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Lo perverso como cultura y la élite del Imperio

None | 24 de Enero de 2006 a las 00:00

Cultura del mal

Por Mariló Hidalgo, Revista Fusión

Algunos le llaman el Michael Moore español y es que en su libro "La Cultura del Mal. Una Guía del Antiamericanismo" no deja títere con cabeza. "El mundo está dominado por la dictadura de la ignorancia de un país cuya cultura y forma de vida se extienden por todo el planeta, sin que se advierta de sus consecuencias y destrozando los valores de antaño". Él está dispuesto a demostrarlo. ¡Bienvenidos a Yankilandia!

A veces vemos cómo alguien echa pestes de la política exterior de EEUU mientras se toma una Coca–Cola y viene de ver la última película de Robert de Niro... Ese es el escollo que falta por plantearse: el simple consumo individual consciente. Con cinco Coca–Colas es con lo que se financia la bala que entra en el cuerpo del iraquí. Con una visita familiar al parque Disney financias la hora y cuarto que le ha llevado al abogado del Estado estadounidense redactar la última sanción económica impuesta a algún país del tercer mundo en el que se mueren de hambre. Con un año fumando Marlboro subvencionas el proyectil que acabará destruyendo un edificio de viviendas en Gaza. Somos nosotros quienes financiamos todo este sinsentido". El periodista, economista y escritor Moncho Tamames está convencido de que dar el giro a todo esto, está en manos de cada uno y que es mucho más fácil de lo que nos imaginamos.

–¿Qué papel juega la cultura como arma en manos del poder?

–La cultura lo es todo y a diferencia de otros imperios que han existido en la historia, ésta es la primera vez que nos encontramos ante uno, EEUU, que ejerce una invasión cultural tan grande y que además lo hace en nombre de la democracia y el libre mercado. Nos encontramos ante una especie de dictadura totalitaria en nuevo formato.

–¿Hasta qué punto, para quien no sea consciente, la cultura americana se ha colado en nuestra sociedad?

–El aluvión de productos y formas de vida estadounidenses a la que está expuesto cualquier adolescente es bestial, hasta el punto de que no puede competir con la educación que pueda darle un padre o una madre. Las películas que echan en la televisión un sábado o domingo por la tarde en los cinco canales son todas sobre la forma de vida estadounidense. Salimos a los centros comerciales o lugares de consumo y allá donde miremos siempre encontraremos forma de vida y productos estadounidenses. Por tanto se trata de una invasión que nos afecta a todos, se quiera reconocer o no.

–¿Cuál es la mayor mentira que alimenta EEUU?

–No sabría con cuál quedarme. Está la no adhesión al Tratado de Kioto y la falta de respeto a los temas medioambientales. Están todas esas muertes consecuencia de su política invasora, que suman más de las que en su día produjeron Hitler o Stalin. Y luego está la invasión cultural que es quizá lo más grave porque es el futuro, un modelo con unos valores de los que todos nos estamos impregnando y esto es muy grave. El transmisor principal de estas ideas son los medios de comunicación. Las herramientas son las noticias de sucesos como arma de idiotización masiva y arma de inculcación de dos conceptos: miedo y consumo, que es un poco a lo que se ha reducido la televisión en los países anglosajones.

"Los medios de comunicación en EEUU se han convertido en vulgares máquinas de entretener y de no dejar pensar, en las que nunca se cuestiona el sistema"

–¿Cómo conseguir que la gente piense por sí misma? ¿Se pueden aportar herramientas para alcanzar este objetivo?

–Creo que todo intento es bueno. No he escrito este libro para convencer a nadie sino para quien quiera escucharme. El lector tendrá a su disposición un texto que por primera vez reúne todos los aspectos denigrantes de la cultura americana junto con datos que ellos mismos publican en sus encuestas. Cada día cuando en el súper elegimos Ariel, Fairy, cereales Pascual o galletas Artiach frente a otras marcas, debemos de saber que estamos dirigiendo nuestro dinero a las arcas de la Administración estadounidense. Y aunque parezca algo insignificante es muy importante señalar que las alternativas pasan siempre por la toma de conciencia individual.

–Adjuntar con el libro un CD(*) que incluye una lista de productos estadounidenses es como una especie de llamada a la movilización popular, ¿no crees?

–Los consumidores tenemos derecho a estar informados de las características de los productos que adquirimos. Sin embargo si miramos una etiqueta encontramos fácilmente el fabricante, la denominación social del país, pero no el origen y la propiedad de la empresa. Al final no sabemos a quién va destinado el dinero que gasto en esos productos, fruto del sudor de mi trabajo y eso me parece un derecho primordial. Es decir, ¿quiero invertir en financiar guerras surrealistas y globalizaciones impuestas a países subdesarrollados para que al final acaben dependiendo del imperio? ¿Quiero invertir en un país que defiende sus patentes y no autoriza a que se utilicen medicamentos genéricos para luchar contra el sida a pesar de que se están muriendo millones de personas en todo el mundo por esta causa? ¿O prefiero dar el fruto de mi trabajo a las empresas de mi zona económica o de cualquier otra zona que ayude a equilibrar la prepotencia y dominación estadounidense? Pues esa elección la tiene cada uno. Esa lista que aparece en el libro es una ayuda para conocer esos productos y de acuerdo a ello, tomar una decisión.

–Si un pueblo tiene los gobernantes que se merece, ¿qué ha hecho la sociedad americana para merecerse lo que ahora tiene?

–No se puede separar una cosa de otra. La sociedad estadounidense lleva más de doscientos años eligiendo al mismo tipo de personal para dirigir el país y algo de responsabilidad tendrá en ello cuando repiten una y otra vez. En España hay un ejemplo reciente y es que cuando un gobierno actúa por su cuenta, sin tener en consideración a la mayoría de su pueblo, la democracia funciona y en tres días, ese gobierno va a la calle. Los estadounidenses han creado una férrea maquinaria en la que los medios de comunicación y electoralismo político –que van de la mano–, impiden que la información llegue al pueblo. A cambio reciben información local y sensacionalista, de forma que un señor puede conocer con detalle cómo han acuchillado a alguien en el supermercado y en cambio –y esto es un dato de una encuesta–, no saben situar a Gran Bretaña en el mapa el 70% de los universitarios. Esto continuará así hasta que haya una revolución de verdad.

–¿Qué les pasa a los estadounidenses?

–Principalmente se aburren. Padecen de paranoia crónica y la ignorancia generalizada no ayuda mucho a salir del trance. Entre tanto los predicadores religiosos le quitan cada año a las clases baja y media el 10% de sus ingresos. Como ha venido ocurriendo con todas las dictaduras conocidas –en Roma con el circo, en el medievo con la religión o en la propia España franquista con el fútbol–, los estadounidenses cuentan también con ese instrumento necesario para apaciguar a las masas y que en este caso son sus medios de comunicación, sus inventos de divertimento y de terrorismo internacional.

–Si el caso Watergate hizo dimitir al entonces presidente Nixon, ¿qué haría falta hoy para hacer lo mismo con Bush?

