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Bush, ¿de cuál Estados Unidos habla?

None | 12 de Febrero de 2006 a las 00:00

Bush, de rodillas por su incapacidad

Por Lisandro Otero, La Jiribilla

El quinto informe presidencial de Bush estuvo marcado por la limitación de objetivos, las dimensiones modestas, la ausencia de los presuntuosos proyectos de discursos anteriores. Toda la bambolla retórica permaneció pero las promesas fueron insignificantes. Se comprende. Estados Unidos se encuentra en un año electoral y Bush cuenta con dos tercios de desaprobación en la opinión pública. Las violaciones a la constitución, los abusos de derechos humanos (como las extendidas torturas practicadas por la CIA), el déficit record en el comercio y en el presupuesto, la corrupción, el espionaje ilegal, las prisiones secretas, la debilitada seguridad social, las guerras y la inestabilidad mundial constituyen puntos vulnerables que permitirán, muy probablemente, a los demócratas reconquistar el Congreso en noviembre.

Al iniciarse su mandato Bush pretendió abrir nuevos yacimientos a la exploración petrolera, ahora confesó que Estados Unidos es un país "adicto al petróleo" y que es preciso liberarse de ese vicio. Para ello prometió un incremento en la producción de etanol y una inversión notable en las búsquedas de energía sustituta como la eólica, el hidrógeno y las baterías de litio. Veremos si esa promesa queda trunca como tantas otras. Ofreció que en dos décadas Estados Unidos debe liberarse en un 75% de la dependencia del combustible del Oriente Medio. Lo que no dijo es quién controlará esos nuevos medios energéticos.

No tuvo más remedio que reconocer el gran déficit en profesores y científicos de su país, que se está quedando atrás con respecto a gigantes en marcha como China y la India. En esas condiciones de precariedad ¿cómo le va a ser posible acometer las extensas búsquedas y experimentaciones necesarias para hallar sucedáneos a las actuales fuentes de energía?

Durante el mandato de Bush muchos programas de seguridad social han sido suprimidos o reducidos. El costo de los tratamientos de salud es ahora mayor que nunca antes. Cuarenta millones de norteamericanos no tienen seguro médico y por tanto no disponen de acceso a hospitales ni a galenos, ni a medicamentos ni a procedimientos curativos por no poderlos pagar. Por ello el discurso de Bush estuvo dominado por la agenda doméstica, los problemas internos, que decidirán a muchos a la hora de votar. Fue un informe preparado con la intención de reconquistar el apoyo de las clases medias que están desertando del apoyo al clan petrolero de la Casa Blanca. Fue un discurso concentrado en los problemas de economía, salud y energía que están en la preocupación de todos los ciudadanos.

Una de las causas de esa desbandada es la guerra en Irak de la cual el pueblo norteamericano parece haberse percatado que no tendrá fin y que la voluntad de resistencia del pueblo iraquí crece en lugar de disminuir. Es una guerra sin salida para Bush pero éste no desea reconocerlo y se obstina en un discurso triunfalista que todos saben falso. Irak se ha convertido, como muchos pronosticamos, en un nuevo Vietnam.

Otra causa del desprestigio creciente de Bush fue la pobre respuesta federal a las víctimas del huracán Katrina y las débiles medidas preventivas. El mundo descubrió con estupor cuán extendida estaba la pobreza en Estados Unidos, cuantos negros estaban viviendo en miserables casuchas, cuán pobre, desorganizada, insuficiente era la ayuda a los damnificados. Todos los presupuestos de socorro a los desvalidos han sido desguarnecidos de fondos para comprar balas y cañones con el fin de intentar el avasallamiento del pueblo iraquí. La venda se va cayendo de los ojos del pueblo estadounidense.

Bush reconoció de manera implícita la tendencia hacia la izquierda en América Latina, al no mencionar al continente sur. Ni siquiera Cuba, centro de sus furias y exasperaciones, ocupó una línea. ¿Confesión tácita de su derrota ante la obstinada solidez de la isla? De México, donde se ha desatado una feroz guerra de narcotraficantes y una caótica ingobernabilidad, donde se eleva en la frontera un muro, similar al de Berlín, tampoco dijo nada. ¿Es que ignora el serio problema migratorio y de seguridad pública existente en su frontera sur?

