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La República se desmorona

None | 8 de Enero de 2006 a las 00:00

¿A quién echaremos la culpa cuando perdamos la república? Vuelven los días de Nixon

Por Molly Ivins, diario La Jornada, México

La primera vez como tragedia, la segunda como farsa. Hace 35 años, Richard Nixon, quien estaba loco como una cabra, y J. Edgar Hoover, quien se ponía ropa interior de mujer, decidieron que las opiniones políticas de algunos estadounidenses eran inaceptables. Así pues, pusieron al gobierno a espiar a los ciudadanos, en particular los que no se parecían lo suficiente al Loco Richard.

Para quienes hayan olvidado lo absolutamente paranoico que era Nixon, el pobre hombre solía dar vueltas por la Casa Blanca exigiendo que asesinaran a sus enemigos políticos. Muchos creen aún que la caída de Nixon estuvo revestida de cierta grandeza estilo Ricardo III porque era un hombre de notables talentos. No hay grandeza ni tragedia en observar a este presidente, el Chamaco Irascible, violar su juramento de cumplir las leyes y la Constitución de nuestra patria.

El Chamaco Irascible quiere que hagamos lo que él quiere cuando él quiere porque es el presidente, lo cual considera justificación suficiente para cualquier cosa que desee. Inclusive encuentra abogados, como John Yoo, para que le digan que cualquier cosa que haga es legal.

Lo que más espanta y repugna es que es la misma historia. Que me parta un rayo si no son los mismos; después de todos estos años, los esbirros de Nixon, Dick Cheney y Donald Rumsfeld, miembros de la misma camarilla cuya obsesión por un gobierno autoritario impregnó de hedor los años de Nixon. Ejecutivo imperial. Que traigan de nuevo esos uniformes de la guardia especial de la Casa Blanca. Cheney, como una especie maligna que no se puede erradicar, de vuelta en el viejo puesto, impulsando la misma chingadera.

Por supuesto, nos dicen que necesitan espiarnos por nuestra propia seguridad, para poder atrapar a los terroristas que nos amenazan. Hace 35 años agarraron a una estrella de cine llamada Jean Seberg y a un montón de personas que operaban un programa de desayunos gratuitos para niños pobres de Chicago. Esta vez van sobre los cuáqueros. Y no tenemos más seguridad.

La tendríamos, como recientemente nos recordó la comisión del 11/S, si se hubieran adoptado algunas precauciones obvias y necesarias en las plantas químicas y nucleares, pero eso no ocurre porque esas industrias hacen donaciones a los candidatos republicanos. Estos no piden a sus donadores que gasten un montón de dinero en tomar medidas obvias y necesarias para proteger la seguridad pública: lo que hacen es espiar a los ciudadanos.

Le sorprenderá enterarse que, en primer lugar, mintieron. No espiaron. Bueno, sí, pero no mucho. Bueno, está bien, un poco más que eso. Mucho más que eso. Bueno, millones de mensajes de correo electrónico y llamadas telefónicas cada hora, y todos los historiales clínicos y financieros.

Recordemos que en 2002 se reveló que el Pentágono había emprendido un gigantesco programa de "extracción de datos" llamado Conocimiento Total de Información (TIA, por sus siglas en inglés), cuyo objetivo era buscar en bases de datos "para incrementar la cobertura de información por orden de magnitud".

Desde tarjetas de crédito hasta reportes de veteranos, el Gran Hermano estaría observándonos. Este galante programa estaba bajo el control del almirante John Poindexter, convicto de cinco crímenes durante el escándalo Irán-contras, cargos que luego fueron retirados por fallas de procedimiento. El gobierno sí sabe dónde reclutar buenos elementos. Debería hacer regresar a Brownie, el del fiasco de Katrina.

Todo el mundo decidió que el TIA era una idea terrible, y en teoría el programa se canceló. Como ocurre a menudo con este gobierno, resultó que sólo le cambiaron de nombre y lo hicieron menos visible. Extracción de datos era un término popular en ese tiempo, y el gobierno estaba empeñado en tenerla. Bush instituyó un programa secreto por el cual la Agencia de Seguridad Nacional podía darle la vuelta al tribunal de la FISA (siglas en inglés de Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera) y ponerse a espiar a los estadounidenses sin orden judicial.