–Tal y como está diseñado el mecanismo, es imposible. Aquí por ejemplo Barrionuevo ha ido a la cárcel por una cuestión que en EEUU está a la orden del día. Los crímenes políticos acumulados por Bush en cuanto a derechos humanos, guerras ilegales, etc. no están puestos en tela de juicio porque por encima de todo ello está el patriotismo, la protección, la paranoia y la imbecilidad.

–Y en todo esto, ¿qué papel juega la prensa?

–Los tan venerados New York Times y Washington Post se inventaron una guerra que costó la vida a casi siete millones de vietnamitas, según los historiadores. Ellos respaldaron todo el invento de aquellos ataques al destructor que no fue más que una manipulación informativa que luego dio origen a una guerra. ¡Dejemos de venerar a estos periódicos! Los medios de comunicación en EEUU son un insulto al periodismo, sus noticias hoy se reducen al sensacionalismo y al localismo. Se han convertido en vulgares máquinas de entretener y de no dejar pensar, en las que nunca se cuestiona el sistema.

–En tu libro hay una parte donde hablas del anterior presidente, Aznar. Si le planteáramos la misma pregunta que Michael Moore hizo a Bush: "Tío, ¿qué has hecho con mi país?", ¿qué crees que contestaría?

–Es una persona que no tiene lugar para la autocrítica. Prefiero que me preguntes qué sería lo que yo le plantearía a este señor.

"La relación comercial España–EEUU no sólo está intacta, sino que está mejor que nunca. Toda esa propaganda sobre las malas relaciones es mentira y para demostrarlo están las cifras"

–Adelante...

–Le preguntaría cómo y cuándo va a pagar por sus decisiones, sus políticas de alineación que condujeron a hechos como el de Atocha y el Yak–42. Porque no es suficiente perder unas elecciones para pagar por los actos cometidos. En el libro se cuestiona abiertamente dónde está la frontera entre los actos administrativos –que sí son de trascendencia jurídica y por tanto revisables jurisdiccionalmente– frente a las simples responsabilidades políticas, en las que sí obtuvo su castigo el 14–M de 2004. Garzón lo llegó a insinuar y quién sabe si algún día...

–¿Qué pasa realmente para que estos hechos no sean juzgados en un tribunal como mucha gente reclamó?

–En las dos entrevistas que le hicieron después de abandonar el poder, Aznar insistió hasta quince veces en que se marchaba con las manos limpias. Uno se pregunta, ¿por qué tuvo que insistir tanto en algo así...?

–¿Qué opinión te merece esa estrategia de hacer oposición a través de la FAES y criticar la gestión del gobierno fuera de España?

–El síndrome post–pérdida de poder conduce a toda esta gente hacia terrenos movedizos. Y ahí van más datos. Las cifras de la Secretaría General de Comercio Exterior del año 2004 indican que durante ese año aumentaron las inversiones de EEUU en nuestro país, así como nuestras exportaciones. Esto demuestra que la relación comercial España–EEUU no sólo está intacta, sino que está mejor que nunca. Toda esa propaganda sobre las malas relaciones es mentira y para demostrarlo están las cifras. Esas declaraciones de Aznar y compañía son una pataleta de quien no sabe perder y desde luego, lo más importante, me parece un trabajo de absoluta deslealtad hacia su país y hacia los propios votantes. Cuando el señor Aznar y la señora Palacios hablan de sus buenas relaciones con Bush y Condoleezza Rice, nuevamente están cometiendo actos de traición, de deslealtad, porque aquí no hay lugar para relaciones personales cuando existe un clima de tensión entre los dos países. España en el exterior debe ser una piña y el político que no entienda eso debería ser apartado de su profesión.

–Dicen que el arma más poderosa en manos del opresor es la mente del oprimido. ¿Cómo ha conseguido EEUU adoctrinar las mentes de medio mundo?

–Pues reduciendo todo a dos conceptos muy simples: seguridad y consumo. Y propiciando una industria de entretenimiento que ayuda a no pensar. EEUU tiene los mejores parques de atracciones, las películas de más acción, los deportes más novedosos y por supuesto, la mejor maquinaria de propaganda jamás creada para inculcar el miedo. Salir de este círculo vicioso es muy difícil.

"Los crímenes políticos acumulados por Bush en cuanto a derechos humanos, guerras ilegales, etc. no están puestos en tela de juicio porque por encima de todo ello está el patriotismo, la protección, la paranoia y la imbecilidad"

–En estos momentos existe una gran cantidad de libros denominados "antiamericanos" que denuncian todo esto, así como documentales, películas... ¿Por qué nace "La Cultura del Mal"?

–Después del 11–S se publicaron muchos libros pero no encontré ninguno que en un solo tomo hiciese un repaso a todo y además proporcionase datos. Por eso lo escribí. Incorporo más de 1.500 datos a un texto escrito con ironía, en clave de entretenimiento para facilitar su lectura. El título lo elegí como parodia al "Eje del Mal" de Bush que separaba al mundo entre buenos y malos. El resultado es este libro donde intento plantear retos de principio a fin.

–Después de todo lo que has comentado, ¿miras al futuro con optimismo?

–Por supuesto que cabe una perspectiva optimista de futuro. El mundo no se reduce a EEUU. No creo que los italianos, franceses o españoles terminemos por sucumbir al modelo de vida estadounidense. Habrá un momento en que paremos de inyectarnos silicona, dejaremos de comer basura o tomar refrescos de ácido puro, volveremos a saludar al vecino en la escalera sin la sonrisa superficial anglosajona que hoy prima y nos daremos cuenta de que lo que nos han contado en las películas era en realidad una triste historia de soledad y divertimento forzado, hecha para entretener curativamente a unos pobrecillos de por allí, a los que nunca han informado de nada, ni se han preocupado de educar adecuadamente.

"Tras abandonar el poder Aznar dijo hasta quince veces que se iba con las manos limpias. ¿Por qué tuvo que insistir tanto en algo así?"

–¿Te has tenido que callar algo?

–Son demasiadas cosas evidentes y con el título y subtítulo que lleva, como te podrás imaginar, es imposible callarse nada en el interior de sus páginas. Tuve que quitar algunas cosas que pudiesen restar fuerza a los datos y hechos que se narran... pero considero que un libro que trata temas que nos afectan a todos tan injustamente, debe implicar un claro compromiso. Entiendo que la vida no está hecha para hacerse millonario agachando la cabeza, sino para disfrutarla con salud, esforzarse por lo que merece la pena e irse a la cama con la satisfacción del deber cumplido. Puede resultar idealista en un mundo tan veloz y enfermo, pero quienes no están en los cercos de la política y las corporaciones, pueden optar y optan por este modelo de vida, mucho más gratificante y en el que sobran los predicadores, los malos políticos y los envenenadores de las mentes en general. Esa es la gente que me interesa y que creo que interesa en general: los que ganan la calle sin temor a exponer sus principios, los que no miran a otro lado... Si no, ¿para qué estamos aquí? Lo que sí me he callado es lo que ha ocurrido desde que entregué el manuscrito a la editorial.

(*) "La Cultura del Mal. Una Guía del Antiamericanismo" (Ed. Espejo de Tinta) incluye un CDvídeo con información adicional, música, e imágenes.

