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Las cloacas republicanas y otros temas

None | 16 de Enero de 2006 a las 00:00

Puertas giratorias

Por Juan Gelman, Página/12

El cuarto poder no es la prensa en EEUU: es el cuerpo de 24.000 cabilderos que, en representación de 15.000 empresas, logra modificar las leyes, o introducir otras nuevas, en beneficio del cliente. Favor con favor se paga y los legisladores y candidatos reciben a cambio financiación para sus campañas políticas y aun otros menesteres. Un estudio del Centro pro Integridad Pública (CPI, por sus siglas en inglés) revela que W. Bush recibió en seis años 1,8 millón de dólares de unos 1,300 cabilderos registrados. En el mismo período, más de 520.000 dólares llenaron las gavetas de John Kerry.

Los lobbistas no se limitan a realizar contribuciones directas: suelen ocupar la tesorería de unos 870 comités políticos que reúnen fondos para pretendientes a cargos de todo tipo. William Oldaker –un ejemplo– obtuvo desde 1998 a 2004 donaciones por valor de más de 2 millones de dólares que destinó a las campañas de candidatos triunfantes y agradecidos. No extraña, entonces, que las ocho agencias de Oldaker recibieran de cien compañías más de 14 millones de dólares para influir en las decisiones de esos legisladores. De los 52 cabilderos de 800 organizaciones y empresas que en conjunto aportaron más de 6 millones de dólares para la reelección de Bush hijo, el más destacado es Jack Abramoff.

Fue, mejor dicho. El 3 de enero pasado tuvo que declararse culpable de defraudación a varias tribus de indígenas norteamericanos, desvío de fondos y soborno a miembros del Congreso y funcionarios del Poder Ejecutivo. Las evidencias eran aplastantes y Abramoff acordó colaborar con la Justicia para achicar la condena futura y no son pocos los que están temblando en Washington. El ex supercabildero declaró ya que sus informaciones pueden alterar la paz de, al menos, 60 legisladores –el presidente del Comité Administrativo de la Cámara de Representantes, entre ellos– y de no pocos de sus asistentes (macon.com, 5–1–06). Es que la "industria" del cabildeo invirtió más 2 mil millones de dólares en 2004, tanto en campañas electorales como en actividades que no descartan el homicidio: el 6 de febrero de 2001, el empresario Konstantinos Boulis fue asesinado en una calle de Fort Lauderdale por tres gangsters meses después de vender una línea de casinos flotantes a Abramoff y su socio Adam Kidan (The Washington Post, 28–5–05). Estos debían dinero a Boulis. Uno de los sicarios había sido miembro de la familia mafiosa Gambino. Los otros dos eran asistentes de Kidan.

Los 82 millones de dólares que Abramoff y su compinche Mike Scanlon defraudaron a seis tribus indias, deseosas de instalar casinos para salir de la miseria que padecen en las reducciones, no sólo fueron a parar a sus bolsillos: también a las arcas del partido republicano y a un destino muy particular. Abramoff cubría con la Capital Athletic Foundation (CAP), una organización fantasma, presuntamente dedicada a financiar programas educativos en el ámbito del deporte, la compra y el envío de armas y de tecnología militar avanzada al grupo paramilitar israelí dirigido por Schmuel Ben Zvi instalado en Beitar Illit, un asentamiento ilegal de 23 mil colonos israelíes ultraortodoxos en el territorio palestino ocupado de la Ribera Occidental.

Así llegaron a manos de Ben Zvi "uniformes de camuflaje, miras telescópicas, binoculares de visión nocturna y otros materiales descriptos como equipo de "seguridad" en los registros de la CAP", utilizados, claro, contra el pueblo palestino (Newsweek, 2–5–05). Cuando Abramoff comenzó a ser investigado por el FBI, Ben Zvi se apresuró a negar que lo conociera. Después de todo, dirige una institución educativa en Beitar Illit, sólo que de ella salen francotiradores. He aquí cómo el dinero de indígenas de EEUU puede terminar en Israel.

Un Abramoff de rostro angustiado ilustra la tapa del Newsweek del 9 de enero con la leyenda "El hombre que compró Washington". Pero él es apenas un emergente de la vieja simbiosis de corrupción y política que impera en EE.UU. Por una puerta giratoria, ex funcionarios del gobierno pasan a ser cabilderos y viceversa. Un estudio del CPI precisa que más de 2200 ex funcionarios y directores de organismos federales –un 10 por ciento del gremio– se registraron como lobbistas en el período 1998–2004, entre ellos, 175 ex representantes del Congreso y 34 ex senadores. Son indispensables para las agencias del ramo: conocen a los que deciden y los vericuetos del Poder Legislativo, también del Ejecutivo, y procuran cambiar o distorsionar las leyes que ellos mismos aprobaron.

Otros pasan del "lob al gob". La Casa Blanca integró a 92 cabilderos en los equipos de asesores que conformó en los años 2000 y 2001 y muchos fueron destinados a las mismas áreas de gobierno que "trabajaron" para beneficio de empresas que les pagaban millones de dólares. Sentados al otro lado de la mesa, no cambian en realidad de oficio.

Opereta republicana

Revista Semana, Bogotá

Jack Abramoff, un oscuro personaje que alardeaba de ser como el "Padrino" de la película, tiene en vilo a la clase política norteamericana. El escándalo de tráfico de influencias en el Congreso norteamericano podría dar al traste con la mayoría del partido de gobierno en las elecciones de noviembre.

El cantante más escuchado en Washington en estos días no es ninguno de los tres tenores, sino un personaje llamado Jack Abramoff. El antiguo zar de los cabildeantes de la capital norteamericana está revelando, y no en sotto voce, sino fortissimo, sus actividades ilegales, que traspasaron los límites del cabildeo o lobby, una actividad perfectamente legal, para pasar a un tráfico descarado de influencias que se ha llegado a llamar la compraventa de la democracia. No canta por su propia voluntad, sino por un acuerdo judicial para cambiar por una sentencia de 10 años lo que habría sido una vida tras las rejas, por fraude, evasión fiscal y conspiración para sobornar funcionarios públicos.

Para muchos observadores, se trata del escándalo parlamentario más grande del que se tenga memoria en Estados Unidos. En el pasado se han presentado situaciones similares, pero siempre relativamente aisladas. En este caso, Abramoff estaba en el centro de una red de tráfico de influencias de grandes proporciones, con ramificaciones de un alcance aún no conocido del todo. Se dice que al menos 60 congresistas tendrán problemas legales cuando Abramoff termine de testificar.

En términos generales, el escándalo es un fuerte golpe a la credibilidad de la clase política gringa, que en una reciente encuestas de The Washington Post y ABC News mostró que el 44 por ciento de los norteamericanos cree que los legisladores son deshonestos. Y en concreto, podría dar al traste con la dominación republicana del Congreso, inaugurada en 1994. O sea que se convertiría en un nuevo salmo en la ya larga letanía de reveses políticos del segundo gobierno de George W. Bush.

En efecto, en noviembre próximo los norteamericanos elegirán la totalidad de los 435 miembros de la Cámara de Representantes y un tercio de los 100 senadores. Y aunque hay algunos demócratas involucrados, las revelaciones del lobbista afectarán principalmente a decenas de congresistas del partido del Presidente. De hecho, Tom DeLay, el ex líder de la mayoría de la Cámara, que renunció a la posición por otro escándalo de financiación de campañas, y quería recuperar su puesto, anunció la semana pasada que renunciaba a esa aspiración.

Docenas de parlamentarios, en especial republicanos, tratan desesperadamente de distanciarse de Abramoff. Desde el líder de la mayoría del Senado, Bill Frist, hasta el presidente de la Cámara, Dennis Hastert, y el propio presidente George W. Bush, están donando a instituciones de caridad dineros recibidos de Abramoff, en un intento por desligarse del asunto. Y ya se habla de cortar por lo sano mediante varios proyectos para reglamentar, de urgencia, la actividad del cabildeo.