Eso sí, reiteró su intromisión en los asuntos internos de Irán al pretender negarle el derecho de construir un poderío atómico con fines pacíficos. Esgrimió el conocido embuste de las armas nucleares –el mismo usado contra Irak--, para justificar un ingerencismo peligroso.

Ante el cerco de los legisladores demócratas, e incluso de su propio partido republicano, Bush alzó la bandera blanca de la conciliación y la derrota. Pidió que las diferencias políticas no fueran conducidas con irritación y frenesí, pidió que lo dejaran respirar, casi suplicó una tregua que ninguno parece querer concederle antes de las elecciones.

Fue un discurso sin la retórica de esplendor de los anteriores informes presidenciales, más ajustado a una realidad que se le escapa de las manos, menos convincente que nunca, más huidizo. Un Bush de rodillas frente a su incapacidad.

Bush pone poca energía en fuentes alternativas

Por Jim Lobe, Agencia Inter Press Service (IPS)

El compromiso con el desarrollo de fuentes limpias de energía formulado por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, fue aplaudido por ambientalistas y expertos, que, sin embargo, no dejaron de cuestionarle cierta timidez. Bush realizó su anuncio en el discurso sobre el Estado de la Unión, informe anual de la presidencia ante el Congreso legislativo en que los mandatarios establecen sus agendas para los siguientes 12 meses.

La aprobación pública de la gestión de Bush, según las encuestas, se encuentra hoy muy por debajo del de antecesores suyos a la misma altura de su segundo periodo presidencial, como Ronald Reagan (1981-1989) y Bill Clinton (1993-2001). En la primera parte de su discurso de una hora, Bush se aferró a su habitual retórica prodemocrática y a defender su "guerra contra el terrorismo". El resto fue de una inusual modestia, tanto en tono como en sustancia.

Ambientalistas y otros impulsores de las fuentes limpias de energía el panorama trazado por Bush sobre la "adicción al petróleo" de Estados Unidos, pero dijeron que la solución propuesta --22 por ciento de aumento en los fondos para la investigación-- se queda muy corta. También los desilusionó que el mandatario ni siquiera mencionara el recalentamiento global, atribuido por la mayoría de los científicos a las emisiones de gases invernadero por la quema de petróleo, carbón y otros combustibles fósiles.

Estados Unidos, uno de los dos países industrializados que no ratificaron el Protocolo de Kyoto para reducir la liberación de gases invernadero en la atmósfera, concentra 25 por ciento de las emisiones mundiales. "Si ignora completamente el recalentamiento, el mayor desafío de todos, sus planes nunca serán adecuados", dijo Steve Cochran, portavoz de la organización Defensa Ambiental, quien acusó a Bush de "pensar en pequeño".

"Los comentarios fueron deplorablemente insuficientes", sostuvo en un editorial el diario The New York Times publicado el miércoles, horas después del discurso de Bush ante el Congreso.

"Que yo recuerde, éste es el primer Estado de la Unión en que la estatura del presidente, más que potenciada, terminó disminuida", escribió Ryan Lizza, veterano analista político de la revista The New Republic.

"Escarmentado. Deferente. Modesto" fue la calificación de Robert Brownstein, periodista del diario Los Angeles Times.

La "cautelosa agenda" delineada por Bush "pareció aspirar menos a transformar el debate político que a ayudar" a sus correligionarios del Partido Republicanos "a sobrevivir a un entorno político hostil" en las vísperas de las elecciones parlamentarias de noviembre, según Brownstein.

Funcionarios del gobierno habían adelantado a periodistas que los anuncios de Bush en materia de energía serían osados y de largo alcance. Pero fueron anticlimáticas, particularmente dada la fuerte retórica que usó para presentarlas.

"Tenemos un problema serio: Estados Unidos es adicto al petróleo, que a menudo es importado de zonas inestables del mundo", declaró. El desarrollo de tecnologías alternativas propuesto tendrá el objetivo de "reemplazar más de 75 por ciento de nuestras importaciones de petróleo de Medio Oriente para 2025", aseguró.

