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Tribunal suspende recuento en Honduras para revisar actas
«Mel» Zelaya habla para El Nuevo Diario

None | 3 de Diciembre de 2005 a las 00:00

Tegucigalpa – El Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Honduras suspendió este sábado el recuento de los votos de las elecciones del domingo anterior, que aventaja el opositor Manuel Zelaya, para avanzar en la revisión de actas con anomalías.

El TSE había reanudado la mañana del sábado el recuento después de suspenderlo el viernes por la noche para reubicar el centro de cómputo en el hotel de Tegucigalpa donde funciona, pero tras varias horas de operaciones volvió a aplazarlo hasta el próximo lunes.

"El Tribunal ordenó cerrar porque están revisando inconsistencias en muchas actas y la información cambiaría muy poco, estaríamos dando casi lo mismo a cada rato", por la lentitud en la revisión, dijo un funcionario del organismo.

Uno de los tres magistrados del TSE, Saúl Escobar, dijo que la revisión supone "un trabajo muy delicado, hay que hacerlo despacio". Los problemas que presentan las actas son diversos y abarcan las votaciones para presidente, diputados y alcaldes, explicó Escobar, quien remarcó que la revisión es parte normal del proceso y no fue solicitada por ningún partido.

Zelaya, del opositor Partido Liberal, mantiene su ventaja de 3,74 puntos sobre Porfirio Lobo, del gobernante Partido Nacional, cuando falta por escrutar casi 10 por ciento de los votos. Zelaya registra más de 915.000 votos (el 49,90 por ciento), con los que supera con unos 68.000 a Lobo, quien tiene unos 846.000 sufragios (el 46,16 por ciento).

El resto de los aproximadamente 1,9 millones de votos se los reparten los tres partidos minoritarios (Unificación Democrática, izquierda, Democracia Cristiana e Innovación y Unidad-Social Demócrata).

El TSE ha escrutado 12.257 de las 13.832 urnas instaladas en todo el país y junto a los cinco partidos políticos revisa desde el viernes alrededor de un millar de actas, de las 1.575 urnas restantes, que presentan irregularidades.

«No quiero conflictos limítrofes», dice Zelaya

El agobio y la incertidumbre, como los que vivió Honduras esta semana por la elección de su nuevo Presidente, hacen que algunos planes fracasen y se conviertan en situaciones improvisadas mucho más interesantes. Así, lo que sería una fiesta de celebración política, hoy se recuerda como un trágico accidente. Una misa de acción de gracias es el inicio para un debate nacional, y lo que se pensaba una entrevista, pasa a ser una convivencia de al menos cuatro horas. Éste es el relato de la conversación de EL NUEVO DIARIO con el personaje más fotografiado de Honduras, el casi presidente electo Manuel "Mel" Zelaya, y lo que hizo entre una conferencia de prensa, dos reuniones privadas y un viaje en helicóptero privado

Por Humberto Meza, de El Nuevo Diario, Enviado Especial

Tegucigalpa – La incertidumbre no podía ser la única estrella en el show que los políticos hondureños, sobre todo los oficialistas, se empeñan en mantener, aun clausurados los centros electorales. Manuel Zelaya –"Mel" para todos–– había aprendido a manejar su imagen y los medios con la destreza de varios meses de campaña y casi 20 años de militancia política.

Así que lo hizo de nuevo. El escenario mediático le garantizaba que cualquier cosa que dijera, hasta el más insignificante anuncio, definiría la agenda política de los días siguientes.

Entonces mandó a llamar a los periodistas, quienes por más de cuarenta minutos lo esperaban desde la acera de su casa, en un condominio cercano a la privilegiada zona céntrica de Miraflores, en Tegucigalpa. No importaba el calor del mediodía, tan sofocante que con facilidad derretiría cualquier asfalto recién pavimentado, con tal que pudieran preguntarle cualquier cosa relacionada al agitado recuento de votos, que mantenía en vilo al país.

Camarógrafos, reporteros de radio, enviados de agencias internacionales y sus más cercanos colaboradores entraron hasta una pequeña antesala, unida a un garaje sin techo, desde donde sobresale una bandera de franjas rojas y blanca, que representa al Partido Liberal (PLH). Ellos mismos se encargaron de aproximar el amplio sillón color beige al árbol navideño, en donde "el señor Presidente" daría la cuarta conferencia de prensa, desde que se auto–declarara vencedor de los comicios presidenciales.