Como muchos han tenido la paciencia de señalar, todo ese programa era innecesario, puesto que el tribunal de la FISA es muy complaciente y expedito. No existe virtualmente ningún escenario posible que pudiera dificultar o impedir obtener una orden de la FISA: ha obsequiado 19 mil y sólo ha negado unas cuantas.

No me gusta hacer bromas macabras cuando la gente se pone a contar historias del más allá hasta altas horas de la noche, pero existe una razón por la cual nunca debimos dar tanto poder a este gobierno. Como dijo el difunto senador Frank Church: "Esa facultad puede volverse en cualquier momento contra el pueblo, y a ningún estadounidense le quedaría privacidad. Tal es la facultad de vigilarlo todo: conversaciones telefónicas, telegramas, no importa. No habría dónde esconderse". Y si un dictador tomara el poder, esa ley "podría permitirle imponer la tiranía total".

Y entonces siempre obtenemos esa temerosa respuesta: "Bueno, si uno no hace nada malo no tiene nada que temer, ¿o sí?"

Amigos, sabemos que este programa se emplea mal y seguirá usándose mal. Lo sabemos por el historial del pasado y por las noticias actuales. El programa ya tiene en la mira a los vegetarianos ortodoxos y a la Sociedad para el Tratamiento Etico de Animales, sin duda porque los considera puestos de avanzada de Al Qaeda. ¿Podría haber algo más patético?

La cuestión no podría estar más clara. O el presidente de Estados Unidos entiende y reconoce que ha hecho algo muy malo, o habrá que someterlo a juicio. La primera vez que esto ocurrió, la respuesta de las instituciones fue magnífica. Los tribunales, la prensa, el Congreso, todo funcionó a la perfección. ¿Alguien cree que estamos otra vez en ese punto? Y si no, ¿a quién echaremos la culpa cuando perdamos la república?

La sociedad 'orwelliana' de Bush

Por Carlos Fresneda, diario El Mundo, Madrid

El Gran Hermano acecha en el correo electrónico, en la señal del móvil, en el cable del teléfono, en las plazas vigiladas con cámaras, en los edificios dotados con las últimas medidas de seguridad biométrica. A la sombra del 11-S, y bajo el escudo de la guerra contra el terror, la Administración Bush ha sellado una alianza invisible con grandes compañías privadas para estrechar el cerco sobre sus propios ciudadanos.

«En Estados Unidos hemos llegado a un punto muy cercano al de la sociedad de vigilancia total», advierte Barry Steinhardt, portavoz de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU).«La capacidad para espiar a los ciudadanos ha crecido en los últimos cuatro años como un monstruo, mientras que las cadenas legales se han ido debilitando».

El escándalo de las escuchas sin autorización judicial puede no ser más que la punta del iceberg. «Los ciudadanos americanos están siendo vigilados, sin su conocimiento, por muchos otros procedimientos más o menos secretos», advierte el experto de la ACLU. «La gente no sabe que la sociedad orwelliana ha dejado de ser una fantasía de los libros y de las películas».

La misma idea, refutada con cientos de datos, es la que sostiene el periodista del Washington Post Robert O'Harrow, en un libro de candente actualidad, No Place To Hide. Según O'Harrow, los atentados del 11-S derribaron todas las barreras que hasta entonces existían entre la tecnología de la información y la seguridad nacional.

El resultado ha sido el espectacular crecimiento de la así llamada «industria de la vigilancia», con gigantes del control de la información como ChoicePoint o Lexis-Nexis firmando contratos multimillonarios con la CIA y el FBI o con los Departamentos de Justicia, Seguridad Interior y Defensa. «La habilidad del Gobierno para examinar nuestras vidas va a aumentar en los próximos años», vaticina O'Harrow. «Más que nunca, los datos sobre nuestras propias vidas ya no son nuestros, sino que pertenecen a compañías especializadas en ir recogiéndolos, y a las agencias del Gobierno que están dispuestas a comprarlos o a demandarlos con la excusa de garantizar nuestra propia seguridad».

