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La guerra de Bush contra la prensa

None | 13 de Diciembre de 2005 a las 00:00

Por Robert McChesney, Presidente fundador de Free Press. Traducción ALAI

El gobierno estadounidense está librando una guerra contra las prácticas y estándares periodísticos que son el sustento, no solo de una prensa libre, sino de nuestra democracia. El Cuarto Poder se está doblegando bajo el asalto sin precedentes de la Casa Blanca, diseñado para intimidar, manchar y desacreditar el periodismo investigativo; y para que el presidente y sus allegados políticos puedan mentir con impunidad.

Free Press acaba de publicar un informe que demuestra el alcance y la intensidad del asalto de la administración a la libertad de prensa. La lista creciente de ataques a la prensa es realmente asombrosa:

Infiltración de la radiodifusión pública. Los partidarios de la Casa Blanca al interior de la Corporación para la Radiodifusión Pública (CPB, por sus siglas en inglés) han lanzado una cruzada para convertir a PBS, NPR y otros medios públicos en portavoces oficiales. El mandato de Kenneth Tomlinson en la CPB se caracterizó por hechos como el ataque a periodistas, tal el caso de Bill Moyers, quien se atrevió a sacar al aire voces disidentes o a preparar informes investigativos sobre la administración.

El objetivo de Tomlinson claramente apuntaba a enviar un mensaje de advertencia a todas las emisoras públicas, para que sus administradores tengan cuidado con el tipo de periodismo investigativo que pudiera exponer las irregularidades de la administración Bush. Tomlinson renunció en desgracia, pero dejó un reparto de cómplices para que cumplan con su cruzada partidaria. Y hasta ahora no sabemos hasta qué punto Karl Rove y otros en la Casa Blanca orquestaron sus esfuerzos.

La fabricación de noticias falsas. Bajo directrices de la administración Bush, por lo menos 20 agencias federales han producido y distribuido decenas de "video-boletines noticiosos", a partir de un fondo extraoficial de $254 millones, creado con dinero de los contribuyentes para fabricar propaganda. Estos reportajes falsos y engañosos han sido difundidos en canales de televisión en toda la nación, sin advertir que fueron preparados por el gobierno, y no por periodistas locales.

Los segmentos -que aclaman los "éxitos" de la administración, promovieron su versión polémica en temas como el reingeniería de Medicare (seguro de salud), y pusieron en primer plano a norteamericanos que "agradecían" a Bush- en repetidas ocasiones han sido etiquetados como "propaganda encubierta" por los investigadores de la Contraloría del Gobierno.

Soborno a periodistas. La administración ha pagado a comentaristas para que le alaben. En el curso de este año, el comentarista de televisión Armstrong Williams embolsó $240.000 -dinero de los contribuyentes- para elogiar las políticas de educación de Bush. Desde entonces se ha descubierto a otros tres periodistas a sueldo del gobierno; y Williams admite que él no tiene "la menor duda" que otros asalariados de Bush sigan andando sueltos.

La administración incluso ha exportado estas tácticas. Según el Los Angeles Times, los militares de EEUU están pagando en secreto a los periódicos iraquíes para que publiquen los reportajes escritos por tropas americanas.

Mentiras sobre la guerra en Irak. La Casa Blanca consideró la batalla por la opinión pública doméstica como uno de los frentes principales de la guerra en Irak. Con la ayuda de un entorno mediático dócil, la verdad se convirtió en la primera baja en su campaña para obtener el respaldo ciudadano. Pero lejos de admitir sus mentiras y desinformación, la administración sigue atacando a quienes divulgan la verdad.

Como Frank Rich escribió recientemente en el Nueva York Times, la telaraña tejida por la administración "de semi-verdades y falsedades utilizadas para vender la guerra, no ocurrió por accidente; fue debidamente diseñada y después impuesta al público mediante una operación de relación pública hilvanada prolijamente para tal propósito en la Casa Blanca."

Eliminación del disenso en los medios del establishment. Bush ha evitado en lo posible las ruedas de prensa tradicionales, suprimiendo uno de los principales espacios para exigir la rendición de cuentas al ejecutivo. En las raras ocasiones cuando se dignó encontrar a reporteros, los asesores presidenciales convirtieron las ruedas de prensa en parodias, al acreditar al derechista Jeff Gannon como "periodista" –su profesión era la de acompañante masculino-, entre los reporteros, para luego dejarle plantear las preguntas cuando surgían temas delicados.

Han logrado efectivamente silenciar a reporteros serios, como la veterana periodista Helen Thomas, estableciendo que ni el Presidente ni sus asesores respondan a quienes los interpelen. Y han establecido una jerarquía para los periodistas que buscan entrevistas con funcionarios de la administración, que favorece a los medios que dan una cobertura favorable a la Casa Blanca.

Vaciamiento de la Ley de Acceso a la Información. La administración ha desechado la aplicación de la Ley de Acceso a la Información y hace más difícil para que los reporteros puedan cumplir con su labor, al negarse a cooperar, aun con los pedidos más simples, de proporcionar comentarios y datos de las agencias estatales. Esto es parte de una serie de restricciones en el acceso a la información, por lo que para los periodistas se torna prácticamente imposible poder cubrir extensas áreas de la actividad gubernamental.

Consolidación del control de los medios. La administración sigue haciendo causa común con las corporaciones de radiodifusión más poderosas, en un esfuerzo por reescribir las leyes de propiedad de una manera que favorezca el control monopólico de la información. La Comisión Federal de las Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) anunciará próximamente planes para reformular las reglas de la propiedad -podría ser tan pronto como febrero- con miras a desatar una nueva ola de consolidación mediática corporativa. Los cambios en las regulaciones que la administración quiere introducir, asestarían un golpe mortal al reportaje local y restringiría aun más la labor periodística.

En un veredicto famoso de 1945, el Juez de la Corte Suprema, Hugo Black, dijo que "la Primera Enmienda se basa en la presunción de que la difusión más amplia posible de la información de fuentes diversas y antagónicas es esencial para el bienestar del público, que una prensa libre es una condición de una sociedad libre". Es decir, una prensa libre es la condición indispensable de la Constitución Americana en su conjunto y de su experiencia como República.

La defensa de nuestra prensa. El daño que ya está hecho se refleja en la caída en picado de la confianza del público en los reporteros y en el flujo implacable de mentiras que sale desde la Casa Blanca a los noticieros mediáticos.

Esta crisis puede atribuirse en parte a la falta de las grandes corporaciones mediáticas y de ciertos periodistas en el cumplimiento de las responsabilidades básicas de la prensa en una sociedad democrática. Pero el asalto sistemático de la administración Bush a la prensa libre también tiene la culpa. Esta administración ha ido mucho más allá de las maniobras cínicas de las administraciones anteriores, al implementar un plan para desbaratar el periodismo y erosionar las libertades civiles.

Free Press ha lanzado una campaña no-partidaria para defender a la democracia ante esta guerra a la diversidad e independencia de los medios. La campaña ejercerá presiones de movilización y cabildeo para la implementación de políticas que obliguen a nuestros dirigentes a rendir cuentas y para asegurar que los abusos a la libertad de prensa no se repitan con ésta ni con futuras administraciones.

Cómo la CIA pagó por los artículos de Judy Millar

Por Alexander Cockburn, CounterPunch. Traducido para Rebelión por Germán Leyens

La era Bush ha venido acompañada por una robusta simpleza en el negocio de la administración de las noticias: compran a los periodistas que publican noticias favorables y, a los que le son hostiles, si piensan que se pueden salir con la suya, los matan a tiros o con bombas.

Como en muchas otras cosas en la era Bush, lo nuevo es el descaro con el que se implementan estas estrategias. Respecto a estas últimas en sí, no hay nada fundamentalmente nuevo, ni en el soborno por la cobertura, ni en los asesinatos, como lo sugiere el asesinato en 1948 del reportero de CBS George Polk. Polk, al que encontraron flotando en la Bahía de Salónica después de recibir un tiro en la cabeza: se había convertido en un serio inconveniente para una preocupación primordial de las operaciones clandestinas de EE.UU. de la época: el ataque contra los comunistas en Grecia.

