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La crisis del movimiento sindical norteamericano

None | 24 de Enero de 2006 a las 00:00

En la Convención de la AFL–CIO (la federación que agrupaba la mayoría de sindicatos de Estados Unidos) de Julio de 2005 se produjo la escisión más importante en el movimiento sindical estadounidense desde el año 1935. Algunos meses antes del encuentro, Mike Davis analizó los elementos que subyacían a una ruptura que él, premonitoriamente, veía como anunciada. En este dossier reproducimos el artículo de Davis seguido a continuación por un debate en vivo entre los principales protagonistas de la escisión sobre las prioridades y las tácticas a seguir por el movimiento sindical norteamericano.

Un gancho de izquierda

Por Mike Davis, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducción para www.sinpermiso.info: Jordi Mundó

Ha empezado la lucha interna por la definición de las prioridades en el movimiento sindical estadounidense. El gancho más famoso de la historia de Estados Unidos no lo propinó Joe Louis, sino John L. Lewis. Hace 70 años, el cejudo e irascible presidente del sindicato de mineros soltó un guantazo de aquí te espero en la mandíbula del dirigente de los carpinteros Big Hill Hutchison. Fue la forma de Lewis de decir adiós a la Federación de Sindicatos de Estados Unidos (AFL) y a los conservadores –y, algunos de ellos, tradicionalistas– sindicatos de artes y oficios que la tenían bajo su control. La AFL había rechazado constituir e incluso ofrecer apoyo a los sindicatos industriales que se estaban creando en los sectores manufactureros del caucho, la automoción, el acero y la electricidad, y Lewis no escondía su preocupación por que una revuelta de los trabajadores afiliados de la industria básica pudiera ser el ariete de las posiciones izquierdistas contra el aparato sindical. De modo que se llevó a sus mineros y al entonces llamado Comité para la Organización de la Industria fuera del salón de convenciones y se unió a los piquetes. Tuvieron que pasar 20 años hasta que un Congreso para la Organización de la Industria (CIO) completamente renovado y desradicalizado volviera a unirse a la AFL en una difícil, y a menudo tormentosa, cohabitación.

En el reciente encuentro del comité ejecutivo de la AFL–CIO que tuvo lugar en Las Vegas, Andy Stern, el dirigente de la federación más numerosa del sindicato, la de los trabajadores del sector servicios (SEIU), se abstuvo de atizar literalmente a su antiguo jefe y presidente de la AFL–CIO, John Sweeney, pero la atmósfera que se respiraba recordaba a lo ocurrido en 1935. Diez años después de que el equipo de Sweeney tomara el control de la AFL–CIO con el lema "Nuevos caminos" y la promesa de restaurar la unidad sindical y dedicar todos los esfuerzos a la transformación de la organización, hoy la federación está a un paso de escindirse en dos.

Aunque en la última década ha habido campañas memorables y triunfantes como las organizadas por celadores, trabajadores de hotel y enfermeras, el balance general de la era Sweeney tiene un claro diagnóstico: declive inexorable. Menos del 8% de los trabajadores del sector privado está hoy afiliado a un sindicato, el índice más bajo desde 1901. Aunque para todo el mundo es evidente que la industria manufacturera tradicional va perdiendo peso, los sindicatos han sido incapaces de dar pasos claros para implantarse en sectores como el de las nuevas tecnologías o el de la venta al por menor, caracterizado éste por sus míseros salarios. No se ven pegatinas de los sindicatos en los Macs [ordenadores personales], ni en los Big Macs [hamburguesas]. Mientras tanto, Wal–Mart, el mega–explotador de trabajadores de Estados Unidos y el Tercer Mundo, amenaza con acabar con cualquier rastro de sindicalismo en el sector de la alimentación.

A pesar de la rimbombante promesa de Sweeney en el año 1995 de "organizar, organizar y organizar" sindicalmente a los trabajadores, la mayor parte del presupuesto de la AFL–CIO ha continuado desapareciendo por el mismo sumidero de siempre: el Partido Demócrata. Como un ludópata ante una máquina tragaperras, la AFL–CIO gasta compulsivamente las cuotas de los afiliados en campañas de los Demócratas, siempre con la esperanza de una compensación electoral que nunca llega. La lealtad al tándem Clinton–Gore, por ejemplo, sólo trajo acuerdos de libre comercio, cuyo efecto ha sido la amortización sin fin de puestos de trabajo sindicados de los antiguos bastiones industriales del país.

Como resultado, una mayoría de votantes blancos de clase trabajadora ven la gestión Republicana de la economía como la opción menos mala. El análisis de la votación del pasado mes de Noviembre muestra que, en asuntos económicos, los trabajadores blancos prefirieron a Bush ante Kerry por una increíble diferencia de 55% a 39%.