Hasta ahora, los dos intentos más sonoros de crear gigantescas bases de datos para tener fichados a millones de ciudadanos -el Matrix y el Total Awareness Information (TIA)- han resultado en fiascos más o menos encubiertos. Pero los proyectos no han sido ni mucho menos enterrados por la Administración Bush y siguen esperando el momento propicio.

El Matrix (Multistate Anti-Terrorism Information Exchange) funcionó como un programa piloto de intercambio de la información entre 13 estados, aunque poco a poco fue desechado ante las continuas quejas de invasión de la privacidad y de espionaje de ciudadanos inocentes.

Si el Matrix era algo así como una suma de Pequeños Hermanos, lo más parecido a la idea del Gran Hermano fue sin duda el programa TIA del Pentágono, auspiciado por el controvertido John Poindexter, en estrecha colaboración con la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), la misma que ha saltado a la luz pública en el escándalo de las escuchas.

El Congreso torpedeó la TIA y los estados dispararon contra la futurista Matrix, pero nadie duda de que tarde o temprano surgirá otro intento más camuflado de vigilancia total. «La tecnología está ahí, trabajando detrás del escenario», sostiene Robert O'Harrow.«Sin importar el nombre que le demos, ahora tendrá una escala seguramente global».

Amparada por leyes como el Patriot Act y crecida al socaire del Departamento de Seguridad Interior, la «industria de la vigilancia» está saliendo por fin a la superficie tras el escándalo de las escuchas. Los demócratas pretenden aprovechar la ocasión para desvelar toda la trama secreta de la información y acusar al presidente Bush de haber ido demasiado lejos en sus esfuerzos por identificar y detener a los terroristas.

A la vuelta de las vacaciones, Bush ha defendido nuevamente las escuchas de la NSA alegando que fue un programa «limitado a llamadas hechas a Estados Unidos desde el exterior». El presidente reiteró que ha utilizado todos los recursos a su disposición «dentro de la ley y para proteger a los americanos».

Católicos pro vida y pro Bush

Por Edgar González Ruiz, Maestro en filosofía. Autor de varios libros sobre los grupos conservadores en México y en AL. Red Voltaire

Organizaciones conservadoras del mundo católico han estado formando redes y organizando eventos para defender la agenda de la represión sexual y oponerse al laicismo. Sus acciones pretenden tener alcances internacionales y cuentan con el apoyo, moral e incluso económico, del gobierno de Bush.

En América Latina, los principales promotores de esas redes son empresarios poderosos que, más allá de sus declarados objetivos religiosos, buscan implantar gobiernos nacionales y políticas internacionales afines a sus intereses terrenales.

Por eso, esos mismos personajes y organizaciones suelen participar también lo mismo en las acciones de apoyo a la política de Bush, que en las escaladas contra políticos a los que estigmatizan como "populistas", como Hugo Chávez o Andrés Manuel López Obrador, prospecto de la izquierda a la presidencia de México, e incluso contra Zapatero, en España.

Paradójicamente, esos grupos se dicen "defensores de la vida", entendiendo esa lucha sólo como el rechazo del aborto, a la vez que son complacientes ante la política de agresión militar estadounidense.

El 8 y 9 de noviembre, se llevó a cabo en la Universidad Católica San Pablo (UCSP) el III Congreso Internacional de Familia. El evento fue organizado por el Instituto para el Matrimonio y la Familia de la UCSP, de factura sodálite y a cuyo cargo ha estado el religioso de esa orden, Emilio Garreaud, quien como muestra de la globalización derechista, hoy es capellán del centro de Saint Malo, en Colorado, Estados Unidos, manejado por el Sodalicio, y donde se imparten cursos para parejas y se organizan eventos religiosos mediante elevados pagos en dólares.