El modus operandi de Abramoff, quien solía hacer millonarias invitaciones a los congresistas y a funcionarios del Ejecutivo a hacer viajes pagos a Escocia a jugar golf en campos exclusivos, invitaciones a restaurantes de lujo y jugosas donaciones a las campañas, se basaba en una intrincada red de influencias cruzadas, muchas veces de intereses contrapuestos, que resultaban en el bloqueo de leyes que fueran en contra de los intereses de sus clientes, o en la adopción de medidas que les favorecieran. En suma, Abramoff sacaba grandes sumas de dinero a los interesados, de las cuales buena parte quedaba en sus arcas, mientras el resto era lavado a través de organizaciones supuestamente sin ánimo de lucro de propiedad de sus parlamentarios amigos, y muchas veces para financiar causas de su interés, como la compra de armas y el entrenamiento para los colonos israelíes en la franja de Gaza. Y todo ello sin que los supuestos clientes, o víctimas, tuvieran la menor posibilidad de saber si su dinero había conseguido o no el objetivo propuesto.

Lo más curioso es que Abramoff no está preso por sus actividades de tráfico de influencia, sino precisamente por fraude. En su confesión admitió haber esquilmado por decenas de millones de dólares a cuatro tribus indígenas norteamericanas: los Coushatas, de Luisiana; los Choctaus, de Misisipí; los Saginau Chipewas de Michigan, y los Tigua de Texas.

Las tribus habían contratado a Abramoff para que representara sus intereses en el Capitolio en relación con su negocio de casinos de juego. El lobbista les indicó que hicieran donaciones a ciertos políticos, y les recomendó que contrataran a Michael Scanlon, un ex ayudante de Tom DeLay, como publicista. Pero no les dijo que Scanlon era su socio de negocios, ni que, en algunos casos, los dos estaban trabajando por los intereses de grupos directamente opuestos a las tribus. En 2002, por ejemplo, representaron a grupos de conservadores religiosos para convencer al estado de Texas de cerrar el casino de Standing Rock, de los Tigua, mientras les cobraban a éstos 4,2 millones de dólares para usar su influencia en el sentido contrario.

Abramoff comenzó su carrera en los años 80, cuando era un estudiante universitario y se convirtió en el presidente de los College Republicans, un grupo oficial del partido que promovió programas como "Adopte un contra", para ayudar a las guerrillas derechistas a combatir al gobierno sandinista de Nicaragua, en contacto con el célebre coronel Oliver North, el mismo del esquema de venta de armas a Irán y de tráfico de cocaína para financiar a los contras. En esa época trabajó con el régimen racista de Suráfrica para crear la "National Freedom Foundation" (Fundación Internacional de la Libertad), para "demonizar" a Nelson Mandela. Incluso llegó a apoyar a la guerrilla derechista de Jonás Savimbi en Angola en la organización de una "convención" de fuerzas anticomunistas con las de Laos, Nicaragua y Afganistán.

A mediados de los 90 se convirtió en un lobbista de tiempo completo, cuando estableció una estrecha relación con DeLay. Su maquinaria fue creciendo, así como su ambición, mientras conseguía el mayor portafolio de clientes de la historia del cabildeo en Washington, entre los cuales los más mencionados del escándalo han sido, además de las tribus, varias firmas rusas de petróleo y gas. Abrió dos restaurantes de alto lujo en Washington, para sacar partido de las invitaciones por partida doble, compró una flota de barcos casino para operar en Florida (en conexión con las cuales hay un asesinato sin resolver), produjo dos películas de Hollywood y se vinculó con el llamado "Proyecto de la calle K", en el que se congrega la mayoría de los lobbistas de Washington, que buscaba consolidar la actividad de recepción de dineros para el Partido Republicano y destinado a perpetuar su dominación del Congreso.

Pero, como suele suceder en estos casos, la ambición rompió el saco. Para los expertos, Abramoff representaba el tipo de influencia que se desarrolló en el Capitolio desde cuando el Partido Republicano se tomó la Cámara de Representantes, hace 11 años. Los comentaristas demócratas, los más entusiastas, dejan de lado que algunos de su partido resultaron untados. Para ellos, el escándalo Abramoff demuestra que en el régimen republicano la influencia política está a la venta y eso explica que los fanáticos de extrema derecha hayan podido imponer agendas que habrían sido rechazadas por la gente del común. Un diagnóstico pésimo para la mayor democracia del mundo.

Bush puede haber superado a Nixon

Por David Brooks, diario La Jornada

Una caricatura editorial del Baltimore Sun exhibe al presidente George W. Bush argumentando que el espionaje doméstico que autorizó no daña las libertades civiles, protege a la nación, y afirma que desde que ordenó este programa no ha ocurrido un atentado terrorista... por parte de Greenpeace, PETA (grupo de defensa de los derechos de los animales), el Grupo de Trabajadores Católicos y opositores a la guerra.

Estas agrupaciones civiles mencionadas por el caricaturista KAL, entre otras, han sido objeto de programas de espionaje realizados por el gobierno de Bush, con la justificación de defender la seguridad nacional. El espionaje doméstico se lleva a cabo por la Agencia de Seguridad Nacional, el Pentágono y hay evidencia de que la "inteligencia" se comparte entre por lo menos cuatro o cinco agencias más dentro del gobierno, informó The Washington Post. Nadie sabe cuántos ciudadanos u organizaciones han sido vigilados, pero la divulgación del espionaje doméstico sin supervisión judicial por el gobierno de Bush ha despertado grandes inquietudes, ecos de los tiempos de Nixon, y ha resucitado la visión orwelliana de Big Brother.

Aunque el espionaje doméstico del gobierno sobre sus ciudadanos y extranjeros no es nada nuevo, ni es en sí ilegal, a raíz de graves abusos de este poder en los 60 y 70 en este país se promulgaron leyes que establecen normas y procedimientos legales para limitar y supervisar dichas acciones, incluyendo el requerimiento de solicitar autorización judicial para intervenir comunicaciones electrónicas de personas.

Cuando The New York Times reveló, el 16 de diciembre, que el presidente Bush había autorizado a la Agencia de Seguridad Nacional y otras entidades el espionaje doméstico sin orden judicial, estalló otro escándalo en torno a los abusos del Poder Ejecutivo con la justificación de la "guerra contra el terrorismo".

Todo esto ha generado una controversia entre legisladores, grupos de defensa de derechos y libertades civiles y el gobierno sobre la legalidad de estas actividades. El viernes pasado, la primera investigación oficial no partidista sobre el asunto concluyó que la justificación presidencial parece carecer de bases legales. La agencia del Congreso, el Congressional Research Service o CRS, entidad que realiza investigaciones sobre asuntos y temas a solicitud de legisladores, emitió un informe en el cual concluye que las bases legales de justificación de Bush para intervenir comunicaciones de estadounidenses sin autorización judicial son dudosas, en particular en lo que se refiere a que el Congreso otorgó ese poder al presidente al autorizar poco después del 11–S "toda fuerza necesaria y apropiada" contra los responsables de los atentados, el eje del argumento del ejecutivo. Ese otorgamiento legislativo, afirma la investigación del CRS, "no parece haber autorizado el espionaje".

Este lunes el tribunal federal secreto que supervisa las actividades del gobierno en casos de espionaje y terrorismo, ha programado una audiencia clasificada con altos funcionarios del Departamento de Justicia y de agencias de inteligencia para evaluar por qué el gobierno de Bush piensa que tenía autoridad para ordenar las intervenciones de comunicaciones sin orden judicial de este mismo tribunal, informó The Washington Post el jueves. Los 11 jueces del Tribunal de Vigilancia de Inteligencia del Extranjero desean saber si el gobierno de Bush empleó inteligencia del programa para obtener otras autorizaciones de este tribunal sin haber divulgado el origen de esa inteligencia. Uno de los jueces de este tribunal secreto renunció al cargo en protesta, poco después que se reveló la existencia del programa, a mediados de diciembre.

