Escúchenos en línea

Tortura, terror e imperialismo

None | 13 de Diciembre de 2005 a las 00:00

Por John Saxe-Fernández, diario La Jornada, México

"No puedo comentar sobre asuntos que afecten a nuestro servicio de inteligencia". Con estas palabras Condoleeza Rice trató de evadir, durante su visita oficial a Alemania, la catarata de preguntas y cuestionamientos de la prensa europea sobre la existencia de centros de inteligencia antiterroristas financiados por la CIA y dotados de personal local. Los campos de "internación, interrogación y eliminación de islamistas sospechosos" desplegados por el gobierno de George Bush en Europa, en Irak y a lo largo y ancho del mundo, representan un inusitado esfuerzo por establecer un "nuevo orden policial-judicial", que opera al margen del derecho internacional, centrado en el uso de instrumentos públicos y "privados", de terrorismo de Estado.

Como resultado aumentan las fricciones y contradicciones entre gobiernos y su respectiva opinión pública. Considérese la centralidad que adquirió el tema de la tortura y el uso clandestino de pistas de aterrizaje de la CIA en Alemania, para el transporte, martirio y eliminación de presuntos terroristas. Es un asunto espinoso ante una población que sufrió los traumas –y vergüenzas-, de los campos de exterminio y terror nazi. Ahí es intenso el impacto psicopolítico de un esquema como el impulsado por el triunvirato Bush-Cheney-Rumsfeld, y esto ocurrió cuando Rice visitaba a un gobierno como el de la señora Merkel, que se esfuerza por mejorar la relación con Estados Unidos. Los costos políticos para Merkel si se sospecha de la más leve colaboración con Estados Unidos en materia de represión y de centros de interrogatorio y exterminio, pueden ser devastadores y ella lo sabe: su gobierno conservador opera en medio de una opinión pública cuyo rechazo a la guerra en Irak persiste, junto con una creciente e indignada irritación por las operaciones "clandestinas" estadounidenses, las que incluyen el uso sistemático de la tortura, práctica a la que ahora parece adicto el triunvirato, la CIA y el Pentágono. El vicepresidente defiende a capa y espada los "nuevos métodos" tipo 'a ron' que se emplean porque, dice, "son útiles para combatir al terrorismo". La opinión generalizada de expertos y conocedores es precisamente la contraria: la inutilidad de la información producida por el abuso físico y mental, por la humillación sexual y religiosa, de "la persona".

El desplome de la imagen de Estados Unidos no puede ser mayor. Hace poco el almirante Stanfield Turner, ex director de la CIA, calificó a Cheney como el "vicepresidente para la tortura". Mientras, el número de islamistas "desaparecidos" aumenta. Así se desprende de documentación proveniente de la Cruz Roja, la misma FBI, el Ejército y los documentos oficiales, que además muestran que el Pentágono cuenta con un contingente de 54 mil soldados instruidos para operaciones clandestinas de infiltración, demolición, sabotaje y capturas subrepticias, cuya ampliación promueve Rice en esta gira.

El terror de Estado por el petróleo iraquí va desde el bombardeo de civiles, las redadas y masacres continuas, el uso de armas prohibidas, hasta la tortura y el establecimiento en más de 40 países de centros para infligir dolor, tormento y angustia en la mejor tradición hitleriana.

Hace poco se informó en Estados Unidos que en Irak existen "al menos" mil 100 centros de tortura –algunos contratados a empresas estadounidenses-. También se sabe que operan en barcos de guerra y en aviones. Es un vasto esquema en el que, según datos recientes (Mark Danner, "Torture and Terror: America, AbuGhraib and the a ron Terror", New York Review of Books, 2004, citado por W. Pfaff, en su notable What We've Lost, Harpers, noviembre 2005) participan "agentes estadounidenses, soldados y contratistas privados".

