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Brasil: unas de cal y otras de arena

None | 4 de Diciembre de 2005 a las 00:00

Por Abel Sardiña, de Prensa Latina

Una sucesión de hechos positivos y negativos marcaron una de las más complejas semanas vividas por Brasil en los casi tres años de gobierno del presidente Luiz Inacio Lula da Silva.

El propio Lula evaluó que hubo dos hechos positivos: su reunión con el mandatario argentino, Néstor Kirchner, y la reducción de la desigualdad y la miseria; y dos negativos: la sanción al diputado José Dirceu, del Partido de los Trabajadores (PT), y la caída del Producto Interno Bruto (PIB).

Pero hubo otro más entre los negativos: la aprobación por la derecha terrateniente que la ocupación de haciendas por trabajadores sin tierra se considere crimen horrendo y acto terrorista.

Lula afirmó que su ex jefe de campaña electoral y ex ministro José Dirceu fue privado sin pruebas del mandato de diputado y los derechos políticos por ocho años, y también reconoció como mala noticia la caída de 1,2 por ciento en el PIB del tercer trimestre.

Lamentó que se haya sancionado a Dirceu "antes de haber probado alguna cosa contra él", afirmó que la historia establecerá la verdad y reiteró su "amistad y cariño" por el político.

Contrastó en cambio, como hechos positivos: su reunión con Kirchner, para impulsar la alianza estratégica, la integración y la cooperación binacional, y los datos indicativos de que la desigualdad y la pobreza disminuyeron bajo su gobierno.

Dirceu, contra quien la derecha centró sus ataques desde el inicio del actual gobierno, fue acusado de dirigir el esquema de recaudación de fondos no declarados para campañas del PT montado por su ex financiero Delubio Soares, sin aportarse pruebas concluyentes.

"Yo estudié ese proceso, fui testigo de ese proceso y, a todo lo largo de él, no se consiguió probar nada sustancial y material contra el diputado José Dirceu", remarcó el ministro de Justicia, Marcio Thomaz Bastos. "Fue un juzgamiento puramente político" porque no se basó en pruebas, según dijo.

En conferencia de prensa posterior, el ahora ex diputado anunció que seguirá haciendo política, como abogado y como ciudadano, y participará en una eventual campaña de reelección del presidente Lula.

La otra noticia mala, la caída del PIB, hizo que la mayoría de los economistas bajaran sus proyecciones de entre 3,2 y 3,7 de crecimiento económico en el año para valores de 2,4 a 2,6 por ciento.

Los analistas en general atribuyeron la caída a la política monetaria restrictiva, los altos intereses y la elevada valorización del real frente a las monedas extranjeras. También mostraron opiniones divididas sobre si incidió la crisis política que vive el país hace más de seis meses.

Junto con los avances en la relación con Argentina, expresados en una veintena de acuerdos firmados y en múltiples coincidencias, Lula celebró la divulgación de datos demostrativos de que la miseria y la desigualdad social disminuyeron de modo apreciable bajo su gestión.

Quinto país más extenso y más poblado del mundo, Brasil ocupaba igual posición entre los de mayor desigualdad en el 2003, según el Indice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de Naciones Unidas para el Dearrollo (PNUD), pero en el 2004 hubo un notable avance.

Mejorías en empleo, salarios, saneamiento básico, educación, electrificación y otros aspectos bajo el gobierno de Lula fueron constatadas por una Investigación por Muestra de Domicilios realizada por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

A la vez, un estudio del Centro de Políticas Sociales de la Fundación Getulio Vargas (FGV) concluyó que la miseria disminuyó ocho por ciento en el 2004 y superó a toda la reducción lograda en ocho años de gestión del anterior gobierno.

En todo el período analizado el porcentaje de población ubicado por debajo de la línea de pobreza disminuyó de 35,87 (en 1992) a 25,08 (en 2004), lo cual se atribuyó al crecimiento económico y en particular a la redistribución de renta.

Marcelo Neri, coordinador del centro que hizo el estudio, dijo que la caída del índice de miseria fue causada "por el aumento de la ocupación, reducción de la desigualdad de ingresos del trabajo y por el aumento de transferencias focalizadas del Estado".

Esto último apunta a los programas de asistencia social que, al unificarse el pasado año, triplicaron los recursos que recibe cada familia beneficiada y actualmente alcanzan a ocho millones de núcleos formados por más de 30 millones de personas.

El IBGE comprobó que del 2003 al 2004 el mercado laboral absorbió 2,7 millones de nuevos trabajadores (3,7 millones según datos del gobierno que incluyen el 2005), así como que el nivel de ocupación del pasado año superó todos los registros desde 1996.

Además constató que los ingresos de los trabajadores se estabilizaron en el 2004, después de siete años seguidos de caída, y que del 2003 al 2004 tuvieron una ganancia real de 4.1 por ciento el 10 por ciento de asalariados con sueldos más bajos.

A la vez bajaron en 2.2 por ciento los ingresos del cinco por ciento más rico de la población, un índice de la redistribución de renta registrada.

Otra constatación de esto es que el ìndice Gini, que mide el grado de desigualdad en la distribución de la renta, descendió de 0.563 en el 2002 -último año del gobierno anterior- a 0.547, su mejor nivel desde 1981.


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