Hoy tenemos la saga cómica del Pentágono que va a buscar un subcontratista basado en Washington, el Grupo Lincoln, para que escriba y traduzca para la distribución a los medios noticiosos iraquíes historias reconfortantes sobre los éxitos de los militares de EE.UU. en Irak. Apuesto a que el público iraquí que lee los periódicos se siente sorprendido al terminar por conocer por fin la verdad.

Llegan más o menos al mismo tiempo noticias del plan de Bush, planteado a Tony Blair en abril de 2004, de bombardear la central de Al Jazeera en Qatar. Blair argumentó contra el plan no, parece, por razones morales sino porque el ataque podría provocar ataques de represalia.

Hubo un ataque anterior contra Al Jazeera en 2001 en la oficina del canal en Kabul. En noviembre de 2002, la Fuerza Aérea de EE.UU. volvió a atacar el objetivo y esta vez logró hacerlo volar. Los militares de EE.UU. afirmaron que no sabían que el objetivo era una oficina de Al Jazeera, sólo un "sitio terrorista".

En abril un caza bombardero de EE.UU. atacó y mató a Tariq Ayub, reportero de Al Jazeera sobre el techo de la oficina del canal en Bagdad. La cadena árabe había tratado de prevenir algún ataque "accidental" dando al Pentágono la ubicación exacta de su local en Bagdad. Ese mismo día, las fuerzas de EE.UU. en Irak mataron a otros dos periodistas, de Reuters y de una cadena de televisión española, y bombardeó una oficina de la televisión de Abu Dhabi.

Respecto al asunto de la colocación paga de historias en la prensa iraquí ha habido algunos resoplidos en EE.UU. entre las clases formadoras de opinión sobre los peligros de "envenenar el pozo" y la extrema importancia de inculcar respeto en la mente iraquí por las gloriosas tradiciones del periodismo desprejuiciado, insobornable, como se practica en la Patria Usamericana. Christopher Hitchens, apacible cuando de trata de torturas, bombardeos indiscriminados y atrocidades similares, aulló que los instigadores usamericanos de esta estrategia de "todas-las-noticias-que–conviene-comprar" debían ser despedidos.

En realidad, es un signo alentador respecto a la inventiva de esos editores iraquíes que se las arreglaron para que les pagaran por imprimir la publicidad del Pentágono. Aquí, en la Patria, los editores se enorgullecen cuando realizan el mismo servicio, sin remuneración.

¿Le pasó disimuladamente dinero la Casa Blanca a Judy Miller para que exagerara las armas de destrucción masiva de Sadam? Estoy seguro que no y que el único dinero que recibió Miller fue su sueldo normal del Times.

Pero eso no significa que Nosotros Los Contribuyentes no hayamos terminado por pagar la cuenta por la propaganda de Miller. Ya la pagábamos, puesto que las historias de Miller provenían en su mayoría de los tránsfugas que ponía a su disposición el grupo de Ahmad Chalabi, el Congreso Nacional Iraquí, que en la primavera de 2004 todavía seguía recibiendo 350.000 dólares al mes de la CIA, pagos realizados en parte para que el CNI produjera "información" desde el interior de Irak.

Tampoco significa que cuando se dedicaba a verter sus contrasentidos en las columnas de noticias del New York Times, Judy Miller (o sus editores) no hayan sabido que los tránsfugas del CNI estaban vinculados a la CIA por un sendero remunerado. El mismo sendero fue descrito en considerable detalle en "Out of the Ashes", escrito por mis hermanos Andrew y Patrick Cockburn, publicado en 1999.

En ese excelente libro, estudiado de cerca (y frecuentemente saqueado sin atribución de origen) por periodistas que informaban sobre Irak, los autores describieron como el grupo de Chalabi fue financiado por la CIA con inmensas sumas de dinero – 23 millones de dólares sólo en el primer año – invertidos en una campaña de propaganda contra Sadam, subcontratada por la Agencia, a John Rendon, un empresario de Washington con buenas conexiones en la CIA.

Casi desde su fundación en 1947, la CIA ha tenido a periodistas en su nómina, un hecho reconocido en tonos grandilocuentes por la Agencia en un anuncio en 1976 cuando G.H.W. Bush reemplazó a William Colby, que dice que "Con efecto inmediato, la CIA no entrará en ninguna relación pagada o contractual con ningún corresponsal de noticias a tiempo entero o parcial, acreditado por ningún periódico, servicio de noticias, periódico, radio o cadena o estación de televisión."

Aunque este anuncio también subrayó en el texto que la CIA continuaría "apreciando" la cooperación voluntaria, sin pago, de periodistas, no hay motivos para creer que la Agencia haya realmente dejado de realizar sobornos al Cuarto Poder.

Sus prácticas a este respecto antes de 1976 han sido documentadas hasta cierto punto. En 1977, Carl Bernstein encaró el tema en Rolling Stone, concluyendo que más de 400 periodistas habían mantenido alguna especie de alianza con la Agencia entre 1956 y 1972.

En 1997 el hijo de un conocido alto funcionario de la CIA en años pasados dijo enfática, pero extraoficialmente, a un colaborador de CounterPunch, que "desde luego el poderoso y malevolente columnista Joseph Alsop "se encontraba en la nómina".

La manipulación de la prensa ha sido siempre una preocupación primordial de la CIA, así como del Pentágono. En su Historia Secreta de la CIA, publicada en 2001, Joe Trento describió cómo en 1948, el hombre de la CIA, Frank Wisner, fue nombrado director de la Oficina de Proyectos Especiales, rápidamente rebautizada Oficina de Coordinación Política (OPC). Se convirtió en la rama de espionaje y contrainteligencia de la CIA y la primera en la lista de sus funciones oficiales fue la "propaganda".

Más adelante, ese mismo año, Wisner estableció una operación con el nombre de código "Sinsonte", para influenciar a la prensa usamericana del interior. Reclutó a Philip Graham del Washington Post para que activara el proyecto dentro de la industria.

Trento escribe que:

"Uno de los periodistas más importantes bajo el control de la Operación Sinsonte fue Joseph Alsop, cuyos artículos aparecieron en más de 300 periódicos diferentes." Otros periodistas dispuestos a promover los puntos de la CIA incluían a Stewart Alsop (New York Herald Tribune), Ben Bradlee (Newsweek), James Reston (New York Times), Charles Douglas Jackson (Time Magazine), Walter Pincus (Washington Post), William C. Baggs (Miami News), Herb Gold (Miami News) y Charles Bartlett (Chattanooga Times).

En 1953 la Operación Sinsonte había llegado a tener una importante influencia en más de 25 periódicos y agencias noticiosas, incluyendo a New York Times, Time, CBS, Time. Las operaciones de Wisner eran financiados mediante el desvío de fondos destinados al Plan Marshall. Parte de este dinero fue utilizado para sobornar a periodistas y editores."

En su libro "Mockingbird: The Subversion Of The Free Press By The CIA", Alex Constantine escribe que en los años cincuenta: "unos 3.000 empleados asalariados y contratistas de la CIA estuvieron en su momento involucrados en esfuerzos de propaganda."

El presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, John Warner, dijo recientemente, a propósito de las historias publicadas por la prensa iraquí para el Grupo Lincoln, que no estaba claro si se habían violado prácticas periodísticas aceptadas por tradición. Warner puede quedarse tranquilo. El Pentágono, y el Grupo Lincoln, trabajaron como parte de una rica tradición, y su único error fue que los descubrieran.

El gran discurso de Harold Pinter y cómo la CIA puede haber silenciado a Paul Robeson

Harold Pinter no es de ninguna manera el primer enemigo elocuente del Imperio Usamericano que haya recibido el Premio Nobel de Literatura. En 1967, por ejemplo, cuando en todo el mundo aumentaba el asco por el baño de sangre perpetrado por EE.UU. en Vietnam, el comité eligió al escritor guatemalteco, Miguel Ángel Asturias, cuya obra se destaca por sus brutales descripciones de la destrucción de la democracia patrocinada por EE.UU. en Guatemala en 1954, por instigación de la United Fruit Company. (Al preguntársele su reacción ante la elección de Asturias, el alto mando de la United Fruit dijo rígidamente que jamás había oído hablar de Asturias y que no tenían comentario que hacer.)

