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Mujer, negra y pobre: la peor tragedia en Nuevo Orleáns

None | 12 de Septiembre de 2005 a las 00:00

Katrina y las mujeres

Por Miguel García, Artemisa Noticias/Cimac

Las mujeres y las nenas, principalmente negras y pobres, son las principales víctimas del huracán Katrina en Nueva Orléans.

Una mujer muerta y abandonada por tres días en su silla de ruedas a las afueras del Centro de Convenciones es ya insignia de la vergüenza nacional, Vera yace desde hace tres días en la esquina del centro, como si habláramos de la Quinta Avenida y la Calle Catorce en Nueva York o de la Avenida Insurgentes y la calle Londres en la ciudad de México.

Al menos tiene nombre y epitafio. Aquí yace Vera, Dios se apiade de nosotros, dice en grandes letras sobre el plástico que cubre el cuerpo y que sujetaron con ladrillos bordeando su cuerpo, dándole la dignidad de una tumba. Otra mujer muerta flota en las aguas y ocupa la primera plana del New York Times, pero ya no es mujer: es una muerta, es la muerte.

Una niña de entre ocho y diez años fue encontrada salvajemente violada y acuchillada en los baños del Centro de Convenciones de Nueva Orleáns. La historia de violaciones de menores es amplia. No fueron las mujeres, las niñas y los niños los primeros en desalojar el Centro de Convenciones o el Superdome, sino hombres que a la fuerza evitaron que niños, mujeres y ancianos salieran. La Guardia Nacional abandonaba todas las noches su tarea de protección y vigilancia del Centro de Convenciones, dejando a los más indefensos en manos de saqueadores y violadores.

Las historias están a la vista en las fotos; otras no tanto, como la de las ancianas discapacitadas mentales de un asilo abandonadas a su suerte por empleados y cuidadores. Las ancianas se colapsan por el calor de hasta 40 centígrados; las madres agonizan de angustia por el sufrimiento de sus bebés; las historias de las niñas violadas y asesinadas y de las jóvenes violadas se ocultan más, pero se constatan y los testimonios son muchos.

Un repaso rápido de las fotos y noticias nos permite estimar que son mujeres afroamericanas y pobres las que más están sufriendo, de acuerdo con los despachos informativos de diversas agencias noticiosas.

El que las mujeres sean las principales víctimas se explica por la pobreza y retraso de la zona, que tiene una de las de más altas tasas de violencia familiar de Estados Unidos y la tasa mas alta de homicidio del país; el origen de esta situación se encuentra en la destrucción de la familia tradicional y un nuevo machismo que se diferencia del tradicional por su glorificación del predador y su culto a la violencia.

Ningún grupo feminista en Estados Unidos ha alzado su voz lo suficiente para hacerse oír, a pesar de que cuentan con presencia en los medios. No es asunto de género, dijo una feminista consultada. Para los anglosajones blancos y protestantes, tratándose de una negra, una vieja o una niña pobre nada es asunto de género.

En el lado del este de Manhattan, cerca del Parque Central, estos actos de discriminación o violencia hubieran levantado una oleada de protestas políticas seguidas de un tsunami de demandas legales, civiles y criminales, pero hay de estadounidenses a estadounidenses; hay de América a América y de género a género.

Junto con el huracán Katrina, ser mujer, negra y pobre es la peor tragedia hoy en Nuevo Orleáns.

Nueva Orleáns, teatro de la mezquindad

Por Miguel Angel Velásquez, La Jornada

El centro de acopio de la ciudad de México, donde se recibe la ayuda que los mexicanos quieren donar a las víctimas del huracán Katrina ha obtenido, hasta ahora, según versión oficial, una respuesta pobre, menor a la que se obtuvo a principios del año por el tsunami en Asia, situación que contrasta con la asistencia que ha enviado ya el gobierno federal a su homólogo de George Bush.

Esto quiere decir, siempre apegados a la lista que proporciona el centro de acopio, que se están enviando artículos para la limpieza personal como pastas dentífricas, desodorantes, jabones, champús y otros; también se pide agua embotellada -de un litro cada botella-, pañales de caja y comida en lata.

