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«Luchen pibes», clamaron Madres de Plaza de Mayo a 30 años del golpe

None | 24 de Marzo de 2006 a las 00:00

Buenos Aires – "Luchen pibes, para que este país sea de ustedes", exhortó Hebe de Bonafini, líder de la Asociación Madres de Plaza de Mayo ante miles de jóvenes, al cerrar en la madrugada de este viernes una vigilia en repudio de la dictadura, a 30 años del golpe de Estado en Argentina.

Una Plaza de Mayo colmada, en su mayoría de jóvenes que no vivieron las atrocidades de la dictadura (1976-83), acompañó a las Madres en un acto que duró poco más de cuatro horas y fue puntapié inicial de una jornada de renovado reclamo de memoria y justicia.

"Todo está grabado en la memoria/sueño de la vida y de la historia", cantó el músico popular León Gieco, una estrofa de su canción 'La Memoria', emocionando a esas mujeres de emblemáticos pañuelos blancos sobre la cabeza.

En una noche templada del otoño austral, miles de personas -50.000 según la organización- se acercaron a la Plaza de Mayo para celebrar con las Madres "30 años de vida, venciendo la muerte", lema que coronaba el enorme escenario montado a unos 50 metros de la Casa de Gobierno.

Por allí desfilaron además de Gieco, fiel compañero de ruta de las Madres, los músicos Teresa Parodi, Horacio Fontova y Vicentico, entre otros.

En un ámbito escaso de insignias partidarias, la cara del guerrillero Ernesto 'Che' Guevara se repetía en banderas y camisetas, casi tanto como nombres de bandas de rock que se multiplicaban sobre los cuerpos de los jóvenes.

"Yo estoy acá para que eso no vuelva a suceder. Por los que lucharon por una patria libre e igualitaria y para seguir con esa lucha", dijo a la AFP Alan, un joven de 18 años, con la imagen del 'Che' en su camiseta, y que selló su discurso militante con un beso a su novia.

Recordó su primera vez en una marcha contra la dictadura, fue en el 25 aniversario del golpe de Estado cuando su tía lo llevó y él, con 13 años, se preguntaba si para homenajear a los desaparecidos se leían en voz alta los nombres de los 30.000.

En una continuidad familiar, a 30 años del golpe Alan llevó a su primo Ezequiel, de 21 años, que con su casaca de la selección argentina, por primera vez marchaba con las Madres.

El clima del acto que evocaba más a un concierto de rock que a un mitin político, no impidió que a la una de la madrugada miles de personas siguieran atentamente un video de 40 minutos, hecho por la universidad de las Madres, y proyectado en dos pantallas gigantes a los costados del escenario.

El documental reseñó los antecedentes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y la cruenta dictadura que se instauró.

Las imágenes recordaron además la historia de esas madres, amas de casa que salieron de sus cocinas para iniciar una interminable búsqueda de sus hijos desaparecidos y de sus 29 años de lucha.

La Plaza entera aplaudió la mención de cada opositor, asesinado o desaparecido, y chifló sistemáticamente a militares, economistas, políticos y empresarios que apoyaron la dictadura.

La silbatina llegó al climax cuando aparecieron las caras de los ex dictadores y ahora detenidos Jorge Videla y Emilio Massera y la del ex oficial de la marina Alfredo Astiz, el 'angel rubio de la muerte', también arrestado.

También se llevó chiflidos el ex presidente Carlos Menem (1989-99) por indultar en 1990 a Videla y Massera, entre otros, que habían sido condenados a cadena perpetua en el juicio a las juntas militares de 1985.

"No hay perdón, no hay olvido, jamás los perdonaremos", sostuvo Bonafini cuando tomó la palabra, a la hora en que hacía 30 años se perpetraba el golpe.

Desde el escenario, la dirigente se congratuló por la reciente orden del gobierno de abrir los archivos de las fuerzas armadas, en el marco de la política de derechos humanos del presidente Néstor Kirchner, a la que respalda. Llamó a "aprovechar este nuevo momento histórico" del país, que enmarcó en un cambio político en la región.

"Nuestra lucha es latinoamericana. Amamos a Fidel (Castro), a (Hugo) Chávez, a Evo Morales. La doctora (Michelle) Bachelet es una gran persona", dijo Bonafini. Estimó que la plaza colmada "demuestra que ninguna lucha es inútil", dijo la dirigente de 77 años, pero advirtió: "todavía hay mucho por hacer".