De hecho, hay indicaciones de que varios altos funcionarios del gobierno de Bush habían expresado sus dudas sobre la orden presidencial autorizando el espionaje interno sin autorización del Poder Judicial y que el mismo presidente estaba enterado de que su orden podría no ser legal.

Bush y sus funcionarios, en público, rechazaron que el gobierno pudiera actuar sin autorización judicial en casos de espionaje doméstico. La organización Friends Comittee on National Legislation recuerda que Bush declaró el año pasado que "en cualquier momento que escuchen que el gobierno de Estados Unidos hable de intervenciones (de comunicación), eso requiere una orden judicial. Nada ha cambiado". Cuando el Presidente declaró eso el 20 de abril de 2005, no solo había autorizado el programa de espionaje interno, sino que lo había renovado varias veces desde que lo aprobó en 2002.

Cuando Bush fue obligado a reconocer la existencia del programa, primero lo justificó como esencial para "proteger al país" y que era un programa legal, ya que contaba con la autoridad otorgada por el Congreso para hacerlo como "comandante en jefe" en "tiempos de guerra". Acto seguido, Bush y su equipo atacaron al mensajero. El presidente acusó a los que revelaron el programa de haber cometido un acto grave que solo beneficiaba al enemigo, y ordenó una investigación criminal sobre la filtración de la información The New York Times.

John W. Dean, quien fue asesor legal del presidente Richard Nixon, escribe que Bush, al igual que Nixon, autorizaron intervenciones telefónicas ilegales, y que ambos lo justificaron de la misma manera: que un presidente tiene el poder de superar la leyes del Congreso para proteger la seguridad nacional. Sin embargo, como entonces, Dean subraya que "no puede haber duda seria de que la intervención sin orden judicial, en violación de la ley, es una ofensa suficiente para la destitución" de un presidente, y recuerda que entre las acusaciones formales en el proceso a Nixon estuvo la intervención ilegal de comunicaciones. "De hecho —agrega— Bush podría haber superado a Nixon".

Dean, escribiendo en FindLaw, concluye con una advertencia: Al actuar sin aprobación del Congreso, Bush ha subrayado que su presidencia opera sin freno; en la perspectiva de él y sus abogados, totalmente más allá de la ley. Ahora que ha enfocado los poderes impresionantes de la agencia de Seguridad Nacional sobre los estadounidenses, ¿cuáles poderes asumidos empleará Bush próximamente? ¿Y cuándo —si algún día— descubriremos nosotros, y el Congreso, que los está empleando?. (Tomado de La Jornada, México

El mundo es en blanco y negro

Por Dee Dee Myers, analista política, comentarista y ex secretaria de prensa de la Casa Blanca durante el gobierno de Clinton. Fragmentos. Publicado por The Guardian. CubaDebate

George Bush está hablando nuevamente y yo no tengo la más mínima idea de qué es lo que está diciendo. No es que esté mutilando su sintaxis. Eso es normal. Y si bien es tan gracioso como desconcertante, en general creo saber lo que él quiere decir (aunque debo confesar que quedé perpleja al escuchar la frase "cada vez más nuestras importaciones provienen del exterior").

Bush está hablando sobre Iraq, lo cual siempre crea confusión en personas como nosotros, a quienes nos gustan que las palabras se correspondan con los hechos. Está diciendo que "no aceptará ninguna otra cosa que no sea una victoria total". Y me pregunto ¿qué diablos significa una victoria total? ¿Significa acaso que grandes cantidades de soldados estadounidenses permanecerán allí hasta que Iraq sea una democracia plenamente funcional, con una economía dinámica y la voluntad política para contribuir a expandir la libertad por todo el Oriente Medio? Eso pudiera demorar aproximadamente cien años. ¿O es que acaso significa que nos quedaremos allí hasta tanto alistemos a los oficiales y efectivos policiales suficientes para poder decir seriamente que ellos pueden ocuparse de su propia seguridad? Eso pudiera significar una reducción significativa en el número de efectivos, en el momento oportuno para evitar una derrota total en las elecciones parciales del próximo año. Simplemente no lo sé.

Pero este es un sentimiento que me es familiar. Creo saber el significado de algo, hasta que lo escucho en boca de George Bush.

Mis problemas con las palabras de Bush comenzaron desde mucho antes. Cuando se postuló para presidente en el año 2000, Bush dijo ser un "conservador compasivo". Creí que entendía el significado de compasión y de conservadurismo por separado, pero al unir ambos vocablos bien pudiera producirse una fusión en frío, un concepto que, debo confesar, no acierto a comprender. Cinco años después, aún estoy tratando de darle vueltas al asunto. Me imagino que la reducción de los impuestos sobre los ingresos, las propiedades y las ganancias capitales sean la parte compasiva, ya que estos recortes realmente han ayudado a los ricos, quienes pasaron tiempos muy difíciles durante los años del gobierno de Clinton. O quizá esa sea la parte conservadora, porque estoy absolutamente segura de que el hecho de añadir 2,4 trillones de dólares a la deuda nacional no lo es. "Unidor" es otra palabra que me causa problemas. Bush dice que es uno de ellos. Garantizado: hizo una campaña encaminada a dividir el país, ¿pero quién podría culpar a un hombre de querer ganar? Mucho antes él había decidido que se olvidaría de la creación de un consenso amplio para su segundo mandato. Ese tipo de discurso es para los afeminados como John Kerry. Bush quería una victoria apretada, el 50 por ciento más uno y eso fue lo que consiguió. Pero después de las elecciones dijo que quería ser el presidente de todos, incluso de los tontos que no votaron por él. Y nos acogió simplemente para que cambiáramos de opinión y que todos pudiéramos estar de acuerdo. Fue algo muy generoso de su parte.

Mi lista de palabras y conceptos que se prestan a confusión crece por día. La palabra "competencia" está en la lista. George Bush nos prometió que era el primer presidente Licenciado en Administración de Empresas, y que dirigiría la Casa Blanca con una eficiencia a toda prueba. Y es muy reconfortante oírle decir que desde Iraq hasta Nueva Orleans, el gobierno está haciendo "un trabajo fenomenal". Ídem para la tortura. El Presidente dice que Estados Unidos no tortura. Vaya, qué alivio. Si tan solo pudanancias récord, mientras que los consumidores estadounidenses enloquecen ante los incrementos récord de los precios del petróleo.

Quisiera poder tener la capacidad que tiene Bush para mandar a callar todas esas voces que tengo en mi cabeza. Quizá necesite imitar su mirada estrábica; sin dudas parece haber tenido el efecto deseado en las agencias de prensa. Yo también quiero creer que el mundo es en blanco y negro, que todos los problemas tienen soluciones simples, y que las dudas son para los débiles y los pusilánimes. Yo también deseo ignorar la complejidad y reír ante hechos contradictorios. Yo también deseo tener nuevamente 14 años.

2005: colapso de la autoridad de Bush

Por Immanuel Wallerstein, diario La Jornada. Traducción de Ramón Vera Herrera

No importa lo que uno piense de la política de George W. Bush, no hay duda de que, al inicio de 2005, había llegado al pináculo de su autoridad. Se acababa de relegir y el Partido Republicano controlaba ambas cámaras del Congreso. De hecho, los republicanos habían podido derrotar al líder de la previa mayoría demócrata en el Senado. Bush interpretó esto no sólo como validación de su invasión a Irak, sino una autorización para continuar con su muy conservador programa económico: la renovación de los recortes fiscales que expiraban, un destripamiento del programa de seguridad social, la perforación en busca de crudo en Alaska y, en general, una reducción de las medidas protectoras ambientales, para empezar. Afirmó que iba a implementar el mandato que sentía había obtenido. La disciplina republicana era muy fuerte y Bush controlaba las señales.

Más aún, los demócratas estaban profundamente divididos en torno a si el resultado tan pobre para ellos en las eleccionesse debía a que se habían movido muy a la izquierda o muy a la derecha.