Se prohíbe, eso sí, que las donaciones, cualquiera de ellas, vaya empaquetada, no sea que se vaya a colar por ahí una bomba, es decir, solamente se reciben unidades separadas.

El asunto es que fuera de las cobijas y las sábanas, que deben ser nuevas, y de las camas plegables, que también se necesitan, todo, o casi todo lo que se pide, pertenece a las marcas comerciales que tienen como matriz, curiosamente, Estados Unidos.

El asunto llama la atención porque hasta hoy no sabemos que las grandes trasnacionales de la comida, como por ejemplo la subsidiaria de la Halliburton, esa empresa donde el vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, tiene o tuvo sus intereses, y que vendía a precios más altos de lo normal el alimento que consumen los soldados que invadieron Irak, se hubiera tocado el corazón para enviar a Nueva Orleáns la ayuda alimentaria que tanto urge.

Tampoco está en la línea de esa solidaridad la Coca-cola, que produce tanta agua embotellada que bien podría dejar de ganar algunos cientos o miles de dólares para calmar la sed de la gente de la región del jazz del Mississippi.

Me refiero a estas dos empresas, como podría haber hablado de cualquier otra de las muchas que dominan el mercado, que se construyeron en Estados Unidos y que deberían ser las primeras en acudir en ayuda a los ciudadanos en desgracia.

Pero esto no es posible en el mundo neoliberal, en el mundo globalizado. Si no se puede comprar no se debe existir. Así se podría resumir la actitud de las grandes empresas que seguramente ahora podrán vender más gracias a la solidaridad de muchos pueblos del mundo, que comprarán sus productos, los de las grandes firmas, para ayudar a los estadounidenses que ahora los necesitan.

Todo esto parecería pesar en el ánimo de muchos mexicanos que no han mostrado, hasta ahora, y pese a las campañas televisivas, la misma conmiseración que en muchos otros momentos de desgracia se han sentido en otras partes del mundo.

Y ES que da coraje asistir a este teatro de la mezquindad. ¿Cuántos helicópteros habrá en Estados Unidos? ¿Serán tan pocos que un país pobre y empobrecido, como México, tenga que enviar algunos de los suyos para los trabajos de asistencia? Si es así, qué bueno por nuestro país que sabe mostrarse generoso en los momentos de emergencia, si no, bueno, más vale no hacer más comentarios.

El huracán

Por Luis Javier Garrido, La Jornada

El paso del huracán Katrina por el sur de Estados Unidos mostró una vez más la miseria existente en ese país, el desamparo en que se encuentran los pueblos en el escenario de la globalización, y el cinismo de las elites gobernantes que ante una catástrofe de esta magnitud, lejos de actuar con criterios éticos, aprovechan la situación para profundizar en la imposición del modelo neoliberal.

1. Katrina, que destruyó Nueva Orleáns y decenas de otras poblaciones de los estados de Luisiana, Mississippi y Alabama el 29 de agosto, ocasionando miles de muertos, no es nada más la catástrofe natural más importante en la historia de Estados Unidos, sino un escenario clave del desastre neoliberal que vive el mundo.

2. La corresponsabilidad por la destrucción de la ciudad de Nueva Orleáns y por la magnitud de la catástrofe se deben tanto al fenómeno natural como a las omisiones deliberadas del gobierno de Bush antes de la catástrofe al confiscar los fondos destinados a reparar los diques del lago Ponchartrain y al no instrumentar un plan ante un desastre largamente anunciado, como a la indolencia de su gobierno después de ésta, pues no respondió con eficacia y celeridad. Bush, cuya renuncia exigen varios sectores, no sólo ha actuado como "un incompetente y un racista", según lo calificó el día 7 el senador Jesse Jackson, sino como un individuo de mala fe.

3. Katrina ha mostrado al mundo tanto la miseria en la que sobreviven amplios sectores del pueblo estadounidense -y no sólo las comunidades de afroestadounidenses y de migrantes mexicanos- como la de su régimen político.

