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Dios, Katrina y Bush

None | 4 de Septiembre de 2005 a las 00:00

Por Luis Barrios, desde New York para La Jiribilla, Cuba

Una religión que te dice
que sólo hay que mirar hacia arriba
y que en la vida terrenal todo es bajeza y ruindad
que no debe ser mirado con atención
es la mejor garantía para que tropieces a cada paso
y te rompas los dientes y el alma
contra las piedras rotundamente terrenales.
Roque Dalton

¿Qué tiene que ver Dios con el desastre que causó el huracán Katrina? Absolutamente nada, por lo tanto, ni se le ocurra buscar respuestas por esos lados. No es correcto seguir repitiendo ese refrán catastrófico que nos dice que Dios aprieta, pero no ahoga. Una teología disparatada como esa es una vergüenza mística la cual no deja de ser una religiosidad hereje inventada por la clase dominante, por un lado para encubrir sus despotismos y por otro lado para poder seguir domesticando y controlando al pueblo.

O sea, esta teología oportunista se la inventaron quienes están controlando el poder con la intención de encubrir las realidades socio-políticas y económicas en las cuales la mayoría de la gente vive aquí en Estados Unidos.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver la naturaleza con todo este asunto? Los desastres naturales suceden y en muchas ocasiones nos confrontan con una serie de realidades y desafíos. De aquí las famosas palabras de José Martí cuando nos sigue diciendo: La batalla no se da entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza. La falsa erudición, la cual puede ser reconocida por mantener al pueblo en la ignorancia, es la que en la mayoría de los casos no nos permite ver las realidades existentes de cómo ante estos desastre de la naturaleza la gente pobre siempre sale muy mal. Por un lado por los lugares que tienen para vivir y por otro lado por el tipo de vivienda que tienen que construir.

Todo esto por supuesto deja al descubierto la realidad de cómo se excluye a una gran parte de la población y se les mantiene en la pobreza y por otro lado la violencia por omisión por parte del gobierno quien tiene la capacidad de gastar en equipos militares billones de dólares pero no pueden invertir en su gente.

De aquí el que crea que el huracán Katrina como desastre de la naturaleza se encargó de desenmascarar una vez mas la hiperindiferencia de nuestra mal llamada democracia. O sea, que la naturaleza volvió a conspirar contra nuestro sistema socio-político y económico. Esta actitud de indiferencia de nuestros gobernantes pretende el poder seguir promoviendo la falsa dicotomía entre la economía y la naturaleza.

Las fotos y los videos de televisión de lo ocurrido en New Orleans —por solo usar un ejemplo— dejan al descubierto lo que los medios de comunicación y el gobierno no quieren discutir abiertamente y es que la pobreza, la falta de oportunidades y el racismo se convirtieron en ingredientes letales y en esta complicidad el pueblo oprimido y excluido pagó injustamente las consecuencias. De aquí los rostros de tanta gente negra, latina y pobre que hemos visto en las fotos de los periódicos o en la televisión.

No es un secreto que la ciudad de New Orleans siempre ha sido vulnerable al paso de los huracanes. Sin embargo, lo curioso en todo este asunto es que en esta ciudad, la cual está rodeada de agua por tres partes, nunca se han tomado las precauciones necesarias para por lo menos minimizar el impacto de un huracán. El dinero federal que estaba destinado para estos fines a través de la creación de la Southeast Louisiana Urban Flood Control Project (SELA), fue reducido a solo un 20% solo porque el Presidente George Bush necesitaba dinero para su guerra en Irak. Súmele a esto también la realidad de los gastos de la seguridad nacional. Ahora vemos las consecuencias de no haberse desarrollado un plan de contingencia.

Encima de todo esto está la respuesta de dejadez, racista y antitética por parte del Presidente Bush para enfrentar esta crisis nacional la cual es vergonzante. La misma debió de estar a la altura de cómo se respondió a los acontecimiento del 11 de septiembre en la ciudad de Nueva York. Yo me imagino que como en esta ocasión no existe una oportunidad para invadir y bombardear países y a la misma vez poder robar petróleo esto no es importante.

El desafío del huracán Katrina ha dejado al descubierto lo que nuestra sabiduría Indoamericana siempre nos ha dicho: solo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado y el último pez atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero. Mientras seguimos al servicio de la justicia dándole la mano a nuestros hermanos y mientras seguimos denunciando y combatiendo las salvajadas de nuestro sistema capitalista, sigamos construyendo un mundo diferente en donde la paz con justicia salga triunfante.