La lista de ponentes en el Congreso, incluyó personajes y membretes que son los eternos promotores del activismo conservador: miembros del Consejo Pontificio para la Familia, personajes de universidades confesionales, militantes de los grupos provida unidos en la coalición Vida Humana Internacional, con sede en Miami y vínculos con el gobierno de Bush, entre esos militantes se cuenta el ex ministro de Salud de Perú y exdirigente de Ceprofarena, filial de VHI, Fernando Carbone; Alejandro Castro Leal, del grupo costarricense Adevi (Asociación para la Defensa de la Vida); Carlos Beltramo, presidente en Perú de la Alianza Latinoamerican de la Familia, de factura venezolana, creada por los millonarios esposos Vollmer, así como el empresario mexicano Fernando Milanés, del consejo Consultivo de Red Familia.

Este último grupo fue fundado en el año 2000, como una coalición de membretes de derecha, afines al Partido Acción Nacional, cuyo abanderado, Vicente Fox llegó a la presidencia en las elecciones de julio de ese año.

Red Familia ha contado con el apoyo de empresarios, como el propio Milanés y como Lorenzo Servitje, principal promotor de la censura moralista en México y fundador del grupo Bimbo, dedicado a la fabricación de pan. Entre las organizaciones que crearon Red Familia se cuenta la Asociación Nacional Cívica Femenina, Ancifem, de cuño católico y panista, que ha recibido cientos de miles de dólares de IRI-NED con el pretexto de fortalecer la cultura democrática de las mujeres mexicanas.

Exdirigente de Ancifem, Ana Teresa Aranda ha sido, en el gobierno de Fox, la encargada de la institución oficial encargada de la familia, y como tal ha estado organizando eventos de la derecha internacional, con organizaciones como la propia Red Familia, y como la Fundación Heritage.

Red Familia fue en junio de este año una de las principales organizaciones que participaron al otro lado del Atlántico en las protestas contra la legalización del matrimonio homosexual en España. En México, Red Familia no se ha limitado al activismo contra la homosexualidad y el aborto, sino que se ha unido a grupos que llevan a cabo campañas difamatorias contra Andrés Manuel López Obrador, quien como alcalde de la capital llevó a cabo políticas sociales para beneficiar a los ancianos y a los sectores más pobres, a lo que terminantemente se oponen los autodenominados "defensores de la vida", pues dicen que otorgar ayudas alimenticias a los ancianos sin ingresos es "populismo".

En abril de 2005, Concerned Women of America anunció (www.cwfa.org/articles/7914/CWA/family/) que con el apoyo económico que recibió del Departamento de Estado, formó una alianza con Red Familia, y que ambas organizaciones trabajarían conjuntamente "para poner fin a lo que el presidente Bush ha llamado "la esclavitud moderna", eufemismo para el bien conocido conservadurismo que encabeza ese mandatario. Con ese motivo, se organizó una reunión de "entrenamiento" en la sede de CWA, en Washington, y con la participación de dirigentes de Red Familia, como Jesús Hernández y Rossy Orozco.

Concerned Women of America es un grupo "provida" estadounidense, creado en 1978 por Beverly La Faye, para enfrentarse a los grupos feministas y luchar contra al laicismo y las libertades sexuales. En sus propias palabras, esta organización, que enfatiza las "enseñanzas bíblicas" lleva a cabo "una lucha contra las fuerzas espirituales de las tinieblas", por lo que, además de su activismo político religioso, que hoy se centra en el respaldo al gobierno de Bush, recurren al "apoyo de las plegarias", por lo que sus huestes están organizadas en grupos de oración, encaminada contra sus adversarios ideológicos y en apoyo del gobierno estadounidense actual.

En un plano más terrenal, Beverly La Faye ha estado apoyando las causas reaccionarias en países de América Latina y de otras latitudes. En 1986, viajó a Costa Rica para "indagar las necesidades de los refugiados que habían huido de Nicaragua debido al conflicto Marxista. Se reunió con la primera dama de Costa Rica, quien le permitió visitar algunos campos de refugiados".

A fines de ese año, CWA atribuyó a sus "cartas y plegarias" la liberación de la poetisa cristiana soviética Irina Ratushinskaya Geraschenko, aunque el hecho fue resultado del acercamiento entre Reagan y Gorbachev. Irina fue premiada en Estados Unidos por el Instituto de Religión y Democracia, que se dedica a promover las corrientes conservadoras en las igleisas protestantes y a denunciar la "persecución religiosa" en países como Corea del Norte y Sudán, a fin de facilitar la inherencia militar estadounidense contra ellos.