Para América Latina el asunto no es nuevo: millones de familias han sufrido el terror de Estado y la tortura como instrumento de "gobierno", como lo ilustran las actividades de la Escuela de las Américas, donde se adiestran decenas de miles de oficiales latinoamericanos en técnicas que, según el Departamento de Defensa, van desde "la censura y las operaciones de cateo y cordón" hasta "el interrogatorio de prisioneros y el control del 'populacho' y los recursos". Esto siempre se negó. Hoy es parte de una política de Estado intervencionista que considera "obsoleta" la Convención de Ginebra, que combate a la Corte Penal Internacional y que expone a los oficiales y responsables a la máxima pena, según la Ley Federal de Estados Unidos sobre Crímenes de Guerra de 1996, vigente. Bush, el "comandante en jefe", encabeza la lista de los "involucrados", por lo que su gobierno usa el término de "enemigos combatientes" como dispositivo lingüístico para evitar su aplicación. Pero, como dice Pfaff, la Casa Blanca le señala a la tropa que "…en la guerra contra el terrorismo están suspendidas no sólo las normas internacionales y nacionales, y el comportamiento legal, sino también las normas religiosas y seculares comúnmente aceptadas como parte de la civilidad". (p.55)

Escuadrones de la muerte estimulados por EEUU e Irán

Por Dahr Jamail y Harb al-Mukhtar, con aportes de Isam Rashid. Agencia IPS

Estos escuadrones de la muerte están mucho más activos en vísperas de las elecciones del 15 de diciembre, como lo demuestra el hallazgo de 20 cuerpos, en dos localidades distintas del occidente del país.

La semana pasada, los cuerpos de 11 hombres vestidos de civil habían sido dejados, maniatados por la espalda, al costado de la carretera entre Bagdad y Jordania, cerca de la occidental ciudad iraquí de Al-Rutbah, según informó la policía. Un día antes, se encontraron otros nueve cadáveres, también de civiles, acribillados a balazos. Esta vez fue en una carretera cerca del enclave sunita de Faluya, apenas a 69 kilómetros de Bagdad.

Existen indicios que los escuadrones de la muerte responsables de desapariciones y asesinatos cuentan con el respaldo de milicias chiítas. Estas organizaciones armadas, apoyadas por Irán, controlan hoy el gobierno y la policía iraquí, gracias, paradójicamente, a la intervención de Estados Unidos, enemigo declarado del régimen islámico gobernante en Teherán desde 1979.

Abdullah Omar, un ingeniero de 39 años a quien el desempleo llevó a vender combustible y cigarrillos en el mercado negro, asegura ser sobreviviente de los escuadrones de la muerte.

"Una noche, estaba durmiendo en el techo de mi casa porque hacía mucho calor y no teníamos electricidad, como ya es costumbre", contó Omar a IPS. "De pronto, me despertó una explosión cercana. Enseguida me ví rodeado por hombres extraños con gafas infrarrojas para ver en la oscuridad".

Según Omar, lo tiraron al suelo, lo esposaron y le pusieron una venda en los ojos. "Empezaron a golpearme con las culatas", dijo. "Luego revisaron toda mi casa, tomaron el revólver que yo les dije que tenía, y me llevaron con ellos". También maniataron y se llevaron a su esposa Sumia, una maestra de 32 años.

Omar cuenta que antes de que le pusieran una bolsa en la cabeza a manera de capucha, vio cerca de 10 furgonetas de caja abierta con un centenar de hombres que vestían máscaras negras. Lo pusieron en la caja de una de las camionetas y lo golpearon hasta que se desmayó.

A Sumia también la golpearon. "Recibí muchas patadas en el vientre", dijo la mujer a IPS. "Yo escuchaba los gritos de dolor de Abdullah y por eso forcejeé y luché hasta que me esposaron. Luego me golpearon hasta que no pude hacer más nada."

La pareja fue llevada a la estación de policía de Suleakh, en Bagdad, donde fueron interrogados y acusados de poseer un mortero. "Les expliqué que no sé nada de morteros y que nunca he tenido nada que ver con la resistencia, pero igual empezaron a decirme insultos de todo tipo y me siguieron golpeando", recordó Omar.

Sumia, que también fue interrogada, le rogó a los policías que por favor los dejaran regresar a su casa para atender a sus hijos. "Continuaron preguntándome acerca de los morteros y no me dejaron ir a cuidar de mis niños. No sabemos nada de morteros ni nada". "Ni siquiera me dieron un pañuelo para cubrirme la cabeza", dijo a IPS.

A la mañana siguiente, Omar fue trasladado a otra habitación donde vio hombres esposados y encapuchados que yacían en el piso. "Estaban tirados sin ninguna frazada ni almohadón ni nada". Luego de un rato, Omar vio entrar a 14 enmascarados con látigos. "Vi como lastimaban a los prisioneros y les decían luego que ése había sido el desayuno".

Sumia y Abdullah fueron finalmente llevados a su casa, pero les advirtieron que si las fuerzas de seguridad eran atacadas en su barrio, volverían por ellos. Omar estimó que quienes los detuvieron pertenecían al Ejército Chiíta Badr, una milicia que responde a Abdel Aziz al-Hakim, el líder del Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq.