No puedo encontrar el texto del discurso de aceptación de Asturias, pero me imagino que no rivalizaba en intensidad y furia con las descripciones hechas por Pinter de los estragos causados por el Imperio Usamericano desde 1945. Fue como si las obras de Noam Chomsky hubieran sido concentradas en un abrasador relámpago retórico. Ingresará en los libros de historia, junto con las denuncias imperecederas del imperio de los discursos que Tucídides puso en las bocas de los melianos, y Tácito en boca de Calgaco.

Estos son algunos de los párrafos más despiadados de Pinter (el discurso en su integridad apareció en Rebelión el 10 de diciembre de este año (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=23971)

Pero lo que yo pretendo mostrar es que los crímenes de los EE.UU. en la misma época sólo han sido registrados de forma superficial, no digamos ya documentados, o admitidos, o reconocidos siquiera cómo crímenes. Creo que esto debe ser solucionado y que la verdad sobre este asunto tiene mucho que ver con la situación en la que se encuentra el mundo actualmente. Aunque limitadas, hasta cierto punto, por la existencia de la Unión Soviética, las acciones de Estados Unidos a lo ancho y largo del mundo dejaron claro que habían decidido que tenían carta blanca para hacer lo que quisieran.

La invasión directa de un estado soberano nunca ha sido el método favorito de Estados Unidos. En la mayoría de los casos, han preferido lo que ellos han descrito como "conflicto de baja intensidad". Conflicto de baja intensidad significa que miles de personas mueren pero más lentamente que si lanzases una bomba sobre ellos de una sola vez. Significa que infectas el corazón del país, que estableces un tumor maligno y observas el desarrollo de la gangrena. Cuando el pueblo ha sido sometido - o molido a palos, lo que viene a ser lo mismo – y tus propios amigos, los militares y las grandes corporaciones, se sientan confortablemente en el poder, tú te pones frente a la cámara y dices que la democracia ha prevalecido. Esto fue lo normal en la política exterior de Estados Unidos durante los años de los que estoy hablando.

Estados Unidos apoyó y en algunos casos crearon todas las dictaduras militares de derechas en el mundo tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Me refiero a Indonesia, Grecia, Uruguay, Brasil, Paraguay, Haití, Turquía, Filipinas, Guatemala, El Salvador, y, por supuesto, Chile. El horror que Estados Unidos infligió a Chile en 1973 no podrá ser nunca purgado ni olvidado.

Cientos de miles de muertes tuvieron lugar en todos estos países. ¿Tuvieron lugar? ¿Son todas esas muertes atribuibles a la política exterior estadounidense? La respuesta es sí, tuvieron lugar y son atribuibles a la política exterior estadounidense. Pero ustedes no lo sabrían.

Esto nunca ocurrió. Nunca ocurrió nada. Ni siquiera mientras ocurría estaba ocurriendo. No importaba. No era de interés. Los crímenes de Estados Unidos han sido sistemáticos, constantes, inmorales, despiadados, pero muy pocas personas han hablado de ellos. Esto es algo que hay que reconocerle a Estados Unidos. Ha ejercido su poder a través del mundo sin apenas dejarse llevar por las emociones mientras pretendía ser una fuerza al servicio del bien universal. Ha sido un brillante ejercicio de hipnosis, incluso ingenioso, y ha tenido un gran éxito.

Os digo que Estados Unidos son sin duda el mayor espectáculo ambulante. Pueden ser brutales, indiferentes, desdeñosos y bárbaros, pero también son muy inteligentes. Como vendedores no tienen rival, y la mercancía que mejor venden es el amor propio. Es un gran éxito. Escuchen a todos los presidentes de Estados Unidos en la televisión usando las palabras, "el pueblo americano", como en la frase, "Le digo al pueblo estadounidense que es la hora de rezar y defender los derechos del pueblo americano y le pido al pueblo americano que confíen en su presidente en la acción que va a tomar en beneficio del pueblo americano".

Es una estratagema brillante. El lenguaje se usa hoy en día para mantener controlado al pensamiento. Las palabras "el pueblo americano" producen un cojín de tranquilidad verdaderamente sensual. No necesitas pensar. Simplemente échate sobre el cojín. El cojín puede estar sofocando tu inteligencia y tu capacidad crítica pero es muy cómodo. Esto no funciona, por supuesto, para los 40 millones de personas que viven bajo la línea de pobreza y los dos millones de hombres y mujeres prisioneras en los vastos "gulags" de las cárceles, que se extienden a lo largo de todo Estados Unidos.

Estados Unidos ya no se preocupa por los conflictos de baja intensidad. No ve ningún interés en ser reticente o disimulado. Pone sus cartas sobre la mesa sin miedo ni favor. Sencillamente le importan un bledo las Naciones Unidas, la legalidad internacional o el desacuerdo crítico, que juzga impotente e irrelevante. Tiene su propio perrito faldero acurrucado detrás de ellos, la patética y supina Gran Bretaña.

Pinter registró su discurso sentado en una silla de ruedas. Acaba de derrotar un ataque de cáncer al esófago y sufría de nuevos dolores en sus piernas. Michael Billlington, el crítico teatral de The Guardian, hizo un buen informe sobre el discurso de Pinter.

Pinter hizo uso de una variedad de tácticas: la pausa cargada, el tirón de las gafas, la mirada penetrante a la cámara. Michael Kustov, que co-produjo la sesión, me dice que después de un momento dejó de darle instrucciones a Pinter. Simplemente permitió que utilizara su instinto de actor para saber cómo reforzar una línea o aumentar el suspenso.

Aunque el contenido del discurso fue altamente político, especialmente en su disección clínica de la política exterior de EE.UU. en la posguerra, se basó en el sentido teatral de Pinter, en particular su capacidad de utilizar la ironía, la retórica y el humor, para subrayar lo que deseaba expresar. Fue el discurso de un hombre que sabe lo que quiere decir, pero que también se da cuenta de que el mensaje es más efectivo si el fervor rabínico es combinado con la elegancia oratoria. En un cierto momento, por ejemplo, Pinter argumentó que: "Estados Unidos apoyó y en algunos casos crearon todas las dictaduras militares de derechas en el mundo tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

Después procedió a recitar de un tirón ejemplos. Pero el elemento decisivo vino cuando Pintor, con ironía deliberadamente inexpresiva dijo: "Esto nunca ocurrió. Nunca ocurrió nada. Ni siquiera mientras ocurría estaba ocurriendo. No importaba. No era de interés." En unas pocas frases incisivas, Pinter definió la indiferencia intencional de los medios ante acontecimientos documentados públicamente. También mostró cómo el lenguaje es devaluado por el llamado constante de los presidentes de EE.UU. al "pueblo americano". Fue un argumento reforzado mediante un ejemplo devastador. Al repetir Pinter el mantra adormecedor, probó lo que quería decir de que "Las palabras ‘el pueblo americano’ aseguran un voluptuoso cojín reconfortante." Así Pinter utilizó con brillantez un mecanismo retórico para demoler la retórica política.

Lo que más me gustó fue el humor negro del discurso. En un momento, Pinter se ofreció como escritor de discursos para el presidente Bush, una oferta que es poco probable que sea rápidamente aceptada, a la luz de su discurso. Y Pinter procedió a ofrecernos una parodia de la técnica antitética de Bush en la que los buenos y los malos son contrastados violentamente: "Mi Dios es bueno, el Dios de Bin Laden es malo. El suyo es un Dios malo. El Dios de Sadam era malo, pero no tenía ninguno. Era un salvaje. Nosotros no somos salvajes." La cara de póker de Pinter al decir esto, sólo reforzaba su poder satírico.

Un columnista predijo, antes del evento, que nos esperaba un discurso rimbombante de Pinter. Pero no lo fue, en el sentido de una declaración bombástica. Fue un hombre que presenta un ataque contra la política exterior usamericana, y la suscripción a la misma por Gran Bretaña, con una cólera controlada y una ironía letal. Y, paradójicamente, nos recordó por qué Pinter es un dramaturgo tan formidable. Utilizó cada arma en la técnica teatral para reforzar su mensaje. Y, al final, fue como si el propio Pinter hubiera sido físicamente vuelto a cargar por el deber moral de expresar sus sentimientos más íntimos.

Señalé, después de leer el texto de Pinter, que es una señal de la debilidad del Imperio Usamericano que sus agentes no hayan logrado liquidar su nominación o que, – después de haber fracasado – no lo hayan asesinado antes de que pudiera grabar sus observaciones. Una hipérbole, pero sólo hasta cierto punto.