Pasados cinco minutos apareció de traje oscuro, cabello perfectamente engominado hacia atrás y saludando con excesiva cortesía a uno por uno. "Primero déjenme darles la mano y pedirles disculpas porque no sabía que me estaban esperando". Anunció ante cadena nacional su primer viaje al exterior como Presidente electo –a Panamá, invitado por Martín Torrijos– y se sacudió un par de nombramientos, cuando ya las preguntas de los periodistas eran exageradamente repetitivas.

"Aprovecho para anunciarles que estoy nombrando a Raúl Valladares (también periodista) como secretario privado, y es el que va a atender a todos ustedes". Y automáticamente empezó a hacerlo. Fue quien se acercó para anunciarnos que la entrevista pactada desde Nicaragua sería brindada en un local diferente, pues Zelaya asistiría a una reunión privada y ya estaba atrasado, "así que por favor, acompáñenos".

"La campaña más cruel"

La inmediata impresión que dio al acompañar a "Mel" en su propio vehículo, es que se está en medio de una reunión donde se toman decisiones oficiales.

Y no era para menos. Junto a Valladares y su designado ministro de Educación, Rafael Pineda Ponce, los temas de conversación rondan ya sobre los asuntos de Estado: Detallar cómo será la seguridad presidencial una vez que asuma el cargo, qué es lo que el "ministro" Pineda deberá decirle el lunes a la dirigencia magisterial sobre el Estatuto del Docente y cuál será el trabajo de su "canciller" Jorge Arturo Reina, en Panamá, antes que se reúna con Torrijos.

Entre tantas decisiones vertiginosas, se hace difícil desarrollar la entrevista, de modo que tomo la palabra para hablar de lo que mejor sé: periodismo.

¿Cómo fue el comportamiento de los medios en la campaña?

Fueron muy duros, bastante mal.

Que "Mel" Zelaya lo percibiera de esta manera es bastante comprensible. La campaña de su adversario, Porfirio Lobo, del gobernante Partido Nacional (PN), se basó en un lenguaje severo, evocando explícitamente el estilo de gobierno del ex dictador Tiburcio Carías Andino (1933–1949), que generó el exilio y la prisión de centenares de hondureños.

"Fue una campaña muy cruel y levantó las emociones, como nunca había ocurrido antes en la historia de este país", admite.

"El tipo de campaña del gobierno fue sobre tres temas: La seguridad, y para eso ofrecían la pena de muerte como una política de Estado, en un pueblo cristiano, que confrontó y dividió a la sociedad. El segundo símbolo fue la imagen del dictador Tiburcio Carías, que gobernó 16 años sin elecciones, a través de la fuerza del crimen y del exilio. Es considerada la época del encierro, del destierro y del entierro. Y la tercera parte que se orientó a atacarme frontalmente a través de difamación y calumnias".

A ello, Zelaya atribuye las razones por las cuales el partido de gobierno se resiste a aceptar la derrota, y por eso también se entiende el porqué cuando asistió junto a su familia a una misa de acción de gracias por el triunfo electoral el día anterior, las bases de ambos partidos se liaron en una lucha callejera que dejó varios heridos, mientras otros debatían si la Iglesia Católica empezaba a tomar partido.

Pero no todas las razones de esta profunda división parten de la historia hondureña. La estrategia de campaña de Lobo, su adversario, fue decidida por Mark Klugmann, un norteamericano que en muy pocos meses se transformó en el personaje más surrealista para la prensa local.

Este asesor fue quien le orientó al partido de gobierno que hablara de pena de muerte, utilizara el símbolo de un puño "que acabe con la delincuencia para que los hondureños vuelvan a dormir con las puertas abiertas" y se evocaran "los logros" de Tiburcio Carías.

De hecho, Klugmann ya era todo un personaje entre los círculos políticos de varios países latinoamericanos, recordado sobre todo, por sus vínculos a sectores de la ultraderecha de Chile, entre ellos ex funcionarios del ex dictador Augusto Pinochet.