Stern se ha convertido en un crítico cada vez más franco de la monodedicación del sindicato a los Demócratas: "Hoy en día los trabajadores no tienen a ningún partido que hable claramente y sin ambigüedad en pro de sus intereses económicos". En la reunión de Las Vegas propuso revisar la política de la AFL–CIO de destinar la mitad de las cuotas de los afiliados a apoyar a los Demócratas y a untar a los grupos de presión de Washington; a cambio, expuso, los fondos desembolsados se destinarían a organizar nuevas actividades sindicales con las miras puestas en combatir a Wal–Mart.

La propuesta tenía el apoyo de James Hoffa, del sindicato de camioneros, y contaba con el respaldo de los trabajadores de hotel, de la alimentación, los trabajadores no calificados y los del sector de la automoción. Aunque Sweeney se zafó con facilidad del envite por 15 votos a siete, lo ocurrido en Las Vegas fue sólo el preludio de la batalla campal que podría desatarse en la convención de la AFL–CIO del mes de Julio.

Stern advirtió el pasado verano que sus 1,8 millones de afiliados (mayoritariamente trabajadores de hospital y conserjes) abandonarían la AFL–CIO si ésta no se transformaba en una organización más eficiente, si no se obligaba a los sindicatos más pequeños a unirse, si no se acababan las disputas jurisdiccionales y si no se destinaban recursos a la organización de nuevas acciones sindicales. Es muy probable que el aliado de Stern, John Wilhelm –de los trabajadores de hotel–, eche un pulso a Sweeney durante la Convención. Si lo pierde, será una baza que los sindicatos reformistas utilizarán para escindirse de la federación y constituir una nueva alianza, posiblemente con la participación del ya independizado sindicado de carpinteros. Como en el año 1935, existe la tentación de identificar a los reformadores como la "izquierda" y a los dirigentes de la federación como la "derecha". No cabe duda de que en lo que se refiere a su voluntad de hacer que la organización sea más agresiva Stern emula conscientemente a Lewis. Pero, como en 1935 atestiguaron para su desdicha las bases radicales del sindicato, John L. Lewis también era un autócrata que aplastó a los disidentes y persiguió con saña a socialistas y comunistas.

No puede decirse que Stern sea un tirano del calibre de Lewis, pero ha gobernado su sindicato tratando a las bases sin contemplaciones. Los partidarios de la democracia sindical también están seriamente preocupados por el modelo de gestión de toma de decisiones de arriba a abajo basado en grandes fusiones con socios tan siniestros como Hoffa (hijo del corrupto líder del sindicato de camioneros asesinado tiempo atrás).

En una reciente carta abierta, Donna Dewitt, presidenta de la AFL–CIO en Carolina del Norte, Bill Fletcher, antiguo director de formación de la AFL–CIO y destacado marxista negro, y otros sindicalistas progresistas decían que "tratar de revitalizar las organizaciones de trabajadores mediante un enfoque de toma de decisiones de arriba a abajo no logrará aumentar la participación sindical, ni con ello se obtendrán más apoyos". También advertían sobre el hecho que tratar de reactivar la organización mediante una estrategia ofensiva no significará renovará un movimiento sindical de Estados Unidos en vías de extinción: lo que los sindicatos deben hacer es situarse en la primera línea del frente de batalla contra la "sociedad entendida como fortaleza" que se ha ido edificando en nombre de la "guerra contra el terror".

Mientras tanto, Sweeney y sus seguidores –incluidos, entre los sindicatos grandes, los maquinistas, los empleados públicos, los maestros y los trabajadores del sector de las comunicaciones– persisten, erre que erre, en introducir el dinero de las cuotas de los trabajadores en la máquina tragaperras Demócrata. Después de tumbar la propuesta de Stern de modificar el destino de las fondos de la organización, la ejecutiva votó a favor de doblar la inversión anual en programas políticos y legislativos.

Al menos hasta el momento, la lucha dentro de la cabeza de la AFL–CIO ha evidenciado dos grandes grupos de prioridades divergentes. Es tarea urgente del nuevo jefe nacional de los Demócratas, Howard Dean, persuadir a Stern de que frene su ímpetu en la Convención del mes de Julio, no vaya a ser que la AFL–CIO se replantee de veras –por primera vez en su historia– el deprimente matrimonio del movimiento sindical con los Demócratas. (Abril, 2005)

Un debate sobre el futuro del sindicalismo en los Estados Unidos

Por Janice Fein, colaboradora habitiual del periódico alternativo norteamericano The Nation. Traducción para ww.sinpermiso.info: Jordi Mundó. The Nation, 1 agosto 2005

Que sólo uno de cada 12 trabajadores del sector privado esté afiliado a un sindicato significa que el sindicalismo organizado está en crisis, y esto también quiere decir que la clase trabajadora estadounidense está en crisis. Al tiempo que la base sindical ha ido adelgazando, la desigualdad económica –muy especialmente entre las minorías– ha alcanzado niveles históricos. En este horrendo contexto ha surgido un debate, que tendrá su culminación en la Convención de la Federación de Sindicatos de Estados Unidos (AFL–CIO) de los próximos 25 a 28 de Julio de 2005, acerca de las prioridades y opciones de futuro de este órgano central de gobierno sindical.

