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Los presagios de la naturaleza

None | 8 de Septiembre de 2005 a las 00:00

Katrina: National Geographic pronosticaba la tragedia

www.infobae.com

La nota fue titulada Lo que el agua se llevó , y pronosticaba la desaparición de la ciudad de Nueva Orleáns como consecuencia de violentas inundaciones. Lejos de cualquier profecía, hace un año atrás los investigadores de la prestigisa revista Nacional Geographic advirtieron sobre la catástrofe que hoy mantiene enlutada a la sociedad estadounidense.

En la edición de octubre del 2004, el periodista Joel K. Bourne Jr. escribió una pormenorizada ficción acerca de la desaparición de la ciudad de Nueva Orleáns bajo las aguas y en el marco de una inundación sin precedentes.

Antes del fin, Bourne Jr. imaginó a los acalorados habitantes del lugar viendo las últimas noticias sobre los huracanes en el Golfo de México, disfrutando del aire acondicionado y deseando que el sofocante mes de agosto los dejara en paz. "Nada sorprendente ni fuera de lo normal", escribió.

Relataba luego que las lluvias levantarían el nivel del mar y una pared de agua marrón arrasaría con New Orleáns sin darles tiempo a reaccionar. Describió cómo las precarias casas de los habitantes del pantano quedaban sepultadas bajo el lodo y de qué forma la ciudad de los camarones, el jazz y la nostalgia, desaparecía.

"¿Cuándo sucedió esta calamidad?", preguntaba el periodista en agosto del año pasado, y advertía: "Todavía no sucedió pero en la lista de la Agencia Federal de Gerenciamiento de Emergencias figura un huracán que devastará a Nueva Orleáns como una de las amenazas más trágicas a la Nación. Mucho más que una amenaza de terremoto en California o un ataque terrorista en New York City. Incluso la Cruz Roja no abre más refugios para víctimas de huracanes en Nueva Orleáns debido al riesgo que significa para sus trabajadores".

Por si fuera poco, el periodista de la National Geographic refuerza su investigación con un comentario del ingeniero Joe Suhayda, quien dedicó 30 años de su vida al estudio de la costa de Louisiana.

"El asesino para Luisiana es una tormenta Categoría Tres, que tras 72 horas se convertirá en una Categoría Cuatro y luego en una Cinco, dirigiéndose hacia la peor dirección (...). Nuestra tecnología es buena cuando funciona. Pero cuando falla, pueden pasar cosas tremendas", pronosticó Suhayda.

"Las oportunidades de que tal tormenta arrase con Nueva Orleáns cualquiera de estos años son leves, pero el peligro está creciendo. Los climatólogos predicen que tormentas de gran alcance van a sucederse con frecuencia en el siglo, en tanto la subida del nivel del mar y el calentamiento global están poniendo las costas bajas en grave riesgo", presagiaba el artículo del 2004.

Katrina… y otra vez las cosas no serán como fueron

Por Lagos Nilsson, editor de la revista de política y cultura latinoamericana Piel de Leopardo. Adital

Los ricos volaron mientras los pobres morían, me escribió el poeta Álvaro Leiva -desde La Florida- que le escribieron, y aquellos dejados atrás, dijo, quedaron en el confinamiento de su propia mala suerte, hambreados al sol sobre los tejados. Quienes podían haberlos socorrido habían sido enviados a Iraq.

Piensa uno: ¿Y si los hubieran socorrido como salvan a Iraq?. Pero la pregunta es obscena. La vida produce el dolor por el que culpamos a la muerte. El cineasta Michael Moore inquiere si saben -allá, en EEUU- dónde están los helicópteros que pudieron haber ayudado en la evacuación que no fue -al quinto día del paso del huracán-. Los helicópteros están en Iraq.

El 80 por ciento de los abandonados por el huracán en Nueva Orleans corresponden al 35 por ciento de la población de esa ciudad y sus alrededores. Habló el mercado.

Uno piensa en los desastres naturales -cada vez más naturales mientras más se depreda el planeta-; uno ha visto pueblos derrumbados. El terremoto asesina en seco, he ahí la diferencia entre los cadáveres hinchados en las riadas y las calles enmerdecidas y aquellos otros, los que quedan bajo escombros de madera, cemento y rocas.

