 dólares al mes, convirtiéndose así en uno de los presidentes peor pagados del mundo.

A pesar de esto, Evo tendrá que hacer mucho más que cortarse el sueldo para sacar adelante a los casi 9 millones de habitantes de la nación más pobre de Sudamérica.

Sus planes de nacionalizar el gas natural no son muy claros y la solicitud boliviana para un crédito norteamericano por 598 millones de dólares aún está pendiente. Pero los bolivianos esperan resultados —y buenos empleos— pronto. Bolivia es famosa por su impaciencia política; ha tenido cinco presidentes en los últimos tres años.

Más que de la esperanza por un futuro mejor, Evo es producto de la desesperanza con un pasado de corrupción, discriminación racial, de abusos...y de los errores de la política norteamericana en la región.

Tres años después de que el embajador norteamericano, Manuel Rocha, le pidiera a los bolivianos que no votaran por Evo, el 54 por ciento de los electores hicieron exactamente eso en diciembre del 2005. Evo dijo que sería una "pesadilla" para Estados Unidos y ya lo es. Lo que no logró el Che Guevara tras su llegada a Bolivia en 1966 lo obtuvo Evo, con votos y sin balas, cuatro décadas después

Evo tiene algo de la intransigencia de la vieja izquierda latinoamericana —y ahí está como ejemplo su apoyo a la dictadura cubana— y algo del pragmatismo de la nueva izquierda que ha aprendido a ganar elecciones desde Chile hasta México.

Si mi brevísima entrevista con Evo es una temprana señal del rumbo de su presidencia, el principal peligro de su gobierno es que sufra de soroche político, se le suba el poder a la cabeza, haga malabares con la frágil democracia boliviana y aisle a Bolivia de la globalización.

Esta nación, sin salida al mar, se está jugando con Evo su salida al futuro.

Jorge Ramos: ¿Pasquín o Periodismo?

Por Guillermo Rocha, Agencia BolPress

Es innegable que la prensa en los Estados Unidos aunque es totalmente libre, no reporta las noticias objetivamente. En los canales "regulares" es muy difícil o casi imposible ver por ejemplo noticias de nuestros países. Hay más cobertura con un perrito que ha sido arrollado en Long Island Expressway, que en la ganadora de las elecciones en Chile, por ejemplo. Los canales que si reportan noticias "internacionales" lo hacen sólo para imponer una postura política. El canal FOX, por ejemplo, no es más que una extensión del partido republicano y hasta anoche para Joe Scarborough (un llamado "periodista") la guerra en Iraq iva "viento en popa" y de acuerdo lo "planeado". Joe Scarborough también reportó en la "felicidad" de la gente iraquí al ser "liberada" por nuestras tropas. Mientras tanto al mismo tiempo el canal británico BBC (Brithish Broadcasting System) reportaba acerca del tremendo error del presidente Bush en haberse metido en Iraq, de no saber que curso va a tomar y de la eminente guerra civil y el caos reinante en Iraq. Joe Scarborough tiene una agenda: defender al partido republicano y a la clase privilegiada mal informando a la población en general. De paso, Joe Scarborough ha pasado a ser el estandarte de los llamados conservadores y creyentes en Dios, que siempre están correctos y critican cualquier reclamo de la gente pobre y olvidada de este país. Cualquiera que reclame los derechos de los inmigrantes, de los ancianos, de la guerra en Irak es considerado en "Scarborough Country" como un traidor, izquierdista, anarquista, y liberal.

