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Neoliberalismo terrorista, populismo y «consensos»

None | 4 de Febrero de 2006 a las 00:00

François Houtart: facetas del «neoliberalismo terrorista»

Por Eduardo Tamayo G., Agencia Latinoamericana de Información (ALAI)

"Aún si definimos la palabra terrorismo, de manera estricta y limitada, yo pienso que Bush podría ser acusado de utilizar métodos que son crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad". Son palabras del sociólogo belga François Houtart, quien presidió el Tribunal Hemisférico contra el Terrorismo y por la Vida, convocado para "juzgar los crímenes que comete el imperio contra la humanidad" en el marco del IV Foro Social Mundial de Caracas. En la siguiente entrevista, Houtart también se refiere a las facetas de lo que denomina el "neoliberalismo terrorista" y la importancia del movimiento antimilitarista de Estados Unidos y el mundo.

- ¿Qué objetivo tiene la conformación de este Tribunal contra el Terrorismo?

La idea es extender el concepto de terrorismo no solamente a los actos reprensibles que no podemos aceptar de utilización del terrorismo en los lugares donde hay conflictos bastante abiertos como en Irak o en Palestina, etc., extender este concepto al terrorismo sistemático planificado por estados como por ejemplo los Estados Unidos y de dar, precisamente, a este concepto de terrorismo una ampliación que no fija solamente la atención sobre actos terroristas que pasan, por ejemplo, en Irak o en Chechenia, sino de mostrar, de manera sistemática, qué significa el terrorismo organizado por los estados.

- ¿El terrorismo, entonces, no es solamente una actividad que hacen grupos de personas, sino que lo cometen los Estados?

Si, exactamente. Por ejemplo cuando los Estados Unidos organizan, de manera sistemática, la destrucción de un pueblo con en Irak o en gran parte de Afganistán, eso es terrorismo por que significa matar sin distinción a civiles inocentes y utilizar eso como un medio para llegar a un fin.

- ¿En etapa por qué Estados Unidos está recurriendo al militarismo, al terrorismo?

Bueno, porque han llegado a un momento de la historia donde para ellos es la única manera de asegurar su imperio. El imperio tiende a ser terrorista porque de otra manera no se puede imponer más, y es eso que queremos denunciar lo que don Pablo González Casanova ha llamado el neoliberalismo armado que significa las guerras, pero que queremos también extender al concepto de un neoliberalismo terrorista, es decir que utiliza este tipo de métodos ahora para asegurar su presencia y su hegemonía

- ¿Cuáles serían las facetas de ese neoliberalismo terrorista?

Bueno, eso es muy claro, la cosa más evidente, es la organización de las guerras y con medios terroristas de guerra. Otro asunto es la manera de ejercer la represión, la represión, por ejemplo, con cárceles secretas o cárceles fuera de la ley como Guantánamo. Esta es una forma también de ejercer un cierto terrorismo, porque hemos visto que personas que estuvieron durante años finalmente fueron liberadas porque no había nada en su contra, y ellas fueron sometidas no solamente a la cárcel, sino también a interrogaciones con utilización de torturas y con otros medios de convicción. Esa es otra forma de ejercer un cierto terrorismo, por otra parte allí también podemos extender eso a lo que pasó con Cuba, no solamente la protección a terroristas como Posadas Carriles, que había hecho saltar el avión de Cubana de Aviación, y/o también apoyar, en secreto, acciones que finalmente pueden ser llamadas terroristas en el sentido de herir y matar a gente que no son los agentes del juego, sin hablar evidentemente sobre la no legitimidad de las metas del imperialismo.

- ¿Puede ser considerado Bush un criminal de guerra?

En este sentido yo estoy totalmente de acuerdo con esta idea, porque cuando se ve que es Bush que ha tomado la decisión, no solamente de entrar en la guerra, sino también de muchos de los medios que se utilizan y también de los medios de reducción de las libertades al interior del país, medidas que no tienen nada que ver con un proceso democrático. Evidentemente no se puede equiparar todo a terrorismo, pero aún si definimos la palabra terrorismo, de manera estricta y limitada, yo pienso que Bush podría ser acusado de utilizar métodos que son crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad.

- ¿Se puede comparar a Bush con otros criminales de guerra como Pinochet o Hittler?