Ese mismo año, Ronald Reagan fue el orador de honor en la reunión anual de CWA, que en 1988, como fruto de su cabildeo en Costa Rica, fundaba la "Escuela de la Libertad" para niños nicaragüenses refugiados. Ese mismo año, CWA promovería ante el gobierno estadounidense denuncias por los "abusos contra los derechos humanos por parte del gobierno sandinista"; en 1990, La Haye se reuniría con Violeta Chamorro.

Desde luego, CWA ha sido ardientemente pro Bush, con la excepción del tema de las investigaciones genéticas, y con apoyo de ese gobierno ha proseguido su tarea de establecer redes conservadoras interamericanas.

Mantiene una lucha común con grupos como la mencionada VHI y como Population Research Institute, cuyo presidente, Steve Mosher, a la vez que dice defender "la vida desde la concepción" y exige que la administración Bush no otorgue fondos a la UNFPA, por considerarla "abortista", apoya la política militarista de Estados Unidos, especialmente las posibilidades de agresión contra China.

En abril de 2005, Concerned Women of America anunció (www.cwfa.org/articles/7914/CWA/family/) que con el apoyo económico que recibió del Departamento de Estado, formó una alianza con Red Familia, y que ambas organizaciones trabajarían conjuntamente "para poner fin a lo que el presidente Bush ha llamado "la esclavitud moderna", eufemismo para el bien conocido conservadurismo que encabeza ese mandatario. Con ese motivo, se organizó una reunión de "entrenamiento" en la sede de CWA, en Washington, y con la participación de dirigentes de Red Familia, como Jesús Hernández y Rossy Orozco.

Concerned Women of America es un grupo "provida" estadounidense, creado en 1978 por Beverly La Faye, para enfrentarse a los grupos feministas y luchar contra al laicismo y las libertades sexuales. En sus propias palabras, esta organización, que enfatiza las "enseñanzas bíblicas" lleva a cabo "una lucha contra las fuerzas espirituales de las tinieblas", por lo que, además de su activismo político religioso, que hoy se centra en el respaldo al gobierno de Bush, recurren al "apoyo de las plegarias", por lo que sus huestes están organizadas en grupos de oración, encaminada contra sus adversarios ideológicos y en apoyo del gobierno estadounidense actual.

En un plano más terrenal, Beverly La Faye ha estado apoyando las causas reaccionarias en países de América Latina y de otras latitudes. En 1986, viajó a Costa Rica para "indagar las necesidades de los refugiados que habían huido de Nicaragua debido al conflicto Marxista. Se reunió con la primera dama de Costa Rica, quien le permitió visitar algunos campos de refugiados". A fines de ese año, CWA atribuyó a sus "cartas y plegarias" la liberación de la poetisa cristiana soviética Irina Ratushinskaya Geraschenko, aunque el hecho fue resultado del acercamiento entre Reagan y Gorbachev. Irina fue premiada en Estados Unidos por el Instituto de Religión y Democracia, que se dedica a promover las corrientes conservadoras en las igleisas protestantes y a denunciar la "persecución religiosa" en países como Corea del Norte y Sudán, a fin de facilitar la inherencia militar estadounidense contra ellos.

Ese mismo año, Ronald Reagan fue el orador de honor en la reunión anual de CWA, que en 1988, como fruto de su cabildeo en Costa Rica, fundaba la "Escuela de la Libertad" para niños nicaragüenses refugiados. Ese mismo año, CWA promovería ante el gobierno estadounidense denuncias por los "abusos contra los derechos humanos por parte del gobierno sandinista"; en 1990, La Haye se reuniría con Violeta Chamorro.

Desde luego, CWA ha sido ardientemente pro Bush, con la excepción del tema de las investigaciones genéticas, y con apoyo de ese gobierno ha proseguido su tarea de establecer redes conservadoras interamericanas.

¿Invadirá EU a Canadá?