Perverso, no decir dónde están los 30 mil desaparecidos: Madres de Plaza de Mayo

Stella Callón, corresponsal del diario La Jornada

Buenos Aires – "Estuve largos meses en el infierno de la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma) conmuriendo, compartiendo la sensación eterna de la muerte, con cientos y cientos de desaparecidos, escuchándolos partir hacia la noche y la niebla. Imaginando el adiós silencioso. Y cuando acabó la dictadura dijeron que habían sido 5 mil los desaparecidos".

Así recuerda Graciela Daleo, sobreviviente de la Esma, aquellos días, y ahora nunca descansa buscando cada dato, "cada camino de luz" hacia la verdad.

"Un año y medio estuve allí -rememora- y aprendí con otros compañeros a acumular saberes, con el compromiso no expresado de que si vivíamos lo íbamos a contar todo, para que el crimen tuviera castigo. Con los ojos vendados, uno les fue conociendo las manos, la voz, los pies, el nombre de guerra. Digo la mano por la picana, la voz por los interrogatorios, las órdenes, las amenazas, las sentencias, las burlas, los pies por las patadas. Era su forma de relación con nosotros".

Como ella lo dice, "con los ojos vendados el terror se multiplica, pero los sentidos se agudizan y se graban los nombres, esos nombres-apodos Tigre, Sérpico, Pantera y tantos otros. Y así fuimos armando el rompecabezas de cada uno. Un dato aquí, otro allá. Las voces, las voces y hasta el olor de muerte que cada uno llevaba".

Y lo lograron. Pudieron reconstruir la historia, ella y otros sobrevivientes dieron sus testimonios y esto sirvió para los juicios y ahora "más que nunca" después de la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto final, impuestas en 1986 y 1987, de la reapertura de las megacausas y de la posibilidad de anular los indultos que permitieron, en 1989 y 1990, la libertad de los jefes de las juntas militares, "otro camino" se abre para la justicia.

"Hemos buscado la justicia siempre. Jamás tomamos la justicia en nuestras manos, porque hubiera sido como que la dictadura se prolongaba en nosotros. Nada ha sido fácil, porque la herencia de la dictadura se prolonga hasta estos días, y en esos niños que mueren de hambre, en los desocupados la dictadura también está viva, Por eso la lucha va más lejos", dice Nora Cortiñas, de Madres Fundadoras de Plaza de Mayo.

Para las Abuelas de Plaza de Mayo el tiempo pasado les ha permitido acumular una experiencia que están transmitiendo a todo el mundo. "Fuimos uniendo hilos, convirtiéndonos en detectives, siguiendo rastros, tocamos puertas. Al principio nos amenazaban. Teníamos miedo, cómo no tenerlo, pero nunca dejamos de dar los pasos que teníamos que dar. Fue un trabajo que ocupó todo nuestro tiempo y esa fue la única forma de revivir a los hijos. Recuperar a un nieto es recobrar la vida, es un golpe a los dictadores. Les arrancamos la vida desde la muerte. Las abuelas estamos viendo ya frutos, aunque falta mucho, pero esos 82 niños que hemos recuperado están creciendo en libertad, recuperando su identidad, su nombre, reconstruyendo su propia memoria. No ha sido fácil. Cuando encontramos un nieto empieza otra historia para las familias y para el que había vivido en el engaño hasta ese momento. No es fácil. Pero cada paso que damos nos permite encontrar además otro puente hacia la verdad, hacia la memoria".

Estela Carlotto, presidenta de la organización humanitaria Abuelas de Plaza de Mayo, sabe que el rencuentro, y aceptar la verdad, necesita mucho tiempo: "¿Cómo puede en un solo día un joven dar vuelta su vida de esa manera? Hay sentimientos hacia la que fue su madre sustituta en esos tiempos. Es algo muy perverso, como lo es que nadie hable y diga dónde están nuestros 30 mil desaparecidos".

Las Abuelas de Plaza de Mayo buscan a casi 500 niños nacidos en cautiverio, que fueron arrancados a sus madres, antes de matarlas y desaparecerlas.

"Fue este uno de los mayores actos de perversión de la dictadura. Dejar a nuestras hijas embarazadas vivas para que tuvieran sus hijos en las mazmorras y después robárselos y repartirlos como si fueran un botín. Hemos pasado tantas noches imaginando lo que sufrieron nuestras hijas, que ya son como una larga agonía de muchos años con la que convivimos. Por eso este aniversario debe significar un enorme salto hacia la justicia", afirma Carlotto.

Así van hablando cada una de ellas, las protagonistas trágicas de esta historia de horror. Laura Bonaparte, madre de Plaza de Mayo, recuerda que los militares decidieron una estrategia clandestina, "una guerra sucia" que no tuvo descanso. "Fue un plan de aniquilamiento, sistemático, secuestro, tortura y asesinato, desaparición forzada. Delitos todos de lesa humanidad. Una metodología cruel que apuntó a la impunidad no sólo para el presente sino para asegurarla hacia el futuro".