"Aplicando el talento y la tecnología de Estados Unidos, este país puede mejorar drásticamente nuestro ambiente, moverse más allá de una economía basada sobre el combustible y convertir nuestra dependencia en el petróleo de Medio Oriente en cosa del pasado", agregó Bush.

El mandatario calculó que su gobierno gastó casi 10.000 millones de dólares en desarrollar fuentes alternativas, y anunció un proyecto de ley que, de ser aprobado por el Congreso, sumará 300 millones de dólares para 2007 el gasto del Departamento de Energía al respecto. Según un documento distribuido luego por la Casa Blanca, el aumento será repartido entre varios programas preexistentes, incluido el desarrollo de células de combustible hidrógeno, de "etanol celulósico" --combustible hecho de fibras vegetales hoy desechadas como desechos agrícolas--, de tecnologías limpias de carbono y de energía solar, e investigaciones sobre energía eólica.

"El nivel retórico fue dramático, pero las propuestas políticas siguieron fueron mansas", señaló David Sandalow, director del Proyecto de Ambiente y Energía de la Institución Brookings, una organización de expertos centristas con sede en Washington.

El colaborador de un legislador notó que 300 millones de dólares en financiamiento adicional equivalían a lo que Washington gasta actualmente en dos días de operaciones en Iraq.

Bush "se da cuenta de que la alta demanda de energía es un problema --especialmente la demanda de petróleo-- y que este asunto tiene que ser abordado", dijo Janet Sawin, directora del Programa de Energía y Cambio Climático en la organización ambientalista WorldWatch Institute. "Pero mientras que la investigación y el desarrollo son importantes, se necesita hacer mucho más por la conservación y la eficiencia", dijo. Eso faltó en las propuestas de Bush, según Sawin.

Que Bush se concentrara en reducir la dependencia de Medio Oriente, que actualmente representa apenas 17 por ciento de las importaciones de petróleo estadounidenses, fue objeto de críticas incluso entre sus aliados neoconservadores.

Figuras de este sector oficialista alegaron que el impacto de la demanda estadounidense en los precios internacionales del petróleo --sin considerar su origen-- es lo que da poder y enriquece a los exportadores de Medio Oriente, como Arabia Saudita, la cual, advierten, contribuyen directa o indirectamente con los movimientos radicales islamistas que amenazan a Estados Unidos e Israel.

"No importa si no compramos petróleo de Medio Oriente", dijo a The New York Times Gal Luft, codirectora del Instituto para el Análisis de la Seguridad Global, porque, en ese caso, "alguien más lo hará, apoyando a los mismos regímenes".

El columnista económico del diario The Washington Post Steven Pearlstein adoptó un punto de vista particularmente cínico de las propuestas de Bush.

"¿Alguien cree realmente que un presidente y un vicepresidente que se vuelven ricos por su asociación con la industria del petróleo y el gas, que nunca dejaron de promover la cadena industrial y que presidieron la mayor transferencia de riqueza de los consumidores a la industria en la historia de la humanidad nos moverán más allá de una 'economía basada en petróleo' a una basada en 'astillas de madera, tallos o pasto varilla'?", escribió Pearlstein, refiriéndose a la descripción de Bush de las fuentes de etanol celulósico.

En la noche del discurso de Bush, la mayor empresa energética del mundo, ExxonMobil, anunció que el año anterior tuvo ganancias sin precedentes para una empresa estadounidense: 36.000 millones de dólares. Esto se atribuye al aumento del precio del petróleo y del gas, así como de generosas exoneraciones de impuestos y otros subsidios promovidos por Bush y el Congreso de mayoría republicana.

Menos ayuda, más balas

Pese a su interés en impedir el colapso de países aliados en zonas estratégicas del Sur, Bush, propuso recortar la ayuda internacional al desarrollo y a la recuperación de desastres naturales, y aumentar el presupuesto militar casi siete por ciento.