Por Alfredo Jalife Rahme, diario La Jornada, México

Parecería una locura que alguien se atreva a pensar una invasión de Estados Unidos a Canadá, uno de los países más civilizados y pacifistas del planeta. Sin embargo, un día antes que finalizara el año apareció un extraño artículo de Peter Carlson, de The Washington Post, rotativo del establishment, sobre las intenciones irredentistas del unilateralismo bushiano: "Incursión a la caja de hielo: detrás de su frente caliente, EU hizo cálculos fríos para someter a Canadá" (30/12/05). Carlson pertenece a la sección "estilo", de corte social y menos político, y su entrada es brutal: "invadir a Canadá no será como invadir a Irak: cuando invadamos (sic) a Canadá, nadie será capaz de refunfuñar (sic) que no teníamos (sic) un plan" (sic). La amenaza es obscenamente prístina. El medio seleccionado es el apropiado y no se presta a ninguna recriminación diplomática de Canadá, porque las amenazas se pueden interpretar como una "broma", que no es obviamente el caso. De Defensa, muy solvente centro de pensamiento estratégico-militar, con sede en Bruselas, toma muy en serio la amenaza de Carlson dos días más tarde ("¿Invadir Canadá?"; 1/I/06), que cataloga como un "artículo extraño" en el "género semijacarandoso, semianecdótico" y pregunta la razón por la cual un plan conocido de la década de los 20 del siglo pasado (el Plan Rojo) haya sido exhumado en la actual coyuntura. El Plan Rojo fue desclasificado en 1974 y es accesible en los archivos nacionales, pero "la ocasión es propicia para desarrollar un tema al que los canadienses son sensibles desde el 11 de septiembre de 2001 y al que ciertos (sic) estadounidenses no son insensibles".

Ya en 2002, The National Review, revista de los superhalcones, había publicado un ensayo nada jacarandoso: "Bombardear Canadá: argumentos para una guerra", del furibundo fanático juvenil de ultraderecha Jonah Goldberg (formado en la escuela de la dupla Cheney-Rumsfeld, en el Instituto Estadounidense de Empresa), quien sugirió desde su inmadurez cronológica y mental que Estados Unidos "lanzara una incursión fulminante a Canadá e hiciera explotar cualquier cosa (sic), quizá un estadio vacío (sic) de hockey sobre hielo. Ello causaría que Canadá cese de derrochar (sic) su dinero en el seguro médico universal y en su lugar funde un ejército digno de ese nombre, para que el neurótico (sic) sentimiento antiestadounidense de Canadá sea resuelto a nivel de hombres" (¡super-sic!). Son notorios los 31 años de edad del inmaduro Goldberg.

Del lado canadiense, Floyd Rudmin, profesor de sicología y autor del libro En los límites de la agresión: evidencia de los preparativos militares de EU contra Canadá (publicado en 1993), considera que por el momento no es inminente una invasión a Canadá, porque Estados Unidos "se encuentra atareado en Irak", pero después es probable que suceda.

El belicista Baby Bush tiene serios diferendos con sus dos únicas fronteras, consideradas entre las más tranquilas y pacíficas del planeta, que pretende amurallar, si no invadir.

Catorce días después de la aprobación expedita -en un tiempo récord de sólo nueve días hábiles, lo que señala la complacencia y complicidad subrepticias de la Casa Blanca- de la enmienda HR 4437 sobre "seguridad fronteriza" para, entre otras linduras, amurallar la frontera con México, fue publicada la amenaza jacarandosa del Washington Post. En la misma enmienda mexicanófoba, los partidarios del vicepresidente Richard Bruce Cheney en la Cámara de Representantes consiguieron incrustar un rubro que solicita "estudiar el uso de barreras físicas" en la frontera de EU con Canadá. Pues tal muralla, por necesidad geográfica, tendría que ser del triple de la extensión de la que se pretende construir frente a México, por lo que sería más sencillo (y más barato) realizar una "incursión fulminante" en las entrañas de Canadá, a menos que la Casa Blanca, controlada por Cheney, busque fomentar la industria cementera mediante la erección de murallas cuando estalle el segmento de los bienes raíces.