Complicidad del Poder Judicial

Para el sociólogo Juan Moledo, "la desaparición eliminaba el cuerpo del delito y, a la vez, al testigo. Por lo tanto no había crimen, tampoco culpable. Aquí entró la complicidad del Poder Judicial, ya que los jueces rechazaron miles de habeas corpus presentados por los familiares de los detenidos ilegalmente".

Esa impunidad comenzó a prepararse desde lejanos tiempos. El documento final del golpe de Estado, del 28 de abril de 1983, estableció que sería el "juicio histórico" el que consideraría sus acciones y "presentó la muerte genérica, global, innominada de los desaparecidos, sin culpable alguno", dice el analista .

La lista de cómplices es también muy extensa y se exhibe hoy como nunca antes había sucedido, "porque la democracia argentina protegió a los genocidas, pero ya ese tiempo debe terminar y cada uno asumir su responsabilidad".

Sin embargo, desde aquellos momentos en que los militares dictaron una ley de autoamnistía, el 22 de septiembre de 1983, que fue anulada en febrero de 1984, llegarían los juicios a las juntas y luego la persistencia de los familiares, las madres y los organismos de derechos humanos permitirían abrir juicios en todo el mundo. Y ahora vienen nuevos pasos, porque ya no hay "cadenas" de sujeción para la verdad que está saliendo y "anda como los mares".

No hubo un tiempo de "bajar los brazos", pero ahora, como dicen las madres, "tenemos otra nueva esperanza. Los hijos de nuestros hijos. Ellos tomaron la bandera y están junto a nosotras, que caminamos cada vez más lentamente, pero sólo caminamos lentamente por el peso de los años, porque en lo otro, en la lucha, nos volvemos cada día jóvenes".

Para los hijos de desaparecidos, haber encontrado este camino de lucha, que "comenzó como acompañamiento de las abuelas y los familiares, es como estar siguiendo la luz al final del túnel. Hemos aprendido tanto amor y luego debimos aprender a amar a nuestros padres, a conocer las razones de su lucha. Nosotros debemos asumir un rol y éste es claro. Estamos más que nunca seguros de que andamos por un camino de la vida. Ya no solamente somos nosotros, sino que son todos los jóvenes que también necesitan rescatar su derecho a la vida.

"No podemos olvidar, no podemos perdonar, porque se trata de justicia. Nosotros tenemos el derecho de poder decirle a nuestros hijos donde están sus abuelos. No podemos seguir mirando las aguas del mar y pensando que por ahí en ese fondo están los padres. No podemos pensar en el calvario de nuestras madres. Necesitamos saber y contar esa historia. Saberla para que nunca más sea. Nosotros queremos hablarle a los hijos de esos abuelos, que murieron por querer algo distinto. Si ellos hubieran ganado, hoy no estarían miles de chicos en las calles. Somos los aprendices de otra clase de amor. Y en eso derrotamos a los criminales de lesa humanidad. Nosotros somos la vida digna", concluyen los Hijos por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S, de los desaparecidos).

Miguel Bonasso: Generación de militantes aún está en deuda con desaparecidos

Ciudad de México – La generación de militantes de la organización guerrillera Montoneros aún está en deuda con los miles de desaparecidos en la última dictadura militar en Argentina (1976-1983), de ahí que "la lucha continúe", afirmó en México Miguel Bonasso, diputado en el país sudamericano.

"Me siento en deuda con esos compañeros que no están, me siento en deuda con los ausentes que para mí son presentes para siempre, y por eso celebro algunas medidas que se están tomando en el gobierno de (Néstor) Kirchner", dijo Bonasso a la AFP.

El escritor, quien presentó en febrero su libro "La memoria en donde ardía" ante el presidente cubano Fidel Castro y organizó con el presidente venezolano Hugo Chávez una anti-cumbre en Mar de Plata, participa en eventos en los que la Embajada argentina agradecerá la solidaridad de México con los exiliados.

Autor del célebre libro "Recuerdo de la muerte", donde se narran las torturas que sufrieron decenas de jóvenes argentinos en "aquellos años de plomo", Bonasso recuerda los momentos en los que el espíritu de la derrota invadió a quienes salieron de su país por el golpe militar de hace 30 años.