4. El paso de Katrina por la costa sur de Estados Unidos evidenció dos aspectos fundamentales de la globalización neoliberal que sus defensores han desdeñado y que ilustran bien la naturaleza del régimen económico y político que se busca instaurar en todo el mundo, pues en Estados Unidos, el país que se asume como el más poderoso del planeta, a) no existe un Estado que pueda tomar medidas preventivas ante un desastre anunciado de esas magnitudes, ni tampoco responder a éste de manera eficiente, y b) no hay tampoco una sociedad civil que responda con celeridad y eficacia ante desastres de estas magnitudes. ¿Dónde han estado desde entonces las trasnacionales?

5. El gobierno de Washington no sólo se desentendió del problema antes y después de que ocurriera, sino ante las exigencias airadas de amplios sectores de que actuara conforme a sus responsabilidades, Bush se limitó a hacer recorridos para fotografiarse, a arrojar lo esencial de las tareas a las autoridades locales y a demandar el respaldo económico de los europeos, hasta terminar por llamar a las fuerzas armadas para imponer una solución de fuerza: el desalojo total de Nueva Orleáns, ciudad que jamás debió sufrir esa destrucción de haber existido un gobierno responsable, para terminar ayer anunciando en un mensaje televisivo un apoyo muy restringido.

6. La ciudad de Nueva Orleáns, que fue escenario de un episodio brillante de la historia mexicana, pues entre 1853 y 1855 vivieron ahí Benito Juarez, Melchor Ocampo y Ponciano Arriaga como refugiados políticos durante la última dictadura santannista, preparando la revolución de Ayutla, ahora es escenario de uno más de los vergonzosos episodios de la diplomacia mexicana encabezada por Fox, quien ha pretendido utilizar la tragedia para subordinar más a México a Estados Unidos.

7. El Departamento de Estado, que ha aprovechado los acontecimientos para seguir impulsando sus políticas agresivas, guardó silencio cuando, al día siguiente del Katrina, el presidente cubano Fidel Castro anunció su disposición a enviar cientos de médicos y ayuda asistencial, y el presidente venezolano Hugo Chávez hizo saber que su país haría llegar un millón de barriles de gasolina y 5 millones de dólares. Pero cuando al tercer día, con rapidez inusitada para lo que acostumbra, Vicente Fox manifestó que su gobierno cooperaría con Washington, se tejió un plan perverso para abrir la vía a la anhelada subordinación.

8. El gobierno de Fox anunció que estaba enviando, en absoluta connivencia con la administración de Bush, en una de las decisiones más vergonzosas de su gobierno, una supuesta "ayuda humanitaria" a Estados Unidos, que no lo es por su irrelevancia, pero que fue transportada ilegalmente por un convoy del Ejército Mexicano y por el buque Papaloapan de la Armada, que tuvo el propósito de sentar el precedente de que contingentes de las fuerzas armadas mexicanas pueden y deben actuar en supuestas "misiones de paz" en el exterior, dándose así un primer paso para doblegar las oposiciones que existen en México para satisfacer las exigencias de Bush de enviar soldados mexicanos a Irak y Afganistán como a otras eventuales guerras imperiales de Washington. El Ejército Mexicano está actuando así de manera inconstitucional, cumpliendo misiones que le prohíbe expresamente el artículo 129 constitucional y ahondando su desprestigio.

9. Los migrantes mexicanos en Estados Unidos se hallan en el más absoluto desamparo, pues no han recibido ayuda alguna como era de esperarse. Los que se hallaban en la zona del desastre perdieron todo, incluyendo su empleo, como lo pueden perder también los de otros estados por la situación económica que se avecina. Fox mintió cínicamente a López Dóriga el lunes 5 cuando le dijo que ya había hablado con Bush, lo que no era cierto, para que las autoridades migratorias les dieran una tregua, y que por consiguiente no deberían preocuparse. La tregua anunciada por Washington es para quienes los emplean y no para ellos, y los mexicanos abandonados por Fox, quien se desresponsabiliza por su destino, siguen siendo perseguidos con saña por la migra estadounidense.