Consideremos el probable envenenamiento por la CIA, en un momento político tenso, de Paul Robeson, el actor, cantante y político radical negro. Como Jeffrey St Clair y yo escribimos hace algunos años en nuestro libro "Serpents in the Garden", en el verano de 1961 Robeson quería visitar La Habana, Cuba, para encontrar a Fidel Castro y a Che Guevara. El viaje nunca tuvo lugar porque Robeson se enfermó en Moscú, donde había ido a dar varias conferencias y conciertos. En su época, informaron que Robeson había sufrido un ataque al corazón. Pero en realidad Robeson se había cortado las muñecas en un intento de suicidio después de sufrir alucinaciones y una fuerte depresión. Los síntomas aparecieron después de una fiesta sorpresa que le dieron en su hotel en Moscú.

El hijo de Robeson, Paul Robeson, Jr., investigó la enfermedad de su padre durante más de 30 años. Cree que agentes de espionaje de EE.UU. suministraron a su padre un alucinógeno sintético llamado BZ en la fiesta en Moscú. La fiesta fue patrocinada por disidentes antisoviéticos financiados por la CIA.

Robeson Jr. visitó a su padre en el hospital el día después del intento de suicidio. Robeson dijo a su hijo que sintió una paranoia extrema y que pensó que las paredes de la habitación se movían. Dijo que se había encerrado en su dormitorio y que cayó en un poderoso sentido de vacío y depresión antes de tratar de suicidarse.

Robeson abandonó Moscú hacia Londres, donde lo admitieron en el Hospital Priory. Allí lo pusieron en manos de psiquíatras, que lo obligaron a sufrir 54 tratamientos de electrochoques. En esa época, los electrochoques, junto con drogas psico-activas, constituían una técnica preferida en la modificación de conductas por la CIA. Resultó que los doctores que trataron a Robeson en Londres y, después, en Nueva York, eran contratistas de la CIA. La oportunidad del viaje de Robeson a Cuba fue ciertamente un factor crucial. Tres semanas después de la fiesta de Moscú, la CIA lanzó su desastrosa invasión de Cuba en la Bahía de Cochinos. Es imposible subestimar la amenaza de Robeson, tal como era percibido por el gobierno de EE.UU., como el radical negro más famoso del mundo. Durante los años cincuenta Robeson gozaba de atención y estima en todo el mundo. Fue el Nelson Mandela y el Mohammed Ali de su época. Hablaba más de veinte idiomas, incluyendo ruso, chino, y varios idiomas africanos. Robeson tenía una relación estrecha con Nehru, Jomo Kenyatta, y otros líderes del Tercer Mundo. Su abrazo con Castro en La Habana habría debilitado seriamente los esfuerzos de EE.UU. por derrocar al nuevo gobierno cubano.

Otra preocupación urgente del gobierno de EE.UU. en esa época era la intención anunciada por Robeson de volver a EE.UU. y asumir un papel dirigente en el emergente movimiento de los derechos cívicos. Igual que la familia de Martin Luther King, Robeson había estado bajo vigilancia oficial durante décadas. Ya en 1935, el espionaje británico había estado considerando las actividades de Robeson. En 1943, la Oficina de Servicios Estratégicos, el predecesor en la Segunda Guerra Mundial de la CIA, abrió un archivo sobre su persona. En 1947, Robeson fue casi muerto en un choque de automóviles. Más tarde resultó que la rueda izquierda del coche había sido manipulada. En los años cincuenta, Robeson fue objeto de las audiencias anticomunistas del senador Joseph McCarthy. La campaña saboteó efectivamente su carrera de actuación y canto en EE.UU.

Robeson nunca se recuperó del drogado y de los tratamientos subsiguientes por doctores y psiquíatras vinculados a la CIA. Murió en 1977.

No fue por petróleo sino por Israel

Por Stephen J. Sniegoski, traducido para Rebelión por Germán Leyens

El argumento más popular de los críticos de la guerra de Irak fue que Estados Unidos se lanzó a la guerra por el petróleo – es decir que la guerra no tuvo nada que ver con el combate contra el terrorismo. Escribiendo en el Christian Science Monitor antes de la guerra, Brendan O'Neill informó que "para muchos en el movimiento contra la guerra, de que el plan de los asociados de Bush de invadir el Golfo para agarrar con sus manos grasientas aún más petróleo se ha convertido en un artículo de fe, una verdad indiscutible repetida como un mantra." [1] Entre esos creyentes se encuentra el preeminente crítico izquierdista de la guerra, Noam Chomsky: "Por cierto fueron los recursos energéticos de Irak. No cabe la menor duda. Irak es uno de los principales productores de petróleo del mundo. Tiene las segundas reservas por su tamaño y está en el corazón mismo de la región productora de petróleo del Golfo, que los servicios de información de EEUU predicen va a representar dos tercios de los recursos del mundo en los años por venir." [2]

Eso contradice lo que considero como la razón fundamental para la guerra: que la guerra fue dirigida por los neoconservadores y librada en función de los intereses de Israel, por lo menos como los partidarios del Likud interpretan los intereses de Israel. Todo está bien documentado, aunque los neoconservadores implican que los intereses de Israel coinciden con los de Estados Unidos. Pero como señalo en mi artículo sobre el tema – y este hecho también es de conocimiento público – la idea original para la guerra fue concebida en Israel. Además, la guerra logró el objetivo esperado por los partidarios del Likud: la desestabilización de Medio Oriente.

La teoría neoconservadora/israelí no deja de tener adherentes, pero una serie de factores explica la mayor popularidad de la idea de guerra-por-petróleo entre los críticos de la guerra. Para los críticos desde la Izquierda, la idea se ajusta a su noción del capitalismo rapaz. Probablemente sea más importante que su énfasis en los motivos económicos para las compañías petroleras colocó la guerra en un marco simple, de buenos y malos. "El argumento petróleo bien ensayado," observa O’Neill: "intenta convertir la guerra en un problema simple del bien contra el mal, con los codiciosos imperialistas del petróleo de un lado y civiles indefensos del otro." [3]

En otras palabras, la idea de que la guerra fue entablada para beneficiar a las compañías petroleras, completa con la consigna de buen efecto propagandístico de "no a la sangre por petróleo", suministró un perfecto polo opuesto a la presentación por la administración Bush de un conflicto apocalíptico del bien contra el mal. Incluso los partidarios neoconservadores de la guerra la prestaron una cierta credibilidad con su palabreo sobre la privatización del petróleo iraquí.

Desde luego, el que algunas compañías petroleras saquen beneficios de la apropiación por EEUU de Irak no significa que hayan sido la fuerza impulsora. En breve, los neoconservadores ciertamente buscaron aliados para su agenda belicista, y las promesas de riquezas petroleras fue una forma que utilizaron para obtener un posible apoyo de las compañías petroleras.

Un motivo adicional para la popularidad del argumento de la guerra-por-petróleo es que cualquier referencia a Israel y los neoconservadores penetra al área tabú del poder judío y provoca la acusación letal del antisemitismo. Es obviamente mucho más seguro satanizar a la industria petrolera que hacer algo que se parezca remotamente a un comentario crítico respecto a judíos individuales o intereses judíos, incluso si no es una crítica a los judíos como grupo.

¿Qué involucra precisamente la tesis de la guerra-por-petróleo? Se sugieren dos motivos para una tal guerra, y son fundamentalmente diferentes el uno del otro: uno es beneficiar a la industria petrolera estadounidense, y el otro es reforzar el poder hegemónico de Estados Unidos al asegurarle el control del grifo del petróleo del mundo.

Comencemos por distinguir entre el argumento del petróleo y el enriquecimiento con la actual guerra. No cabe duda de que la reconstrucción de Irak es una verdadera mina de oro para algunas firmas estadounidenses, especialmente las que tienen conexiones estrechas con la administración Bush. En realidad, el tren del enriquecimiento con la guerra partió cuando la guerra no había terminado. [4] Algunas de esas firmas, como Halliburton, están en el negocio del equipamiento para el petróleo. Y una parte importante de la reconstrucción involucra naturalmente la infraestructura del petróleo. Por lo tanto, la reconstrucción de Irak significa beneficios para los que están en el negocio del equipamiento petrolero.