Este día aparece, de nuevo, pero fotografiado en los periódicos principales, cuando hacía el check–in en el Aeropuerto Internacional, abandonando Honduras sin dirigirle si quiera una palabra a los periodistas que le acosaban.

"Si hubieran ganado ellos, entonces ahí sí la sociedad hondureña hubiera quedado terriblemente dividida. Pero no ocurrió eso, porque ganó el conciliador", resalta Zelaya

De militares y mareros

La elección de "Mel" Zelaya no ha sido apenas la más controversial desde que el país volvió a la democracia en 1980. También estuvo signada por la sangre, especialmente la de sus mismos correligionarios.

La tarde en que se confirmaba la tendencia de su victoria electoral, más de 20 simpatizantes murieron por un accidente del bus que los transportaba hacia una actividad de celebración política. El día anterior, un activista del PLH fue asesinado por un adversario en la zona fronteriza de Danlí, cercano a Nicaragua.

Zelaya me recuerda que debe asistir a ese funeral, cuando termine su reunión en uno de los pocos centros financieros de Tegucigalpa, de modo que nuestra entrevista debería ser en este momento. Esta vez un problema técnico la atrasa y la pausa que se abre entre nuestra conversación se prolonga. "Deberá acompañarnos por más tiempo".

Este espacio me permite pensar en la ironía que rodea a su llegada al poder. Las veces anteriores que el Partido Liberal alcanzó la Presidencia, sufrió los golpes militares, excepto en 1982, cuando Roberto Suazo les permitió retomar la Presidencia, pero iniciándose así el momento en que el país se convertiría en uno de los principales focos de la guerra fría en Centroamérica.

La "Contra" nicaragüense utilizaba el territorio hondureño como una especie de "portaaviones" de tierra firme de Estados Unidos, con los propósitos de frenar la "expansión comunista" en la región. La tensión se prolongó con la administración liberal de José Azcona (1986–1990), abriendo una profunda división en su partido.

A lo largo de los 112 años de existencia, el PLH sólo ha gobernado cuatro veces. "Mel" es el quinto presidente liberal que los hondureños eligen, y por ese motivo su relación con los militares, tras una sucesiva experiencia de golpes, es una inquietud obligatoria.

"Yo acabo de nombrar a un general retirado, muy conocido en Honduras, Álvaro Antonio Romero, como Ministro de Seguridad, precisamente con el objeto de que se unan esos tipos de esfuerzos entre las fuerzas militares y los departamentos de seguridad del país. Yo no tengo ningún problema con el sector militar".

La región centroamericana, especialmente El Salvador y Nicaragua, han visto una reforma profunda a sus ejércitos. ¿Cuánto de esas transformaciones hay en el Ejército hondureño?

"Cuando se abren las fronteras de los países, uno de los principales roles de los militares prácticamente disminuye porque ya no se espera resolver los problemas fronterizos por guerras, sino a través del diálogo. Más bien, la tendencia es hacia la apertura, no a crear islas de poder.

El Ejército tiene que orientar muchas de sus luchas al combate al narcotráfico, que viene del exterior. Más bien la defensa debe orientarse a darle defensa al país en sus fronteras, pero de los nuevos flagelos, como es el terrorismo, tráfico de drogas y el crimen organizado. Por eso yo voy a crear políticas homogéneas para que el sector de defensa y seguridad trabajen conjuntamente".

En este punto, Zelaya no puede evitar retomar el tema de su campaña. Hablar de seguridad en Honduras sería vacío si no se aborda el extensivo fenómeno de las "maras". Integradas por unos 100 mil jóvenes, las "maras" o pandillas juveniles de barrios marginales, han formado sendas estructuras que en esta campaña electoral no pasaron inadvertidos. De hecho fue el tema que definió la elección.

"Ellos (PN) sólo ofrecían represión, mientras a mí me difamaban, diciéndome marero (...) eso les hizo perder las elecciones".

Sin embargo, inmediatamente explica su plan. "Honduras tiene la carga de personas por policía más alta de toda Latinoamérica. Hay muy pocos policías, entonces vamos a duplicar el número. Vamos a hacer que se aplique la cadena perpetua para los criminales más violentos, y vamos a establecer cárceles de máxima seguridad para que las personas cumplan su sentencia, porque aquí generalmente se escapan, no se aplica la justicia con severidad, sino que los jueces se politizan, los fiscales se politizan y la Policía, en el último gobierno, ha sido también dominada por la política"

El paralelo 15 y Daniel Ortega

La reunión está por concluir y a "Mel" sólo le queda tiempo para regresar a su casa, cambiarse de ropa y tener la apariencia adecuada para el funeral. Pregunta cuántos periodistas lo acompañarán, pues "se trata de un acto importantísimo".