10. Los regímenes políticos del neoliberalismo están quedando al desnudo una vez más tras el paso del Katrina, y los pueblos del mundo no parecen tener aún conciencia de la gravedad de lo que acontece.

El color de la pobreza

Por Osvaldo Bayer, Página/12, Buenos Aires

Ya no caben aquí las ironías ni el "lo habíamos dicho". Aquí cabe sólo el inmenso dolor por el mundo que vivimos, pensando en los que hoy son niños y les tocará vivir tiempos cada vez más difíciles, fundados en el egoísmo y la estupidez de los poderosos. Lo de Nueva Orleans es producto de la soberbia de los fatuos y el egoísmo de los ávidos de poseer cada vez más.

En Nueva Orleans ha fracasado la humanidad toda. Sus intelectuales, sus organizaciones del trabajo, el sistema triunfante, las religiones.

El mundo acaba de vivir su prueba más contundente. Primero, la demostración de que este sistema no tiene salida. Segundo, que no es suficiente con denunciarlo. Hay que luchar contra él. Desde lo político, desde lo ecológico, desde lo espiritual, desde lo religioso. Con el huracán Katrina se ha llegado a la última prueba. El sistema no sólo ha jugado con la vida humana, sino también con la naturaleza. Lo ha dicho el representante alemán, el director del medio ambiente de la ONU, doctor Töpfer, al comenzar su discurso en Berlín: "El deterioro climático no es una visión del futuro, sino que es un hecho absolutamente actual. Es una necesidad de vida y no frases de lujo de algún intelectual". Llamó con dramatismo a "frenar el crecimiento económico cuando ya no se puede sostener el equilibrio ecológico". Y el primer ministro alemán, Gerhard Schroeder, por primera vez criticó abiertamente a los consorcios petroleros. Y llegó a una conclusión que tendría que haberla dicho una década atrás: "Hay que acabar con eso de que la protección del medio ambiente y del clima pone frenos al empleo de los desocupados". Que sostiene justo la derecha, los cristianos demócratas, para las próximas elecciones.

Todo lo que se pueda decir sobre la catástrofe de Nueva Orleans es poco. Los argentinos tuvimos un aviso en las inundaciones en nuestra Santa Fe de la Vera Cruz, donde no se tomaron las medidas de defensa necesarias porque –igual que en Nueva Orleans– al fin y al cabo hubiera sido defender los barrios pobres, a los sabaleros. A los cuales se mantuvo meses enteros debajo de carpas agujereadas con piso de lodo. "El color de la pobreza es el negro", tituló un diario con referencia a que el número de víctimas del desastre "republicano" de Louisiana es en su mayoría gente de color, descendientes de esclavos. No se hizo las construcciones de defensa que requería la protección de la vida.

En Naciones Unidas sonó el alerta: "Inversiones masivas para las energías renovables y un No definitivo a las materias primas fósiles, como el petróleo". Eso fue un mensaje directo a Estados Unidos, que se burló del Kioto I, el alerta para proteger el futuro del planeta y los hijos de la naturaleza. Y después al camino que siguieron todos los países del Primer Mundo, sin excepción: la falta de grandeza frente al proyecto general de dedicar todos los esfuerzos y gastos a una política de proteger el medio ambiente y de las políticas nuevas sobre energía y el clima. La misma mezquindad como los precios del petróleo en los últimos días, una especulación pura. Ha llegado el momento definitivo de que sean el Estado y asambleas ecologistas los que digan no a la tiranía de las empresas irracionales cuya única finalidad es la ganancia, contra todo principio de la Etica. Los pueblos tienen que empezar a movilizarse, a salir a la calle para defender la salud del paisaje natural, como lo están haciendo los patagónicos. Desde ya, la educación tiene que tener una orientación fundamental acerca de la defensa de la naturaleza. Porque no sólo el petróleo y los gases son el problema, sino también el agua. Hay que leer a Humboldt, el sabio que recorrió la América latina a principios del siglo XVIII y escribió maravillado acerca de la defensa de la naturaleza que hacían los pueblos originarios, quienes no tenían concepto de la propiedad, mientras que detalló cómo los conquistadores españoles lo primero que hacían al llegar era marcar y cercar ya la tierra de la que se apoderaban. Y aquí, cuando Roca entregó las amplias y generosas pampas a quienes habían financiado su mal llamada "Campaña del Desierto" apareció de pronto el alambre del esto es mío, mío, mío.