El atacante sin bomba

La única pasión en mi vida ha sido el miedo.
Thomas Hobbes

Por Claudio Uriarte, Página/12, Buenos Aires>

¿Hay alguna línea de continuidad subterránea de significado entre la estampida humana que el martes provocó la muerte de más de 1000 peregrinos debido a un rumor en Bagdad y la catástrofe humanitaria –se habla de 10.000 muertos– que en cinco días devastó Nueva Orleans y otras ciudades del sur estadounidense, generando un violento debate nacional por la falta de preparación y presupuesto para emergencias y poniendo en seria duda la reivindicación por George W. Bush de sí mismo como el “presidente de la seguridad? En un principio, y en una época donde casi todo parece dominado por el miedo al terrorismo, estos hechos de distinto rango –en Bagdad se habla de un rumor, en Louisiana el huracán Katrina– comparten su carácter de ataques sin atacantes, de violencia que se desparrama en forma indiscriminada sobre inocentes, y que deriva, más allá de la muerte, en la reproducción a escala geométrica de los niveles de inseguridad, angustia y miedo. Un desglose interpretativo ayudará a que se distinga el hilo conductor.

1) La estampida de Bagdad. Dicen que se produjo cuando, en una de las procesiones más sagradas de fieles musulmanes chiítas (mayoritarios en Irak), se esparció el rumor de que en la multitud había uno o varios hombres bomba, dispuestos a hacerse estallar para provocar el mayor número de muertes posibles y, posiblemente, disparar chispas de guerra civil capaces de liquidar el proceso constitucional en marcha. El rumor era verosímil: terroristas sunnitas han atacado a procesiones chiítas anteriormente, en operaciones con los sellos de sincronicidad y precisión de Al Qaida; los sunnitas, un 20 por ciento de la población iraquí, sabotearon las elecciones de comienzos de año y ahora el proceso hacia una Constitución para no verse aplastados por el 60 por ciento de mayoría chiíta (y el resto kurdo) y también forman el núcleo duro a lo que se ha denominado la “resistencia iraquí” (y no lo es en un sentido estricto, porque Irak es al menos tres países, y los chiítas y kurdos, por sus propias razones, tienen distintos grados de acuerdo con los norteamericanos). También se especula que el rumor puede haber sido diseminado intencionalmente por personas infiltradas en la multitud para provocar ese desastre. Pero en ambos casos, y cualquiera haya sido la verdad, ya no estamos ante mero terrorismo, sino ante una nueva especie de superterrorismo, de metaterrorismo, en que surge la figura del atacante sin bomba y donde el mero recuerdo de las atrocidades sufridas a manos de los terroristas en el pasado sirve para provocar una catástrofe. En ambos casos, pues, el objetivo primario de los terroristas (generar terror) aparece plenamente cumplido.

2) El huracán Katrine. Mostró un enorme vacío e indefensión en el seno de los estadounidenses, y particularmente de su población más pobre. La sobreextensión tanto del presupuesto federal como de las Fuerzas Armadas norteamericanas es la razón técnica de lo ocurrido, pero por supuesto no exculpa la barbaridad de que George W. Bush, que se supone es el presidente de todos los norteamericanos, tardara un día y medio en hablar del tema y cinco en visitar la zona de desastre (si se excluye la indiferente ojeada que dejó caer el martes sobre las ciudades inundadas desde la altura de su avión Air Force One). Juntos, estos poderosos signos de indefensión mandan señales muy alentadoras para los terroristas. Cuatro años después de los ataques del 11-S, y por obra de un déficit irresponsable y una invasión de nunca acabar, los norteamericanos son menos y no más seguros que antes de que los aviones piloteados por los discípulos de Osama bin Laden hicieran su sangrienta irrupción en la vida política estadounidense. Los 3000 y pico de muertos del 11-S empalidecen ante los 10.000 que habría causado Katrina. Y la lentitud y torpeza de los operativos de rescate muestran serios huecos de seguridad, los mismos que los terroristas deben ahora estar mirando.

En su primera aparición sobre el tema, Michael Chertoff, secretario de Seguridad Interior, destacó que había 14 agencias federales trabajando sobre el desastre de Katrine. Pero esto es parte del problema y no de la solución; también había 17 agencias trabajando sobre el 11-S y el entrecruzamiento y las peleas entre feudos burocráticos hicieron posibles unos ataques que podrían haber sido bloqueados. Para su próxima gran operación, Al Qaida tiene mucha más información sobre los puntos débiles de su enemigo, y un rumor también puede bastar en unos Estados Unidos más que nunca estremecidos por el pánico.