«En estos momentos hay un resurgir de los movimientos contestatarios»

Por Laia Altarriba i Piguillem, Gara

Paulette d'Auteuil milita en la red de apoyo a los presos políticos de Estados Unidos y es portavoz de Leonard Peltier, un indígena que cumple condena desde hace 30 años por la muerte de dos agentes del FBI que fallecieron en un confuso tiroteo en la reserva india de Pine Ridge. Auteuil denuncia que fue la presión del FBI y la parcialidad de los jueces quienes lograron que Peltier esté en la cárcel sin que hubiera pruebas

Leonard Peltier lleva casi treinta años encerrado en una prisión estadounidense. Fue arres– tado el 16 de junio de 1975 en la reserva india de Pine Ridge (Dakota del Sur) después de un tiroteo entre un grupo de jóvenes del Movimiento Indio Americano (AIM) y el FBI. Aunque no había ninguna prueba que lo demostrase, Peltier fue condenado acusado de matar a dos policías durante el enfrentamiento.

Paulette d'Auteuil milita en la red de apoyo a los presos políticos de los Estados Unidos y es la portavoz de Peltier. Además, d'Auteuil es familiar de Peltier, pues se casó con Bob Robideau, primo del preso. Robideau también fue arrestado por el tiroteo ocurrido en Pine Ridge, aunque fue liberado porque el jurado entendió que actuó en defensa propia.

Peltier había conseguido huir a Canadá, y no le juzgaron hasta que Estados Unidos logró su extradición. Entonces, la presión de la policía federal de Estados Unidos y la decisión de un juez que consideraba que «no hay indio bueno si no está muerto» lograron condenarlo basándose en la declaración de una mujer india alcohólica y amenazada por la Policía.

En estas tres décadas, Peltier ha participado en la lucha de los presos políticos norteamericanos para lograr un reconocimiento de su estatus. También se ha convertido en un símbolo del movimiento de lucha por los derechos de los pueblos nativos de Estados Unidos, hoy en día confinados en reservas.

¿Qué ocurrió en Pine Ridge en junio de 1975?

En Pine Ridge había un gran depósito de uranio. Bajo la tierra india hay una gran riqueza mineral, incluso en los lugares donde se han ubicado las reservas. Pine Ridge era un ejemplo de esto, y el Gobierno de Estados Unidos quería romper un tratado firmado con los indios para poder apoderarse de los recursos. El mismo día del tiroteo, el administrador de la reserva estaba llegando a un acuerdo para cambiar la reserva de lugar.

¿Cómo pensaba hacerlo?

Entre sus estrategias para lograrlo figuraba la conformación de grupos paramilitares para neutralizar la resistencia que estaba comenzando a renacer en Pine Ridge. En el ámbito burocrático no tenían demasiados problemas, pues el jefe de la reserva era un funcionario más de la Oficina de Asuntos Indios (OAI). Se llamaba Richard Dick Willson, y había organizado una fuerza policial privada, los Guardianes de la Nación Oglala, dependiente de la oficina. Este escuadrón de mercenarios funcionaba como un grupo paramilitar subvencionado por el Gobierno federal para aterrorizar a la población de Pine Ridge y poder tomar el control del uranio. Para entender la situación, hay que saber que en Estados Unidos, los pueblos nativos han sido confinados en reservas a través de leyes decretadas por el Gobierno. Entre estas leyes y tratados tramposos, los indios fueron recluidos en territorios específicos para permitir que los colonos blancos explotasen los recursos. Pero los pueblos nativos no eran sedentarios, no eran campesinos, eran un pueblo nómada. Cuando los rebaños de búfalos se mudaban de lugar en la llanura, ellos también lo hacían. Esta movilidad quedó destruida con las alambradas que pusieron los colonos blancos para su ganado, y por la vía férrea. Toda esta colonización no se hizo sin resistencia por parte de los pueblos nativos. La gente comenzó a luchar por la tierra, y esa lucha todavía continúa. Aun así, los indígenas fueron confinados en reservas, ya que se hicieron tratados entre los consejos tribales y el Gobierno de EEUU, después de que éste diezmara la resistencia india con represión.

Nos contaba que en Pine Ridge el Gobierno quería trasladar la reserva...

Sí, a través de Dick Wilson, que era un representante, pero lo era a la manera de entender del Gobierno de Estados Unidos, porque el órgano representativo real se hallaba en los Consejos Tribales, en los cuales tenía voz mucha gente distinta: mujeres, hombres, ancianos... Las decisiones se tomaban a través del consenso, no salían rápido. La gente se sentaba a hablar sobre los temas que afectaban a su comunidad, sobre las pocas ventajas que se obtendrían a partir de un tratado de reubicación. Pero esta forma de tomar decisiones no parece muy eficiente desde el punto de vista occidental sobre como se lleva un gobierno, con sus leyes, con sus votos, y con sus presidentes elegidos, que una vez en el poder no tienen que consultarle a la gente sobre las decisiones que toman. Así, en Pine Ridge se estaba dando una lucha ideológica paralela a la lucha por la tierra. El Gobierno estadounidense presionaba con agentes del FBI armados que rondaban por la reserva y con escuadrones de la muerte al mando de Dick Williams. Entonces, algunos indios de la reserva pidieron apoyo al Movimiento Indio Americano para brindar protección y ayuda a los ancianos de su Consejo. Entre los jóvenes que vinieron a dar este apoyo se encontraba Leonard Peltier.

¿Qué ocurrió entonces, aquel 16 de junio de 1975?

Así es, era el 16 de junio y aparecieron unos agentes federales en la propiedad de Jumping Bull (en Pine Ridge) con la excusa de capturar un joven que había robado dos botas de vaquero. Según los indios, el FBI abrió fuego. Según los federales, fueron los indios quienes comenzaron el tiroteo. Ahora eso es irrelevante, porque murieron tres personas: Joe Killsright, un indio, y dos agentes de la Agencia Federal de Inteligencia. Después del tiroteo, Leonard y sus compañeros escaparon de la zona perseguidos por agentes del FBI, policías del condado, paramilitares y granjeros blancos. Arrestaron a Bob Robideau y a Dino Butler. Leonard había logrado escapar con otro grupo que logró cruzar la frontera de Canadá, aunque el dispositivo policial que los buscaba era impresionante. Mientras tanto, Bob y Dino lograron probar su inocencia. Más tarde Leonard sería capturado y extraditado con las mentiras que el Gobierno de EEUU contó al de Canadá. Finalmente, Leonard fue declarado culpable tras un juicio totalmente injusto y amañado, y lo encerraron en la penitenciaría de Marion (Illinois).

¿Cómo eran las condiciones de vida en esa cárcel?

Cuando Leonard entró allí era un centro normal, pero después de unos años se convirtió en la primera Unidad de Control en Estados Unidos, una especie de prisión de máxima seguridad en la que todos los movimientos cotidianos de los presos son vigilados. Resulta que varios presos dieron muerte a dos guardias, y como represalia encerraron a los reclusos en celdas de aislamiento. Y se dieron cuenta de que manteniendo a los presos la mayor parte del día en celdas incomunicadas les funcionaban las cosas. ¿Para que dejarlos salir? ¿Para qué dejar que haya más de un preso por cada celda? ¿Para que dejar que los presos se encuentren en los patios y pasadizos de la prisión? Nada de eso, querían una población totalmente controlada y lo lograban por medio del aislamiento.

