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Evo Morales: «si somos gobierno, no robaremos»

None | 13 de Diciembre de 2005 a las 00:00

El candidato presidencial Evo Morales se niega a considerarse ya Presidente, pese al favoritismo que le asignan las encuestas, y prefiere pedir una oportunidad para que, a través de él, gobiernen a Bolivia los vilipendiados y los excluidos.

"Vamos a esperar el día 18, lo que digan las urnas", dice con la modestia característica de los indígenas de estas tierras, en un diálogo con Prensa Latina, concedido en un paréntesis de la intensa campaña electoral.

"Mientras tanto, seguimos la campaña. Con una gran confianza en el voto digno y honesto del pueblo boliviano, que apuesta por el cambio porque está cansado de la corrupción, del modelo económico neoliberal y de la mafia política", afirma.

El líder cocalero, nacido en una remota aldea de los Andes bolivianos, no duda en responder que de ninguna manera se siente ya Presidente de Bolivia, aunque las encuestas lo tengan como claro favorito y el apoyo a su candidatura parece siga creciendo.

"Ama asua, Ama llula, Ama quella"

El triunfalismo, explica, no es una actitud propia de los indígenas, por lo que apela con mucha humildad y respeto al apoyo del pueblo, tan necesario para transformar el país y acabar con la exclusión y la discriminación, dando de baja al neoliberalismo.

"Quisiera que, por primera vez en nuestra historia, el pueblo boliviano nos dé la oportunidad a los vilipendiados de toda la vida; queremos demostrar cómo se gobierna, sobre la base del ama asua, ama llula, ama quella, a gobernar el pais", dice.

Cita así el código ético de los quechuas y los aymaras, sintetizado en una trilogía de principios que exige no ser ladrón (ama sua), no ser mentiroso (ama llulla) y no ser ocioso (ama quella).

Ese código de honradez, verdad y laboriosidad, afirma, ha sido para él un patrón de conducta desde su niñez de pastor de llamas (camélidos sudamericanos) y difiere de la moral de los ricos, basada en la explotación del pueblo y el trabajo ajeno.

Explica que sobre la base de esos principios y de esa cultura ancestral, su organización, el Movimiento al Socialismo (MAS) pide el apoyo ciudadano para obtener una victoria contundente, con más de 50 por ciento de los votos.

Ganar es fácil, gobernar es difícil

De esa manera, explica, se evitará definitivamente la posibilidad de que los políticos tradicionales pretendan reeditar la práctica de negociar el voto digno del pueblo en función de intereses inclusive familiares, en la segunda vuelta parlamentaria, prevista para el caso de que ningún candidato logre mayoría absoluta. Si alguien piensa que para el MAS la meta y el final de la lucha es la victoria en las elecciones del 18 de diciembre, Evo Morales aclara que de ninguna manera, pues después de esa fecha comenzará una nueva y decisiva etapa.

Su amigo, el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, le dijo una vez que "ganar es facil, gobernar es dificil", pues hay que enfrentar las maniobras de los sectores conservadores que no quieren resolver los problemas de las mayorias nacionales. El MAS, asegura, está preparado para enfrentar las contingencias del ejercicio del poder.

La campaña electoral boliviana ha sido dura para el MAS, pues su principal rival, el grupo Poder Democrático Social (Podemos) del ex presidente Jorge Quiroga y otros enemigos, han apelado a una guerra sucia en el afán de impedir su victoria en las urnas, como parte de un proceso de lucha popular iniciado hace cinco años.

En ese empeño han acusado a Morales de favorecer el narcotráfico, atentar contra los símbolos patrios, ser un mal padre y hasta ser ignorante o incapaz, por su extracción y condición marcadamente humildes, ataques que para él tiene un contenido racista. "Por lo menos a los indios ya nos dicen ignorantes, incapaces; antes nos decian salvajes, animales, nos quisieron hacer caminar en cuatro patas, decían que no teníamos alma", expresa, recordando la secular discriminación a los indígenas.

Con un toque de ironía, agrega que "ahora siquiera nos consideran como seres humanos; han avanzado, y van a seguir avanzando cuando demostremos realmente cómo se gobierna este país en función de los intereses del pueblo y de la Patria".

Uno de los argumentos más usados por quienes quieren impedir a toda costa que el MAS sea gobierno, es que, por su línea contraria al neoliberalismo, ahuyentará las inversiones y aislará a Bolivia.

Ante ello, Evo Morales recuerda que hace poco lo visitó un alcalde norteamericano, que se declaró a favor de las inversiones extranjeras bajo una administración del MAS, y dice haberse reunido con empresarios de diversos países, interesados en invertir en Bolivia. Esos empresarios, asegura, están interesados en invertir en Bolivia bajo las nuevas reglas que se propone establecer el MAS, de darles seguridad jurídica basada en la seguridad social, es decir asegurar al Estado los recursos necesarios para atender las acuciantes demandas populares de desarrollo y equidad.