En su propuesta presupuestal para 2007 enviada al Congreso legislativo, el Departamento de Defensa prevé incrementar sus gastos el año próximo unos 440.000 millones de dólares, sin incluir otros 120.000 millones que espera pedir como asignación extra para financiar las operaciones militares en Afganistán e Iraq en septiembre, cuando finaliza al año fiscal 2006.

En cambio, la ayuda internacional estadounidense en 2007 permanecerá en torno a los 24.000 millones de dólares, al igual que este año, equivalente a lo que Washington gasta en menos de cinco meses en Iraq. Además, Bush pidió un recorte de casi 20 por ciento en la asistencia al desarrollo, que pasaría de unos 1.500 millones de dólares a 1.260 millones, y deducciones similares en la ayuda a países víctimas de desastres naturales o con programas especiales de salud e infancia.

"La administración ha dicho que hay tres componentes de la seguridad nacional: la diplomacia, la defensa y el desarrollo", señaló Mohammad Akhter, presidente de InterAction, una coalición de alrededor de 160 organizaciones no gubernamentales estadounidenses activas en el Sur. "Nosotros vemos que la diplomacia y la defensa son bien atendidas, pero el desarrollo es la herramienta más ignorada del botiquín. Sin embargo, es en ella donde descansa nuestra seguridad a largo plazo", añadió.

No obstante, Bush pidió aumentos en los dos programas de asistencia que llevan su propia firma: la Cuenta del Desafío del Milenio (MCA, por sus siglas en inglés), creada para recompensar a los "buenos desempeños" de los países pobres, y el Plan de Emergencia del Presidente para el Alivio del Sida, dirigido en su mayor parte a 14 países de África y el Caribe, además de Vietnam. Para este último programa, Bush pidió un total de 4.000 millones de dólares, incluyendo sólo 300 millones para el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, y para el MCA solicitó 3.000 millones de dólares, un incremento de 1.250 millones respecto del actual presupuesto.

Aunque el Congreso por lo general siempre aprobó las propuestas de Bush en torno a programas contra el sida, nunca dudó en recortar drásticamente los pedidos para la MCA, en especial debido a que el gobierno ha sido muy lento para seleccionar los países beneficiarios. "El antecedente histórico sugiere que la Corporación para el Desarrollo del Milenio (que administra la MCA) podría no obtener la financiación solicitada", sostuvo el investigador Stewart Patrick, del Centre for Global Development (Centro para el Desarrollo Global). También consideró probable que los congresistas aprueben un aumento de la ayuda internacional a programas para la infancia, como hicieron en el pasado.

El presupuesto total propuesto por Bush para 2007 asciende a 2,7 billones de dólares, 2,3 por ciento más que el actual año fiscal. A pesar del incremento, el déficit fiscal, de ser aprobado el paquete por el Congreso, pasaría de los 423.000 millones de dólares del actual año fiscal a 354.000 millones de dólares en 2007, según calculó la administración Bush, cuyas previsiones de déficit siempre se caracterizaron por ser demasiado optimistas.

Para cubrir el aumento de los fondos para el Pentágono, Bush propone limitar o reducir el gasto en programas sociales y educativos nacionales, una medida que podría causar una gran polémica en un año electoral. El mandatario llamó a recortar gastos en el programa de seguros de salud Medicare para personas ancianas o discapacitadas. Bush combinó la presentación de su paquete presupuestal con un nuevo y polémico pedido de recortes permanentes de impuestos a grandes corporaciones y sectores de altos recursos.

En una columna publicada por The Washington Post el domingo, el ex consejero económico del mandatario, Douglas Holtz-Eakin, advirtió que los aumentos impositivos son inevitables a menos que se redujera el presupuesto. Sin embargo, no parece estar en los planes de Washington reducir sus gastos militares.

Recientemente, el Departamento de Defensa presentó un informe en el que, si bien rechaza la idea de aumentar el despliegue de soldados e infantes de marina (marines) en el mundo, propone un incremento de sus fuerzas para operaciones especiales, cuyo entrenamiento y equipos son especialmente caros. Además, como parte de su "guerra contra el terrorismo", que el Pentágono rebautizó como "guerra larga", subraya la necesidad de adquirir nuevas armas que puedan intimidar a potenciales rivales, como China o Rusia.