Reflexiones sobre Luisiana, Mississippi, Alabama, Irak, Vietnam...

Por Ernesto Carmona, Argenpress

La televisión internacional muestra el sufrimiento de los habitantes de Luisiana, Alabama y Mississippi pero oculta el terror cotidiano que viven los pobres de Irak, Afganistán y otros lugares del mundo que reciben a diario al huracán que exporta el señor Bush 'para fortalecer la democracia'. Tampoco le interesa exhibir imágenes de huracanes azotando a Cuba o a otras pequeñas islas del Caribe. Y también da que pensar la indolencia del jefe del Estado más poderoso del planeta para evacuar a sus compatriotas de la nauseabunda ciénaga en que se convierte Nueva Orleáns. ¿Será porque la mayoría de sus habitantes son pobres y negros? Quizás esté brotando un nuevo conflicto étnico en EEUU.

También invita a pensar la rápida reacción del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que el viernes anunció el envío de ayuda para las víctimas del sur de EEUU, en un enfoque distinto de la 'globalización' que alientan los países más ricos de la tierra, más dispuestos a ayudar... cuando se trata de invadir a Irak. A dos años y medio de terrorismo genocida contra civiles iraquíes indefensos ningún medio ha sido capaz de aclarar que la guerra ya fue perdida por EEUU, el 'peligroso' Saddam Hussein está preso sin que nunca se le haya comprobado el 'delito' de fabricar armas de destrucción masiva, el país está prácticamente destruido aunque los objetivos militares siguen en la penumbra y el odio justificado de las víctimas fortalece el terrorismo islámico que antes inventó Washington por su propia conveniencia.

EEUU es el único país 'autorizado' (por sí mismo) para fabricar 'armas de destrucción masiva'. Y las bombas que lanzan sus aviones sobre mujeres, niños, ancianos y toda clase de civiles desarmados e indefensos son 'actos de guerra', no terrorismo. 'Terrorismo' sólo es lanzar bombas a pie, sin aviones.

"...No soy un drogadicto..."

Por suerte, algunos estadounidenses todavía resisten el lavado el cerebro de la propaganda de los cuatro grandes grupos que controlan los medios de comunicación en ese país (Time-Warner-CNN-AOL, Disney, Viacom y News Corp.-Fox). El alcalde (negro) de Nueva Orleans, Ray Nagin, fue capaz de graficar el abandono cuando este viernes dijo: 'El Congreso aprobó rápido 8 mil millones de dólares (para comenzar la guerra en Irak) después del 11 de septiembre [Torres de Nueva York]... El Congreso le dio al Presidente (George W. Bush) facultades discrecionales', [pero el gobierno federal] 'no tiene idea de lo que está ocurriendo aquí. Que se ponga las pilas, tome su avión y venga de inmediato con la gobernadora'. Pidió buses para trasladar gente, no transportes escolares ni chóferes a pie. Dijo que el viernes todavía hay 50.000 personas que llevan cinco días sin comer ni beber, en peligro de morir de hambre y contraer enfermedades en los refugios tipo ghetto y sobre los techos de sus ex casas. El alcalde añadió una frase críptica, que quizás tenga doble sentido: 'Yo no soy un drogadicto y estoy pensando con toda claridad'.

Bush debió interrumpir unas vacaciones tan largas que Jesse Jackson Jr. las describió como un record, pero su debilitada mente genocida no atina con medidas cuerdas. No tardó en enviar tropas y ordenó matar -lo que sabe hacer mejor-, o sea, tolerancia cero con los ladrones de víveres. La gobernadora de Luisiana, Kathleen Blanco (que por añadidura luce blanca y rubia, quizás teñida), piensa usarlas para matar más gente, esta vez a los saqueadores que buscan alimentos. 'Estos soldados acaban de regresar de Irak, están bien instruidos, tienen experiencia, han sido probados en batalla y tienen mis órdenes de restablecer el orden en las calles', advirtió la gobernadora. 'Llevan [fusiles] M-16 cargados; esos soldados saben cómo disparar a matar y están más que dispuestos a hacerlo si es necesario, y yo espero que lo harán', aclaró, para despejar dudas. Estas palabras suena terribles, pero no tanto en un país donde el culto a la muerte es la ideología y religión oficial, entronizada en las mentes por la cultura mediática y hollywoodense.