Es imposible deshacerse de la tristeza. Es imposible ver entre las víctimas pasados o futuros invasores de países que no conocen y que desprecian. Uno sabe que ellos fueron los despreciados esta vez. Son material descartable, y se darán cuenta, quizá cuando pase el miedo, la ira, el abandono. Pertenecen al 30 o más por ciento que le sobra a la "globalización". Son los que están fuera del mercado.

Escribió en Rebelión el periodista uruguayo Luciano Álzaga: "Parece cada vez más evidente que han tomado la decisión política de no ayudar a la población con el objetivo de imponer un nuevo ingrediente del ideario neoliberal: el Estado no está para socorrer a los afectados por los desastres naturales.

"‘Nuestros corazones y nuestras plegarias están con nuestros compatriotas en la Costa del Golfo que tanto han sufrido por el huracán Katrina’, dijo el presidente Bush en otro de sus mensajes. Lo que no está con nuestros compatriotas es nuestro inmenso presupuesto y nuestros inmensos recursos, leo yo.

"En resumen, que el problema no parece ser la ineficiencia de Bush ni el mal uso de los recursos, si no un bien pensado plan con profundas motivaciones ideológicas (…) Proteger y ayudar al poder financiero y empresarial a colonizar el mundo en busca de beneficio económico".

Haga cuenta presidente -dice Moore- "que Nueva Orleans y la costa del Golfo están cerca de Tikrit". Probablemente lo considere, cuando llegue el momento de los contratos para la reconstrucción de la infraestructura destruida por el huracán.

El viento y el agua terminaron la tarea de la pluma y el papel

"Al huracán hay que cambiarle el nombre; debemos llamarlo William Faulkner", dice el escritor Rodrigo Naranjo. Tal vez. El Nobel cambió los estereotipos del sur estadounidense, algodonoso, ebrio y violento, y Katrina simplemente lo destruyó. Acaso necesiten esas tierras otro Faulkner para contar el relato de los próximos años. Un Faulkner que, seguro, no será periodista de CNN ni firmará los guiones de las próximas películas sobre heroísmos y maldades provincianas desanudados por el viento, la lluivia y la mierda flotante.

Paralelo 21, de la radio de la Universidad de Guadalajara, México, publicó un artículo de Ted Córdova; en parte dice: "El presidente Bush, que debió interrumpir sus largas vacaciones para prestar atención a la catástrofe, anunció medidas federales y el probable lanzamieno al mercado interno de las reservas estratégicas de petróleo. Y advirtió: "la recuperación tomará varios años?. Bush observó la magnitud de la catástrofe desde la seguridad de una ventanilla del Air Force One que sobrevoló las inundaciones en un vuelo de Texas a Washington.

"En un análisis noticioso el NY Times observó que esta catástrofe era una ‘nueva prueba para el presidente en momentos en que todavía hay una guerra en curso, conflicto que no es precisamente popular entre los norteameicanos.

"La tremenda inundación en Lousiana, Mississipi y Alabama, estados sobre el golfo de México, que algunos medios compararon con un Tsunami, recordaba el dramatismo de los relatos de William Faulkner, el gran novelista del deep South norteamericano, especialmente en su obra cumbre El sonido y la furia, que describe una gran inundación en esas regiones.

En una medida lo ocurrido, más que una catástrofe, es el martirologio provocado por una masacre anunciada.

El periodista y escritor cubano Jorge Gómez Barata lo piensa así, según un despacho de ALTERCOM: "Todos los expertos coinciden en que en Nueva Orleans las cosas comenzaron a fallar cuando se ordenó una evacuación por medios propios y a partir de decisiones individuales de los ciudadanos, que en realidad se convirtió primero en una huída y luego en una estampida.

"Por otra parte, cuando las autoridades locales fueron rebasadas por las dimensiones de la tragedia y cuando su capacidad de respuesta colapsó, no apareció la imprescindible intervención de las agencias federales coordinadas por el gobierno central, en primer lugar, por el presidente del que se espera el máximo de competencia, autoridad y consagración.

"Durante la tragedia y después de ella se echó de menos al ejército, no sólo a la Guardia Nacional que es una reserva, sino a las tropas regulares formadas por hombres jóvenes, entrenados, con recursos, mandos y determinación suficiente para actuar bajo riesgo y que, incluso en las más adversas circunstancias pueden desplazarse a cualquier punto del país en breves plazos.