"El presupuesto de 2007 refleja nuestro compromiso en defender nuestra nación, librar una larga guerra contra el terrorismo y prepararnos para futuros adversarios", dijo el lunes el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.

En caliente, ante un discurso fascista

Por Guillermo Almeyra, diario La Jornada, México

George W. Bush apeló, con un discurso fascista, al patriotismo y a la unidad nacional detrás de él, al igual que después del tan misterioso 11 de septiembre y de la invasión de Afganistán e Irak programada desde hacía tiempo. Tuvo éxito en la Cámara, donde los demócratas secundaron algunas de sus peores afirmaciones o callaron ante otras, y tuvo éxito en el país, sobre todo porque la oposición demostró compartir la estrategia internacional de Bush y balbuceó sólo algunas objeciones sobre Irak, lloriqueando por los efectos sociales desastrosos de la política económica gubernamental, pero sin siquiera esbozar una alternativa (¿a quién hay que sacarle, en efecto, los fondos para dar seguro social a los 46 millones de personas de carecen de éste o para alfabetizar a los 11 millones de personas que no saben ni leer los letreros del autobús?). Bush abrió el camino para dejar atrás los graves problemas económicos y sociales actuales de su país lanzándose a la aventura internacional. Lo hizo construyendo un bloque entre el gran capital, los jefes de las fuerzas armadas, el clero más conservador y la derecha de los demócratas. Tiene las manos libres y se siente triunfante. Por eso dice, contra lo que establece la Constitución, que las decisiones sobre cómo hacer la guerra en Irak y sobre cuánto durará ésta están en manos de los mandos militares.

Por eso insiste en que Estados Unidos "no se retirará del mundo" (que es el campo de acción de su potencia imperial por designio divino para buscar instaurar en todas partes "la libertad y la democracia", como hizo en Irak, con bombardeos, ocupación y matanzas). Por eso repite contra Irán, palabra por palabra, las acusaciones que le permitieron invadir a Irak sobre la base de fabricaciones de datos y de mentiras, y amenaza con una agresión a Teherán, supuesta base de terroristas y supuesta amenaza al mundo con el arma nuclear. Por eso osa decir que el Islam se convirtió en una doctrina terrorista, sabiendo que así se enajena inclusive a las monarquías y a los gobiernos más conservadores de los países mediorientales (además, en su decisión de cortar en pocos años 75 de sus importaciones de petróleo de los países del Golfo, está implícita la reducción drástica de la importancia de esos aliados locales del imperialismo, los cuales podrían tener que pasar a financiar a los palestinos y a hacer frente con Irán).

Preparando la guerra piensa en el frente interno. Y para éste tiene la Patriotic Act, que es un ataque brutal a los derechos democráticos, el espionaje a los "sospechosos" que la CIA declare tales, el respaldo de todo tipo a ésta y otros organismos de seguridad, el atropello a los demócratas. Su política internacional, como la fascista, es la del espacio vital (para la seguridad estadounidense), es la del unilateralismo en las decisiones (ni nombró a la ONU y a sus aliados que, como en el caso de Irak, deberán atenerse a lo que él decida). Y su política cultural es la de la ultraderecha (no a los matrimonios de gays y lesbianas, no a los jueces "que legislan", el "poder de Dios" como valor supremo en todo y para todo), para transformar el conservadurismo tan común en su país en la amalgama para la unidad nacional detrás de una política fascista, sin la cual no puede haber ninguna nueva guerra ni puede subsistir siquiera la expedición empantanada en Irak.