"He tenido además muchas reuniones con embajadas de países latinoamericanos y europeos, y algunas de ellas nos han dicho confidencialmente: ojalá ganen, si ganan vamos a duplicar la asistencia a Bolivia", afirma. Según Evo Morales, esa disposición hacia el MAS, compartida por algunos organismos internacionales, se debe a que países y otras fuentes de cooperación con Bolivia están cansados de la corrupción de los politicos neoliberales. En ese contexto, destaca los consejos de rodearse de gente sana, patriótica, y dice ser conciente de que "los compañeros tienen que saber enfrentar los cañonazos de dólares que pueden disparar las transnacionales petroleras" y otros intereses.

Para enfrentar el peligro de la corrupción, el líder indígena considera necesaria la educación de los cuadros que gobiernen el país, para que sean patriotas y rigurosos, pero agrega que también debe aplicarse el control social, a cargo del pueblo boliviano.

"Si somos gobierno no robaremos ni un peso; quiero dignificar a la politica, dignificar a los trabajadores, a mis hermanos indígenas de Bolivia y de Latinoamerica", apunta.

Sobre la política petrolera de su administración, consistente en establecer un férreo control del sector y obligar a las transnacionales a ser empresas de servicio al Estado, que dispondrá de la producción de gas y petróleo, apunta que las compañías que acepten esas condiciones, podrán seguir operando con plenas garantías.

Vamos a ejercer el derecho de propiedad de los hidtrocarburos. Si las transnacionales están de acuerdo, que se quedan; si no les conviene nuestra propuesta, tienen todo el derecho a irse, pero jamás vamos a echarlas ni a confiscar sus bienes, precisa.

Evo Morales es por otra parte consciente de que una victoria electoral del MAS proyectará un mensaje de esperanza para los pueblos latinoamericanos, sobre todo para los pueblos indígenas, como señal de nuevos tiempos. Sería una señal, agrega, del retorno del Pachacuti, leyenda indígena andina que anuncia el advenimiento de una era positiva tras los siglos de explotación transcurridos desde la conquista española.

Plantea también que los pueblos latinoamericanos son aliados naturales del MAS, por lo cual la región será una prioridad de un gobierno de su organización. "Simón Bolívar luchaba por la Patria Grande, la patria grande es el Tawantinsuyo (imperio de los incas), el Tawantinsuyo es la Patria Grande", afirma.

Alienta en ese contexto el surgimiento de movimientos indígenas y populares en países afines a Bolivia, como Ecuador y Perú, y añade que "ya es hora de que Latinoamérica logre su gran unidad, a base de sus recursos naturales".

Morales propugna la realización de proyectos concretos de integración avanzada en sectores como la energía, mediante la creación de un consorcio de empresas estatales regionales, en lo que coincide con Venezuela.

Además, apoya a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), frente al Area e Libre Comercio de las Américas (ALCA), promovida por Estados Unidos.

No oculta sus sentimientos hacia Cuba: "Admiro al pueblo cubano, por su conciencia patriótica de vivir con dignidad, por la unidad que mantiene en torno a su presidente (Fidel Castro), para enfrentar la soberbia del Imperio y luchar contra el bloqueo económico", combate que estima paralelo al de Bolivia contra el neoliberalismo.

Respecto a Estados Unidos, la posición del MAS es de diálogo sin ataduras, algo que para Evo Morales se corresponde con la cultura indígena, incluyente y no excluyente. Aclara que "también tenemos honor y dignidad como dueños absolutos de esta noble tierra, los aymaras, los quechuas, los chiquitanos, como todos los pueblos indígenas de América Latina". Por tanto, dijo, "queremos relaciones con Estados Unidos, comerciales o diplomáticas, que no sean relaciones de sometimiento ni de dominación, sino enmarcadas en nuestra política de resolver los problemas de nuestras mayorías, de los despreciados, humillados y condenados al exterminio". "Si el gobierno de Estados Unidos tiene conciencia y respeta a la humanidad, tiene que entender y aceptar esta propuesta nuestra, de cómo salvar a la vida, a la humanidad y al planeta Tierra", remarca.

El candidato del MAS habla también sobre los países vecinos, entre los cuales destaca las afinidades históricas, casi familiares con Perú, y expresa el deseo de que también allí surjan movimientos sociales transformadores, con independencia y de acuerdo a sus propias condiciones.