El primer punto de vista era más fuerte entre los demócratas del Congreso. Así que Bush sentía que podía contar cuando menos con algunos votos demócratas para sumarlos a su sólido y unificado bloque republicano, en el momento de aprobar cualquier legislación que él favoreciera.

Un año después, todo esto ha cambiado y el cambio es radical. Casi ninguna de las leyes que estaban en la lista de Bush fue aprobada, y es muy poco probable que las aprueben el año venidero. Su inquebrantable bloque republicano hoy está hecho trizas. Los llamados moderados han roto la disciplina. Pero también lo hicieron las dos alas derechas, los ultraconservadores fiscales y la derecha cristiana. Los demócratas tienen ahora la disciplina que anteriormente mostraban los republicanos, de modo que los republicanos de ruptura les han permitido ganar votaciones muy cruciales en una de las cámaras del Congreso o en la otra, pero especialmente en el Senado. Los índices de las encuestas de opinión para Bush están muy bajos. Los republicanos que están en favor de la relección le piden al mandatario que no haga campaña por ellos. Y al final de 2005, algunos congresistas demócratas han comenzado a hablar de impugnación. Aun Bush, por vez primera, ha comenzado a admitir que podría haber cometido algunos errores menores durante su presidencia.

Cuando miramos el corazón de su política mundial –Irak– lo vemos luchando desde una posición de retaguardia contra la enorme presión en pos de que haga recortes y se retire, presión que viene del interior de Estados Unidos, de los iraquíes y, por supuesto, del resto del mundo. El presidente del Joints Chiefs of Staff estadunidense ha dicho que sabe que la mayoría de los iraquíes quiere la retirada de las fuerzas estadunidenses. Aunque Bush se niega neciamente a fijar un calendario para la disminución de las tropas, ésta es una fachada que cubre el hecho obvio de que Estados Unidos y todos sus aliados intentan retirar números significativos de tropas en 2006, mucho antes de que Bush fije la línea base, el punto en que las fuerzas del gobierno iraquí puedan lidiar militarmente con las milicias de la resistencia iraquí.

¿Qué ocurrió en 2005 que explica ese viraje en la fuerza política de Bush? Casi todo lo que cambió ocurrió en el interior de Estados Unidos, aunque contribuyeron sucesos del resto del mundo. Hubo cinco cosas que transformaron la atmósfera política en Estados Unidos. Ninguna de ellas habría sido así de dañina, pero los sucesos se acumularon y se combinaron para formar una piedra que rueda, que está juntando fuerza y que tendrá efectos en 2006.

El primero y más obvio es el asunto de la cifra de bajas en Irak, que crece constantemente, mientras que no hay indicio alguno de que la resistencia se debilite. Un cartón político en un periódico de Nueva Delhi hace eco de lo que todos sienten. Muestra a un enorme cocodrilo rotulado "insurgencia" cuyas fauces las abre con dificultad un soldado con el letrero "tropas estadunidenses". Junto a él hay una persona pequeña rotulada "fuerzas iraquíes". El soldado estadunidense dice al iraquí: "Más vale que crezcas rápido y asumas el control". No mucha gente en Estados Unidos pensaría ahora que esto es probable y muchos piensan que Estados Unidos debería detener el sacrificio de aún más vidas.

La segunda fue la enorme catástrofe de Katrina, que reveló el nivel de incompetencia y la indiferencia social del gobierno de Bush, algo que hizo que la mayoría de las personas tragara aire. Sintió que era necesario prometer que el gobierno haría algo para reparar el daño y presionó al Congreso para que adoptara un costoso programa. Esta fue la paja que molestó a los conservadores republicanos en lo fiscal, que desde hace mucho desfallecen ante el creciente nivel de gasto estadunidense con un presidente que en teoría estaba comprometido a mantener chico el tamaño del gobierno.

La tercera cuestión fue la ineptitud de Bush con respecto a lo que podría ser su único logro, nombrar jueces conservadores en la Suprema Corte de Justicia. El fiasco en el caso Harriet Miers presionó a la derecha cristiana que retiró su respaldo automático al régimen. Es seguro que no tiene más alternativa que Bush, pero ahora que se halla en problemas, nadie se apresura en apuntalar su posición. Ya no confían en él.

Luego vinieron las acusaciones a Lewis Libby por el intento de dañar a Joseph Wilson por exhibir las mentiras flagrantes asociadas con las supuestas armas de destrucción masiva en Irak (la justificación principal de la invasión). De Tom DeLay, el anterior líder de la mayoría de la Cámara, a quien se acusó de violar leyes como parte de sus esfuerzos por garantizar una mayoría republicana en la Cámara de Representantes. Y de Jack Abramoff, el operador que era parte de la red de DeLay destinada a comprar votos en el Congreso. Además, está pendiente la posible acusación de Karl Rove, principal asesor político del presidente, y de Bill Frist, líder de la mayoría republicana en el Senado.

Todos los regímenes políticos se avergüenzan de esta clase de acusaciones, pero ocurrieron muchas en un corto intervalo, e implican a personas clave.

Finalmente, sin embargo, son los actos ilegales los que pueden hacer que Bush caiga en lo personal. No es extraño que los presidentes de Estados Unidos afirmen sus potestades "inherentes". Sin embargo, la combinación de los instintos personales de Bush y las intenciones deliberadas de Cheney de inflar los poderes de la presidencia conducen a una forma inusualmente exagerada de tales reivindicaciones. Bush empezó dando órdenes secretas en 2001, que permitieron la tortura (aunque él no le llame así) y la intervención telefónica de los ciudadanos estadunidenses, en franca violación de leyes bastante explícitas. Conforme esto salió a la luz, la defensa fue triple: el presidente tiene tales poderes "inherentemente"; la Ley Patriota de 2001 más la resolución del Congreso en la resaca del 11 de septiembre, las condonaron "implícitamente"; las "reglas" cambiaron ante la nueva amenaza del "terrorismo".

Inicialmente tanto el Congreso como los medios aceptaron estos argumentos negándose a hacer objeciones públicas. El escándalo de Abu Ghraib causó un primer desasosiego público, que creció de manera constante. En 2005, el senador McCain, quien sufrió como prisionero de guerra durante cinco años y sabía las consecuencias, condujo una revuelta abierta y logró que el Congreso adoptara una resolución prohibiendo ese tipo de tortura, por sobre la fuerte –pero a fin de cuentas ineficaz– oposición del gobierno de Bush.

Luego alguien filtró la historia de las intervenciones telefónicas, donde el gobierno no quiso siquiera usar el bastante fácil camino legal de acudir ante una corte especial y secreta para obtener autorización.

Lo que hay que resaltar no es que haya ocurrido, sino que alguien se sintió inclinado a filtrarlo, y la prensa se aprestó a informarlo. Así fue como cayó Richard Nixon.

Si las cosas fueran bien en otras partes, Bush podría sobrevivir. Pero las cosas no van bien para Estados Unidos en otras partes; ni en Medio Oriente ni América Latina ni en Europa, y no van bien en Asia. Las elecciones se avecinan en Estados Unidos y Bush no está contento para nada.

De ángeles y de bestias

Por Germán Bustillo, Revista Cambio, Bogotá. Este profesor colombiano mete baza en el debate abierto en Estados Unidos, a propósito de la teoría del diseño inteligente, vieja discusión entre la ciencia y la Biblia.

De un tiempo para acá se ha vuelto a encender en Estados Unidos un viejo debate que concita hoy a grandes núcleos de la opinión norteamericana. Los elementos, en esencia, son los mismos de aquellos tiempos de 1925, cuando en Dayton, Tennesee, fue acusado ante los tribunales el profesor John Scopes, en un cacareado juicio conocido como el proceso del "mono", por enseñar a sus alumnos las teorías darwinianas, en abierto desafío a las leyes de ese Estado que imponían la enseñanza bíblica creacionista.