Pero ese sector especial no es lo mismo que lo que se entiende al decir "industria petrolera" – es decir, las firmas que se benefician realmente con la extracción y la venta de petróleo. Halliburton se beneficiaría desde el punto de vista financiero si todos los oleoductos y los pozos hubieran volado por los aires, para que pudiera reconstruirlos. Es difícil que un guión semejante beneficiaría a los productores de petróleo o al gobierno de EEUU Obviamente no aumentaría el suministro general de petróleo. Tampoco, con certeza, se beneficiaría Estados Unidos en su conjunto con la reconstrucción de la industria petrolera iraquí, ya que la financiarían los contribuyentes estadounidenses. Sin duda alguna, hay quienes se enriquecen en toda guerra. Pero, como clase, no tendrían motivos para presionar específicamente por una guerra contra Irak.

En segundo lugar, hay que reconocer que Estados Unidos habría preferido obtener el control del petróleo iraquí. Las primeras instalaciones que las fuerzas de EEUU y de Gran Bretaña protegieron durante la guerra fueron los campos petrolíferos del sur de Irak, con el objetivo de impedir que Sadam los destruyera. Evidentemente, cualquier ocupante preferiría explotar en lugar de destruir las riquezas de un país. El continuo funcionamiento de la industria petrolera en Irak ciertamente aliviaría el peso financiero de la ocupación estadounidense y ayudaría a financiar la reconstrucción de Irak después de la guerra. Estados Unidos también quería impedir que Sadam incendiara los pozos de petróleo y causara una catástrofe ecológica, como lo hizo en Kuwait durante la primera Guerra del Golfo. Aparte de las consideraciones ecológicas, semejantes incendios habrían detenido el avance estadounidense hacia el norte, a Bagdad. [5] Pero, aunque Estados Unidos naturalmente prefería tener petróleo a no tenerlo, la preocupación de los militares estadounidenses por la seguridad de los pozos de petróleo iraquíes no demostraba de ninguna manera que la captura de los recursos petrolíferos haya sido la motivación para que EEUU lanzara su invasión.

Es un hecho establecido que Irak es un país rico en petróleo. Y podemos conceder que el partido de la guerra trató de obtener apoyo de la industria petrolera prometiéndole beneficios resultantes de ese apoyo. Los partidarios de la guerra hicieron lo mismo cuando trataron de obtener apoyo internacional, implicando que los países que no apoyaran la guerra serían excluidos del negocio petrolero iraquí.

Sin embargo, en lugar de especular sobre los beneficios que serán obtenidos por las compañías petroleras estadounidenses como resultado del control de Irak por EEUU, es mucho más razonable considerar la realidad de la posición del Gran Petróleo respecto a la guerra. ¿Presionaron las compañías petroleras a favor de la guerra? La realidad es que representantes de la industria petrolera de EEUU se opusieron sólidamente al embargo contra Irak, que los excluyó de ese país. Después de que George W. Bush asumió la presidencia en 2001, presionaron enérgicamente por la revocación de la ley de sanciones Irán-Libia y otros embargos que limitaban la expansión de sus participaciones en Medio Oriente. Al hacerlo, entraron en pugna con los neoconservadores, que pasaron años llamando a un cambio de régimen en Irak.

En un artículo de mayo de 2001 en Business Week, Rose Brady informó que la reducción de sanciones contra los estados delincuentes "coloca a poderosos intereses como los del lobby pro-israelí y de la industria petrolera de EEUU en confrontación mutua. Y es seguro que esto preocupará a la administración Bush y al Congreso." [6] Fareed Mohamedi de PFC Energy, una consultora basada en Washington, D.C., que asesora a firmas petroleras, afirmó que las grandes compañías petroleras habían tratado de lograr un enfoque más pacífico para asegurar sus intereses en la región del Golfo y en el mundo árabe: "El Gran Petróleo le dijo a la Fuerza de Tareas de Cheney sobre Política Energética en 2001 que quería que EEUU levantara sus sanciones contra Libia e Irán para obtener acceso a sus suministros de petróleo. Ya en 1990, incluso argumentaban que Estados Unidos debería llegar a un acuerdo con Sadam porque éste había señalizado que estaba dispuesto a permitir que las compañías petroleras de EEUU entraran en Irak." [7]

Los representantes de la industria petrolera ni siquiera pasaron a una posición favorable a la guerra en el período posterior al 11 de septiembre. Según el analista del petróleo Anthony Sampson en diciembre de 2002: "Las compañías petroleras han tenido poca influencia en la formulación de la política de EEUU La mayoría de las grandes compañías estadounidenses, incluyendo a las petroleras, no consideran que una guerra sea buena para los negocios, como lo indica la caída de los precios de las acciones." [8]

Las compañías petroleras querían estabilidad, y existía un temor generalizado de que la guerra llevaría a una conflagración regional. "Una guerra en el Golfo Pérsico podría producir una conmoción importante en los mercados del petróleo, sea por daños físicos o porque los eventos políticos conducen a los productores de petróleo a restringir la producción después de la guerra", escribió el economista William D. Nordhaus, miembro del Consejo de Asesores Económicos del presidente Jimmy Carter, a fines de 2002. "Un resultado particularmente preocupante sería una destrucción generalizada de las instalaciones petroleras en Irak, y posiblemente en Kuwait, Irán y Arabia Saudí. En la primera guerra del Golfo Pérsico, Irak destruyó al retirarse gran parte de los pozos petrolíferos de Kuwait y otras infraestructuras petroleras. El sabotaje interrumpió la producción de petróleo de Kuwait durante casi un año, y no fue posible volver a los niveles de producción de petróleo anteriores a la guerra hasta 1993, casi dos años después del fin de la guerra en febrero de 1991." [9]

Nunca fue una posibilidad real que el petróleo llegara a pagar algún día por los costes de la guerra y beneficiara a la economía de EEUU, aunque esa noción fue a veces circulada por los medios. Obviamente, lejos de suministrar petróleo barato para Estados Unidos, la guerra y la ocupación de Irak causaron una seria sangría económica. Y las dificultades con la ocupación fueron anticipadas antes de que ésta comenzara. En realidad, un estudio anterior a la guerra del Departamento de Estado iniciado en febrero de 2002, de un año de duración, previó las condiciones caóticas que existirían durante una ocupación estadounidense de Irak. [10] La CIA también advirtió a la administración Bush de una amplia resistencia en la posguerra. [11]

Dos informes confidenciales preparados para el presidente Bush en enero de 2003 por el Consejo Nacional de Inteligencia, un grupo independiente que asesora al director de la CIA, predijo que una invasión de Irak dirigida por Estados Unidos aumentaría el apoyo a los islamistas radicales y resultaría en una sociedad iraquí profundamente dividida, propensa a un conflicto interno violento. Uno de los informes también advirtió de una posible insurgencia contra el nuevo gobierno iraquí o las fuerzas dirigidas por EEUU por parte de elementos delincuentes del gobierno de Sadam Husein y grupos terroristas existentes. Además, las evaluaciones sostenían que un ataque estadounidense contra Irak aumentaría la simpatía en el mundo islámico para los objetivos terroristas. Sería difícil que una evolución semejante fuera propicia a la estabilidad requerida para producir petróleo. [12]

Aún más importante fue un exhaustivo informe previo a la guerra realizado en el otoño de 2002 por el Grupo de Planificación de la Infraestructura Energética del Departamento de Defensa de EEUU, que señala que no se podía esperar un auge petrolero, por la condición dilapidada de la infraestructura petrolera de Irak. Después de años de decadencia, esa infraestructura requeriría años de trabajo y miles de millones de dólares en inversiones antes de poder suministrar abundante petróleo. [13]

Además, Amy Myers Jaffe, experto en petróleo que había servido frecuentemente como consultor al gobierno, dirigió un grupo energético en el Instituto James Baker III de Política en la Universidad Rice, que en 2002 llegó a la conclusión de que los ingresos por el petróleo de Irak no bastarían para financiar la reconstrucción. [14]

"Como decisión empresarial", dijo Charles A. Kohlhaas, ex profesor de ingeniería petrolera en la Escuela de Minas de Colorado y experto petrolero, "la invasión de Irak ‘por petróleo’ es perdedora de antemano, una gran perdedora. Es probable que cualquiera que llegara a proponer, en la sala de un consejo de administración corporativo, que se invadiera Irak por el petróleo vería su carrera profesional considerablemente acortada. No, la consigna de ‘no a la guerra por petróleo’ es una flagrante inexactitud propagada por razones políticas." [15]