En Bagdad, aumenta la tensión por las amenazas de secuestro y de muerte que el Ejército Badr formula a habitantes de las zonas que no controla. "El Ejército Badr está llevando a cabo una campaña de terror con el propósito de destruir a los otros partidos políticos", dijo Saleh Hassir, un médico de un hospital de Bagdad.

"Vemos pintadas negras y lágrimas dibujadas en los afiches del ex primer ministro Allawi y también en los de los otros grupos sunitas, pero en cambio las imágenes de al-Hakim permanecen inalteradas."

También la familia de Omar Ahmed aprendió lo que puede ocurrir a quien se tope con policías iraquíes y con los grupos parapoliciales que les prestan asistencia. Omar viajaba en automóvil con dos amigos por el barrio bagdadí de Adhamiya la noche del 1 de setiembre cuando desde un puesto de vigilancia les ordenaron detenerse.

"Los tres fueron arrestados aun cuando no encontraron nada en su vehículo", dijo a IPS un testigo de lo ocurrido que solicitó mantener su identidad en reserva. Estuvieron desaparecidos varios días. Sus familias los buscaron por todas partes, incluso en las morgues, lo usual cuando algo alguien es arrestado por la policía iraquí y no regresa a casa.

"Cinco días después del arresto encontramos el cadáver de Omar en uno de los congeladores de la morgue con orificios de bala en un costado de la cabeza y en los hombros", relató a IPS un amigo de la familia de Omar. "No sabemos si los otros dos están vivos o muertos."

"Lo que sí sabemos es que estos hombres no eran culpables de nada y que lo único que hacían era andar de noche en automóvil. No tenemos ninguna seguridad. La policía está asesinando y desapareciendo iraquíes a diario."

El médico Saleh Assir sostuvo que los estadounidenses contribuyeron a que ahora rigiera un nuevo tipo de terrorismo de Estado en Iraq, apoyado desde Irán. "Muchos de nosotros nos oponemos a que Iraq sea controlado por estos fundamentalistas islámicos proiraníes como Al-Hakim", dijo Hassir a IPS. "Ahora estamos viendo el verdadero rostro de la nueva dictadura que nos impondrán con la ayuda de Estados Unidos".

Secuestrado por la CIA hace juicio

Por F. Peregil y J. A. Rodríguez,

A Khaled al Masri, que vive en Ulm, se le ocurrió pasar sus vacaciones en Skopkje. Fue detenido, interrogado un mes y entregado a norteamericanos enmascarados que lo torturaron y llevaron a una base en Afganistán. Ahora le hace juicio a EEUU y hay un entredicho entre gobiernos. Angela Merkel le pidió explicaciones a Condoleezza Rice por el secuestro de un ciudadano alemán. La secretaria no convenció.

La Unión de Libertades Civiles de EEUU (ACLU) presentó ante un tribunal de Virginia una demanda en nombre de Khaled al Masri, ciudadano alemán de origen libanés que asegura haber sido secuestrado, torturado y detenido durante cinco meses por la CIA, que lo puso en libertad tras comprobar que se trababa de un error. El caso de Al Masri, según la demanda, es un ejemplo de las detenciones ilegales efectuadas por los servicios secretos estadounidenses en terceros países como parte de su guerra contra el terrorismo. La demanda sostiene que Al Masri fue trasladado de Macedonia a Afganistán en un avión que había hecho escala en Mallorca.

La denuncia presentada por la muy prestigiosa organización ACLU sostiene que Khaled al Masri, alemán de origen libanés, fue secuestrado el 31 de diciembre de 2003 estando de vacaciones en Macedonia. Incomunicado por varios días, fue entregado a agentes de EEUU que lo golpearon, drogaron y trasladaron en avión a una cárcel secreta en Afganistán. Cinco meses después, Al Masri fue abandonado durante la noche, sin explicación alguna, en una montaña de Albania.