El debate hacía eco a otro que, muy entrado el siglo XIX, logró llegar hasta el mismo parlamento inglés en tiempos de Disraelí, cuando el evolucionismo hacía grandes avances en los medios académicos, y al que el propio Disraelí quiso ponerle punto final, más preocupado como estaba por la expansión y grandeza del imperio, que por estos tópicos, para él notoriamente bizantinos, que resbalaban en su mente de estadista pragmático. "Frente a los que sostienen nuestra descendencia humana por el lado de las bestias –afirmaría– les digo que yo tomo el partido de los ángeles".

Sin embargo aquí estamos, en pleno siglo XXI, con análogo debate, y en los Estados Unidos, nada menos. Todo ello a pesar de que la enseñanza del creacionismo que defendían los cristianos más severos, haya sido proscrita de las cátedras públicas por decisión del Tribunal Supremo, que la declaró inconstitucional hace ya algunos años, como ahora se nos recuerda, a propósito de una teoría bautizada como del "diseño inteligente".

Vale la pena preguntarse por qué se renuevan estas polémicas, de hecho recurrentes de tiempo en tiempo, en especial cuando pudiera parecer que todo en estos campos de las ciencias estaría ya fallado a favor de una comprensión positivista, material, o con una notoria inmanencia de la realidad, la cual excluiría como necesariamente ilegítima, en cualquier sentido, toda idea de trascendencia o apelación a lo divino como causa primera y última del universo. Si ello es así habría que desechar solamente como cosa de lunáticos de la peor laya a quienes contrariasen los rígidos cánones de una ciencia y de un método científico que ni por asomo pueden aceptar especulaciones filosóficas y mucho menos de signo religioso en estos dominios.

Y ello es rigurosamente cierto por principio, en aras de la objetividad tan celosamente defendida. Pero esto no ha impedido que precisamente quienes tienen la misión de hacer la ciencia hayan emitido opiniones que reflejan el sentimiento particular de asombro que los embarga, al contemplar la riqueza infinita y la complejidad manifiesta de un entorno que conmueve la inteligencia.

Cuando Disraeli se declaró partidario de ángeles y no de bestias, el debate ya estaba planteado.

Dicho diálogo ha originado desde hace muchos años toda una metafísica de distintos signos, porque está lejos de ser uniforme, y en ella encontramos el concepto de divinidad que tenía Einstein, que era el mismo del Dios panteísta y pantónomo del filósofo Spinoza, es decir, el de una realidad que por su diversidad y complejidad era "divina" en sí misma, especialmente por la armonía que en todo aspecto proyectaba. La del físico teórico inglés Hawking, el de la muy vendida Historia del tiempo, para quien "el Universo se halla realmente autocontenido, sin principio ni final". La de Werner Heisenberg, el de Más allá de la física (BAC Madrid) cuya idea de una intervención divina campea en todas sus páginas, en la misma dirección trascendente de Max Planck, Sommerfeld, de Pascual Jordan, el físico autor de la obra El hombre de la ciencia ante el problema religioso (Ed. Guadarrama), de un Jeans, quien no tuvo reato en afirmar, después de la revolución que conllevó la física contemporánea, que "el Universo empieza a parecerse más a un gran pensamiento que una gran máquina" (J. M Riaza, Ciencia moderna y filosofía, BAC).

Todas estas posiciones tienen en el mundo científico (no en la ciencia misma) infinidad de defensores y epígonos, tal y como hemos dicho, de múltiples pelambres filosóficos, pero el ethos de la ciencia exige que no se mezcle la lectura de la realidad con el sentimiento personal o con la relectura casi inevitable, que como seres pensantes y permanentemente cuestionados, acostumbran a hacer los hombres de ciencia, y que si consciente o inconscientemente se va por ese camino, se distinga una cosa de la otra, que fue lo que hizo en Bogotá, el Nobel de Física paquistaní, Abdus Salam, en entrevista concedida en la Universidad de los Andes, recogida por Antonio Cruz Cárdenas para El Tiempo del domingo 27 de enero de 1980, al contestar a la pregunta de si el universo tuvo un comienzo:

"Hablamos con los experimentos y ellos nos dicen, hasta ahora que sí. Pero más atrás de aquella décima de segundo y hasta el punto cero en el tiempo, es una conjetura. Einstein gastó 35 años de su vida en demostrar la unificación de las interacciones fundamentales. Estaba en el camino. Hoy pensamos que el elemento luz es mucho más de lo que jamás se pensó o se intuyó. Algo más extenso y general. Algo que, según nosotros, nos lleva a la unificación. Al final del proceso intelectual hallamos que todo es la luz. Quizá las palabras de la religión sean mucho más profundas de lo que imaginamos… pero esto último es una apreciación muy personal".

Bien decía Platón que la filosofía era hija de Taumante, la divinidad del Asombro.

En la actualidad, esta relectura de los hechos científicos tan prolija en polémicas diversas, se ha dejado sentir en el campo de la biología molecular, de donde ha surgido la mal llamada teoría del "diseño inteligente", piedra de escándalo en los Estados Unidos. Sus defensores afirman que en las coordinaciones específicas dentro de los programas de conjunto que se dan en estos campos tan complejos de los genes, todo estaría reclamando un autor divino. La programación como epílogo biológico reclama un programador, un diseñador inteligente.

Aquí estamos de nuevo, y con inusitado énfasis, en una relectura o interpolación de la investigación científica que no puede recibir epistemológicamente el nombre de teoría, porque más que esto, es una manera de ver las cosas, todo lo coherente que se quiera, pero con una muy latente metafísica que salta a la vista, tan análoga a la expresada por dos biólogos neodarwinistas como Jacob en su Lógica de lo viviente y Monod, en Azar y necesidad, para quienes los procesos vitales no serían otra cosa que el resultado de un azar ciego, y de una necesidad que se repite también inexorablemente, aunque a ratos se aleja de esta regularidad y se producen mutaciones asombrosas como las de la vida y el hombre.

Estas posiciones biológicofisiológicas han venido sosteniendo un forcejeo académico hace ya muchos años, tienen en el mundo profano sus respectivos partidarios, y lógicamente son susceptibles de ser utilizadas políticamente respondiendo a las respectivas plataformas y principios ideológicos que informan el debate político, y pueden, como es obvio, reclamar la libertad de información y de conciencia, y su legítimo derecho a ser discutidas en los foros y cátedras académicas, aunque no como materias propias del pénsum oficial, sino en una cátedra muy libre que bien podría llamarse Cátedra del Asombro. Recuérdese que Platón decía que la filosofía como aspiración al supremo saber, era hija de Taumante, la divinidad del Asombro.

Retorna el debate mediático sobre el «Islam»

Análisis de Red Voltaire

Las interrogantes sobre el Islam, que se han desarrollado con la generalización de las representaciones producidas por la ideología straussiana del «Choque de Civilizaciones» y que vienen a añadirse a otras más antiguas surgidas del imaginario colonial o de guerras pasadas libradas, de manera oficial, en nombre de la fe, son tema recurrente en la prensa «occidental» desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.

En primer lugar, la prensa atlantista presenta al Islam como otro. Describir esta alteridad es también, y en primer lugar, decirse a sí mismo. La palabra «Islam» designa una religión a la que cada cual es libre de adherirse. Pero también designa una cultura, necesariamente exótica, de forma tal que convertirse a esta religión equivale a traicionar su propia cultura o a abandonar la civilización. La alteridad del Islam define, por oposición, el universo del autor: es «Occidente». La palabra por sí sola basta para resucitar los fantasmas de la Guerra Fría. Antes Occidente se oponía al Este, al mundo soviético. Hoy, se opone a Oriente, al mundo musulmán. Este Occidente, que no es musulmán, se declara «judeocristiano». También en este caso estamos ante una expresión barroca que designaba hace sólo unas décadas a los primeros cristianos anteriores a la ruptura con la Sinagoga y que más tarde –favorecida por la Guerra Fría– tomó el sentido de alianza entre judíos y cristianos ante el comunismo ateo. Y resulta que ahora, olvidando la historia tormentosa del Mediterráneo, se impone el prejuicio de que judíos y cristianos forman un todo del cual quedan excluidos los musulmanes.