Bueno, si y no. Si, porque la utilización de métodos de este tipo es muy similar. No, porque la sociedad norteamericana no se puede comparar exactamente con la sociedad de Alemania del nazismo o la de Pinochet, a pesar que hay indicaciones que las perspectivas van más y más en esta dirección porque la ideología debajo de todo este discurso de Bush y de los neoconservadores es un discurso que es más similar al discurso fascista. Me acuerdo que yo estaba en Vietnam en el momento de la campaña electoral de Bush y durante la última gran reunión en Nueva York, donde Bush habló durante una hora antes de la elección. Cuando terminó su discurso, inmediatamente, he tenido esta idea no planificada, pero he dicho, la estructura de este discurso excelentemente preparado y muy inteligente al contrario de lo que se dice, la estructura de ese discurso es exactamente la estructura del discurso de Hittler. Allí hay una construcción que en el fondo es una construcción de tipo fascista, de verdad la sociedad norteamericana tiene muchos rasgos de organización que no permiten una organización fascista del mismo tipo que en Alemania pero es otra forma de construcción de un fascismo.

- Frente a esta posición militarista, terrorista, del gobierno de Bush hay una fuerte oposición dentro de los propios Estados Unidos y alrededor del mundo, ¿qué opina usted de este movimiento por la paz, antimilitarista, que se ha desarrollado a partir de los Foros Sociales Mundiales?

Si, yo pienso que eso es fundamental porque la fuerza justamente de lo que se llama la sociedad civil aún si el concepto es muy ambiguo, pero la fuerza que viene del pueblo y de los pueblos es una fuerza real, que tiene solamente que encontrar maneras de poder expresarse, y justamente movimientos de este tipo son muy importantes porque colaboran o trabajan para deslegitimar el sistema político y más allá el sistema económico. Así, la existencia de estos movimientos y el cambio progresivo de la opinión pública en los Estados Unidos es un aspecto absolutamente fundamental para luchar contra el fascismo y contra el imperialismo norteamericano, porque si la reacción no viene del pueblo norteamericano el proceso va ser mucho más largo que si no habría este desarrollo en Estados Unidos.

- Se está viendo que se erosiona la imagen, la popularidad de Bush, sin embargo todavía mantiene un respaldo mediático importante.

De verdad, porque, por una parte, tiene el poder y tiene la manera de ejercer el poder, es decir la manera económica, la manera política, la posibilidad no solamente de prometer cosas, sino también de amenazar, y así todo el aparato es una realidad, el aparato que existe en Estados Unidos para mantener una cierta posición política es muy importante. Por otra parte, Bush es un hombre que manipula bastante bien los mass medias, dentro de una opinión pública en Estados Unidos que finalmente es muy poco informada, porque cuando se ve, por ejemplo, al interior de los Estados Unidos no solamente periódicos como el Washington Post o el New York Times, que finalmente son minoritarios dentro de la sociedad norteamericana y pese a todas las críticas que se puede hacer a ellos, pero en la prensa y la televisión local de Estados Unidos es increíble la ausencia de toda dimensión internacional. Y así la opinión pública norteamericana es, talvez, una de las opiniones públicas más pobres, porque está puramente centrada sobre ellos mismos, sus pequeños problemas o grandes para ellos, pero sin ninguna dimensión realmente mundial, y sin ensayos reales de análisis de las situaciones. Es por eso que la opinión pública norteamericana es tan fácil de manipularla con algunos grandes sloganes sobre algunos valores primitivos que viven en el ámbito norteamericano y que permite justamente actuar políticamente con una cierta aprobación de lo que se llama la opinión pública norteamericana.

«El populismo no es algo ilegítimo»

Nuevo funcionario de Bush para América latina, en esta entrevista Shannon se muestra contemplativo con el giro a la izquierda que ha tomado la región. Chávez, Fidel Castro, Evo Morales y Argentina.
Por R. M. de Rituerto, desde Bruselas, diario El País, España

Thomas Shannon, secretario de Estado adjunto para América latina, pasa por Bruselas en un periplo europeo. La Unión Europea y Estados Unidos siguen con interés el ascenso de la izquierda en el continente y en particular las evoluciones del venezolano Hugo Chávez. A tono con la nueva mirada que ahora quiere mostrar la administración de George Bush hacia la región –por lo menos desde el área de Departamento de Estado–, Shannon asegura que es Chávez quien quiere enfrentarse a Washington y no al revés, que Evo Morales realizó un "importante e inteligente" periplo por el mundo antes de asumir e incluye a la Argentina entre los países "cuyos líderes están volcados en crear instituciones y en lograr desarrollo".