El otro argumento relacionado con el petróleo no tiene tanto que ver con el beneficio económico para Estados Unidos o con los intereses del Gran Petróleo, sino más bien con el incremento del poder de Estados Unidos en los asuntos mundiales. Como dijo un comentarista: "El petróleo aparece en los cálculos de Washington sobre Irak como un recurso estratégico más que económico: la guerra contra Sadam trata de garantizar la hegemonía estadounidense más que de aumentar los beneficios de Exxon." [16] Han argumentado que el control estadounidense del petróleo de Irak otorgaría a Estados Unidos gran influencia sobre la fijación de niveles de producción de petróleo por Arabia Saudí y otras naciones productoras en Medio Oriente. La influencia sobre los suministros de petróleo de Irak y de Medio Oriente capacitaría a Estados Unidos para ejercer su control sobre el mundo, ya que las naciones industriales dependen del petróleo para sobrevivir. "El control de Irak se basa en el petróleo como instrumento de poder, más que de petróleo como combustible," sostiene Michael Klare, autor de "Resource Wars". "El control sobre el Golfo Pérsico se traduce en control sobre Europa, Japón y China. Es tener nuestra mano sobre el grifo." [17]

El control de Irak por los intereses estratégicos globales estadounidenses sería un plan a largo plazo y presupondría una ocupación estadounidense permanente, haciendo que Irak controlado por EEUU se pareciera al estado de Manchukuo, títere de los japoneses en la Segunda Guerra Mundial, o a Europa Oriental controlada por los soviéticos. Pero incluso esos ejemplos no bastan para describir el caso. En cuanto al modelo de Francia de los años cuarenta, Washington no necesitaría un Irak-Vichy, sino un Irak Ocupado; no a un mariscal Pétain como gobernante cliente, sino a un general Stülpnagel como procónsul. No bastaría con un control menor, ya que no se podría garantizar que incluso un amistoso gobierno iraquí semi-independiente mantuviera una política petrolera que sacrificaría sus propios intereses económicos en función de una estrategia global estadounidense. Una semejante ocupación ampliada requeriría considerable planificación e involucraría costos colosales. No existe evidencia de que la administración Bush haya considerado alguna vez la necesaria ocupación prolongada, mucho menos aún que la haya planificado.

Ciertamente, un semejante ejército de ocupación fue el polo opuesto del plan del Secretario de Defensa Donald Rumsfeld de unas fuerzas armadas tersas, de alta tecnología, que serían eficientes en la derrota de los militares de Sadam, pero que no serían adecuadas para controlar el país. En realidad, la costosa ocupación de la actualidad ya comenzó a tener un impacto negativo en la visión de Rumsfeld de las fuerzas armadas estadounidenses. El analista militar Loren Thompson señaló que es casi seguro que el coste de mantener a las tropas de EEUU en Irak y Afganistán dañaría otras iniciativas del Pentágono. "Si continúa el actual nivel de gastos en Irak," dijo, "Donald Rumsfeld va a tener que despedirse de una buena parte de la parte tecnológica de su plan de transformación." [18]

La afirmación de que la invasión de Irak por EEUU se basó en necesidad de hacer avanzar el poder global estadounidense es también debilitada por el hecho de que pocos expertos en política extranjera fuera de la órbita neoconservadora consideraron la política de guerra como un impulso de ese objetivo. Si el objetivo fuera el poder global estadounidense, se hace difícil comprender por qué fueron sobre todo los neoconservadores los que decidieron que sería logrado por una guerra en Irak.

Es significativo que entre los que tenían reservas sobre el ataque preventivo contra Irak haya habido luminarias de los círculos dominantes en la política extranjera republicana como Brent Scowcroft, que sirvió como asesor de seguridad nacional bajo los presidentes Ford y George H.W. Bush; Lawrence S. Eagleburger, que sirvió como secretario de estado adjunto y secretario de estado bajo el primer Bush; y James A. Baker III, que precedió a Eagleburger como el primer secretario de estado de Bush. [19]

En una opinión editorial en la edición del 15 de agosto de 2002 del Wall Street Journal intitulada "Don't Attack Iraq" [No ataquen a Irak], Scowcroft sostuvo que Sadam no estaba conectado con terroristas y que sus armas no planteaban un peligro para Estados Unidos. Scowcroft reconoció que "en vista de las agresivas ambiciones regionales de Sadam, así como lo implacable e impredecible de su proceder, podría ser sabio removerlo del poder en algún momento."Sin embargo: "Un ataque contra Irak ahora mismo pondría seriamente en peligro, si no la destruye, la campaña contraterrorista global que hemos emprendido."[20]

Habría que señalar que Scowcroft estuvo muy cerca de George H.W. Bush, de quien se dice que en privado estuvo fuertemente contra la guerra. El presidente Bush reconoció implícitamente la oposición de su padre cuando Bob Woodward le preguntó si había consultado a su padre sobre su decisión de lanzar la guerra. "No es el padre adecuado para ir a pedirle consejos. El padre adecuado al que ir, a quien recurrir en términos de fuerza," dijo Bush. "Recurro a un Padre que se encuentra en lo más alto." [21]

También expresó su fuerte oposición a la guerra contra Irak Zbigniew Brzezinski, consejero nacional de seguridad en la administración Carter, que a menudo es identificado erróneamente por críticos de la guerra de la línea dura como el personaje central en la cábala de la guerra. [22] Por cierto, Brzezinski abogó explícitamente por la dominación global de EEUU en su trabajo de 1997: "The Grand Chessboard: American Primacy and its Geostrategic Imperatives". [23] Sin embargo, durante la preparación para la guerra, expresó su preocupación de que un ataque unilateral contra Irak debilitaría los intereses globales de EEUU Lo que le preocupaba especialmente era que la confusa marcha unilateral de EEUU hacia la guerra estaba causando estragos en la alianza de EEUU con Europa Occidental, a la que consideraba como el elemento central en la política global estadounidense, calificándola de "punto fundamental de la empresa de EEUU en el mundo." Brzezinski temía que el "vitriolo a través del Atlántico" respecto al plan estadounidense de atacar a Irak a pesar de la oposición europea, había dejado "a en verdadero peligro a la unidad de la OTAN."

Además, la obsesión de la administración Bush con Irak interfería con la capacidad de EEUU de comprometerse en otros puntos álgidos del mundo. Brzezinski señaló que "existe una inquietud justificable de que la preocupación con Irak – que no plantea una amenaza inminente para la seguridad global – oculta la necesidad de encarar una amenaza mucho más seria y verdaderamente inmediata planteada por Corea del Norte." Brzezinski concedía que "podría ser necesario utilizar la fuerza para imponer el objetivo del desarme. Pero cómo y cuándo se aplica esa fuerza debe formar parte de una estrategia más amplia, sensible ante el riesgo de que la terminación del régimen de Sadam Husein podría ser lograda a un coste demasiado elevado para el liderazgo global de EEUU" [24]

Fascinante es también el hecho de que se hayan opuesto a la guerra académicos en relaciones internacionales de la escuela "realista", formada por los que enfatizan el poder y el interés nacional en los asuntos internacionales. Se podría pensar que tenderían a apoyar una iniciativa semejante si ésta prometiera concretamente un aumento del poder estadounidense. A la cabeza de los realistas contrarios a la guerra de Irak en el mundo académico estaban entre otros John Meirsheimer, Kenneth Waltz, Alexander George, Robert Jervis, Thomas Schelling, y Stephen Walt. Formaban parte de 33 académicos que colocaron un anuncio en el New York Times del 26 de septiembre de 2002 intitulado "La Guerra con Irak no beneficia el Interés Nacional Estadounidense." Muchos firmantes a esa carta formaron en 2003 la Coalición por una Política Extranjera Realista. [25]

En realidad, todos los círculos dominantes establecidos en la política exterior tendían a mostrarse fríos ante la política de la guerra, como lo muestra la oposición desde el interior del elitista Consejo de Relaciones Exteriores. Como escribiera el columnista Robert Kuttner en septiembre de 2003: "Sigue siendo un secreto bien guardado que la amplia corriente dominante en política extranjera – ex funcionarios públicos republicanos y demócratas, ex embajadores, militares y gente de los servicios de espionaje, expertos académicos – consideran que todo el enfoque de Bush es un desastre." [26]