"Recuerdo ahora que la guerra de Vietnam se libró durante la Guerra Fría y que durante ese período, Estados Unidos se involucró en otros muchos conflictos de menor entidad, incluso internos cuando tuvo que lidiar con la oposición a la guerra y la lucha por los derechos civiles".

El periodista chileno Raúl Sohr apuntó en un análisis para Chilevisión que en Nueva Orleans el 35 por ciento de la población es -¿era?- negra, y que ellos aportaron el 80 por ciento de las víctimas. Pero Katrina hizo aun más: puso en jaque la refinación del crudo, haciendo, de paso, que suba el valor de los combustibles en medio mundo. Las "hermanas" no pierden.

No sólo se debe hablar de los efectos físicos, territoriales, del huracán. Habrá otros.

Un "secado" de cerebro

Escribe Ernesto carmona: "Por suerte, algunos estadounidenses todavía resisten el lavado el cerebro de la propaganda de los cuatro grandes grupos que controlan los medios de comunicación en ese país (Time-Warner-CNN-AOL, Disney, Viacom y News Corp.-Fox).

"El alcalde (negro) de Nueva Orleans, Ray Nagin, fue capaz de graficar el abandono cuando este viernes dijo: ‘El Congreso aprobó rápido ocho mil millones de dólares (para comenzar la guerra en Irak) después del 11 de septiembre (Torres de Nueva York) ... El Congreso le dio al Presidente (George W. Bush) facultades discrecionales", (pero el gobierno federal) "no tiene idea de lo que está ocurriendo aquí. Que se ponga las pilas, tome su avión y venga de inmediato con la gobernadora".

"Pidió buses para trasladar gente, no transportes escolares ni chóferes a pie. Dijo que el viernes todavía había 50.000 personas que llevan cinco días sin comer ni beber, en peligro de morir de hambre y contraer enfermedades en los refugios tipo ghetto y sobre los techos de sus ex casas. El alcalde añadió una frase críptica, que quizás tenga doble sentido: ‘Yo no soy un drogadicto y estoy pensando con toda claridad’.

"Bush debió interrumpir unas vacaciones tan largas que Jesse Jackson jr. las describió como un récord, pero su debilitada mente genocida no atina con medidas cuerdas. No tardó en enviar tropas y ordenó matar -lo que sabe hacer mejor-, o sea, tolerancia cero con los ladrones de víveres. La gobernadora de Luisiana, Kathleen Blanco (que por añadidura luce blanca y rubia, quizás teñida), piensa usarlas para matar más gente, esta vez a los saqueadores que buscan alimentos. ‘Estos soldados acaban de regresar de Irak, están bien instruidos, tienen experiencia, han sido probados en batalla y tienen mis órdenes de restablecer el orden en las calles’, advirtió".

Mientras, caminan por el país hacia Wáshington Cindy Sheehan (ver en Piel de Leopardo Heroína contra la guerra) y un grupo seguidores -que se engrosa cotidianamente-, los que esperan manifestarse en la capital estadounidense el 21 de setiembre próximo. Primavera aquí, otoño allá. Símbolos de la esotérica de la historia.

La razón en Estados Unidos suele crear monstruos –aunque no sueñe con los 10.000 muertos de Katrina–.

Katrina, ¿un Paralelo con Hiroshima y Nagasaki?

Por Rubén Arvizu, director para América Latina de la Nuclear Age Peace Foundation (www.wagingpeace.org)

La guerra no determina quién tiene razón
sólo quién sobrevive
Bertrand Russell

Entre las diferentes formas de describir la terrible destrucción ocasionada por el huracán Katrina, varios funcionarios de Lusiana y Misisipi, así como varios comentaristas de los medios, han hecho comparaciones entre este desastre natural y el que fue ocasionado por el hombre.

La devastación, muerte y miseria causada por un huracán de categoría 4 es innegable. Lo extenso de los daños se extiende por cientos de kilómetros. El costo económico será gigantesco. La pérdida de vidas humanas es siempre lamentable y en este caso los números podrán alcanzar varios miles.

Las cifras reales no las sabremos por el momento. Sin duda alguna, las muertes sobrepasarán a las del terremoto de San Francisco en 1906. Pero aún considerando una cifra cercana a 10 mil víctimas, y esperamos que esta sea menor, no hay comparación con la inmediata aniquilación de más de 70 mil personas en Hiroshima y cerca de 40 mil en Nagasaki, con decenas de miles que fallecieron después como resultado del bombardeo

El poderoso tsunami que devastó partes de Indonesia y naciones adyacentes el pasado diciembre, mató aproximadamente el mismo número de personas que las vidas que se perdieron en las dos ciudades japonesas.