–¿Inquieta a su gobierno el ascenso de la izquierda en América latina?

–No es cuestión de izquierda o derecha, sino de gobiernos comprometidos con la democracia y el libre mercado. América hoy es democrática. Hemos visto en Bruselas que hay consenso sobre los desafíos y soluciones para el continente.

–¿Qué consensos?

–Que América es un continente en el que ha habido cambios espectaculares en muy poco tiempo y que hay países a los que les ha ido mejor que a otros. Y que la pobreza en la región y la capacidad limitada de proporcionar servicios han dado lugar al populismo, que es un fenómeno natural que se produce cuando las instituciones no están a la altura de los desafíos.

–¿Percibe ese populismo, con sus diferentes variantes, como una ruptura con Estados Unidos?

–El populismo como fenómeno político no es ilegítimo. Todas las sociedades lo han experimentado, incluido Estados Unidos.

–¿Por qué Washington es tan crítico con Venezuela?

–El enfrentamiento entre Washington y Caracas es cosa de Caracas. Nosotros estamos dispuestos a hablar con Venezuela. Pero el gobierno de Venezuela ha tomado la decisión estratégica de no hablar. El antiamericanismo es el mensaje central de Chávez, con él ha sustituido el mensaje de la justicia social y de la lucha contra la pobreza porque lo necesita para movilizar a la gente y mantener el enfrentamiento dentro de la sociedad venezolana a través del enfrentamiento con el exterior. Venezuela preocupa no por la expresión política popular, sino por el estado de salud de sus instituciones democráticas.

–¿Está enfermo el cuerpo político venezolano?

–Venezuela está en una transición que será larga. Hugo Chávez representó la radical ruptura con un modelo político agotado y corrupto, hasta el extremo de que la clase media se dio cuenta de que sólo con la ruptura podía Venezuela seguir el proceso de modernización política, social y económica. Pero esa transición descarriló y se rompió el amplio consenso a favor del cambio. La cuestión es cómo reconstruir ese consenso para que Venezuela se siga modernizando.

–¿Intentado aislar a Venezuela, por ejemplo, poniendo trabas a las ventas de equipo militar español?

–No intentamos aislar a Venezuela. Eso es imposible para Estados Unidos dada la relación energética e histórica que tenemos. Es una relación que nos interesa mantener. No nos interesa aislar a Venezuela. Es Venezuela la que se ha aislado de nosotros y ha intentado romper canales de comunicación que han existido durante décadas.

–¿Teme los intentos de Chávez de crear un frente latinoamericano contra Estados Unidos?

–Se está exagerando la influencia de Chávez, quizá no sus intenciones, pero sí sus logros y atribuyéndole triunfos como el de Evo Morales que no tienen nada que ver. No hay duda de que Chávez piensa que está ofreciendo una alternativa, pero no está clara: en términos económicos es un sistema que ya ha fracasado en el resto del mundo. Atrae a algunos en la región por la elevada pobreza, marginación y frustración existentes. El gran desafío al que nos enfrentamos en la región no es Venezuela o Chávez, sino la pobreza, la marginación y la incapacidad de algunas sociedades de proporcionar los bienes y servicios que la gente espera. Para hacer frente a este problema necesitamos lo que dice Felipe González: "Más democracia y más desarrollo".

–¿Qué siente Estados Unidos cuando Evo Morales hace su primera visita a La Habana y rinde tributo a Fidel Castro, a quien llama "maestro"?

–Lo importante del viaje de Morales no fue que viajara a La Habana sino que fuera a Europa, a Sudáfrica y a China. Fue muy importante y muy inteligente su decisión de entrar en contacto con el mundo real. Soy consciente del interés que suscitan Chávez y Castro, pero el verdadero liderazgo de América latina está en Brasil, en Chile, en Colombia, en Argentina, en Uruguay..., cuyos líderes están volcados en crear instituciones y en lograr desarrollo. No debemos centrarnos en las voces discrepantes, que piden un especie de ruptura, sino en las que quieren cooperar, globalizarse.