También se opusieron a un ataque de EEUU contra Irak expertos militares estadounidenses. Incluso miembros del Estado Mayor Conjunto expresaron inicialmente su oposición a la guerra. [27] Es notable que la oposición haya provenido también de tres jefes en retiro del Comando Central de EEUU, que incluye a la región del Golfo: el general de la Armada Anthony Zinni, el general H. Norman Schwarzkopf, y el general de la Armada Joseph P. Hoar. [28] Otras destacadas personalidades militares en retiro que se opusieron a la guerra incluyeron al coronel Mike Turner, antiguo planificador de política para el Estado Mayor Conjunto sobre Medio Oriente y el este de África; el coronel de la Armada Larry Williams; el ex secretario de la Armada James Webb; y el soldado más condecorado de la era de la guerra de Vietnam, el coronel David Hackworth. Todos se opusieron a la guerra de Irak porque una ocupación estadounidense de ese país sería un desastre. [29]

Más notable aún es que el Army War College, en un informe publicado en enero de 2004: "critica ampliamente el manejo de la guerra contra el terrorismo por la administración Bush, acusándolo de tomar un desvío hacia una guerra ‘innecesaria’ en Irak y de continuar con una busca "poco realista’ contra el terrorismo que podría conducir a guerras de EEUU con estados que no plantean una amenaza seria." [30] Que un informe semejante haya aparecido bajo los auspicios del Army War College indica un profundo desencanto existente entre los militares con la guerra contra Irak.

***

Varias piezas convergentes de evidencia contradicen la idea de que Estados Unidos haya ido a la guerra para lograr la dominación global – una dominación que no fue ni reforzada por la guerra ni, al parecer, planificada. Además, militares y expertos relacionados estrechamente con la política exterior del petróleo, que no eran neoconservadores, no vieron los beneficios que resultarían de la guerra. Si realmente predominaron los motivos del poder global estadounidense, es difícil comprender por qué el apoyo para la guerra no fue más generalizado, sino que se concentró entre los neoconservadores. ¿Cómo pudieron los neoconservadores ver las ventajas que se obtendrían para el poder global estadounidense si eran invisibles para la mayoría de la elite de la política exterior y la seguridad nacional? En cuando al motivo de los beneficios para el petróleo, ¿por qué iban a estar más interesados los neoconservadores en esos supuestos beneficios que el propio Gran Petróleo?

Debemos reconocer que los argumentos respecto al petróleo y al poder global estadounidense involucran mucha más especulación que el argumento neoconservador del Likud. Los primeros niegan que el terrorismo haya tenido algo que ver con la guerra, afirmando en su lugar que se basó en el deseo de beneficios o de poder global, mientras que el argumento neoconservador/Likud supone que la lucha contra el terrorismo fue el objetivo – y que la lucha contra el terrorismo debía eliminar a regímenes de Medio Oriente hostiles a Israel, que son considerados de facto como terroristas. Los neoconservadores abogaron abiertamente por la eliminación de esos regímenes, que incluían a Irak. Además, los neoconservadores admiten explícitamente que quieren promover la seguridad de Israel.

No existe evidencia de que ningún grupo, aparte de los neoconservadores, haya identificado de ese modo a Irak para ser atacado; el interés petrolero y los círculos dominantes en la política exterior ciertamente no lo hicieron. Tampoco fue necesaria una conspiración; más bien, los neoconservadores abogaron abiertamente por una política semejante, como lo hizo el gobierno de Ariel Sharon, y siguiendo la orientación sostenida desde hace tiempo por los partidarios del Likud, el gobierno de Sharon no sólo apoyó la guerra sino que también ayudó a facilitarla mediante información falsa.

Al estudiar los resultados de la guerra, vemos que no ha habido un gran auge del petróleo o una expansión del poder global de EEUU Al contrario, parece que al empantanarse en Irak le resulta más difícil a Washington impulsar otros objetivos globales. Y en lugar de monopolizar el control de Irak, Estados Unidos implora ahora ayuda internacional para la ocupación militar de Irak. En breve, aquellos que enfatizan otros motivos para la guerra tienen que admitir que los objetivos buscados no fueron cumplidos. Al contrario, el objetivo neoconservador de los partidarios del Likud de reforzar la seguridad de Israel, como la ven los partidarios del Likud, ha sido logrado. Justin Raimondo da en el clavo cuando escribe: "Este tema – de que una política exterior centrada en Israel es la verdadera razón para esta guerra – no fue visto favorablemente cuando comenzó el tiroteo. Pero un año después, por un simple proceso de eliminación, es la única explicación racional que sigue en pie." [31]

¿Significa esto que los neoconservadores fueron simples agentes del Israel del Likud, que secuestraron la política exterior estadounidense en función del interés de otro país? Raimondo escribe a veces, tal vez hiperbólicamente, que de eso se trata. Por ejemplo: "Arranquen las ficciones ideológicas, la ‘información’ exagerada, y el engaño a través de las apariencias ‘patrioticas’, y lo que queda es la realidad desnuda de la quinta columna de Israel en EEUU" [32] Como no podemos mirar al interior de las mentes neoconservadoras, no precisa endosar un juicio tan severo. Basta con decir que los neoconservadores ven la política exterior de EEUU a través del prisma de los intereses de Israel (lo que los partidarios del Likud consideran como el interés de Israel). Es muy probable que verdaderamente piensen que los intereses de Israel son los mismos que los de EEUU Es poco probable que realmente piensen que sacrifican a Estados Unidos por el bien de Israel. El auto-engaño no es poco común en individuos motivados por la ideología.

La idea de que algunos estadounidenses puedan ser motivados por un vínculo con un país extranjero y que puedan ser influyentes en la determinación de la política exterior estadounidense no es una idea tan extravagante, insólita. Historiadores y otros comentaristas han propuesto frecuentemente que germano-estadounidense, cubano-estadounidenses, polaco-estadounidenses, y otros grupos étnicos han sido influenciados en sus puntos de vista en política exterior por sus vínculos con un país extranjero. Hay historiadores que han argumentado que el apoyo de Woodrow Wilson a Inglaterra en la Primera Guerra Mundial se debió en parte a su inclinación pro-inglesa.

Volviendo los inicios de la República, recordamos que Alexander Hamilton tendía a ser pro-británico y Thomas Jefferson pro-francés. El que algunos estadounidenses podrían tener un "lazo apasionado" con un estado extranjero y, por lo tanto, sacrificar intereses estadounidenses por el bien de ese estado fue una advertencia cardinal en el famoso Discurso de Despedida de George Washington de 1796. [33] Si Israel y los judíos no estuvieron involucrados, no habría nada de extraordinario respecto a esta tesis, pero ya que lo están, el tema se encuentra en el campo del tabú.

Finalmente, la evidencia de las posiciones neoconservadoras y de los partidarios del Likud respecto a la guerra en Medio Oriente es de pleno conocimiento público. No existe una conspiración tenebrosa, oculta. Pero en el campo de la política, como dijera George Orwell: "Ver más allá de la propia nariz requiere una lucha constante." [34]

Notas:

1. Brendan O'Neill, "Being antiwar isn't about the oil," Christian Science Monitor, January 23, 2003.
2. Noam Chomsky, interview with Dubai TV, "'Of course, it was all about Iraq's resources,'" December 2, 2003.
3. O'Neill.
4. Pratap Chatterjee, "Halliburton Makes a Killing on Iraq War," Corpwatch, March 20, 2003.
5. Sam Howe Verhovek and John Hendren, "U.S. Seeking to Protect Iraqi Oil Fields," Los Angeles Times, March 20, 2003; and Bill Glauber, "Oil field sabotage called halfhearted," Chicago Tribune, April 6, 2003.
6. Rose Brady, ed., "Rogue States: Why Washington May Ease Sanctions," Business Week, May 7, 2001.
7. Roger Burbach, "Bush Ideologues Trump Big Oil Interests in Iraq," Alternatives, September 30, 2003.
8. Anthony Sampson, "Oilmen don't want another Suez," Guardian Unlimited, December 22, 2002. Sampson is author of The Seven Sisters (New York: Bantam Books, 1976), which deals with oil companies and the Middle East. Dan Morgan and David B. Ottaway wrote in The Washington Post: "Officials of several major firms said they were taking care to avoiding playing any role in the debate in Washington over how to proceed on Iraq. 'There's no real upside for American oil companies to take a very aggressive stance at this stage. There'll be plenty of time in the future,' said James Lucier, an oil analyst with Prudential Securities." ("In Iraqi War Scenario, Oil Is Key Issue," September 15, 20002, p. A1) For MSNBC, John W. Schoen wrote: "So far, U.S. oil companies have been mum on the subject of the potential spoils of war." ("Iraqi oil, American bonanza?," November 11, 2002) See also Dana Goldstein, "Iraq war not about oil, says industry insider," Brown Daily Herald, February 28, 2003.
9. William D. Nordhaus, "Iraq: The Economic Consequences of War," New York Review of Books, December 5, 2002. See also George L. Perry, "The War on Terrorism, the World Oil Market and the U.S. Economy" (pdf), Analysis Paper #7, America's Response to Terrorism, November 28, 2001 (rev.).
10. Eric Schmitt and Joel Brinkley, "State Dept. Study Foresaw Trouble Now Plaguing Iraq," New York Times, October 19, 2003. [Please note: This reposting, by Truthout.org, may constitute a copyright violation.]
11. Bryan Bender, "CIA Warned Bush of Iraq War Guerrilla Peril," Boston Globe, August 9, 2003. [Please note: This reposting, by GlobalSecurity.com, may constitute a copyright violation.]
12. Douglas Jehl and David E. Sanger, "Prewar Assessment on Iraq Saw Chance of Strong Divisions," New York Times, September 28, 2004.
13. Rupert Cornwell, "Pentagon officials ignored reports on dire state of Iraq's oil industry," Independent, October 6, 2003. [Please note: This reposting, by Rense.com, may constitute a copyright violation.] Jeff Gerth, "Report Offered Bleak Outlook about Iraq Oil," New York Times, October 5, 2003. [Please note: This reposting, by Common Dreams, may constitute a copyright violation.]
14. Gerth; and Stefan Halfer and Jonathan Clarke, America Alone: The Neo-conservatives and the Global Order (Cambridge, England: Cambridge University Press, 2004), p. 223.
15. Charles A. Kaulhaus, "War in Iraq: 'Not a War for Oil,'" In the National Interest, March 5, 2003.
16. Yahya Sadowski, "No war for whose oil?," Le Monde diplomatique, April 2003.
17. Quoted in Robert Dreyfus, "The Thirty-Year Itch," MotherJones.com, March/April 2003.
18. Dave Moniz, "Monthly Costs of Iraq, Afghan Wars Approach That of Vietnam," USA Today, September 8, 2003, p. 1.
19. "GOP Backing Out of Iraq Offensive?," FOXNews.com, August 16, 2002. Todd S. Purdum and Patrick E. Tyler, "Top Republicans Break with Bush on Iraq Strategy," New York Times, August 16, 2002. [Please note: This reposting, by Common Dreams, may constitute a copyright violation.] Jim Lobe, "Washington goes to war over war," Asia Times, August 21, 2002. Lawrence Eagleburger seved in foreign-policy and national-security positions for Presidents Nixon, Carter, Reagan, and George H.W. Bush, and had been a protégé of Henry Kissinger's. On Eagleburger, see "Lawrence Eagleburger," Harry Walker Agency. Brent Scowcroft served as national-security adviser to both Presidents Ford and George H.W. Bush. From 1982 to 1989, he was vice chairman of Kissinger Associates, Inc., an international consulting firm. A West Point graduate, Scowcroft served 29 years in the military, attaining the rank of lieutenant general.
20. Brent Scowcroft, "Don't Attack Iraq," Wall Street Journal, August 15, 2002. (Posted, perhaps by permission, at The Forum for International Policy.)
21. "Woodward Shares War Secrets," "60 Minutes," CBS News, April 19, 2004.
22. Michele Steinberg, "Can the Brzezinski-Wolfowitz Cabal's War Game Be Stopped?," Executive Intelligence Review, December 7, 2001.
23. Zbigniew Brzezinski, The Grand Chessboard: American Primacy and its Geostrategic Imperatives (New York: Basic Books, 1997). A similar argument that the control of vital resources is the key to global power and global warfare is presented by Michael T. Klare, Resource Wars: The New Landscape of Global Conflict (New York: Henry Holt, 2001).
24. Zbigniew Brzezinski, "Why Unity Is Essential," Washington Post, February 19, 2003. (Posted, perhaps by permission, at drumbeat.mlaterz.net.)
25. "War With Iraq Is Not in America's National Interest," New York Times, September 26, 2002. (Ad text, apparently not copyrighted, posted at bear-left.com.) Daniel W. Drezner, "The realist take on Iraq," Daniel W. Drezner Website, September 25, 2002. "About the Coalition for a Realistic Foreign Policy," Coalition for a Realistic Foreign Policy, December 29, 2003.
26. Robert Kuttner, "Neo-cons have hijacked U.S. foreign policy," Boston Globe, September 10, 2003.
27. Thomas F. Ricks, "Some Top Military Brass Favor Status Quo in Iraq," Washington Post, July 28, 2002, p. A-1; Justin Raimondo, "Attack of the Chicken-Hawks"; and Doug Thompson, "Suddenly, the hawks are doves and the doves are hawks," Capitol Hill Blue, August 1, 2002.
28. Mike Salinero, "Gen. Zinni Says War with Iraq Is Unwise," Tampa Tribune, 24 August 2002. [Please note: This reposting, at what appears to be a personal home page at www.mtholyoke.edu, may constitute a copyright violation.]
"Joseph Hoar," Disinfopedia; "Norman Schwarzkopf," Disinfopedia; and Thomas E. Ricks, "Desert Caution," Washington Post, January 28, 2003, p. C1.
29. "Commentary: Possible Worst-Case Scenarios If War with Iraq Occurs," National Public Radio, March 11, 2003. James Webb, "Do we really want to occupy Iraq for the next 30 years?," Washington Post, September 4, 2002. [Please note: This reposting, at Soldiers for the Truth, may constitute a copyright violation.] David Hackworth, "First base, first!," WorldNetDaily, November 26, 2002. William Raspberry, "Unasked Questions," Washington Post, September 30, 2002, p. A19. [Please note: This reposting, at what appears to be a personal home page at www.geocities.com, may constitute a copyright violation.]
30. Thomas F. Ricks, "Army War College report blasts war on terrorism," © Knight Ridder, January 12, 2004. [Please note: This reposting at Information Clearinghouse from a version posted at Contra Costa Times may constitute a copyright violation.]
31. Justin Raimondo, "The Neocons' War," Antiwar.com, June 2, 2004.
32. Raimondo.
33. As he prepared to leave the presidency, George Washington wrote in his Farewell Address: "So likewise, a passionate attachment of one nation for another produces a variety of evils. Sympathy for the favorite nation, facilitating the illusion of an imaginary common interest in cases where no real common interest exists, and infusing into one the enmities of the other, betrays the former into a participation in the quarrels and wars of the latter without adequate inducement or justification. It leads also to concessions to the favorite nation of privileges denied to others which is apt doubly to injure the nation making the concessions; by unnecessarily parting with what ought to have been retained, and by exciting jealousy, ill-will, and a disposition to retaliate, in the parties from whom equal privileges are withheld. And it gives to ambitious, corrupted, or deluded citizens (who devote themselves to the favorite nation), facility to betray or sacrifice the interests of their own country, without odium, sometimes even with popularity; gilding, with the appearances of a virtuous sense of obligation, a commendable deference for public opinion, or a laudable zeal for public good, the base or foolish compliances of ambition, corruption, or infatuation." ("Washington's Farewell Address 1796," The Avalon Project at Yale Law School.)
34. George Orwell, "In Front of Your Nose," Tribune, March 22, 1946. (Posted, in English, at a Russian Website devoted to the work of Orwell.)
La versión inglesa © 2004 Stephen J. Sniegoski. All rights reserved

La página en inglés © 2004 WTM Enterprises. All rights reserved
http://www.thornwalker.com/ditch/snieg_oilwar.htm


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