En cuanto a Chile, dice que tiene que empezar a pensar cómo saldar una deuda historica con Bolivia, por haber conquistado sus costas en el siglo XIX, y cómo resolver el problema de la mediterraneidad boliviana. El diferendo determina que no haya relaciones diplomáticas de nivel de embajadores entre ambos países desde hace más de 40 años, con un paréntesis hace un cuarto de siglo, abierto para una negociación fallida sobre el viejo conflicto. "Habra diplomacia para Chile si hay mar para Bolivia", precisa Morales sobre la política del MAS hacia el estado vecino.

Para cerrar la entrevista, aborda el tema de su alejamiento de las formalidades y descarta la posibilidad de abandonar la costumbre de no usar corbata -en lo cual lo han imitado los demás candidatos-, ni siquiera para la solemne toma de posición, en caso de ganar las elecciones.

"Yo soy parte del pueblo y la mayoría del pueblo no usa corbata. Además, algo que nunca has usado, resultaría incómodo".

Crónica de El Alto, la ciudad de Bolivia que concentra la paradoja

Por Maite Rico, desde El Alto, El País, de Madrid.

"¡Estas elecciones no lograrán desarticular la lucha de los explotados!", proclama el orador. Los aplausos estallan en el auditorio de la modestísima Universidad Pública de El Alto, donde se reunieron unos 200 sindicalistas. Es la clausura de la 1ª Cumbre Nacional Obrera Popular de Bolivia, cuyo lema es: "Contra la política imperialista del saqueo". En la tribuna se agolpan dirigentes de la Central Obrera Boliviana enmarcados con pancartas rojas y la inevitable efigie del Che.

Llegamos a la lectura de conclusiones: puesto que las elecciones que se celebrarán el próximo domingo 18 no servirán para resolver los problemas del país y ninguno de los candidatos cumplirá "las exigencias del pueblo" (nacionalización de los hidrocarburos sin indemnización y fin de la economía de mercado, de entrada), los "explotados y movimientos sociales", en aras de instaurar "un gobierno obrero-campesino", deberán "confiar en la acción directa de masas y en sus propios instrumentos de lucha, sin descartar la lucha armada". Estas cinco últimas palabras desaparecen en el documento que se reparte después.

A casi 4100 metros de altitud, el oxígeno escasea y el viento frío levanta nubes de arena. Las hileras kilométricas de casas de adobe y bloques de ladrillo de El Alto ahogan la belleza del Huayna Potosí, con sus cumbres de color violeta cubiertas de nieves perpetuas. Esta ciudad polvorienta de casi un millón de habitantes, nacida en los últimos veinte años de la inmigración minera y campesina, se convirtió en la capital levantisca de Bolivia y se ufana de haber derribado a dos presidentes en dos años: Gonzalo Sánchez de Lozada, en octubre de 2003, y Carlos Mesa, el pasado junio.

Los alteños son aguerridos, no cabe duda, pero tienen a su favor un emplazamiento estratégico: ubicada en la meseta que domina La Paz por el norte y por el este, El Alto controla el aeropuerto y todos los accesos a la capital administrativa de Bolivia. Basta con cortarlos para asfixiarla, como ocurrió en 2003. Desde los acantilados alteños, La Paz se dibuja gris y vulnerable, enclaustrada en su valle.

Si El Alto es el bastión contra el "neoliberalismo", también es el gran beneficiado del libre comercio con Estados Unidos. "Ahora mismo hay unas 240 empresas de exportación que dan trabajo a 18.000 personas", explica Víctor Malky, presidente de la Cámara de Industria y Comercio.

El auge industrial de El Alto tiene su impulso en el Atpda, un acuerdo preferencial con Estados Unidos para promocionar el comercio andino a cambio de la reducción del cultivo de la hoja de coca. Bolivia exporta textiles, joyas y maderas sin ningún tipo de arancel. Para El Alto, esta inyección ha sido decisiva.

El acuerdo concluye en diciembre de 2006 y Estados Unidos lo quiere sustituir por un Tratado de Libre Comercio (TLC) con el área andina. Perú ya lo firmó y las conversaciones con Colombia y Ecuador van a buen ritmo. Bolivia, en cambio, se quedó al margen. Ahora, con las elecciones, todo está en el aire. Los dos principales candidatos encarnan las dos visiones antagónicas que dividen no ya El Alto, sino toda Bolivia: la apuesta por el libre mercado o el retorno a la economía estatalizada. Evo Morales, indígena aymara, dirigente del sindicato cocalero y favorito en las encuestas, sostiene un discurso radicalmente antiliberal. Pisándole los talones, Jorge Quiroga, empresario de centroderecha, fue el artífice de la firma del acuerdo con Estados Unidos en 2002.


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