La ultrajante enmienda HR4437 consolida la convergencia de padrinazgos bélicos en la cúpula del partido republicano y la Casa Blanca: la muralla frente a Canadá, patrocinada por el representante republicano Duncan Hunter, jefe del poderoso Comité de las Fuerzas Armadas, y la doble muralla frente a México (nota: tiene lógica, los mexicanos son casi cuatro veces más numerosos que los canadienses), apadrinada por dos republicanos del más alto nivel: James Sensenbrenner, jefe del Comité Judicial, y Peter King, jefe del Comité de Seguridad Interior, quienes hacen realidad la mexicanofobia añeja del republicano Thomas Gerard Tom Tancredo. Se trata, pues, de un proyecto sincrónico de levantamiento bélico de murallas tanto en el seno del obsoleto cuan fallido TLCAN como de su peor engendro, el ASPAN (el delirante "TLCAN Plus"), de parte del Partido Republicano, del que es aliado el fariseo PAN "de México".

Por cierto, Hunter Duncan se encuentra inmerso en las redes corruptas del partido republicano en California (USA Today 1/06/05). ¿No será acaso que el Partido Republicano, con una veintena de representantes atrapados en varios casos de corrupción multiforme (el más pestilente, el del mafioso cabildero estadounidense-israelí Abramoff), recurra al jingoísmo mediante la erección de murallas para intentar encubrir sus felonías?

Por lo menos a Canadá la amenazan invadir con artículos, unos sicóticos (como el del juvenil Goldberg), otros jacarandosos (como el de Carlson), a diferencia de México, a quien el anterior secretario del Pentágono, Caspar Willard Weinberger, en su libro ominoso La próxima guerra, consagró un capítulo de sus múltiples invasiones globales, con prefacio de la baronesa Maggie Thatcher (el ídolo de los neoliberales apátridas "mexicanos").

El petróleo de Alberta, con reservas superiores a las de Irak, bien vale una invasión bushiana. Veintisiete días antes de la amenaza jacarandosa de invasión alentada por The Washington Post, no pasó inadvertido que la revista británica The Economist, socia corporativa del The Financial Times y portavoz de la desregulada globalización financiera feudal, haya incitado a la balcanización de Canadá (ver Bajo la Lupa,11/12/05), en especial de la provincia de Alberta, que cataloga como la segunda potencia petrolera mundial detrás de Arabia Saudita, si se agrega su petróleo no convencional, su célebre petróleo bituminoso (tar sand) -en realidad, Canadá sería el tercer lugar, porque Venezuela posee las primeras reservas petroleras del mundo.

La relaciones entre Baby Bush y Canadá se han tensado al máximo. En la reunión celebrada en Montreal sobre el protocolo ambiental de Kyoto, el saliente primer ministro canadiense Paul Edgard Philippe Martin fustigó con justa razón la devastación ambiental global del gobierno bushiano, que no ocultó su profundo disgusto.

En forma paradójica, el anterior empresario Martin asumió el poder con la intención de mejorar las relaciones deterioradas con Estados Unidos, pero su rechazo, el 24 de febrero pasado, a participar en el bushiano Programa Misilístico Nacional de Defensa Estadounidense (la "mini guerra de las galaxias") reabrió las heridas. Peor aún: Martin exigió ser consultado en caso del lanzamiento de un misil estadounidense al espacio canadiense, lo cual tambaleaba las estructuras militares en los cielos del añejo NORAD y su sucedáneo, el moderno Comando Norte (Nortthcom). Para justificar su rechazo asombroso, Canadá adujo el sabio argumento de que "carecía de enemigos", situación que le ha creado uno nuevo: el gobierno bushiano.

Mas que nada, la incursión petrolera de China a Canadá, donde el presidente Hu Jintao, durante su visita de septiembre pasado, pactó una "alianza estratégica", ha literalmente conmocionado a los geoestrategas de Washington. Para la belicista mentalidad unilateralista del bushismo, la alianza petrolera sino-canadiense no solamente representa una afrenta de lesa majestad a la cohesión anglosajona (la anglosfera), que se empieza a resquebrajar en varios puntos, sino, además, constituye una razón más que suficiente para una invasión militar: la especialidad estadounidense durante todo el siglo XX e inicios del XXI.


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