Me acuerdo muy bien de aquel Mayo de 1968 europeo, con los estudiantes en la calle, que entre otros principios de libertad y solidaridad mantenían los ideales de la protección de la naturaleza. Por eso, sonreí aquella vez en Buenos Aires donde una mano sabia había escrito en el monumento a Julio Argentino Roca, con pintura blanca: "Prefiero el Mayo Francés y no el julio argentino". Una frase plena de humor e ironía. Hace pocos días, esa frase que lo decía todo ha sido borrada. Los entendidos dicen que fue Macri quien ordenó hacerlo. Consecuente.

En los partidos que se presentan en las próximas elecciones en la Argentina ni figura la palabra defensa de la ecología. Tengamos en cuenta eso.

A partir de Nueva Orleans, todas las carreras universitarias tendrían que obligar al estudio y a la aprobación de la materia "Protección y respeto por el equilibrio ecológico". Las religiones deben acabar ya con eso de rezar y rezar para que dios "en su infinita bondad nos proteja". No, nosotros tenemos que proteger a la naturaleza con nuestra acción y no permitir que todo quede en manos del egoísmo de las empresas dominantes y sus muñecos políticos. ¿Qué hace Naciones Unidas respecto de la fabricación de armas y los bombardeos? Mira para otro lado. En el fondo, nada más que una farsa, con funcionarios bien pagados formando una burocracia bien pagada y parásita. Resultado: Nueva Orleans, y ahora todo se quiere remediar con dos mil dólares por persona en los bolsillos rotos de la población zaherida y humillada.

Martín Winter escribe desde Bruselas, de la Unión Europea, "que las autoridades de la Unión Europea registran que si bien Estados Unidos posee un armamento todopoderoso, y propicia guerras allí donde tiene o procura intereses, no ha gastado ni medio centavo en prever las crisis civiles y las posibles catástrofes en su propio territorio, en especial en las regiones más pobres". Y agrega: "Ahora queda al desnudo que desde siempre George W. Bush y su ministro de Defensa Donald Rumsfeld persiguen una estrategia por la cual Estados Unidos agrede, y luego los europeos son los encargados de reordenar las cosas. Guerra para el Marte norteamericano y reconstrucción para la Venus europea".

Por eso fue tan ejemplar y saludable –por primera vez desde 1945– cuando Francia y Alemania le dijeron no al ataque de Bush a Irak, mientras Inglaterra, la España de Aznar y la Italia de Berlusconi se sometían al dictado de George W. Bush. Y en esto quedó en claro que después de la acción guerrera, Estados Unidos no estaba preparada para la catástrofe civil que ocurrió en el país árabe ni tampoco de llevar a cabo el reestablecimiento de la infraestructura pública. Y se dijo en Bruselas: "Quien hoy quiere llevar a cabo guerras exitosas no tiene sólo que destruir sino que también debe reconstruir".

Y justamente el problema de Bush en Irak es ahora el costo inmenso que cae en sus arcas sólo para mantener su ejército de ocupación. Si no sabe o no puede enfrentar la catástrofe de Katrina, menos va a poder borrar las huellas criminales de los bombardeos y acciones de guerra en Medio Oriente.

Bush, el agresivo, debe darse cuenta de que, por lo menos, es tan importante el dinero para prevenir catástrofes como el monto de la financiación de la fabricación de armas.