No olvidemos que el enorme poder que se requiere para detonar una bomba nuclear equivale a la energía generada por las bombas atómicas usadas en 1945. Si hemos quedado sin habla ante la destrucción ocasionada por Katrina, ¿qué podemos esperar si nuestra pesadilla de un holocausto nuclear se materializa?

Estamos siendo testigos de las graves consecuencias causadas por el huracán, entre ellas la posible muerte de una ciudad muy especial, Nueva Orleáns. El caos y el abandono de la ley imperan en la cuna del jazz. Incontables personas están agotadas, hambrientas y desesperadas. Han ocurrido actos de enorme violencia como ataques con armas de fuego en contra de helicópteros que trataban de rescatar sobrevivientes. La ley de la selva se cierne sobre una de las más amadas ciudades de Estados Unidos.

El mundo de fantasía de Hollywood nos trae desastres, invasiones del espacio y hasta guerras nucleares. Después de terribles escenas de devastación, al final, el sol brilla de nuevo y un hermoso arco iris cruza el horizonte. La vida continua como siempre.

Esta falsa idea de seguridad es promovida por el gobierno que diseña planes para “sobrevivir y continuar el gobierno” después de una guerra nuclear o un ataque terrorista. Si la situación en Lusiana y Misisipi se torna cada vez más fuera de control, ¿cuál será el mundo real DESPUES de un holocausto nuclear?

Los humanos hemos perfeccionado el arte de matar. Nuestras propias invenciones pueden poner fin a la existencia humana y posiblemente a todas las otras formas de vida.

La Madre Naturaleza continuará golpeándonos, algunas veces en forma terrible pero no amenazará con aniquilar a sus criaturas. A menos que un gran cometa impacte contra la Tierra y nos desaparezca como ocurrió con los dinosaurios, la amenaza nuclear continuará siendo la espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas.

Mientras tanto, podríamos utilizar los enormes recursos que actualmente se gastan para desarrollar más armas nucleares y prepararnos mejor contra los desastres naturales y ayudar en este caso a reparar la destrucción dejada por Katrina. Tal vez podamos traer de nuevo a la vida a Nueva Orleáns y a las otras zonas tan dañadas.

El espectro de Katrina

Por Alejandro Nadal, La Jornada

En 1971 concluyó una de las operaciones de especulación inmobiliaria más grandes de la historia urbana de Estados Unidos. Sobre los restos de un antiguo cementerio expropiado se inició la construcción de uno de los mayores estadios deportivos de ese país: el Superdome de Nueva Orleáns, con capacidad para más de 72 mil personas. Alrededor del estadio el valor de los bienes raíces subió como espuma, y quienes poseían información privilegiada se volvieron multimillonarios en unos cuantos meses comprando barato y vendiendo caro las tierras que se convertirían en el nuevo centro de negocios del puerto.

Dicen que la mala suerte del equipo local de futbol, los Santos de Nueva Orleáns, se debe a que la gigantesca obra perturbó el reposo de los difuntos. Si la maldición perseguía a los anfitriones del estadio, la semana pasada alcanzó su apogeo con la llegada de Katrina a la ciudad. Más de 25 mil personas entraron al estadio (la mayoría por primera vez), convertido en albergue de última instancia para aquellos que no pudieron evacuar sus casas durante la emergencia.

En los días siguientes, la acumulación de basura y desechos orgánicos transformó el estadio en un muladar de proporciones monumentales revelando que, más que un siniestro natural, la catástrofe de Nueva Orleáns es un desastre fabricado por la ambición y la incompetencia. También destapó la pobreza y la corrupción, la incompetencia y la perversidad no sólo de Bush y su gente, sino de todo un sistema económico depredador basado en la desigualdad y la indiferencia.

El impacto económico del huracán dejará profunda huella. El puerto de Nueva Orleáns es el más importante de Estados Unidos y el quinto en tamaño del mundo, superado sólo por Rotterdam, Shanghai, Hong Kong y Singapur. Todas las exportaciones a granel provenientes de la gigantesca cuenca del Missouri y el Mississippi pasan por Nueva Orleáns, puerto que ahora está gravemente perturbado y su fuerza de trabajo desparramada, sin hogar y sin transporte. Las reparaciones tardarán tres meses, tiempo suficiente para que los efectos negativos se extiendan por todo el mundo. El fantasma del terremoto de Kobe, en 1995, y su terrible impacto económico acechan detrás de estas predicciones.