Khaled al Masri, alemán nacido en Kuwait en 1963, tomó el 31 de diciembre de 2003 un autobús en Ulm, Alemania, para pasar unos días de vacaciones en Skopkje, Macedonia. El viaje transcurrió sin incidentes hasta que el autobús atravesó la frontera de Serbia a Montenegro, donde los funcionarios de la frontera le retiraron el pasaporte y lo detuvieron unas horas. Al Masri fue entonces llevado a un hotel en Skopkje, donde estuvo 23 días arrestado y vigilado por funcionarios armados de Macedonia. Los interrogatorios se fueron sucediendo, siempre en inglés, y le preguntaban sobre sus actividades en Ulm, sus amigos, sus visitas a la mezquita o al Centro Multicultural de la ciudad. Los interrogadores lo presionaban continuamente sobre una reunión que decían que había tenido en Jalalabad, Afganistán, con un egipcio y sobre posibles contactos con un noruego. Al Masri respondía que él nunca había estado en Jalalabad y que no conocía a ningún noruego.

El 23 de enero de 2004, unos civiles que el detenido no había visto nunca se presentaron en el hotel y lo grabaron en video durante 15 minutos. Al acabar, le ordenaron que dijera que en todo momento había sido bien tratado y que en ningún caso le habían hecho daño. Luego se comprometieron a meterlo en un avión hacia Alemania. Masri, maniatado y con los ojos vendados, fue llevado a un coche, en el que viajó una hora. Al bajar lo condujeron hasta un edificio donde le dijeron que iba a ser sometido a una revisión médica. Allí, asegura, lo golpearon por todas partes con los puños y con un palo estrecho. Tras negarse a desnudarse, le quitaron la ropa a la fuerza, con cuchillos y tijeras, mientras le seguían pegando. El detenido oía el sonido de cámaras tomando fotos mientras esto ocurría.

Masri fue arrojado contra el suelo, le pusieron las manos en la espalda y alguien se las pisó con una bota. Entonces sintió cómo le introducían un objeto rígido por el ano. En un momento dado le quitaron las vendas de la cara y le hicieron una foto con un flash que lo deslumbró. Cuando recuperó la visión, pudo ver a siete u ocho hombres vestidos de negro y con pasamontañas. Los captores le pusieron un pañal, un overol azul oscuro de manga corta, un cinturón con cadenas que le sujetaba los tobillos y la muñecas. Le colocaron orejeras, un antifaz almohadillado, le vendaron los ojos y le pusieron una capucha.

En ese estado fue llevado hasta un avión, a los tirones de una argolla que llevaba en las muñecas. Una vez dentro, lo tiraron al suelo boca abajo y sus brazos y piernas fueron abiertos y asegurados a los lados del avión. Sintió una inyección en su hombro y luego un segundo pinchazo, que lo llevó a estar casi inconsciente. Cuando el avión aterrizó fuedesencadenado y sacado. Allí se dio cuenta de que el calor que hacía no era propio de Macedonia. Creyó que podía estar en Guantánamo o posiblemente en Irak. Más tarde supo que se encontraba en Afganistán.

El cotejo de documentos de aviación demuestran que un Boeing, registrado con la matrícula N313P, despegó de Palma de Mallorca el 23 de enero de 2004 y aterrizó en el aeropuerto de Skopkje a las 8.51. El avión abandonó Skopkje algo más de tres horas más tarde, volando a Bagdad y luego a Kabul. El lunes 25 de enero, el avión dejó Kabul y voló a Timisoara, Rumania.

A principios de mayo, Masri recibió la visita de un hombre que hablaba alemán y se presentó como Sam. Masri le preguntó si era un representante del gobierno alemán y si el éste sabía que él estaba detenido en Afganistán. Sam, después de consultar a los americanos, no contestó.

A finales de mayo, Sam le informó que sería liberado en ocho días. Le advirtió de que, a condición de su libertad, nunca tendría que mencionar lo que le había ocurrido. El 27 de mayo un médico norteamericano visitó su celda y le dijo que no comiera ni bebiera nada porque el próximo día sería transportado a Alemania y durante el viaje no le estaría permitido visitar el baño. A la mañana siguiente, le dijeron que se pusiera la ropa que llevaba al ser detenido en Macedonia y le entregaron dos nuevas camisetas. Fue conducido al avión, con los ojos vendados, los oídos tapados y una vez dentro, lo encadenaron al asiento.

Sam acompañó a Al Masri en el avión. Al Masri también oyó las voces apagadas de dos o tres americanos. Sam informó a El Masri que Alemania tenía un nuevo presidente. Le dijo también que el avión aterrizaría en un país europeo que no sería Alemania, porque los americanos no querían dejar ninguna huella de su implicación en el calvario de Al Masri.