Esto no lo pudo enseñar la lógica ni el respeto por la vida de los demás. Que son los temas que tendría que tratar la reunión de Mar del Plata. Los representantes que concurran deben comprender que ya no hay que ir a recibir órdenes, sino a exigir un ordenamiento distinto. Las universidades tienen que ayudar a ello, las asambleas futuras de la calle deben enseñar lo que desea la gente de la vida: la paz, una existencia digna, trabajo para todos y no balas ni automóviles de lujo ni artículos suntuarios. Hay que comenzar también a despreciar a los políticos que sólo se preocupan por candidaturas. ¿Pero acaso no es ya hora de que el ser humano aprenda después de todas las enseñanzas de los genocidios, el racismo, las guerras imperialistas, las ciudades destruidas, las columnas de refugiados, el hambre, la orfandad, la desocupación, la violencia uniformada por el poder, las hogueras de la irracionalidad, el miedo enseñado desde el Más Allá? El mundo necesita maestros y no cowboys, investigadores de la razón y el optimismo y no arrodillados que se consideran pecadores ante Dios pero elegidos para ser la autoridad que domina al pueblo.

Bush, una caricatura. Los cadáveres flotando en Nueva Orleans, los niños iraquíes muertos en los bombardeos. Las colonias deben decir basta al imperio. Ya no es esto una propaganda de iluminados, sino la única salida de un mundo donde la Muerte cabalga en todas latitudes y longitudes.

Después del huracán

Por Remei Margarit, psicóloga y escritora. Página/12, Buenos Aires

La televisión nos va mostrando la devastación producida por el paso del Katrina. La ciudad de Nueva Orleans ha quedado bajo las aguas en un 80% de su extensión, sin agua potable, sin electricidad ni ningún otro servicio. El país más poderoso del mundo sabía que se acercaba el huracán y ordenó que se evacuara la ciudad; se marcharon todos los que tuvieron medios para hacerlo, pero, como siempre ocurre, se quedaron los que carecían de cualquier cosa para ir a cualquier parte, la única protección que tuvieron fue un enorme centro de convenciones, con una estructura más sólida que la de sus casas. Allí se hacinaron todos los que cupieron con sus mínimas cosas y su gran miedo a lo que les pudiera ocurrir. Y ocurrió lo peor, la ciudad construida bajo el nivel del mar quedó cubierta por las aguas tras la rotura del dique.

Según los meteorólogos, este huracán fue de categoría cuatro en una escala de cinco, asoló todo a su paso, tan sólo el centro de con-venciones, con el tejado arrancado, aguantó en sus paredes. Después, desolación y espanto. Los supervivientes esperaban que fueran a buscarlos para sacarlos de ahí, pero esperaron y esperaron durante cinco días sin agua y sin comida. El país más poderoso del mundo tardó cinco días en poner en marcha el rescate de aquellos miles de personas.

Cuando en el país más desarrollado técnicamente hablando ocurre algo como esto, es que algo pasa, y grave. En el día de hoy, cuando escribo estas líneas, ya han pasado seis días del huracán y un equipo de TV3 desplazado al lugar ha mostrado imágenes dantescas de personas desesperadas pidiendo ayuda, también se ha podido oír la voz llena de indignación del alcalde de la ciudad diciendo que había hablado con Bush pidiéndole que el Gobierno federal hiciera algo y que le habían mandado - en sus palabras literales- "mierda".

El valor y el saber hacer de un capitán de barco se demuestra en medio de la tormenta; en esa tormenta no se ha visto el valor por ninguna parte desde el Gobierno de la nación, y la descoordinación ha dejado abandonada a su suerte sin alimentos ni agua durante cuatro días a una buena parte de la población de Nueva Orleans, en su mayoría de raza negra, es decir, los pobres. Desde el mundo entero hay unas cuantas preguntas para esa Administración: antes del huracán, ¿por qué no evacuaron a toda la gente que no podía marchar por falta de medios?; y cuando hubo pasado el huracán, ¿por qué no se organizaron inmediatamente caravanas de lanchas hasta autobuses y hacia campamentos temporales organizados?

Si la nación más poderosa del planeta no puede socorrer de manera inmediata a sus ciudadanos, una se pregunta dónde está la potencia, ¿potencia, en qué? Parece que el ejército tiene cercada la ciudad y según el reportero de TV3 cuesta mucho entrar en ella, pero que todavía cuesta más salir; es decir, que a los supervivientes que quedan por atender no los dejan salir. No sé quién da las órdenes si es que alguien las da, pero el resultado es horrible. También, según el mismo reportero, parece que subían a los autocares a los niños pero sin sus madres, y al preguntar las madres hacia dónde los llevaban, les respondían que no lo sabían; otro horror añadido.