Las instalaciones portuarias de Gulfport, en la desembocadura del Mississippi, resultan claves para las exportaciones estadounidenses de maíz y soya. Los precios de estas exportaciones se incrementarán, y el efecto sobre las importaciones de granos que México lleva a cabo se dejará sentir en las próximas semanas.

Katrina interrumpió la producción, refinación y las importaciones de crudo en una vasta zona del Golfo de México. El 12 por ciento del petróleo y 54 por ciento de la gasolina que se consumen en Estados Unidos pasan por esta zona o bien se producen en las refinerías en la costa del Golfo. Además, la cuarta parte del gas natural es extraído o importado a través de esta misma zona y la reserva estratégica de petróleo se encuentra almacenada aquí.

Katrina destruyó parte de esta infraestructura, rompiendo dos gasoductos y oleoductos de gran capacidad. Asimismo, la falta de corriente eléctrica perturbó la distribución en un área mucho mayor que la zona afectada directamente. Veinte plataformas petroleras fueron destruidas o separadas de su anclaje y Port Fourchon (al sur de Nueva Orleáns), lugar por donde pasa 17 por ciento de la oferta de crudo y gas de Estados Unidos, requerirá varias semanas para recuperarse. El impacto sobre los precios de gasolina será duradero.

El efecto macroeconómico se dejará sentir en los próximos meses porque las operaciones de rescate y salvamento de la ciudad durarán mucho tiempo. Así, el desempleo en la región acaba de recibir un impulso extraordinario. De hecho, no hay pagos, no hay demanda y la actividad económica se ha reducido a casi cero en una amplia región. El peso de los evacuados a otras ciudades, como Houston, comenzará a dejarse sentir en las semanas que vienen a medida que se prolongan las operaciones de reconstrucción.

El impacto sobre la confianza de los consumidores, indicador clave en el pulso macroeconómico de Estados Unidos, puede afectar el principal motor del crecimiento de esta economía. De seguir altos los precios de la gasolina, el consumidor estadounidense terminará por gastar menos en otros renglones, lo que tendrá un impacto generalizado sobre el crecimiento económico. Los efectos se extenderían sobre un amplio espectro de sectores de la economía mundial y tendrán repercusiones insospechadas.

Es posible que Katrina interrumpa la política de la Reserva Federal de aumentar las tasas de interés. Sin embargo, si el elevado precio de la gasolina afecta la inflación, la Reserva enfrentará un dilema. Si aumenta la tasa de interés para controlar la inflación, frenará todavía más el crecimiento. Además, la burbuja de bienes raíces podría reventar, arrastrando el mercado bursátil a un nuevo episodio depresivo, cuyos efectos se dejarían sentir en todo el planeta. Quizás lo único bueno de Katrina es que podría acelerar el retiro de las tropas estadounidenses de Irak.

El colapso de Nueva Orleáns no es un desastre natural

Por Manuel Castells, catedrático emérito de Sociología de Berkeley. Miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras de España. El Periódico

El colapso de Nueva Orleáns no es un desastre natural sino una calamidad social y política. El huracán Katrina no golpeó directamente Nueva Orleáns. Su impacto en la costa de Misisipí fue devastador. Pero no comparable a lo que ha ocurrido en Nueva Orleáns. En esa histórica ciudad la destrucción provino de la inundación por ruptura y desbordamiento de las aguas porque los diques protectores no eran suficientemente altos. La ciudad, construida bajo el nivel del mar entre lagos y el río Misisipí, se hizo precaria en las últimas décadas porque su protección natural de marismas ha sido erosionada por el desarrollo inmobiliario. Clinton declaró una amplia área no edificable. Pero Bush eliminó la protección federal y la erosión se acentuó. Hace tiempo que los expertos denunciaron que los envejecidos diques necesitaban reparación. En junio del 2002 el periódico local Times-Piscayune predijo que un huracán de nivel 3 inundaría la ciudad.