Este concepto de control total sobre la población presa lo ha construido Estados Unidos. Es realmente espeluznante lo que se vive en estas prisiones. Leonard estuvo en Marion seis o siete años, donde, junto con otros presos, organizó huelgas de hambre para pedir mejoras en las condiciones de internamiento. Posteriormente fue trasladado a una prisión menos restrictiva.

¿Ha coincidido Leonard Peltier con otros presos políticos en la cárcel?

Sí. Años más tarde fue transferido a otra prisión, donde había un grupo de revolucionarios; presos políticos que habían formado parte de los Panteras Negras y del Ejército de Liberación Negra.

Esta prisión se convirtió en el lugar idóneo para que Leonard compartiera experiencias con contemporáneos de otros movimientos de resistencia desde el interior de Estados Unidos.

Conoció otras perspectivas de la revolución y otras maneras de asumir el ser revolucionario. Leonard era todavía joven y aprendió de sus compañeros, con quienes compartió experiencias que reafirmaron su postura combativa y revolucionaria.

¿Cómo se implicó usted en la defensa de Peltier?

Yo era miembro de un grupo llamado Fairy Fire, que formaba parte de un movimiento antiimperialista, conocido como la Weather Underground. Por aquel entonces yo vivía en una casa colectiva de mujeres, donde se hacía fundamentalmente trabajo político.

Con el tiempo cambiaron nuestras actividades y se convirtió en la Casa del Comité de Defensa de los presos del Movimiento IndioAmericano. Poco a poco empezé a visitar a Peltier y me impliqué en la campaña en su defensa, hasta convertirme en su portavoz.

¿Ha tenido su comité relación con grupos de apoyo a otros presos?

Nuestro comité de defensa se estaba encargando del caso de Leonard, pero había muchos presos de los Panteras Negras y del Ejército de Liberación Negra que no tenían redes de apoyo, así que se juntaron varios de ellos y decidieron crear el Movimiento Jericó, de acción conjunta entre gente activista de fuera y presos sin comités de defensa. Intentamos no dejarlos solos nunca, ese era uno de nuestros objetivos, pues muchos de ellos ya no tenían parientes, o éstos estaban demasiado viejos para soportar los largos viajes para hacer una visita. Si miras la dispersión de los presos políticos vascos en el Estado español, imagínate la dispersión que se puede llegar a dar en un país tan grande como Estados Unidos.

Algo sorprendente fue el apoyo que comenzó a surgir desde el interior de las prisiones hacia Mumia Abu Jamal. Por ese entonces los Panteras Negras habían desaparecido, y no había un grupo organizado que se encargara de la difusión de su caso. Así que algunos presos de izquierda decidieron proponer a varios comités pro–presos que se involucraran con el caso de Mumia, que lo salvaran del corredor de la muerte.

¿Qué destacaría de los presos políticos en su país?

Que han confrontado a la bestia desde su interior. Estaban en el marco de una contención generalizada de los movimientos políticos sin importar que se tratara de las Panteras Negras, del Ejército de Liberación Negra, de los independentistas puertorriqueños o de miembros del Movimiento Amerindio. Todos estos grupos tenían muy claro que el imperialismo de Estados Unidos tenía que ser combatido desde su interior también, y aunque no hemos tenido mucho éxito, la gente se ha comprometido con muchas luchas y todavía sigue en ellas.

Tenemos rabia e ira, y no hemos dejado de expresarla, aunque la escalada represiva se haya incrementado desde los ataques del 11–S.

¿Podría poner algunos ejemplos de esa escalada?

Ahora, el Estado puede entrar a tu casa y buscar la información que quiera sin necesidad de una orden judicial. Pueden infiltrarse en las organizaciones con mucha facilidad, puesto que cuentan con la tecnología y la experiencia de todos sus programas de seguridad interior. Pero, en estos momentos, se siente un resurgir de los movimientos contestatarios, la gente está volviendo a despertar.

¿Y cómo afrontan ahora la lucha desde el comité de apoyo?

Con respecto a Peltier, continuamos intentando que se repita el juicio, pues no hay ninguna prueba contra él para imputarle la muerte de los dos policías en Pine Ridge.

Y, por otro lado, nos encontramos ante un gran reto, que es el trabajo común con los miembros del Movimiento Jericó para lograr el estatus político de nuestros presos, puesto que eran activistas políticos antes de ingresar a la cárcel, y precisamente por esto el Gobierno los encarceló.

¿Tienen alguna perspectiva o esperanza de conseguir el reconocimiento del estatus político para ellos?

Lo cierto es que somos muy conscientes de que si el Gobierno admite que hay presos políticos, también tendría que reconocer toda la injusticia social de su sistema, todo el racismo y la marginación que quedan al descubierto cuando, por ejemplo, las cifras de desempleo en los jóvenes negros del estado de Nueva York llegan al 50%.

Desde el gobierno lo tienen todo atado, y se pueden dar el lujo de ir por el mundo juzgando violaciones de derechos humanos, mientras aquí en casa se comienza a dar un giro fascista hacia un control más férreo de la población.

De todas formas, mucha gente joven del Frente de Liberación Animal, ecologistas y miembros de grupos antiglobalización o contra la guerra, están comenzando a ser parte de los grupos de apoyo a los presos políticos.

Skull and Bones, la élite del Imperio

El libro de referencia de Alexandra Robbins sobre los Skull and Bones está ahora disponible en francés. «Skull and Bones, La vérité sur l’élite secrète qui dirige les États–Unis» está en venta en la librería en línea de la Red Voltaire (18 Euros).

En el seno de la muy elitista y puritana Universidad de Yale, son escogidos cada año por cooptación quince hijos de muy buenas familias. Estos forman una sociedad secreta de ritos morbosos: los Skull and Bones (Calavera y Huesos). A lo largo de su vida se apoyan y ayudan entre sí ante las veleidades democráticas de la plebe que aborrecen. Lejos de ser adversarios, los dos candidatos de la más reciente elección presidencial, George W. Bush y John Kerry, se codeaban en secreto desde hace 36 años en el seno de esa cofradía. La investigación de Alexandra Robbins sobre los Booners constituye hoy un trabajo de referencia. Su libro estará disponible en francés la próxima semana.

La asociación Skull & Bones ha inspirado una importante literatura conspiracionista que responsabiliza a sus miembros con el escándalo Watergate, la invasión de Bahía de Cochinos y aun con el asesinato de John F. Kennedy. Gracias a sus conexiones con el mundo de los negocios, sobretodo con el sector bancario, estos antiguos compinches de la Universidad de Yale controlarían las finanzas mundiales, y hasta el porvenir del planeta. Los Skull & Bones se habrían infiltrado en el Council on Foreign Relation, la Comisión Trilateral, la CIA, etc.

No se trata de discutir en Voltaire, una publicación laica, sobre el esoterismo practicado en esta organización durante los ritos de iniciación, o sus ceremonias anuales, sino de analizar su función social y su posible papel político. Los Skull & Bones son ante todo la ilustración de la manera cómo, en Estados Unidos, se ha perfeccionado un sistema de reproducción de las élites mediante una selección que, contrariamente al mito del self–made man, no tiene nada que ver con el azar o las cualidades individuales. En efecto, como subraya Anthony Sutton, los miembros más activos de la organización proceden de un «núcleo de unas 20 ó 30 familias», muy interesadas en la defensa de su legado y su linaje. Es por ello que son numerosos los matrimonios entre representantes de las familias a las que pertenecen los miembros de Skull & Bones, aunque únicamente los estudiantes varones eran admitidos, hasta hace poco, en la organización.