Quizás Bush y sus asesores gastan su tiempo estudiando cómo vincular a Katrina con Al Qaeda para entrar en acción a su manera, como lo hicieron el 26 y 30 de agosto en los poblados iraquíes de Husaybah y Al Qaim, cerca de Siria. Con bombas de 250 kg arrojadas por aviones F-18 mataron allí a 'presuntos efectivos de Al Qaeda'. El número de víctimas del bombardeo no se conoce, ni interesa. El aparato de propaganda apenas dijo que el 30 de agosto murieron 56 civiles en Al Qaim y que 'grupos armados juraron que eso no iba a quedar sin respuesta'. Probablemente preparan el ánimo para lanzar más bombas, en una guerra-pantano que cuesta 5.600 millones de dólares por mes (la de Vietnam costaba 5.100 millones mensuales) y donde cada habitante estadounidense aporta 727 dólares. La carne de cañón viaja a Irak precisamente desde los desesperanzados tugurios pobres del sur de EEUU y de los ghettos hispanos de las grandes urbes. La frase 'nuestra mejor gente está en Irak' parece lugar común de tanto que se escucha o lee.

No todos tienen lavado el cerebro

Pero en EEUU todavía existe una esperanzadora minoría de gente pensante. Por ejemplo, CineCanal programó en este septiembre la película 'Los archivos del Pentágono', dirigida en 2003 por Rod Holcomb y actuada por James Spader, Alan Arkin, Claire Forlani y Paul Giamatti. Es de las películas que jamás ganarán oscar alguno, por malas que sean, y se exhiben en la clandestinidad del video y a veces por el cable. En Chile pudo verse por 'VTR', el monopolio de TV cable autorizado... por la 'Comisión Anti-Monopolios' de la administración Lagos.

Se trata de la historia del Dr. Daniel Ellsberg, un halcón del Instituto Tecnológico de Massachussets y asesor del subsecretario de Seguridad que en 1971 viajó a Vietnam y allá se dio cuenta que las tropas del Pentágono se dedicaban a matar civiles, morían también algunos estadounidenses y se engañaba con mentiras a la opinión pública de Estados Unidos para prolongar una guerra que duró 25 años. El halcón se transformó en pacifista.

Tal como escribió Horacio Bernades (Página 12, 3/12/2003), Ellsberg descubrió 'que todo lo que hasta entonces se había dicho y escrito sobre esa conflagración era mentira, que la moral y convicción del enemigo son considerablemente más altas de lo que los funcionarios y los medios se habían ocupado de reflejar hasta entonces, que las bajas propias han sido muchas más, que el gobierno mintió sistemáticamente sobre las verdaderas razones que lo han llevado a entrar en guerra en una zona tan alejada del globo y, sobre todo, que las posibilidades de ganar esa guerra son más bien pocas'.

Pero esto no ocurrió ayer, sino antes de ayer, 1971. Tampoco fue con Irak, sino con Vietnam. Pero es alentador que se haya hecho esa película en EEUU y en 2003, el año que comenzó la invasión a Irak. También es significativo que el cable la programe. Indica que muchos estadounidenses sobrevivieron al lavado de cerebro orquestado por los grandes medios de comunicación y el presidente Bush -lamentablemente, un poco descerebrado, quizás por consumo excesivo de drogas y alcohol-. El episodio Ellsberg reivindicó también la libertad de expresión y el derecho del pueblo estadounidense a saber por qué y para qué sus gobiernos se empeñan en guerras largas e inútiles que sólo exportan dolor y sufrimiento, aunque estimulan la economía doméstica, producen ganancias a sus corporaciones bélicas y permiten apoderarse de recursos naturales como el petróleo.

Ellsberg tuvo el coraje de dar a conocer a la prensa -en 1971- un archivo confidencial con la historia oculta de la guerra de Vietnam, 'Los papeles del Pentágono', 47 volúmenes y 7 mil páginas, que desataron un escándalo que se empató con el Watergate de 1974 y concluyó con la salida forzada de Nixon. El denunciante pasó por la cárcel, por los tribunales y terminó por ingresar a la historia. En 2001 publicó sus memorias (Secrets: A Memoir of Vietnam and the Pentagon Papers) y así inspiró la película The Pentagon Papers. Es la historia de uno de 'los hombres del Presidente' que terminó por cambiar de bando, algo impensable hoy en sujetos como Donald Rumsfeld y Cía. Pero lo que dice el protagonista hacia el fin de la película tiene hoy tanta actualidad como hace más de 30 años: 'Hice mi denuncia para que los próximos 20 años de los EEUU no se parezcan a los 20 años anteriores'. Bueno, se quedó corto... La película puede no ser excelente en su factura estético-cinematográfica, pero así y todo es una flor entre tanta basura.


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