El pobre alcalde demócrata de Los Angeles respondió sólo recordando la pobreza de su mamá y los consejos de ésta y ofreciendo algunos datos concretos sobre el estado del país. Pero Bush no los ignora: precisamente porque los conoce corre hacia delante como expresión del temor a que la debilidad del mismo se agrave y como conciencia de que aún le queda la tremenda superioridad militar que todavía le permite una aventura. ¿Hitler acaso creía que Alemania habría podido vencer simultáneamente a la Unión Soviética, a Inglaterra, Francia y Estados Unidos? Sabía en cambio que si atacaba a esos países en tiempos distintos y con audacia, con una fuerza menor podría destrozarlos por separado. Ese es el cálculo de Bush, que ve crecer económicamente a China e India, y ve con peligro una posible sinergia entre ellas, Rusia y la Unión Europea. La frase "Estados Unidos no se rendirá" expresa la decisión de combatir preventivamente y, al mismo tiempo, la claridad de que, de no hacer eso, después podría ser muy tarde y sólo le quedaría, como a Hitler, la rendición...

Con una oposición como la demócrata, que ni siquiera le recordó el caso Enron y los escándalos de su gabinete ni dijo nada sobre su política internacional aventurera, tiene las manos libres. No habló del terrorismo israelí ni del muro contra los mexicanos y centroamericanos, tampoco habló de Cuba ni de Venezuela y aún menos de Bolivia; sólo reafirmó su política ilegal, xenófoba y agresiva rechazando la amnistía para los trabajadores indocumentados. Pero no necesita hablar de "esos problemas menores". Porque mantener la ocupación de Irak lleva a la guerra contra Irán, supuesto santuario de los revolucionarios. Y la guerra contra Irán es el sueño de Israel y sería el golpe de muerte a los palestinos, mientras que independizarse del petróleo medioriental supone controlar totalmente el de México y Venezuela (¿acaso no le propuso Bush a Fox un acuerdo para "no depender del petróleo extranjero" pues el de Pemex, evidentemente, ya está contabilizado como propio por la Casa Blanca?).

En resumen: el gobierno fascista efectivamente está en un año electoral y está débil y desprestigiado, pero ha decidido ir hacia delante. No hay que quedarse en el folclore: también Hitler y Mussolini daban risa, pero eran serios.

Estado de ilusión vana

Por Paul Krugman, columnista habitual de "The New York Times". Enseña e investiga sobre economía en la Universidad de Princeton. Semanario El Espectador, Colombia.

De manera que el plan del presidente Bush para reducir las importaciones de petróleo del Medio Oriente resulta no menos sustancial que su plan —introducido hace dos años y después desaguado por el agujero de la memoria— para enviar humanos a Marte.

Pero, ¿qué se podía esperar? Tras cinco años en el poder, el gobierno de Bush aún está —quizá más que nunca antes— regido por Maquiavelos de Mayberry que no toman en serio el negocio de gobernar.

Aquí va la historia sobre el petróleo: en su discurso sobre el Estado de la Unión, Bush sugirió que "los métodos vanguardistas para producir etanol" y otras tecnologías nos permitirían "reemplazar más de 75 por ciento de nuestras importaciones de petróleo provenientes del Medio Oriente".

Sin embargo, al día siguiente, funcionarios explicaron que en realidad no quiso decir lo que dijo. "Sólo fue un ejemplo", dijo el secretario de Energía, Samuel Bodman. Y en realidad el gobierno ha estado disminuyendo la mismísima investigación que Bush promocionó con bombo y platillo el martes por la noche: el Laboratorio Nacional de Energía Renovable está a punto de despedir personal debido a recortes presupuestarios. "Un investigador veterano —informa The New York Times— expresó que se le dijo al personal que los recortes se concentrarían entre los investigadores de las áreas eólica y de biomasa, que incluyen al etanol".

¿Para qué anunciar metas que suenan impactantes cuando no existe un plan para lograrlas? La mejor conjetura es que el "plan" energético fue integrado a toda carrera para darle a Bush algo positivo que decir.

Durante semanas, fuentes gubernamentales dijeron a los reporteros que el discurso sobre el Estado de la Unión se centraría en la atención de la salud. Sin embargo, en el último minuto la Casa Blanca pudo haberse dado cuenta de que sus propuestas en la materia, basadas en la idea de que los estadounidenses tienen demasiados seguros, tendrían el mismo destino político que su intento por privatizar la seguridad social. ("El Congreso —dijo Bush— no actuó el año pasado en cuanto a mi propuesta para salvar la seguridad social". Los demócratas, de pie, respondieron con una ovación).