Yale, universidad puritana y elitista

Los Skull & Bones nacieron en el campus de la Universidad de Yale, lo cual, según la notable investigación de la periodista del Atlantic Monthly, Alexandra Robbins, no es nada de casual [1].

A principios del siglo XVIII, el conjunto de universidades estadounidenses, ya sean Harvard, Williams, Bowdoin, Middlebury o incluso Amherst, fueron fundadas por congregacionalistas, pero se enfrentaban entonces a la competencia de los presbiterianos, lo que incitó a actuar al presidente de Harvard, Increase Mather. En 1701, éste deja su puesto y crea una nueva universidad «para que el interés de la Religión sea preservado, y que la Verdad sea transmitida a las generaciones futuras». Con la ayuda de diez pastores, nueve de los cuales venían de Harvard, logra fundar así la Collegiate School of Connecticut. En 1711, Isaac Newton, Richard Steel y Elihu Yale son contactados para que transfieran a la nueva institución algunos libros de sus colecciones personales. Los contactos con Yale, quien se había hecho extremadamente rico gracias a sus actividades en el seno de la Compañía de las Indias Orientales y como gobernador de la colonia de Madrás, fueron particularmente fructíferos. Además de proveer libros, Yale financia generosamente la universidad, que le rinde homenaje adoptando su nombre, Yale University, a partir de 1720.

Los lazos con el congregacionalismo garantizan el puritanismo de la enseñanza y el modo de funcionamiento de Yale. Estudiantes y profesores están obligados a hacer profesión de fe para ser admitidos en el establecimiento y se exponen a ser expulsados si su sinceridad es puesta en duda. A este puritanismo se agrega un enconado elitismo: les estudiantes son clasificados, desde que llegan a Yale, no según sus capacidades sino en función de la posición social de sus padres. En primer lugar, los hijos o nietos de gobernadores y vicegobernadores. Después, los familiares de jueces de la Corte Suprema. Un poco más abajo, los hijos de pastores y de antiguos alumnos. Al final de la cola, los hijos de granjeros, comerciantes y artesanos. Esta clasificación determina dónde se sentará cada alumno en las aulas, la capilla y el comedor. Lo más asombroso, señala Alexandra Robbins, no es que esta clasificación inicial dependa del estatus social de la familia del alumno, algo corriente en muchas universidades del siglo XVIII, sino que se mantenga durante los estudios. Yale se convierte así en el ejemplo ideal típico de una institución que reproduce las élites y su jerarquía interna. La pérdida del rango inicial es resultado de alguna violación de la disciplina y se considera un castigo al alumno que ha manchado así el honor de su familia.

Hay que agregar a este modo poco usual de funcionamiento la libertad expresamente otorgada a los alumnos de mayor edad para imponer novatadas, incluso las más humillantes y crueles, a los estudiantes de clases inferiores. El reglamento estipula una serie de medidas para garantizar el respeto de la más arbitraria jerarquía, basada únicamente en la edad. Lyman Bagg contó en la obra, Cuatro años en Yale, publicada anónimamente en 1871, cómo analizaba él los métodos establecidos por la institución. Estas prácticas autorizadas reflejan, según él, el «poder enorme de las "costumbres" de la escuela en la creación de una locura temporal que convierte a hombres débiles en seres crueles y a hombres buenos en seres sin piedad».

Esta propensión al elitismo, a la jerarquía brutal y al puritanismo incita los alumnos, a finales del siglo XVIII, a crear varias sociedades paralelas a la universidad. Se trata, al principio, de sociedades literarias, como Linonia y Brothers in Unity. Se exhorta a los alumnos a entrar en una u otra de estas organizaciones, algo que no parece lo suficientemente elitista a los que desean una estricta reproducción de la nueva «aristocracia» estadounidense. En 1780, se funda en Yale la rama Alpha de la organización Phi Betta Kappa. Otras sociedades florecen en esa época: la Beethoven Society, el Hexahedron Club… Poco a poco, las tertulias literarias pierden su importancia, reemplazadas por sociedades secretas, más elitistas y cerradas. A mediados del siglo XIX, las tres principales son los Skull and Bones (Calavera y Huesos), los Scroll and Key (Pergamino y Llave) y Wolf’s Head (Cabeza de Lobo).

Paralelamente, el claustro de profesores de Yale decide seguir la tendencia. Seis años después de la creación de Skull & Bones, seis miembros de la élite del claustro de profesores se reúnen en el «Club», que rápidamente comenzaría a ser llamado el «Old Man’s Club». Entre sus seis miembros fundadores se encuentran los profesores Josiah Willard Gibbs y Theodore Dwight Woolsey. La organización contará pronto en sus filas a William Howard Taft, al futuro chief justice del Estado de Connecticut Simeon E. Baldwin, al universitario Thomas Bergin, al neurocirujano Harvey Cushing y al fundador de los Skull & Bones, William H. Russell. De éstos, Thomas Bergin y Harvey Cushing no se convertirán en miembros de los Skull & Bones.

La guerra del opio

La universidad de Yale constituye un terreno particularmente fértil para una sociedad secreta tan elitista e influyente como los Skull & Bones. Pero el éxito de esta organización secreta se debe también en gran parte a la poderosa familia Russell, uno de cuyos miembros, el reverendo Noadah Russell, miembro eminente de la Iglesia Congregacionalista, participó en la creación de Yale. La familia Russell se implicó también en la gran guerra del opio que enfrentó al Reino Unido y China durante la primera mitad del siglo XIX.

A finales del siglo XVIII, el monopolio de la explotación del opio cultivado en Bengala con el beneplácito de Inglaterra había sido otorgado a la Compañía de las Indias Orientales, sociedad que dependía directamente de la corona británica y en la cual había participado Elihu Yale. La guerra del opio, que comenzó alrededor del año 1815, tenía como objetivo imponer la introducción de esa droga al enorme mercado chino. De 320 toneladas anuales en 1792, el contrabando de opio se eleva a 480 toneladas en 1817 y alcanza las 3 200 toneladas en 1837. China pide entonces a la reina Victoria que ponga fin al tráfico. La soberana anuncia que las ganancias que reporta éste al Reino Unido son demasiado importantes para que ella decida renunciar a éstas. La tensión aumenta entre Pekín y Londres: en febrero de 1839, un traficante chino es ejecutado frente a las representaciones de comerciantes británicos en Cantón. En junio de 1839, la Corona acepta destruir importantes cargamentos de opio. Numerosos ingleses abandonan entonces Cantón y Macao para retomar el tráfico de drogas un poco más lejos, bajo la protección oficial de la marina británica. El choque es ya inevitable: el 4 de septiembre, tiene lugar la primera batalla naval de la guerra del opio, que ocasiona la destrucción de numerosos navíos chinos. Los enfrentamientos demuestran «la fragilidad de los juncos de guerra chinos y la sanguinaria determinación de los protestantes ingleses de que salgan victoriosos los principios del liberalismo fundado en el tráfico de opio» [2].