Por otra parte, la prensa atlantista sólo concibe al Islam a través del conocimiento que tiene del Maghreb. Realizando un gran esfuerzo, integra a todas las poblaciones árabes y persas mas ignora que la mayoría de los musulmanes del mundo contemporáneo no son ni árabes ni persas. La única manera en que admite a Turquía en el seno de la OTAN es convenciéndose de que el país sigue controlado por militares kemalistas aliados de Israel y cierra los ojos ante la existencia de los Balcanes o de Bosnia Herzegovina. El Islam es por lo tanto una religión de «inmigrados» cuya vocación es «integrarse», es decir, desaparecer dentro de otra masa.

Sobre todo, para la prensa atlantista, la normalización del Islam exige su división interna y el triunfo de los moderados sobre los extremistas. Este enfoque permite echar la responsabilidad de la violencia sobre las espaldas del otro: el terrorismo no es el resultado de la agresión colonial de la Coalición que bombardea a poblaciones civiles sino del extremismo de los musulmanes que le oponen resistencia. Sin embargo, la realidad es muy diferente, como escribía en nuestras columnas el cineasta y periodista Tariq Ali: «Si no hubiera petróleo en las tierras islámicas no habría choque de civilizaciones».

Por lo general, esta representación mediática del Islam aparece diluida en artículos, tribunas o entrevistas que abordan otros temas relacionados, con razón o sin ella, con esta religión. En las últimas semanas nos sorprendió la multiplicación de textos que abordan directamente la situación del Islam en estos momentos y su vínculo con sus extremistas sin que existan lazos aparentes con la actualidad inmediata. Podríamos emitir la hipótesis de que este repentino resurgimiento mediático es el signo manifiesto de debates internos en los círculos atlantistas. Para legitimar que se recurra a la guerra en la depredación de las zonas petroleras que aún no han alcanzado volúmenes pico de producción fue necesario deshumanizar a las poblaciones víctimas satanizando su religión. Sin embargo, en la actualidad, los alumnos de Bernard Lewis en Washington consideran que la única manera de controlar al mundo árabe–musulmán es con el apoyo de grupos autoritarios, es decir, de cofradías fundamentalistas, según el modelo de la antigua dominación británica en estas regiones. Por consiguiente, los orientalistas se entregan a diversas contorsiones intelectuales para rehabilitar en los medios de comunicación aquello que ayer condenaban.

Una tribuna del diputado islamista sirio (pero no Hermano Musulmán) Mohammad Habash es ampliamente difundida porque expone el carácter marginal de los musulmanes «radicales» en el mundo islámico. Su texto, divulgado por primera vez por la agencia Project Syndicate, ha sido publicado por el Korea Herald (Corea del Sur), el Taipei Times (Taiwán), el Daily Times (Pakistán), El Nuevo Diario (Nicaragua), el Daily Star (Líbano) y La Libre Belgique (Bélgica), y no cabe duda de que en otros diarios que escaparon a nuestra atención. El autor trata de demostrar, a partir de un sondeo realizado por el Centro de Estudios Islámicos de Damasco bajo su dirección, que si bien el Islam en el Medio Oriente es conservador no debe ser por ello asociado al terrorismo. Según sus investigaciones, calcula que el 80% de los musulmanes de la región pueden ser considerados conservadores pero que los radicales violentos sólo constituyen el 1%. Afirma que dicho radicalismo es el fruto de la desesperación, hipótesis compartida por los autores atlantistas que recurrieron a ella para justificar cambios de régimen al afirmar que las dictaduras en los países musulmanes provocaban como reacción el terrorismo. Sin embargo, el autor se distancia de este enfoque al colocar en el mismo plano al régimen de Sadam Husein y al régimen de ocupación, y después porque no habla del supuesto «terrorismo internacional», sino de combates particulares.

Este punto de vista es ampliamente divulgado, mucho más por cuanto la prensa mainstream se hace eco masivamente de los llamamientos a favor de la unión de los musulmanes moderados y de los «occidentales» contra los islamistas radicales; retórica que, despreciando la historia, plantea explícitamente que los «occidentales» son moderados por naturaleza y asocia creencia (los musulmanes moderados) a alianza militar (los «occidentales»).

En el Wall Street Journal, diario económico neoconservador, Abdurrahman Wahid, ex presidente indonesio y asesor principal de la asociación LibForAll Foundation, se pronuncia a favor de la movilización mundial de «buenos» musulmanes y no musulmanes para luchar contra la propagación del wahabismo o del salafismo, dos ideologías reaccionarias que acusa de portadoras de la amenaza terrorista nuclear. El señor Wahid no se toma el más mínimo trabajo en establecer las diferencias entre estas dos corrientes religiosas, pero, además, presenta sin discusión, como un hecho consumado, su vinculación con el terrorismo, la financiación de éste y, con razones aún más fuertes, con una amenaza terrorista nuclear. Este argumento de seguridad es de sumo agrado para el Wall Street Journal que se ha convertido hasta tal punto en heraldo de la guerra contra el terrorismo que algunos en Nueva York lo llaman el War Street Journal.

El ex subsecretario de Estado demócrata Thomas R. Pickering se pronuncia también a favor de una asociación entre «Oriente» y «Occidente» para luchar contra el integrismo y el terrorismo. El autor se transforma en apóstol del diálogo interreligioso y denuncia la actitud de la derecha cristiana en Estados Unidos que llega a condenar sistemáticamente al Islam y atiza de esta forma el odio confesional. En su opinión, para luchar contra el «terrorismo» hay que dejar de vincularlo sistemáticamente con el Islam y desarrollar el diálogo.

Esta tribuna es publicada en el Daily Star, diario anglófono perteneciente al New York Times y difundido a partir de Beirut a todo el Medio Oriente.

La semana siguiente a la publicación del artículo del señor Pickering, el diario dedica un gran número de textos a las relaciones de las poblaciones árabes con el Islam, a su lugar en la «democratización» del Medio Oriente y al punto de vista occidental sobre el Islam.

De esta forma, Zvi Bar"el, periodista del cotidiano israelí Ha"aretz, opina que a través de la islamización ha surgido una opinión pública en el mundo árabe que se ha manifestado tanto en el Líbano como en Egipto, Irak, Palestina o Arabia Saudita. Recomienda a los Estados occidentales tenerla en cuenta y se alegra de que esos movimientos debiliten a los actuales dirigentes árabes. Sin embargo, se lamenta de que ello lleve implícito el desarrollo de Hamas, de los Hermanos Musulmanes o de los movimientos religiosos chiítas en Irak.

El ex presidente del American–Arab Anti–Discrimination Committee y presidente actual del American Task Force on Palestine, Ziad Asali, llega a una conclusión similar aunque más optimista. Al mismo tiempo que analiza la pérdida de impulso del panarabismo y predice el próximo fracaso del Islam político, dos teorías políticas que ridiculiza por su oposición a «Occidente», se pronuncia a favor del surgimiento de un movimiento árabe liberal. Desea que esa corriente emerja en las próximas elecciones palestinas sobre las ruinas de Al Fatah y se desarrolle ulteriormente en todo el mundo árabe.

Por su parte, el comentarista político danés y portavoz de Muslimer i Dialog, Zubair Butt Hussain, lamenta que el Islam sea condenado en su país. Afirma que en Dinamarca los musulmanes constituyen una población siempre denigrada por los políticos, no sólo por los de extrema derecha. Se les llama siempre «inmigrantes» cuando no son «daneses de pura cepa» y se les llega a comparar con los «nazis» en el caso de que se hayan convertido al Islam. El autor predice su éxodo masivo.

Al mismo tiempo, y a pesar de los matices introducidos en una parte de la prensa atlantista, los ideólogos radicales islamófobos siguen denunciando todo aquello que pueda parecerles «islamista».