Así es que se les dijo a los redactores del discurso que sustituyeran las propuestas sobre la atención de la salud con palabras agradables sobre la independencia energética, palabras que no estaban respaldadas por una política real.

¿Qué hay con el resto del discurso? Por lo general, el discurso sobre el Estado de la Unión es una ocasión para alardear sobre los logros del gobierno. Sin embargo, ¿qué puede hacer un redactor cuando no hay logros?

Una respuesta es fingir que las cosas malas nunca sucedieron. Las prestaciones relacionadas con los medicamentos de Medicare han sido la principal iniciativa nacional de Bush hasta la fecha. También es un desastre: a un costo enorme, el gobierno se las ha arreglado para hacer que millones de estadounidenses ancianos estén peor. Así es que los medicamentos no fueron mencionados en el Estado de la Unión.

Otra solución es confiar en un lenguaje evasivo. En Irak, dijo Bush, hemos "cambiado nuestro enfoque respecto a la reconstrucción".

De hecho, ha fallado la reconstrucción. Casi a tres años de haber iniciado la guerra, la producción de petróleo está muy por debajo de los niveles anteriores a ella; Bagdad sólo recibe un promedio de 3,2 horas de electricidad al día y se ha cancelado más del 60 por ciento de los proyectos de agua y servicios sanitarios.

Así es que ahora, tras haber despilfarrado miles de millones de dólares en ingresos iraquíes del petróleo, así como dólares de los contribuyentes estadounidenses, les hemos dicho a los iraquíes que de ahora en adelante es su problema. El supuesto Plan Marshall de Estados Unidos para Irak, informa The Los Angeles Times, "está llegando a su fin este año sin que se haya cumplido gran parte de sus promesas y sin planes para ampliar su financiamiento". Supongo que eso se podría denominar un cambio de enfoque.

Hay un tema común subyacente en la fallida reconstrucción de Irak, la fallida respuesta ante Katrina (que Bush nunca mencionó), el fallido programa de medicamentos y el programa energético que no existe.

John Dilulio, el ex jefe de la política basada en la fe de la Casa Blanca, lo explicó hace más de tres años. Contó al reportero Ron Suskind cómo opera este gobierno: "No existe precedente alguno en cualquier Casa Blanca moderna de lo que está sucediendo en esta: una total falta de un aparato político. He escuchado muchas, pero muchas discusiones del personal, pero ni siquiera tres que sean significativas, discusiones políticas sustantivas. En realidad, no había ningún documento gubernamental sobre la política para asuntos nacionales".

En otras palabras, este gobierno es pura politiquería y nada de política. Sabe cómo conseguir el poder, pero no tiene ni idea de cómo gobernar. Esa es la razón por la que el golpe del Katrina lo agarró desprevenido, y por qué no estaba preparado en lo más mínimo para los problemas predecibles que se presentaron con su plan sobre medicamentos. Es la razón por la que Bush anunció un plan energético sin ninguna sustancia que lo respaldara. Y es la razón por la que el Estado de la Unión —la cosa en sí misma, no el discurso— es tan sombrío.

El asunto de la efectividad

Estamos gobernados por personas incompetentes. Cada gran aventura por parte del gobierno Bush, desde la ocupación de Iraq hasta el programa de fármacos de Medicare, se ha convertido en una saga épica de incompetencia. En retrospectiva, los años de Clinton dan la impresión de haber sido la era dorada del buen gobierno.

Dada la evidente incapacidad del gobierno del presidente Bush para gobernar, las victorias electorales de los demócratas deberían ser una certeza. Pero, no es así. ¿Por qué?

Antes que trate de responder, permítanme justificar mi afirmación —que seguramente generará muchos mensajes iracundos a través del correo— en cuanto a que Bill Clinton sabía cómo gobernar y George W. Bush no. Todo lo que hace falta hacer es considerar el ascenso y la caída de la Agencia Federal para Control de Emergencias, la FEMA.