Jorge Ramos es el Joe Scarborough de la prensa hispana. Su agenda es la de ganar mucho dinero y de complacer sobre todo al poderoso exilio cubano. Desde ya sabemos que los grandes empresarios de la época de Bautista, cuando Fidel Castro tomó poder trasladaron sus fortunas a Miami de donde ahora controlan las estaciones de televisión, muchos periódicos, estaciones de radio y la industria de la música. Ramos conciente a esto ha capitalizado en convertirse en un "periodista" o más bien en un vocero de la base republicana cubana. La primera vez que me enteré de la existencia de este señor, fue al ver un programa de televisión hace algunos años donde relataba acerca de su encuentro con Fidel Castro y cuando Ramos no se dejó poner la mano del "tirano" sobre su hombro. La presentadora cubana y el público en su mayoría cubano celebraron la heroica hazaña de este "periodista" con una salva interminable de aplausos. Luego, ví su ascendencia meteórica hasta llegar a ser llamado uno de los "100 más poderosos de América Latina". En la televisión, la prensa y la música hispana no se puede entrar al círculo si uno es neutro o se muestra a favor del "terrorista", "dictador" y "asesino" de Fidel Castro. También están dentro del "grupito" de indeseables todos aquellos que apoyen a Fidel como Chavez, Tabaré Vazquez, Kirchner, Lula y la nueva adición Bachellet y Evo Morales. Artistas que muestren un poquito de tendencia izquierda son rápidamente detectados por la "maquinaria" cubana y puestos fuera de circulación. El "Miami Herald ha despedido de sus filas a reportes anglosajones si han visto que sus reportes no "pisoteaban" a Fidel Castro. Leer los periódicos de Florida da vergüenza, ya que estos pasquines dan noticias tan alejadas de la realidad, hasta hubo una serie de artículos en el Miami Herald que "ligaron" a Castro con Osama Bin Ladden. Fidel Castro es mucho más inteligente como mezclarse en es "bollo", Fidel es un "zorro" en política mundial como le demostró al mundo con la grabación del famoso "comes y vas" donde le hizo "pisar el palito" al presidente de México, Vicente Fox. Jorge Ramos ha analizado la situación y sabe a "que palo se arrima" para que "una buena sombra lo cobije", sirviendo de lacayo a la poderosa maquinaria del exilio cubano, Ramos ha conseguido jugosos contratos con Univision y con Harper Collins (la empresa que publica sus libros).

Un periodista tiene que ser imparcial y sobre todo objetivo. Cada vez que Jorge Ramos va ha entrevistar a un presidente, o representantes del gobierno estadounidense, Ramos tiende a hacer preguntas "neutras" acerca de los problemas de inmigración, abusos que se cometen en la frontera, etc., siempre manteniéndose al margen de preguntas que puedan incomodar a sus interlocutores. Pero cuando va a entrevistar a algún representante latinoamericano especialmente de izquierda (o que apoya o piensa bien de Fidel Castro), Jorge Ramos cree que el es el bastión de la liberación y que el se merece todas las respuestas a sus insultantes preguntas. Todo esto para causar una gran impresión con sus jefes de Miami que tienen en Ramos su portavoz oficial. Jorge Ramos nunca habla, ni escribe acerca del bloqueo de 40 años que criminalmente tiene el gobierno americano contra Cuba. Este bloqueo insulso que no ha servido nada más que hacer más fuerte a Fidel Castro y en mermar los recursos del cubano común, que no puede recibir ni medicinas fabricadas en los Estados Unidos. Ramos desde su posición de "privilegio" tampoco aboga por los millones de indocumentados. Jorge Ramos solamente hace reportajes, crónicas y "periodismo" sobre las cosas que le generen más adeptos y sobre todo jugosas ganancias, para Jorge Ramos el sueño "americano" se ha convertido en toda una realidad.

Es deplorable que en estos tiempos se use este tipo de "periodismo" para sólo complacer a una clase situada dentro de los Estados Unidos. En estos momentos de abuso hacia nuestra gente necesitamos periodistas honestos e imparciales, concientes de las grandes vicisitudes que atraviesan nuestros pueblos. La labor de un periodista es la de ser el testigo ecuánime que reporta lo que ve sin buscar beneficios personales. Ahora más que nunca nuestra comunidad necesita ser correctamente informada de lo que acontece en el mundo para ser ellos los que elaboren la información y no al estilo Jorge Ramos donde ya el ha creado perjuicios para el entrevistado donde se distorsiona el carácter de personas que son afines con Fidel Castro. A Jorge Ramos se le puede llamar "portavoz" pero por favor "periodista" ¡no! Jorge Ramos ya no puede insultar así nuestra inteligencia.


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