Requiem por el consenso de Washington

Por Fidel Vascós González, diario Granma, Cuba

El término "Consenso de Washington" fue acuñado en 1989 por John Williamson, del Instituto de Economía Internacional con sede en esa capital.

El afamado investigador había participado ese año en una reunión convocada por su Instituto. El objetivo era diseñar las reformas necesarias para sacar a la América Latina de la crisis de la deuda externa que padecía. Además, recuperar el crecimiento que la región no tuvo en la "década perdida" de los años ochenta. Asistieron representantes de diez países de la región. Con el fin de divulgar las conclusiones del cónclave, Williamson redactó un artículo exponiendo lo que a su juicio era un acuerdo de casi todos los participantes. Por eso le llamó Consenso.

Se trataba de diez medidas para reformar la política económica que se estaba aplicando en la mayoría de los países de Latinoamérica. Las propuestas se referían a mantener una estricta disciplina fiscal que mantuviera controlado el déficit presupuestario; una reordenación del gasto público con vistas a su reducción; una amplia reforma tributaria; la liberalización de las tasas de interés; un tipo de cambio intermedio entre un tipo de cambio fijo y uno en libre flotación; la liberalización del comercio; la liberalización de la inversión extranjera directa; la privatización de los activos públicos; la desregulación de los flujos de entrada y salida de medios por las fronteras de un país; proporcionar derechos de propiedad al sector informal de la economía.

Hay que tener en cuenta las circunstancias en las cuales Williamson redactó su conocido artículo. Ese fue el año de la caída del Muro de Berlín, del inicio de la desaparición del campo socialista europeo, que culminó a fines de 1991 con la desintegración de la Unión Soviética. Ese fue el momento en que Francis Fukuyama proclamó "el fin de la historia", lo que equivalía al triunfo definitivo del capitalismo como sociedad ideal para los seres humanos. Ante lo que se concebía como la derrota histórica del socialismo, el Consenso de Washington se identificó con la ideología neoliberal. Se promocionó como la única política económica que conduciría al desarrollo de las naciones y al bienestar de los pueblos.

A más de 15 años de aquella proclamación, los resultados no han sido los esperados por sus diseñadores. La mayor decepción es el incremento en la desigualdad de los ingresos y el aumento de la pobreza, haciendo a los ricos más ricos y a los pobres más pobres. Es visible el deterioro social que sufren los pueblos donde se aplicaron las recetas neoliberales del Consenso, registrándose un aumento del desempleo. La liberalización de las cuentas de capital hizo más vulnerables a las economías subdesarrolladas pues, al desregular los flujos del capital privado a corto plazo, estos salen del país a la misma velocidad con que entraron. Todo ello, unido al aumento de la corrupción y el enriquecimiento ilícito de quienes detentan los poderes económico y político, condujo en muchos casos a la ingobernabilidad de las sociedades donde se aplicaron las reformas recomendadas por el Consenso.

Es tan abrumadora la realidad de los hechos que ahora han surgido nuevas teorías para intentar una rectificación. Las están formulando los mismos centros que impulsaron el Consenso. Lo primero ha sido tratar de diferenciar las bondades del diseño teórico con la errónea aplicación del recetario recomendado. Se puntualiza que la equivocada implementación de las reformas y la mala administración de los responsables de su aplicación son las causas del fracaso experimentado y no la concepción neoliberal que la sustenta.

Por otro lado, se identifican las medidas del Consenso diseñado en 1989 como una "reforma de primera generación" y se proclama la necesidad de continuar con una "reforma de segunda generación". Con esta nueva envoltura lingüística se recomienda ahora hacer más hincapié en el fortalecimiento de las instituciones que supervisan la aplicación del programa de medidas. Se plantea velar por evitar aspectos sociales tales como el aumento de la pobreza y la mayor disparidad en los ingresos de la población, entre otros.

El propio John Williamson, junto a otros colaboradores, ha elaborado un nuevo programa de medidas para enmendar el desaguisado. Pero en una clara alusión al fracaso del Consenso, con respecto al nuevo programa que propone ha dicho sin ambages: "Esperamos que este programa no sea rotulado `Consenso de Washington II'. No es obra de quienes trabajan en Washington. No intenta comunicar un consenso (ni siquiera llegamos a un consenso total entre nosotros). La frase adquirió un grado tal de ambigüedad que entorpece la claridad de pensamiento".


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