Bajo el presidente Bush padre, la FEMA fue usada como tiradero de compadres políticos, con resultados predecibles. Las descripciones sobre la respuesta de la FEMA al Huracán Andrew, en 1992, suenan justo como la respuesta a Katrina: durante tres días, la FEMA no pudo ser localizada por ninguna parte, y cuando finalmente llegó, sus esfuerzos terminaron siendo de total incompetencia.

Bill Clinton cambió todo eso con la selección de James Lee Witt, quien sabía mucho acerca del manejo de desastres, para encabezar a la FEMA, y alentarlo a que dirigiera la dependencia de manera profesional. El resultado fue una mejoría espectacular en su desempeño. La FEMA, otrora considerada una de las peores dependencias del gobierno federal, ganó elogios por sus expeditas y efectivas respuestas a sucesos como la bomba en Ciudad de Oklahoma, en 1995.

Sin embargo, George W. Bush restauró la práctica de atestar la FEMA con su cohorte; el ridículo Michael Brown ya se fue, pero otros aún siguen ahí. Además, la dependencia ya volvió a caer en la impotencia y la incompetencia. Al tiempo que la Agencia Federal para Control de Emergencias fallaba, lo mismo le sucedía al gobierno de manera integral.

Lo que le ocurrió a la FEMA a partir de 2001 es lo típico: politización y amiguismo se han convertido en el procedimiento estándar de operación a lo largo del gobierno federal de Estados Unidos, incluso cuando la necesidad del profesionalismo es evidente. (Recuerden a las personas leales —en la esfera política— y poco calificadas que fueron enviadas para administrar Iraq durante el crucial primer año.) Esa es una de las razones principales por las que Bush ha fallado en todo lo que ha tratado de hacer, con la excepción de la reducción de impuestos —y de ganar elecciones—.

Lo cual me lleva al acertijo político. Los yerros de nuestros dirigentes no han escapado a la conciencia popular: más de la mitad de los estadounidenses dice que el gobierno Bush ha sido un fracaso. Sin embargo, no es del todo claro que los demócratas puedan traducir este sentir en grandes avances políticos debido a que, pese a la habilidad para gobernar de la última administración demócrata, la opinión popular no cree que los demócratas sean efectivos.

Buena parte de esa percepción tiene que ver con la forma como los medios de comunicación cubren la política: se centran principalmente en Washington, y muchas organizaciones noticiosas —en particular de radio y televisión— prefieren manejar notas acerca de contiendas muy cerradas en vez de discutir temas de estrategia política. Y desde ese punto de vista, los demócratas presentan un lamentable espectáculo. No solamente son una minoría en el Congreso de Estados Unidos, aislada del poder; son una indisciplinada minoría que enfrenta deserciones constantes de sus propias filas en lo concerniente a temas cruciales.

La cuestión de Iraq es el epítome de la paradoja política. La guerra ha sido un monstruoso fracaso de política, pero aún es un activo político para el gobierno Bush, debido a que divide a los demócratas y provoca que éstos transmitan la impresión de que ellos son ineficaces.

Sin embargo, si los demócratas fueran capaces de presentar un frente unido en lo tocante a Iraq, es probable que obtuvieran considerable apoyo de la población. Usted nunca lo sabría a partir de la gama de opiniones presentadas en los programas dominicales de entrevistas, pero una mayoría de estadounidenses cree que el Gobierno engañó de manera deliberada a la nación con respecto a las armas de destrucción masiva y que deberíamos fijar una programación para el retiro.

Asimismo, las opiniones de la población estadounidense con respecto a otros temas al parecer favorecen la posición del Partido Demócrata —o más bien, lo que probablemente sería la posición demócrata si los demócratas pudieran coincidir en una— incluso con mayor fuerza. Por ejemplo, la opinión popular cree, en una proporción de dos a uno, que el gobierno estadounidense debería garantizar el seguro de salud para todos los ciudadanos estadounidenses.

El punto es que los integrantes del Partido Demócrata están ganando la batalla de ideas: en lo concerniente a los temas de relevancia, la opinión popular está cambiando hacia ellos. Pero, con el fin de aprovechar ese giro, tienen que superar una imagen de ineficacia que, en parte, es la culpa de los medios noticiosos, pero en buena medida el resultado de su propia desunión.


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