"Hubo momentos difíciles, no vamos a negarlo, eso sería presuntuoso, (...) hubo momentos de mucha tristeza, momentos de mucha soledad, a veces la sensación de pensar que habíamos quedado fuera de la historia, que habíamos sido olvidados", dice nostálgico Bonasso, quien pasó cerca de 15 años exiliado en México.

Lo que más les dolía a aquellos montoneros era pensar que ya no había regreso, que se había cancelado "la posibilidad de aportar a la construcción de nuestro país".

Bonasso, cuyos hijos se quedaron en México cuando decidió regresar a Argentina y retomar su actividad política, ahora con el Partido de la Revolución Democrática, alineado con el presidente Kirchner, recordará en suelo azteca el "Día de la Memoria", como prefiere llamar al trigésimo aniversario de la asonada militar que se celebrará este viernes 24 de marzo.

"Realmente ha sido una de las dictaduras más cruentas de la Argentina, sin lugar a dudas, la dictadura más sangrienta, con más de 30.000 desaparecidos, miles de muertos, centenares de miles de exiliados, decenas de miles de presos políticos, con un efecto, sobre la memoria colectiva, que ha ido creciendo en dignidad y coraje en los últimos años", argumenta.

Con la reciente anulación de las leyes de 'Obediencia debida' y 'Punto final', que habían cancelado la posibilidad de juzgar a los represores, la conmemoración del golpe de Estado llega "con una nueva esperanza", sobre todo para las nuevas generaciones de argentinos, asegura Miguel Bonasso.

"La justicia también está llegando, (...) van a ser juzgados quienes cometieron el genocidio, por más grandes y viejos que estén", dice enfático.

Justamente "el que se esté pudiendo reconstruir la memoria histórica en la Argentina, es un hecho muy elocuente que habla de un cambio", agrega.

A pesar de que en su exilio rompió con Montoneros por no coincidir con las últimas posturas que tuvo esa guerrilla, Miguel Bonasso se sigue considerando un militante en vías de recuperar el optimismo, considerando la llegada al poder de la izquierda en varios países de Latinoamérica.

"Mi pensamiento militante es que no podemos perder esta oportunidad histórica, y México tiene que sumarse al esfuerzo del sur", concluye Bonasso en referencia a las elecciones presidenciales que celebrarán los mexicanos el próximo 2 de julio.

Gobierno argentino reconoce por primera vez solidaridad de México con exilio

Ciudad de México – El gobierno de Argentina reconoció el jueves por primera vez de manera oficial la solidaridad mostrada por México con los miles de exiliados que recibió tras el golpe militar del 24 de marzo de 1976, en un acto en la embajada en el que se condecoró al mexicano Cuauhtémoc Cárdenas.

"Estoy orgulloso de poder condecorar a las personalidades enormes que han salvado vidas argentinas, en ellas está todo el pueblo mexicano", dijo el jueves el embajador de Argentina en México, Jorge Yoma.

El diplomático encabezó una emotiva ceremonia en la que se recordaron a "unos 100.000 argentinos, según cálculos extraoficiales, que pasaron por estas tierras", exiliados durante los años de la última dictadura militar en Argentina (1976-1983).

Y es que "no hay un número exacto" porque en aquel entonces "las embajadas no eran un lugar razonable para acercarse", agregó Yoma.

A pedido expreso del presidente argentino, Néstor Kirchner, el embajador leyó un mensaje del mandatario a través del cual se otorgó la Orden del libertador San Martín en grado de Gran Oficial al izquierdista Cuauhtémoc Cárdenas, y a los diplomáticos mexicanos Luis Ortiz Monasterio y Celso Delgado.

Cárdenas encabezó desde México el Comité de Solidaridad con Argentina cuando se registró la asonada militar en ese país, mientras que Monasterio y Delgado, como representantes de México en Buenos Aires, recibieron a un buen número de perseguidos políticos.

"Estuvimos treinta años mirando para otro lado, (...) por eso hoy es justo que reconozcamos al pueblo de México, a sus instituciones, a sus hombres y sus mujeres que nos recibieron", apuntó el embajador.

Jorge Yoma, quien estuvo acompañado por el diputado argentino Miguel Bonasso, ex militante de la guerrilla Montoneros que se exilió cerca de 15 años en México, hizo también "un homenaje a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y a los hijos de los desaparecidos" durante la represión en su país.

A la residencia del embajador de Argentina en México, donde se realizó el acto, acudieron este jueves -por primera vez- más de 100 argentinos, entre ellos el poeta Juan Gelman, que llegaron a este país huyendo de la represión.

"Es histórico poder estar aquí, antes veníamos a tirar piedras y a protestar", comentó un ex guerrillero argentino que aún con la democracia en su país prefirió quedarse en México.


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