Samuel Russel, primo de William Russell, es un importante protagonista de la guerra del opio. De nacionalidad estadounidense, es el fundador, en 1813, de la Russel & Company, compañía que competirá, en 1820, con el dominio británico del tráfico de droga hacia China. Uno de los miembros eminentes de la sociedad era Warren Delano Jr., abuelo de Franklin Delano Roosevelt.

Del club Eulogie a los Skull and Bones

Es en este contexto que William Russel crea los Skulls & Bones, en 1832. Se hace difícil establecer las circunstancias con precisión. Al principio, podría tratarse de una reacción a la exclusión de un miembro de los Phi Beta Kappa, Eleazar Kingsbury Forster. Indignado ante tal manera de proceder y deseoso de dar de nuevo vitalidad a Yale, William Russel habría condenado la decisión de Phi Beta Kappa, dado abrigo a Forster y fundado, con otros trece estudiantes de Yale (entre quienes se encuentra Alfonso Taft [3]), una sociedad más secreta aún y todavía más fuerte, originalmente llamada Club Eulogie, nombre de la diosa griega de la elocuencia. Todavía bajo la impresión de un reciente viaje a Alemania, Russel incluye una buena cantidad de referencias germánicas en el ritual. En 1833, los jóvenes miembros adoptan la calavera y los huesos como emblema. En esa misma época, el número 322 se convierte en la «cifra clave» de la organización. El 322 antes de Cristo es justamente el año de la muerte del orador griego Demóstenes. Según la «tradición Skull and Bones», la diosa Eulogie se fue entonces al paraíso para volver en 1832 y unirse a la sociedad secreta.

En 1856, los Skull and Bones son oficialmente incorporados al Russell Trust, propiedad de William H. Russell, gracias a Daniel Coit Gilman (Bones 1852), presidente fundador de la Universidad John Hopkins. El 13 de marzo del mismo año, la organización cambia de cuartel general y se instala en un impresionante edificio del recinto universitario de Yale, pomposamente bautizado «la Tumba». El lugar se llena rápidamente de reliquias guerreras y macabras: pueden verse allí, según los testimonios de algunos miembros, recogidos por Alexandra Robbins, una acumulación de banderas, de colgaduras negras y de armas recogidas en campos de batalla. Como para que no se olvide que se trata de una confraternidad de estudiantes, una serie de pelotas de baseball provenientes de míticos encuentros ganados por Yale se expone en una sala. El logo de la calavera aparece prácticamente encima de todos los lugares vacíos mientras que huesos de animales se exponen en varias paredes. También pueden verse algunos esqueletos y huesos humanos. La mayoría de los cuadros expuestos en el recinto representa a la Muerte encontrándose con tal o más cual personaje célebre. La atmósfera es parecida a la del entorno de la familia Adams, según Marina Moscovici, conservadora de arte del Estado de Connecticut, que trabajó en la restauración de unos quince cuadros en 1999.

Una polémica estalló a principios de los años 1980 alrededor del cráneo de Gerónimo, que los Skull & Bones afirmaban tener en su posesión. Incluso lo mostraron a un jefe de la tribu apache de Arizona, Ned Anderson. Cuando se les pidió la devolución del cráneo, los miembros de la organización presentaron otro diferente. Un análisis demostró que era el cráneo de un niño de diez años, no el del jefe indio. La autenticidad de la reliquia, que regresó posteriormente a «la Tumba», es por tanto dudosa.

Hoy se conoce mejor el funcionamiento de la organización. Cada año se reclutan quince miembros, lo cual permite estimar en cerca de 800 el número de miembros vivos de la organización en cualquier momento preciso. Bajo la autoridad de los miembros más antiguos, los quince felices elegidos se reúnen dos veces por semana durante un año para conversar de sus vidas, de sus estudios y sus proyectos profesionales. También hay debates sobre cuestiones políticas y sociales. Una vez al año, la sociedad organiza un retiro en Deer Iland, una vasta isla situada en el río Saint Laurent, cerca de Nueva York, donde se ha construido un club señorial al estilo inglés. El nombre de la isla es Deer Iland, no Deer Island, porque tal fue la voluntad de George D. Miller, miembro de los Skull & Bones y generoso donante de la residencia [4].

El ritual de iniciación fue objeto de las más descabelladas elucubraciones por parte de los detractores de la organización. Sin embargo, como en el ritual masónico, el secreto que lo rodea constituye su elemento más determinante y, si es efectivamente posible que las ceremonias que se desarrollan en el recinto de «la Tumba» hayan tenido en algún momento connotaciones paganas, e incluso satánicas, hay que recordar también que las novatadas que inflingían a los nuevos alumnos de Yale eran, en el pasado, particularmente crueles. Pese a ello, es difícil que se pida hoy a los estudiantes seleccionados para entrar en la organización que se presten a juegos sexuales de mal gusto ante los demás iniciados.

La red

Lo más fascinante no es lo que sucede en el seno de la organización sino más bien la coherencia de su lista de miembros, reveladora del talento de Skull and Bones en la formación de las élites del mañana. Es así que todos los presidentes de Estados Unidos que han pasado por Yale han sido miembros de los Skull & Bones: William Howard Taft, Georhe H. W. Bush y George W. Bush. Son a la vez incontables las personalidades miembros de la organización que han ocupado más tarde importantes funciones en el mundo de la política, de la diplomacia, de los medios de difusión e, incluso, del espionaje.

La organización dispone de importantes contactos en los medios diplomáticos, sobre todo en el Council on Foreign Relations. Por ejemplo, Henry Stimson, secretario de Guerra de Franklin Delano Roosevelt, el embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética Averell Harriman y J. Richardson Dilworth, administrador de los intereses de la familia Rockefeller, eran miembros de los Skull and Bones [5].

Varios miembros de Skull & Bones han alcanzado también notoriedad en el mundo de los medios de difusión. Al parecer, Henry Luce y Briton Haden, miembros de la organización desde 1920, habrían concebido juntos la idea de crear la revista Time durante una reunión en «la Tumba» mientras que Averell Harriman fue el fundador del diario Today, que se fusionó con otra revista en 1937 convirtiéndose en Newsweek.

Los contactos con la CIA son particularmente impresionantes: William F. Buckley, miembro ultraconservador de la Agencia y conocido propagandista, fue miembro de la asociación, al igual que su hermano, James Buckley, subsecretario de Estado para la Seguridad, Ciencia y Tecnología, en el gobierno de Ronald Reagan, puesto desde el cual supervisaba la entrega de la ayuda militar estadounidense destinada a los regímenes de derecha. Hugh Cunningham (Bones 1934) también tuvo una larga carrera en los servicios estadounidenses, de 1947 a 1973. William Bundy, Bonesman de la promoción de 1939, se encuentra en el mismo caso, así como Dino Pionzio (Bones 1950), jefe de la estación CIA en Santiago de Chile en 1970, donde ayudó a desestabilizar al gobierno de Salvador Allende.

