Escúchenos en línea

Alertan sobre posibles epidemias en zonas caribeñas
donde golpeó Beta

None | 3 de Noviembre de 2005 a las 00:00

A las inundaciones dejadas por el huracán Beta, que impiden el regreso a sus hogares de miles de habitantes de la costa Atlántica del país, se suma hoy el peligro de brotes epidémicos entre la población.

La contaminación de los pozos de agua potable por el desborde de los ríos y el hacinamiento de los evacuados en los albergues podrían desatar enfermedades como la malaria, el dengue, la leptospirosis y cuadros de diarreas, advierte este jueves la prensa local.

Un informe preliminar distribuido por la Defensa Civil da cuenta de que cinco mil 763 personas que habitan en las regiones autónomas de la costa caribeña nicaragüense aún permanecen en los refugios, cinco días después del azote de Beta.

De acuerdo con el reporte, el 80 por ciento de las letrinas utilizadas por la población fueron destruidas, lo que agrega un elemento más al peligro de contaminación. La institución adscrita al Ejército Nacional se hizo eco, además, de la queja de los damnificados de que la ayuda gubernamental es insuficiente y les llega de forma esporádica.

El Ministerio de Salud Pública admitió que parte de las medicinas no han podido llegar a su destino porque los caminos están intransitables. Los principales requerimientos de los afectados son alimentos, medicamentos, láminas de zinc para techos y materiales de construcción.

El huracán, que azotó la costa caribeña el domingo pasado, destruyó totalmente 61 viviendas y causó graves daños a otras 445.

Beta llegó a alcanzar la categoría 3 antes de tocar tierra la madrugada del domingo por la zona de Karawala y Sandy Bay, comunidades misquitas de la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS), 300 kilómetros al este de Managua.

Aunque el ciclón se degradó rápidamente tras penetrar en el territorio, dejó abundantes lluvias en una región cuyos suelos estaban ya saturados por las constantes precipitaciones de la temporada.

Hasta el momento la lista de muertos se mantiene en cero, mientras se prosigue la búsqueda de cuatro trabajadores madereros de la RAAS que el día antes de la llegada del huracán salieron a realizar sus faenas y no han vuelto a sus hogares.

Como parte de la ayuda internacional solicitada por el presidente Enrique Bolaños, este miércoles aterrizó en el aeropuerto internacional de Managua un avión Hércules C-130 de las Fuerzas Armadas Españolas con siete toneladas de ayuda humanitaria para los afectados.

Beta empeoró pobreza de indígenas del Caribe

El huracán Beta, que tras su paso azotó a varias comunidades de la costa Caribe de Nicaragua, empeoró la situación de pobreza en que viven indígenas miskitos, garífonas y sumos al arrebatarles sus endebles viviendas, cosechas y medios de trabajo, según dijeron los líderes de la región.

"Las plantaciones están barridas. Todo está perdido. Ahora nos hemos quedado con las manos cruzadas", lamentó Lindolfo Gordón, de la comunidad de Walpa.

Según los informes de la Defensa Civil unas 500.000 hectáreas de bosques, cocoteros, palmeras, plátanos y árboles de maderas preciosas fueron tumbadas por la fuerza de los vientos del huracán en las zonas afectadas, donde aún permanecen en albergues más de cinco mil personas que perdieron parte de ellas sus viviendas y cosechas, que por ahora dependen de toda asistencia gubernamental.

La magnitud de los daños provocados por Beta, el pasado domingo, luego de azotar con vientos de 165 km/h el caribe y que después se disipó sobre territorio nicaragüense, seguía revelándose tres días después en toda la costa caribeña, en donde aún permanecen en albergues 5.763 personas, según datos de la Defensa Civil.

Del total de afectados, 2.668 personas que habitan en la zona de impacto del huracán quedaron damnificadas porque perdieron todos sus enseres, y "no pueden retornar a sus casas hasta que sean construidas al 100 por ciento", precisó la entidad en un informe.

La escasa infraestructura de la zona mayormente construida en madera, como casas, escuelas, puestos de salud, muelles, comedores infantiles, iglesias, pozos y tanques de agua, quedó dañada en un 80%.

Debido a que las únicas vías de comunicación con esas comunidades son aéreas y acuáticas, la ayuda oficial "está llegando de forma esporádica, pero no de manera suficiente", según el informe de la defensa civil.

Las autoridades regionales de Prevención y Mitigación de Desastres esperaban un envío de víveres de parte del gobierno central consistente en alimentos, frazadas, plástico negro para techo. "Dicen que viene en camino, pero todavía no hay llegado nada", declaró a la prensa, la vocera Ileana Lacayo.

La entidad asegura que continúan evaluando los daños y análisis de las necesidades en la zona de impacto, donde también hay severas afectaciones al medio ambiente.

Unas 500.000 hectáreas de bosques, cocoteros, palmeras, plátanos y árboles de maderas preciosas fueron tumbadas por la fuerza de los vientos del huracán, agregó la información.

La desesperación iba en aumento entre las víctimas de Beta, que por ahora dependen de toda asistencia gubernamental. Los comunitarios aseguran que perdieron sus plantíos de banano, yuca, quiquisque, sus nasas (artes) de pesca de langosta y sus vacas.

"Las plantaciones están barridas. Todo está perdido. Ahora nos hemos quedado con las manos cruzadas", lamentó Lindolfo Gordón, de la comunidad de Walpa, en la Desembocadura del Río Grande, en la zona de impacto.

Asimismo las fuertes lluvias que azotaron esta semana el Caribe Norte anegaron 60 comunidades indígenas y destruyeron más de 18.000 hectáreas de cultivos de granos de autoconsumo, informaron autoridades de la zona.

Los daños afectan a 28.848 indígenas miskitos que habitan a orillas del río Coco y zonas llanas de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), 350 km al noreste de la capital, indica un balance realizado en la zona por el Comité de Prevención, Mitigación y Atención a Desastres (Sinapred).

La región norte del Caribe fue golpeada de manera indirecta por el huracán con fuertes precipitaciones que desbordaron los río Coco, Likus, Wawa y Prinzapolka, inundaron 60 comunidades habitadas por indios miskitos, y destruyeron parcialmente 654 casas de madera, precisa el informe.

Las poblaciones más necesitadas son las del río Coco -frontera entre Nicaragua y Honduras- donde las inundaciones agravaron la situación de hambruna que padecen desde hace seis meses los miskitos de la zona, debido a que una plaga de ratas arrasó con la mayor parte de sus siembras.

Las autoridades del lugar pidieron apoyo al gobierno central para abastecer a las poblaciones afectadas con arroz, frijoles, harina, aceite, azúcar y agua, debido a que los pozos de agua se contaminaron.

Las enfermedades diarreicas, neumonía y respiratorias amenazan a los damnificados, según el responsable del puesto de Salud de Sandy Bay Sirpi, Said Ortega. "Ya me están viniendo enfermos de diarrea; tengo medicamentos, pero sólo lo básico. Para enfrentar un brote, considero que el ministerio de Salud tendría que proporcionarnos más medicinas", subrayó.


Descarga la aplicación

en google play en google play