En el New York Sun y en FrontPage Magazine, Daniel Pipes alaba la inventiva de dos ministros del Interior conservadores de los estados alemanes de Baden–Wurttemberg y de Baja Sajonia: Heribert Rech y Uwe Schünemann. El primero somete a aquellos que solicitan su naturalización a cuestionarios relacionados con la adecuación a los «valores occidentales» (lo que incluye la opinión sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001), mientras que el segundo piensa colocar una pulsera electrónica a todos los islamistas que hayan estimulado el terrorismo. Esta última propuesta es la que más estimula la imaginación de Daniel Pipes, quien añade a su acostumbrada islamofobia un toque orwelliano a lo 1984. De esta forma, sueña con un mundo en el que todos los «islamistas» llevarían una pulsera que grabaría además sus conversaciones y todos sus actos y gestos. Para concluir, el autor saluda a ambos ministros conservadores e invita a sus colegas europeos a imitarlos, e incluso a aventajarlos.

«Muy pocos fanáticos en el Islam»

Por Mohammad Habash, diputado sirio, dirige el Centro de Estudios Islámicos de Damasco. Fuentes Daily Star (Líbano), Taipei Times (Taiwán), La Libre Belgique (Bélgica), Korea Herald (Corea del Sur), Daily Times (Pakistán), El Nuevo Diario (Nicaragua). Referencia «Fanatical 1 percent in Islam», por Mohammad Habash, Korea Herald, 27 de diciembre de 2005. «Why it"s wrong to stereotype Muslims as extremists and fanatics», Taipei Times, 27 de diciembre de 2005. «Islam"s fanatical one percent», Daily Times, 29 de diciembre de 2005. «El 1% de fanáticos islámicos», El Nuevo Diario, 2 de enero de 2006. «Don"t overestimate Islam"s fanatical one percent», Daily Star, 6 de enero de 2006. «Si peu de fanatiques dans l"Islam», La Libre Belgique, 10 de enero de 2006.

En el Medio Oriente, el Islam conservador refleja una realidad fundamental de la sociedad musulmana pero no debe ser confundido con el radicalismo violento como lamentablemente hacen los Estados Unidos. La violencia y el terrorismo campean por su respeto en la región no porque el conservadurismo sea mayoritario. El Centro de Estudios Islámicos llevó a cabo un sondeo que demostró que el 80% de la población islámica es conservadora mientras que el 20% restante está formado, en lo esencial, por reformistas. Los radicales no pueden representar más del 1% de la población. Considero que se trata de una tendencia casi estable a lo largo de la historia del Islam.

Las diferencias entre musulmanes conservadores y reformistas pueden medirse por la posibilidad de emitir juicios personales sobre los temas religiosos y sobre su relación con aquellos que no son musulmanes. Los conservadores consideran que la interpretación individual del Islam debe ser restringida y no buscan nuevas soluciones a los problemas que enfrentan los musulmanes en la actualidad. Para ellos, es preciso evitar los bancos y las compañías de seguros usureras, las mujeres deben cubrirse y rechazan la democracia ya que se niegan a que la soberanía popular vaya contra la voluntad de Dios. Los reformistas, por su parte, leen los textos religiosos de manera abierta. Consideran que los bancos y las compañías de seguros contribuyen al bienestar de la sociedad, que las mujeres pueden tomar decisiones individuales y no ven conflicto alguno entre democracia y enseñanza islámica. Los conservadores piensan que la llegada del Islam anula las restantes religiones mientras que los reformistas piensan que el Islam completa pero no invalida los restantes cultos. No obstante, los conservadores no defienden la violencia contra las demás religiones.

Los radicales no llegan a representar más del 1% de la población musulmana pero su influencia se basa en los efectos crecientes de su violencia y en su total rechazo al compromiso. Esta pasión por la violencia tiene dos pilares: la cultura radical y la injusticia. Cuando prevalece la cultura radical ésta lleva a los pueblos a la violencia y el extremismo de esta cultura es alimentado por las múltiples injusticias y daños que deben enfrentar los pueblos del Medio Oriente. Irak se ha convertido en abono del Islam radical debido a la brutalidad con que fueron gobernados los iraquíes por Sadam Husein y después por las fuerzas de ocupación. De manera general, toda sociedad que pierde de vista la dignidad humana está amenazada por el radicalismo.

«Islam bueno contra Islam malo»

Por Abdurrahman Wahid, fue presidente de Indonesia de 1999 a 2001 y asesor principal del think tank indonesio–estadounidense LibForAll Foundation. Fuente Wall Street Journal (Estados Unidos). Referencia «Right Islam vs. Wrong Islam», por Abdurrahman Wahid, Wall Street Journal, 30 de diciembre de 2005.

Según informaciones recientes, Bin Laden obtuvo de un religioso saudita mal orientado un edicto que lo autoriza a emplear el arma nuclear contra Estados Unidos. Con ello, ya nada hará retroceder a aquellos que cometieron los atentados del 11 de septiembre de 2001 si tienen la posibilidad de causar mil veces más muertos. ¡Imaginen el impacto que tendría la explosión de un arma atómica en Nueva York, Londres, París, Sydney o Los Ángeles, o peor, ¡dos o tres! Toda la civilización moderna reposa en bases económicas y tecnológicas que los terroristas quieren destruir. Dos bombas permitieron destruir la industria turística de Bali en 2002. ¿Cuál sería el efecto de un ataque mucho más devastador? Es hora de reconocer el peligro que nos amenaza, un peligro para nuestra propia existencia cuya fuente son el wahabismo y el salafismo.

El Islam es una religión tolerante que algunos fanáticos tratan de pervertir en religión odiosa. Lamentablemente, los musulmanes y los demás creyentes no logran desacreditar a los extremistas. La mejor forma de combatirlos es explicar lo que representa en realidad el Islam a los musulmanes y a los que no lo son. No será tarea fácil ya que nos enfrentamos a una ideología bien financiada y que puede apoyarse en una excelente organización.

La ideología fundamentalista sunita incluye por lo general la restauración de la perfección del Islam de los primeros tiempos, la imposición de una interpretación de la ley islámica, la transformación del Islam en sistema político mundial y la constitución de un califato que se extienda de Marruecos a Filipinas e Indonesia. Para desarrollar este proyecto cuenta con fondos, estructuras, organizaciones caritativas (con frecuencia financiadas por los petrodólares wahabitas) y predicadores formados en Arabia Saudita. Para poder luchar contra estas ventajas necesitamos una campaña global que una a los musulmanes y a los que no lo son. Debemos oponer nuestros principios a los suyos y librar una batalla ideológica. Necesitamos una organización mundial y los musulmanes deben promover el «Islam bueno».

«El debate sobre el terrorismo no debe dividir a Oriente y a Occidente»

Por Thomas R. Pickering, ex subsecretario de Estado en el gobierno de Clinton y embajador en la ONU. En la actualidad es vicepresidente de Relaciones Internacionales de Boeing. Fuente Daily Star (Líbano) Referencia «The terrorism debate should not divide East and West» por Thomas R. Pickering, Daily Star, 3 de enero de 2006.

No hay que ser un genio para saber que el Islam despierta un gran interés en gran parte de Occidente. Este asunto se ha convertido en un tema candente. La primera fuente de preocupación tiene que ver con el terrorismo o, más bien, con el vínculo entre el fundamentalismo islámico y el empleo de tácticas terroristas. En este debate, a menudo se olvidan los atentados de Oklahoma City o el asesinato de Yitzhak Rabin. Ese análisis por lo general vincula el terrorismo con el Islam en su conjunto, haciendo creer a algunos que la guerra contra el terrorismo es una guerra contra el Islam, idea que alimentan los grupos terroristas.