Gobernar no es tan sólo presidir actos oficiales, dar parabienes o hacer discursos grandilocuentes, gobernar es tener la máquina del país engrasada siempre, se trata de un trabajo continuado y modesto, sobre todo modesto, con buenas comunicaciones con todos los sectores del país para que puedan responder si se les necesita. Y gobernar es acudir, por encima de todo, acudir de inmediato y con suficientes recursos allá donde se ceba la desgracia.

Un huracán de paradojas

Por Carlos Castresana, Fiscal anticorrupción y profesor visitante de la Universidad de San Francisco. El Periódico, Barcelona

Todos hemos podido apreciar en las imágenes que han emitido las televisiones de todo el planeta, que parecían proceder de una de tantas desgracias del Tercer Mundo, que las víctimas norteamericanas del huracán Katrina son en su mayoría negros y pobres. Agregar esos dos atributos --negro y pobre-- en el sur de EEUU es una redundancia, porque son sinónimos. Sin embargo, sólo agregándolos y tomando en cuenta esa doble condición esencial de las víctimas, puede explicarse el escandaloso fracaso institucional de las autoridades estadounidenses a la hora de afrontar la catástrofe a la que nos referimos.

Los hechos son conocidos: el huracán se formó en las Bahamas, recorrió la costa del golfo de México produciendo daños en Florida, arrasó Misisipí y se adentro en tierra firme hasta disolverse. El desastre humanitario, paradójicamente, pese a que Katrina no golpeó allí con mucha virulencia, se ha producido en Nueva Orleans, debido a que la mayor parte de la ciudad está construida por debajo del nivel del mar, y los diques que la mantenían a salvo del agua que la circunda cedieron, causando la inundación masiva de sus calles y, con ella, el caos absoluto.

Lo primero que dijo el presidente Bush es que la rotura de las presas era impredecible. No es verdad. Los planes de prevención de la ciudad de Nueva Orleans señalaban dos peligros esenciales: el posible derrumbe de las barreras de contención de los canales y del lago, y las dificultades de evacuación y realojamiento de la población de los barrios más pobres que no disponían de vehículo propio ni de segunda residencia. Lo que no cuenta Bush es que los recortes presupuestarios y las bajadas de impuestos de su Gobierno, y el incremento del gasto militar --el coste del esfuerzo bélico en Irak acaba de superar el gasto por día de la guerra de Vietnam-- impidieron dedicar un solo dólar a esas necesidades y a muchos otros gastos sociales.

Katrina ha sido una tragedia anunciada. Se formó el jueves 25, pero no alcanzó a Misisipí y Luisiana hasta el lunes 29 de agosto; lo hizo a bastante distancia al este de Nueva Orleans y, para entonces, había reducido mucho su fuerza de destrucción. Aun así, el martes 30, como estaba previsto, los diques se rompieron. ¿Quién quedaba entonces en Nueva Orleans? Los ancianos, los enfermos, los niños, los negros pobres (dos tercios de la población), para cuya evacuación no se había dotado presupuesto alguno. El barrio más destruido, en el que posiblemente hay miles de cadáveres bajo el agua, al que no llegaron los servicios de rescate, en el que han imperado el caos, el pillaje, la ley de la selva y la muerte, al que se envió a la policía con órdenes expresas de disparar a matar, es el Lower Ninth Ward: 98% de población negra.

¿Quién no estaba en Nueva Orleans para ayudar? Primero, faltaban más de un tercio de los integrantes de la Guardia Nacional de Luisiana y casi la mitad de la de Misisipí porque combaten en Irak. No estaban tampoco los servicios de protección civil norteamericana (la FEMO) dependientes del Homeland Security Office porque este ministerio, creado después del 11-S, se dedica mucho más a invertir en antiterrorismo y en blindar las fronteras contra los inmigrantes clandestinos de Latinoamérica que a la prevención de catástrofes, incluyendo aquellas que, como los huracanes, se repiten con puntualidad casi británica. Tampoco estaba el Ejército. No estaba, finalmente, el presidente, que descansaba en su rancho de Texas.