Ahora no está junto a sus "nuevos funcionarios", y acepta que conversemos "entre la casa y el aeropuerto" sobre los asuntos que más interesan a las relaciones con Nicaragua, y de ello él es el personaje perfecto por dos razones: Asumirá la Presidencia el 27 de enero, y fue electo diputado cuando el Congreso hondureño aprobó, hace cinco años, un Tratado con Colombia, que delimita sus respectivas fronteras, afectando un territorio que Nicaragua alega le pertenece.

Se trata de 130 mil kilómetros en la plataforma del Mar Caribe, cuyo asunto mantiene a ambos países en un litigio que está por resolverse en la Corte Internacional. Pero entre los planes Zelaya no quiere incluir el conflicto.

"Lo que menos me interesa es que existan ciertos tipos de problemas por límites, que erosionen nuestras relaciones. Si en algún momento algunos de esos problemas que no se han dilucidado ocasionaran algún tipo de fisuras, yo sería el primero en abocarme a los presidentes y resolverlos en la forma más transparente. No pretendo unilateralmente tomar decisiones que no sean concertadas con los países hermanos centroamericanos, especialmente Nicaragua".

Si bien Nicaragua no figuraba en los puntos de la campaña hondureña, de la "difamación" que el PN lanzaba contra Zelaya, lo que más le irritaba era cuando le calificaban de "comunista y sandinista". La razón de sus adversarios estaba en que la campaña de "Mel" descansó sobre el lema del "poder ciudadano", similar a la que mantiene el líder sandinista Daniel Ortega.

Su argumento, sin embargo, no pretende reconocerse en ningún movimiento de izquierda. "Esa es la nueva forma de gobernar. El sandinismo escogió el término del poder ciudadano, pero el primero que lo usó en Latinoamérica fui yo, y lo usé hace ocho años en Honduras, cuando nadie hablaba de la unión de dos términos que eran, Poder y Ciudadanía, o sea, devolver las facultades para tres actividades que las han perdido: Ser autogestionario, para que tenga la facultad de supervisar y vigilar al Estado, y que éste le rinda cuentas de forma permanente al Estado".

"De tal manera que si ahora los sandinistas lo usan, es precisamente una coyuntura porque son políticas mundiales apoyadas por el FMI, la Comunidad Internacional, los bancos y las embajadas"

Zelaya llega ahora al hangar en donde tomará su helicóptero privado para asistir a los funerales en Danlí, y yo no puedo quedarme sin la pregunta que más necesito hacerle.

Si Daniel Ortega llegara a ser electo Presidente de Nicaragua en 2006, ¿cómo sería su relación con él?

"Nunca me ha gustado hacer pronósticos ni estudiar los astros. Eso se lo dejo a Walter Mercado, y aquí a un amigo mío que se llama Arturo Corrales". Y ahora sí, debe irse

Ganadero "olancheño"

De los cinco candidatos que se disputaron la Presidencia de Honduras, "Mel" Zelaya es el único que no posee título universitario. Tiene estudios de Ingeniera Civil de la Universidad Nacional Autónoma, pero no los llegó a terminar por dedicarse a la agricultura y ganadería en los terrenos de su familia, en el departamento de Olancho.

Irrumpió en la política desde los años 80, como diputado, y luego en 1985 asumió la Presidencia de la Comisión parlamentaria de Medio Ambiente.

Si bien consiguió reelegirse como diputado en 1998, cuando obtuvo la victoria su correligionario Carlos Flores (1998–2002), fue trasladado a presidir el Fondo Hondureño de Inversión Social (FHIS), que administró toda la ayuda que llegó al país tras el paso del huracán Mitch, y que lo proyectó aún más al ejecutar la construcción masiva de puentes y carreteras.

Zelaya ya había intentado la postulación presidencial por el PLH en 2002, pero no la consiguió, hasta este entonces.


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