Al servir de medio de reproducción de la élite económica y política del país la organización se ha asegurado una benevolencia poco acostumbrada por parte de las autoridades. En 1943, un acta legislativa especial adoptada por el Estado de Connecticut eximió a los socios de la Russell Trust Association, que administra, entre otras cosas, los haberes de la sociedad secreta, de la presentación del informe de actividad que se exige a cualquier otra sociedad. Durante la segunda mitad del siglo XX, sus fondos fueron administrados por John B. Madden Jr., miembro de Brown Brothers Harriman, sociedad nacida de la fusión, en 1933, de Brown BROS & Company y de W.A. Harriman & Company. Madden trabajaba entonces bajo las órdenes de Prescott Bush, padre del futuro presidente George H.W. Bush y abuelo del actual presidente de Estados Unidos. Naturalmente, todos estos personajes son miembros de los Skull & Bones.

Otra fuente de fondos: los Rockefeller. Percy Rockefeller fue miembro de la Orden y vinculó la organización a las propiedades de la Standard Oil. Otra importante familia ligada a los Skull & Bones es la de los Morgan. J.P. Morgan no fue nunca miembro de la sociedad, pero Harold Stanley, miembro del equipo dirigente del Morgan’s Guaranty Trust, perteneció a ella desde 1908. W. Averell Harriman, de la promoción de 1913, fue también miembro del consejo administrativo, al igual que H.P. Whitney y su padre, W.C. Whitney. Es también de forma indirecta que la organización ha podido beneficiarse con fondos de la familia Ford, aparentemente en contra de la opinión de la misma. McGeorge Bundy, miembro de los Skull & Bones, fue en efecto presidente de la Fundación Ford de 1966 a 1978, después de haber sido asesor para la Seguridad Nacional bajo John F. Kennedy y Lyndon Johnson.

Presidencial 2004: Skull and Bones cara a cara

Los Skull & Bones no tienen verdaderamente un discurso ideológico, aunque no es corriente reverenciar a un financista de la guerra del opio o utilizar como objeto ritual el supuesto cráneo del último jefe de un pueblo recientemente exterminado. Contrariamente a lo que la literatura conspiracionista haya podido mencionar, no se trata de un club de neonazis, de ultraconservadores o tan siquiera de halcones. Sin embargo, como representante de la futura élite (lo cual implica ya el hecho de pertenecer a la clase social que dispone de suficiente capital sociocultural como para triunfar en los diferentes campos del poder), los miembros de Skull & Bones comparten una misma visión del mundo y de las relaciones en el seno de la sociedad. Son todos capitalistas partidarios de un seudoliberalismo y defensores de los valores de Libertad que presuntamente encarnan los Estados Unidos. Aún habiendo respondido recientemente a los cantos de sirena de lo «políticamente correcto» al admitir progresivamente a algunos representantes de las minorías étnicas y sexuales, y más tarde de las mujeres, en 1991 –provocando la consternación, entre otros, del ex–presidente George H.W. Bush–, las élites reunidas en los Skull & Bones no dejan de ser por ello la encarnación casi perfecta del pensamiento único de la clase dirigente estadounidense.

El hecho de que los dos últimos candidatos a la presidencia de Estados Unidos, George W. Bush y John Kerry, fueran miembros de la organización no puede ser interpretado como la manifestación de una elección arreglada de antemano entre dos cómplices. Podemos sin embargo inquietarnos legítimamente por la forma en que se establece la selección en el terreno político estadounidense ya que, si los dos candidatos son capaces de enfrentarse duramente, no hay dudas de que ambos pertenecen a un medio social estrecho y homogéneo y que, por esa razón, defienden, a pesar de sus divergencias, intereses parecidos. En cierta forma, parafraseando a un político francés, la elección presidencial de 2004 habría sido «Skull and Bones o Bones and Skull». Es además por esa misma razón que la Orden llama tanto la atención, porque encarna la quintaesencia del medio social más favorecido de Estados Unidos y cuyos puntos de vista están lejos de representar el ideal democrático al que aspira el resto de la población. Individualmente, numerosos miembros de la organización han estado involucrados en la mayoría de las «acciones sucias» de Estados Unidos en los últimos cincuenta años, de la invasión de Bahía de Cochinos a la elaboración de la doctrina nuclear, pasando por el derrocamiento de Salvador Allende. Y han podido hacerlo únicamente fuera del marco de las instituciones democráticas, amparados por el secreto de su complicidad y sobre la base de una vieja confraternidad. Sin embargo, ninguna decisión de ese tipo ha sido tomada en el seno mismo de la asociación de los Skull & Bones. No se trata de una estructura jerarquizada, apta para tomar tales decisiones y hacer que se apliquen. Como quiera que sea, la Orden secreta sigue siendo la fachada más evidente del «enemigo de clase» que representa la «aristocracia imperial» de Estados Unidos.

Notas

[1] Secrets of the Tomb, por Alexandra Robbins, Little, Brown and Company, 2002.
[2] Le blanchiment du crime en permet la repetition – L’arme éthique dans les nouvelles guerre occidentales, de Michel Tibon, tesis inédita, 1999.
[3] Alphonso Taft, futuro secretario de la Guerra en 1876, más tarde secretario de Justicia y embajador estadounidense en Rusia, es el padre de William Howard Taft, el único político estadounidense que fue presidente de la Corte Suprema después de haber sido presidente de Estados Unidos.
[4] Juego de palabras difícil de traducir: Deer Island significa «Isla del ciervo», Dear I lan significaría «tierra del querido yo mismo».
[5] Anthony C. Sutton, America’s Secret Establishment: An Introduction to the Order of Skull & Bones, Liberty House Press, 1988.

Cómo comprar amigos e influir en la política: Abramoff en Washington

Por Nicole Colson, Socialist Worker, CounterPunch. Traducido para Rebelión y Tlaxcala por Germán Leyens

Las ratas de Washington corretean corren a sus cuevas cuando atrapan a una de ellas – y ésta amenaza con denunciar a las otras. El cabildero Jack Abramoff, un personaje importante en Washington, se declaró culpable la semana pasada de fraude, evasión de impuestos y conspiración para sobornar a funcionarios públicos, después de llegar a un acuerdo para cooperar con la fiscalía federal.

El escándalo es una ilustración perfecta de la sordidez en la política en Washington – incluyendo el charco que rodea al ex jefe de la mayoría en la Cámara de Representantes, Tom DeLay.

Pero es también algo más – facilita un vistazo dentro de la maquinaria política exitosa en grado sumo de la derecha republicana. Políticos como George Bush, Newt Gingrich y John McCain han sido la cara externa de esa maquinaria, pero no cabe la menor duda de que sinvergüenzas y amañadores como Abramoff trabajan por dentro, y engrasan de continuo los engranajes del poder.

Es la realidad del sistema publicitado en todo el planeta como "la mayor democracia del mundo" – la influencia política está a la venta, y fanáticos derechistas pueden imponer una agenda impopular que sería directamente rechazada por la gente de a pie.

Al ser uno de los cabilderos mejor pagados y más influyentes de Washington, Abramoff pudo comprar un nivel de acceso a la política de sus acaudalados clientes, que los ciudadanos corrientes ni siquiera llegan a imaginar.