Frente a esto, aquellos que, por el contrario, tratan de crear vínculos entre Occidente y el Islam no cuentan con apoyo y son víctimas de la labor de zapa de la derecha cristiana, que reivindica un legado judeocristiano para agudizar las divisiones religiosas. Asimismo, esa derecha cristiana ve la presencia judía en la Tierra Santa como una señal mesiánica y alienta la colonización, atizando, de hecho, las tensiones con el Islam. Será difícil combatir esa tendencia.

Es necesario desarrollar el diálogo entre los credos. Oriente y Occidente son demasiado interdependientes para permitir que se agudicen las divisiones.

«Hay una opinión pública árabe, pregúntele a los dictadores»

Por Zvi Bar'el, comentarista del diario israelita Haaretz.. Fuente Daily Star (Líbano). Referencia «There is Arab public opinion, just ask the dictators», Zvi Bar"el, Daily Star, 10 de enero de 2006.

Este año el Festival Internacional de Cine de El Cairo no tuvo mucho éxito, ya que el público no se mostró muy interesado en ese evento por haber desviado su atención hacia las elecciones legislativas. Ese interés muestra que hay algo que está cambiando en el país. De hecho, estamos presenciando una transformación en todo el mundo árabe: el surgimiento de una opinión pública autónoma.

Es esa opinión pública la que expulsó del Líbano a Siria, la que llevó a Hosni Mubarak a celebrar elecciones y a emprender reformas. Los iraquíes se movilizan para las elecciones enfrentándose a los terroristas y los palestinos denuncian la corrupción de Al Fatah votando a favor del Hamas. También Arabia Saudita está cambiando gracias al impulso de la opinión pública. Según el crítico de televisión Ibrahim al–Ariss, ha sido la creación de emisoras televisivas como Al Jazeera y Al Arabiyya lo que ha contribuido al desarrollo de esa opinión pública. No hay duda alguna de que eso ha influido. En nuestros días, los presidentes y monarcas comprueban que ya no monopolizan la influencia sobre la opinión pública. No obstante, los activistas políticos continúan sufriendo vejaciones por parte de los que detentan el poder.

Hay que decir que si la opinión pública árabe da señales de vida, no lo hace para los Estados Unidos, para Europa o para Israel. Lo hace para sí misma. Ello fortalece al Hamas, a los Hermanos Musulmanes y a los chiítas religiosos en Irak. Occidente debe comprender que, en lo adelante, los dirigentes de los países árabes no serán sus únicos interlocutores.

«Humanistas laicos palestinos, ¡uníos!»

Por Ziad Asali, ex presidente del Comité Árabe-Americano Anti-Discriminación y Presidente de la Fuerza de Tarea Americana en Palestina. Fuente Daily Star (Líbano). Referencia «Palestinian secular humanists: Unite!», por Ziad Asali The Daily Star, 6 de enero de 2006.

Resumen La cultura política en Palestina y en el mundo árabe fue definida durante el pasado siglo por el principio unificador del nacionalismo árabe, definiéndose como antioccidental, antiimperialista e islámica, aunque más desde un punto de vista cultural que religioso. A mediados del siglo XX, también se transformó en antisionista y se volvió contra algunos regímenes árabes conservadores. Todos esos atributos constituyeron lo «políticamente correcto» durante decenios y perduran hasta nuestros días. La derrota de 1967, la caída de la URSS y el surgimiento del Islam político no cambiaron en nada esta concepción. Occidente siempre es considerado como el principal adversario. _ Estos últimos 20 años vieron nacer una nueva fuerza política y militante: el islamismo radical. Menos sofisticado en su principio reunificador que el nacionalismo árabe, extrae su legitimidad de las profundas raíces históricas musulmanas. Los militantes islamistas se distinguen de los nacionalistas árabes por su desprecio a la laicidad y la discriminación respecto de las mujeres y las minorías; pero comparten la oposición a Occidente, al sionismo y a los regímenes despóticos del nacionalismo. En cambio, aún no han alcanzado la respetabilidad social y política de este último.

Durante decenios, los regímenes árabes, con el apoyo tácito o abierto de Estados Unidos, que también aprovechaba ese tipo de estabilidad, han negado a su población toda participación política, generando así una inestabilidad política de consecuencias globales cada vez mayores. La secretaria de Estado, Condoleezza Rice reconoció el fracaso de esa política y la comparó con el enfoque de la administración Bush tendente a restaurar la estabilidad en la región a través de una mayor participación y expresión política de los actores implicados. El éxito de ese proyecto dependerá de la capacidad de modificar la cultura política en la región, no sólo la correlación de fuerzas. Hay que dar a las fuerzas de estabilidad el tiempo de madurar y los medios para que logren un lugar en el tablero político de donde siempre estuvieron excluidas en el pasado.

Los palestinos, que siempre estuvieron a la vanguardia del nacionalismo árabe, se inclinaron tardíamente hacia el Islamismo. Además de la gravosa carga de la ocupación israelí, han sufrido los problemas genéricos de los «regímenes árabes». Estos últimos diez años, el mensaje de rebelión y de esperanza «el Islam es la solución» encuentra cada vez más apoyo en una población harta de una dirección política corrompida e ineficaz. Esas dos fuerzas –nacionalista e islamista– han dominado el escenario político, mientras que el espacio entre las dos permanece vacío.

Las fuerzas políticas liberales, democráticas, humanistas y laicas, que representan los intereses y los valores de la clase media, han sido marginadas, política y económicamente desfavorecidas durante decenios, pero no se han declarado vencidas. Su éxito y su fortalecimiento son la mejor muralla contra el extremismo y el radicalismo, ya que los humanistas demócratas tienen una larga tradición de tolerancia religiosa. El vehículo de semejante cambio político podría ser un partido político palestino con esos valores.

«Dos alemanes contra el islamismo»

Por Daniel Pipes, administrador del US Institute of Peace, es fundador del Middle East Forum y autor de Militant Islam Reaches America. Colabora con Benador Associates. Si desea consultar una biografía detallada vea la investigación realizada por la Red Voltaire. Fuentes Frontpage Magazine (États–Unis), New York Sun (Estados Unidos). Referencia «Two Germans vs. Islamism», por Daniel Pipes, New York Sun, 3 de enero de 2005. «German Immigration Gets Tough with Islamists», FrontPage Magazine, 3 de enero de 2005.

Los ministros del Interior de dos estados alemanes adoptaron recientemente importantes medidas con miras a contener el Islam radical y que merecen una atención particular en todo el mundo occidental.

En Baden–Wurttemberg, Heribert Rech decidió someter los candidatos que optaban por la ciudadanía a un test de lealtad referido a 30 temas que sirve para demostrar que los aspirantes apoyan la estructura constitucional libre y democrática de Alemania, y que en ocasiones será seguido mediante entrevistas en caso de duda. Se considera que la mitad de los tests darán lugar a entrevistas. Las preguntas propuestas constituyen un condensado de los valores occidentales. Se refieren a la democracia, a la relación con la religión, a la percepción sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001 y a los derechos de las mujeres y de los homosexuales. Los candidatos que pasan el test y obtienen la ciudadanía pueden perderla si sus actos ulteriores no corresponden a sus respuestas «correctas». Alemania no es un caso aislado. En Irlanda, los hombres que obtienen la nacionalidad irlandesa deben jurar que se casarán con una sola mujer.

En Baja Sajonia, el ministro del Interior, Uwe Schünemann, piensa que los islamistas deben usar brazaletes electrónicos lo que permitirá vigilar a «los cerca de 3 000 islamistas dispuestos a realizar actos de violencia». El mismo método se emplea en Gran Bretaña o Australia. Se desea que la iniciativa termine con la señalización electrónica de todos los islamistas. También debería ser posible grabar sus conversaciones, filmar sus actividades, vigilar su correo tradicional y electrónico. Para ello, Rech y Schünemann proponen dos tácticas audaces para la defensa de Occidente, ambas basadas en la comprensión del hecho de que la cultura y las ideas constituyen el verdadero campo de batalla. Saludo su creatividad y coraje. ¿Quiénes serán los próximos en adaptar, y después, adoptar esas iniciativas?


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