En abril del 2001 un informe del Congreso identificó Nueva Orleáns como zona potencialmente catastrófica y recomendó una modernización del sistema de diques. El proyecto fue rechazado porque costaba 14.000 millones de dólares (es el gasto de un mes en Irak). Además, ante las dificultades presupuestarias derivadas de la guerra, Bush ha recortado fondos civiles. En junio del 2005 redujo en 44% los fondos del Cuerpo de Ingenieros de Nueva Orleáns de los que depende el mantenimiento del sistema de diques y drenaje.

La inundación ha sido selectiva. La zona de hoteles y el histórico barrio francés fueron golpeados por la tormenta, pero apenas inundados. Los diques eran más vulnerables en zonas populares de Nueva Orleáns, que han sido las más afectadas. Es una de las ciudades más pobres de Estados Unidos, con un 67% de población negra. Fue esa población la que más sufrió. ¿Por qué no se fueron? En su mayoría porque no pudieron. Hay un 20% de pobres en la ciudad, muchos de ellos no tienen coche y, sobre todo, no tienen dinero ahorrado ni ningún sitio adonde ir. Un diario local, pocos días antes del huracán, cuando ya se sabía que venía, estimó que había 100.000 personas sin coche. La orden de evacuación sólo pudieron seguirla las familias de clase media, con coche, ahorros y conexiones. Pocos de ellos están hoy entre las víctimas.

La catástrofe está marcada por clase y raza. Las autoridades dieron la orden de evacuar sin ningún plan, sin proveer transporte, sin asegurar refugio. Lo único que hicieron fue abrir el estadio de fútbol y allí fue la gente desesperada. Pero nadie había previsto retretes, duchas, comida, agua, nada. Al cabo de un día el lugar se convirtió en un infierno. Antes de que llegara ayuda pasaron cuatro días, cuatro largos días en una gran ciudad, en la que cientos de miles de personas deambulaban sin rumbo por aguas infectadas de ratas o se parapetaban en sus techos mientras el agua subía, esperando una ayuda que en muchos casos no llegó a tiempo.

¿Por qué? Ineficiencia y desorganización, desde luego. Pero también falta de recursos. La Guardia Nacional de Luisiana, el recurso en estos casos, tiene el 35% de los efectivos y casi todos sus vehículos anfibios en Irak. Y la gobernadora de Luisiana tiene como única obsesión mantener el orden, y ha permitido que se tire a matar, incrementando la tensión. La agencia federal para emergencias no fue capaz de organizar la ayuda hasta que el Ejército tomó el tema en sus manos: la prioridad concentra en los militares la capacidad operativa.

Es significativa también la lenta reacción del presidente Bush y del Congreso. En el primer día de catástrofe ni siquiera interrumpieron las vacaciones. En internet circuló una foto de Bush tocando la guitarra. Y a la secretaria de Estado Condi Rice la vieron en el teatro en Nueva York y comprándose pares de zapatos en la carísima tienda Ferragamo de la Quinta Avenida. Anécdota: a una señora que la increpó, la echaron a patadas. Es posible que la relativa indiferencia al sufrimiento de estos refugiados tenga una coloración racista. De hecho, el presidente del Congreso (republicano) declaró que sería mejor no reconstruir Nueva Orleáns.

En este contexto hay que situar el pillaje y la violencia que se desataron en Nueva Orleáns, lo que más ha alarmado a la élite del país. ¿Por qué disparan contra helicópteros de rescate? ¿Cómo pueden verse en el país de la democracia bandas armadas en camionetas aterrorizando y disparando, mientras la policía se atrincheraba en sus comisarías o abandonaba sus puestos porque la situación era, según un policía, "como en Somalia"? En parte, fueron gente desesperada que sin comida ni bebida saquearon para sobrevivir. Y de paso, muchos se llevaron lo que pudieron. Algunos para canjearlo por comida. También asaltaron almacenes de armas.

Por otra parte, ocurre que en muchos barrios pobres de Estados Unidos la situación social es explosiva, sólo se mantiene con policía y si los jóvenes ven la posibilidad de revancha, se la toman, aunque sea por unas horas. Hacer explotar todo en su desesperación. Y ahora empiezan los incendios. Es otra forma de suicidio antisistema. El desastre de Nueva Orleáns, en toda su tragedia humana, denota la debilidad fundamental del coloso estadounidense, tan desarrollado militar y tecnológicamente, como socialmente subdesarrollado y políticamente descontrolado. Su crisis nos afectará a todos.


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