Pero Abramoff se ha metido en un buen lío, no por lo que hizo, sino por estafar a algunos de sus clientes. En su confesión de culpabilidad admitió que había estafado a cuatro tribus de indígenas usamericanos – los Coushattas de Luisiana, los Choctaws de Mississippi, los Saginaw Chippewas de Michigan y los Tigua de Isleta del Sur Pueblo en Texas – por decenas de millones de dólares.

Las tribus contrataron a Abramoff para que representara sus intereses en Washington por asuntos de casinos y juego. Abramoff las instó a hacer donaciones a ciertos políticos, y al mismo tiempo recomendó que contrataran a Michael Scanlon – que fue colaborador de Tom DeLay – como su publicista.

Lo que no les dijo fue que Scanlon era su socio – y que en algunos casos, los dos trabajaban para grupos con agendas directamente opuestas a los intereses de las tribus. En 2002, por ejemplo, Abramoff y Scanlon trabajaron con conservadores religiosos para persuadir al estado de Texas para que clausurara el casino Standing Rock de la tribu Tigua con la justificación de que violaba las leyes de juego de Texas – mientras Abramoff cobraba a los Tiguas 4,2 millones de dólares por la promesa de que utilizaría su influencia para volver a abrir el casino.

Aparte de ser un ladrón, Abramoff quedó desenmascarado como un racista de primera categoría. En correos electrónicos que salieron a la luz durante audiencias del Comité de Asuntos Indios del Senado en 2004, Abramoff se refiere a miembros de las tribus como "trogloditas" y "tarados". "Tengo que reunirme con los simios del consejo tribal Choctaw," escribió en un mensaje a Scanlon.

El dinero robado por Abramoff no sólo quedó en sus propios bolsillos, sino que fue canalizado hacia sus proyectos favoritos. Según Mike Issikoff de Newsweek, Abramoff utilizó dinero de una obra benéfica que supuestamente debía ayudar a jóvenes de las zonas urbanas deprimidas para suministrar miras para francotiradores, binoculares de visión nocturna, trajes de camuflaje, – e incluso lecciones para francotiradores – para colonos derechistas israelíes en Cisjordania.

"Ahí está la cosa", comentó el experto en Iraq Juan Cole: "Si un palestino–usamericano hubiera desviado 140.000 dólares de una obra de beneficencia musulmana para ‘equipos de seguridad’ o ‘lecciones para francotiradores’ para los palestinos en Cisjordania, ese individuo terminaría en la prisión de Guantánamo antes de que el boom sónico haga temblar tus ventanas… Pero hago un pronóstico. Ninguno de los extremistas judíos, algunos de ellos violentos, que invaden Cisjordania y amargan la vida de los palestinos locales será jamás calificado de ‘terrorista’ por el gobierno de USA, y la incursión de Abramoff en el suministro de lecciones de tiro será rápidamente enterrada."

Abramoff es descalificado por numerosos políticos – incluyendo a algunos de los que compró como cabildero – como si no fuera ‘nada más que’ un cabildero corrupto. Pero es más que eso. Abramoff es una parte integrante del sistema político de Washington. Por eso el escándalo tiene un potencial tan dañino para tantos administradores del poder.

Se hizo conocido a comienzos de los años ochenta como presidente nacional de los universitarios republicanos – junto con amigos que incluían al futuro gurú contra los impuestos, Grover Norquist y al jefe de la Coalición Cristiana, Ralph Reed, – con proezas como el llamado "adopta–a–un–contra", para apoyar a la guerrilla contrarrevolucionaria que combatía para derrotar al gobierno izquierdista nicaragüense.

Junto con Norquist y Reed, se convirtió en un importante agente republicano. A mediados de los años ochenta, Abramoff ayudó a vender la "Doctrina Reagan" al Congreso como jefe de "Ciudadanos por América", relacionada con Oliver North.

Abramoff cobró 1,5 millones de dólares del régimen racista del apartheid en África del Sur para fundar la "Fundación Internacional por la Libertad" que satanizó a Nelson Mandela en Occidente y atacó a grupos como Oxfam por apoyar las sanciones contra el apartheid. Abramoff incluso ayudó al jefe de la guerra derechista angoleña, Jonas Savimbi, a organizar una "convención" de fuerzas anticomunistas de Laos. Nicaragua y Afganistán.

A mediados de los años noventa, Abramoff pasó del lado político al financiero de la maquinaria republicana, convirtiéndose en un cabildero a tiempo completo.

Según informes, fue el momento en el que Abramoff hizo una estrecha amistad con el representante Tom DeLay.

Después de que colmara al equipo de DeLay de regalos, Abramoff obtuvo un lugar en su actividad a cambio de invertir dinero y fuerza política en apoyo a las causas y candidatos favorecidos por DeLay. Abramoff desarrolló una relación tan estrecha con el jefe adjunto de equipo de DeLay, Tony Rudy, que se dice que Abramoff le compró a este último un buscapersonas con mensajes de texto para que nunca perdieran contacto.

A medida que aumentaba el poder de DeLay, lo mismo ocurrió con el de Abramoff – especialmente después de la selección de George Bush como presidente en 2000, cuando DeLay fue reconocido como la ‘fuerza’ política detrás de las políticas más derechistas de la administración Bush.

Abramoff hizo que sus clientes – no sólo tribus nativas usamericanas, sino negocios y funcionarios gubernamentales de países extranjeros – donaran cientos de miles de dólares, haciendo a menudo contribuciones para fundaciones sin fines de lucro que luego financiaban espléndidos viajes para DeLay y otros legisladores. A cambio, DeLay y Abramoff pudieron eliminar legislación que amenazaba los intereses de sus clientes.

Ahora, a cambio de una sentencia reducida a prisión de unos 10 años, Abramoff va a testimoniar contra sus antiguos socios en el caso de tráfico de influencias.

Son malas noticias para los amigos comprados y pagados por Abramoff en el Partido Republicano – así como para algunos demócratas. Un funcionario involucrado en la investigación Abramoff declaró a Time que los investigadores ven a Abramoff como un "intermediario" – sugiriendo que podrían aparecer objetivos de mayor importancia.

Arriba en la lista está DeLay quien, investigado ya por violaciones de las leyes de financiamiento de las campañas electorales de Texas, fue obligado esta semana a renunciar a recuperar su antiguo papel como Líder de la Mayoría de la Cámara.

Pero hay numerosos otros políticos que corren a ocultarse. Todo un desfile de republicanos y demócratas se ha deshecho de todas las contribuciones a sus campañas electorales asociadas con el cabildero – "[perpetuando] la ficción de que ‘malas’ contribuciones pueden ser discriminadas de las contribuciones ‘buenas’ de algún modo ordenado, que permita que los políticos reúnan millones sin comprometer su independencia," escribió el columnista Ron Brownstein de Los Angeles Times.

Los demócratas esperan utilizar el escándalo Abramoff para obtener ventajas en noviembre próximo al censurar a los republicanos por la "cultura de corrupción" en Washington. Pero forman parte integral de esa cultura, igual que los republicanos.

La política en Washington prospera precisamente con el tipo de tráfico de influencias en el que se especializó Abramoff.

Ésta es la realidad de la "mayor democracia del mundo". La Casa Blanca miente para ir a la guerra y espía a todo el que está en desacuerdo – y cabilderos súper ricos compran poder político e imponen su agenda derechista.


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