Cuando el avión aterrizó, Al Masri seguía vendado y así fue trasladado al asiento trasero de un vehículo. No le dijeron dónde estaba. Tras seis horas montaña arriba y abajo por caminos asfaltados y de tierra, le quitaron las vendas. Sus captores le dieron sus pertenencias, su pasaporte, le quitaron las esposas y le dijeron que caminara hacia abajo sin mirar atrás. Era de noche en una ruta desierta. Masri creyó que le dispararían en la espalda y lo matarían. Pero llegó al aeropuerto Madre Teresa de Tirana, la capital. Un guardia albanés tomó su pasaporte y 320 euros de su cartera y entró en las instalaciones del aeropuerto. Sólo cuando embarcó y se encontró en el aire, Masri pensó que finalmente iba a regresar a Alemania.

El gobierno alemán ya pidió explicaciones a Washington por el secuestro de uno de sus ciudadanos. Manfred Gnjidic, abogado de Masri, considera que las explicaciones dadas por la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, a la nueva premier alemana, Angela Merkel, son "notoriamente insuficientes. EEUU debe reconocer el error que se ha cometido, ofrecer explicaciones y presentar una disculpa". El abogado aseguró que su cliente sufrió "secuestro, malos tratos y un estado de zozobra durante varios meses que ha tenido consecuencias psicológicas sobre su persona".

"Para nosotros, las investigaciones en algunos países europeos y sobre todo en España tienen una gran relevancia. Mi cliente no puede reconocer que el avión en el que fue secuestrado es el mismo que hizo escala en Palma de Mallorca por la sencilla razón de que estaba vendado, pero todos los indicios que hemos podido recoger apuntan a que ese Boeing 737 fue el avión usado en Macedonia para llevarlo a Kabul. Esperamos que la Justicia española ayude a aclarar lo ocurrido."

Scott Orton, de la Asociación Americana de Abogados, señaló el miércoles que "la demanda presentada tiene todas las perspectivas de prosperar, ya que parte del hecho probado de que fue secuestrado por error y que se confundió su nombre con otro".

A Khaled lo señaló Alemania

Por Cecilia Fleta, desde Berlín, diario El País, Madrid

El secuestro del ciudadano alemán de origen libanés Khaled el Masri por la CIA puede haber sido provocado por informes que los servicios secretos alemanes proporcionaron sobre él a la agencia estadounidense, según reveló ayer el diario Berliner Zeitung. El mismo periódico publicó declaraciones del Defensor del Pueblo de Kosovo, Marek Nowicki, en las que confirma que la cárcel que tienen las fuerzas de la OTAN en Kosovo en el campamento de Bondsteel escapa a cualquier tipo de control.

"Posiblemente nosotros llamamos la atención de la CIA sobre El Masri mediante las informaciones que compartimos con las autoridades de EEUU", declaró al diario berlinés un funcionario de seguridad alemán. "Porque llama la atención que en los interrogatorios los americanos le hayan preguntado por cosas que supieron por nosotros", añade la fuente cuyo nombre no cita el diario.

El Masri estuvo cinco meses retenido por la CIA en una cárcel secreta de Afganistán en la que sufrió torturas hasta que fue liberado el 29 de mayo de 2004. Hasta ahora se creía que la CIA confundió a El Masri con un sospechoso de participar en el 11-S, de nombre similar. Pero si la información del Berliner Zeitung es cierta, podría no haberse tratado de una confusión. A El Masri le preguntaron una y otra vez en los interrogatorios por los islamistas que conocía en Neu Ulm, la ciudad bávara donde reside. Surgió con frecuencia el nombre de Reda Seyam, un conocido suyo y presunto extremista que los estadounidenses consideran peligroso. Según la fuente del diario, la CIA sabía quién era El Masri "en parte gracias a nuestra información, porque en el intercambio regular de datos con CIA y FBI seguro que en algún momento les proporcionamos el nombre de El Masri, porque aparecía en el entorno de Seyam". Sin embargo, la policía alemana nunca se preocupó de investigar a El Masri porque no era sospechoso.

En Kosovo, en el campamento de Bondsteel, una base de la KFOR, se situaría otra de las cárceles secretas de EEUU donde se tortura a presuntos terroristas. Marek Nowicki confirmó al Berliner Zeitung lo que ya denunció el responsable de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Alvaro GilRobles. "No hay duda de que en Bondsteel existe desde hace años una cárcel que no se somete a controles externos civiles o legales. Debemos preguntar qué está pasando allí", declaró Nowicki al diario.


Descarga la aplicación

en google play en google play