Paradojas de la globalización. El país más poderoso de la Tierra afronta las catástrofes naturales con eficiencia no mayor que los países más pobres del Sureste asiático que padecieron el tsunami. No importa que los científicos hayan advertido de los peligros de catástrofes naturales debidas al calentamiento del planeta por la liberación de gases tóxicos, de los que EEUU es el primer emisor. Según la Casa Blanca --aceptar lo contrario obligaría a Washington a ratificar y cumplir el Protocolo de Kioto--, el calentamiento global no existe.

El liberalismo sin contemplaciones, inaugurado por Reagan y Thatcher en los años 80, tiene su paradoja: aunque la economía norteamericana crece a buen ritmo y crea riqueza y empleo, el número de pobres en EEUU aumenta --lo ha hecho invariablemente desde la llegada de Bush a la presidencia--, y en el 2004 totaliza 37 millones de personas, un tercio de ellos niños. Y ha aumentado el número de personas sin Seguridad Social, que alcanza ya los 45,8 millones.

Aunque no sienta vergüenza alguna, aunque sólo demuestre incompetencia y desidia ante la desgracia de los más desfavorecidos, hay algo que debería preocupar a Bush de cara a los compromisos electorales que se avecinan, ya que el resultado de su gestión no parece ser el apetecido: por primera vez durante su Gobierno, el índice de pobreza en el 2004 ha aumentado significativamente entre los norteamericanos blancos.

Testimonio del desastre

Por Sotero Ortiz Leal, La Verdad, España

El ciudadano Johan Flaherty, residente en la devastada ciudad de Nueva Orleans, actualmente evacuado en Tennessee, ha denunciado la grave situación en que se encontraba Nueva Orleans a distintos medios de comunicación de EE UU y América Latina: «La destrucción de Nueva Orleans comenzó hace mucho tiempo. La destrucción de Nueva Orleans , no fue fue sólo un acto de la naturaleza, sino un acto de racismo».

El periodista de la Abc Ted Koppel, tras una conexión con un enviado a Nueva Orleans, comentó: «La gente había empezado a hacinarse en condiciones tercermundistas mientras el presidente Bush aún meditaba sobre si debía suspender sus vacaciones en el en el rancho».

Un periodista televisivo llamado Tim Russert,comentó en su programa Meet the Press: «¿Cómo ha podido hacerlo tan mal el presidente?».

Durante la presente semana algunos periodistas de Fox News, mostraban preocupación por la actitud negligente del presidente Bush y de su Gobierno, lo que evidencia, que hasta la derecha más rancia estadounidense se suma a la crítica generalizada y al descontento popular que ha hecho que el apoyo a la política de la Administración no llegue al 40 %.

Entre todas esas críticas, tiene especial importancia la efectuada por el ciudadano de Nueva Orleans Johan Flahert desde Tennessee a un periodista de Juventud Rebelde al que declaró: «La destrucción de Nueva Orleans empezó hace mucho tiempo, y no fue un acto de la naturaleza, sino un acto de racismo.Aquí tenemos un índice de 40% de analfabetismo, un sistema de salud despedazado y la mayor tasa de encarcelamiento de todo EE UU como continuación de la brutal historia de esclavitud.Somos las víctimas del crimen que derivó en el colapso de la infraestructura ,que permitió que se rompieran nuestros diques y que el lago nos cubriera».

Lo que ha ocurrido a los pueblos afectados por el huracán Katrina, se hubiera podido evitar con 190 millones de dólares, el equivalente al costo de un sólo día de la guerra cruel que se libra en Iraq, pero el presidente Bush, se negó a responder positivamente a la demanda efectuada por el responsable de Luisiana de situaciones de emergencia, al que se le contestó: «Las prioridades presupuestarias del presidente Bush, son Interior, Defensa y la guerra de Iraq, no hay fondos para este apartado por ahora».


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