Bajo el nombre Coalición Cambiar para Ganar, cinco sindicatos pertenecientes a la AFL–CIO (SEIU [trabajadores del sector servicios], UNITE HERE [trabajadores de hotel], Laborers, Teamsters [camioneros] y United Food and Comercial Workers [sector alimentario y comercial]) luchan por una redefinición casi completa del papel de la AFL–CIO, la cual, aseguran, es imprescindible para una recuperación a gran escala de la actividad sindical. Formada a partir del acuerdo entre la Federación de Sindicatos de Estados Unidos y el Congreso para la Organización Industrial, la AFL–CIO se constituyó como una coalición voluntaria con muy poco poder formal sobre sus sindicatos afiliados. Cambiar para Ganar propone dinamizar la organización dándole más poder real sobre los sindicatos miembros, poniendo especial énfasis en la necesidad de que cada sindicato concentre todos sus esfuerzos en un sector económico estratégico.

La reformas propuestas son una continuación de las medidas de reestructuración que emprendieron en los últimos años sindicatos como el SEIU y el de carpinteros (estos últimos abandonaron la AFL–CIO en el año 2001 y se unieron a Cambiar para Ganar el pasado mes de Junio). Estos sindicatos reforzaron sus organizaciones locales de forma selectiva, favoreciendo aquellas que mejor hacían frente a las estructuras económicas emergentes. Las transiciones no han sido nada fáciles, y no pocos temían que la reestructuración restara poder a los sindicatos locales y a los afiliados de base. Los críticos de este enfoque de la actividad sindical promovido por los sindicatos del sector servicios y de carpinteros consideran que éstos han subestimado la importancia que tiene la participación y deliberación de las bases en la formación de la conciencia de clase, la piedra de toque de la revitalización del sindicalismo.

Los cinco sindicatos disidentes están entre los más grandes de los 57 sindicatos miembros de la federación y en conjunto suponen más de un tercio de los trabajadores sindicados de Estados Unidos. Han anunciado que están elaborando enmiendas a los estatutos de la federación y esperan persuadir a la mayoría para que sean aprobadas en Julio. Si pierden, como afirma más abajo el presidente del SEIU, Andy Stern, es "muy probable" que abandonen la AFL–CIO –quién sabe si arrastrando consigo a otros sindicatos– y acaben formando una federación alternativa. El presidente de la AFL–CIO, John Sweeney, y su coalición (que incluye el AFSCME [empleados públicos y trabajadores del sector sanitario] y Communication Workers of America [CWA, trabajadores de la comunicación de los sectores público y privado]) llevará sus propias enmiendas a la Convención. La diferencia más sobresaliente entre los dos grupos de propuestas está en el poder efectivo que cada cual otorga a la federación en punto a promover cambios en la política de cada uno de los sindicatos miembros.

El forum que sigue pretende dar a los lectores la oportunidad de escuchar sin intermediarios a seis de los más destacados líderes sindicales implicados en este debate: Sweeney, de la AFL–CIO; Stern, del SEIU, John Wilhelm, presidente de UNITED HERE; el presidente del AFSCME, Gerald McEntee, el presidente ejecutivo de CWA, y el presidente del sindicato de camioneros, James Hoffa. Las entrevistas se realizaron por teléfono de forma individualizada.

P. ¿Cuáles son a su entender los mayores desafíos que afronta hoy el movimiento sindical?¿Qué parte del declive de los sindicatos es atribuible a la debilidad de las propias estructuras y estrategias sindicales, y qué parte proviene de factores externos como el derecho laboral y la situación política y económica generales?

Sweeney: En los últimos 80 años, nunca los trabajadores habían sido tan sistemáticamente asediados, ya sea por el flanco de la Seguridad Social, por las políticas económicas aplicadas, por los intentos de eliminar la negociación colectiva o por la grave violación del derecho de los trabajadores a organizar y constituir sindicatos. En tiempos así, lo que necesitamos es unidad y solidaridad, y pienso que esto es lo que la gente trabajadora de este país merece. Estamos obligados a luchar mucho y a hacerlo de forma inteligente, y debemos hacerlo juntos. Históricamente, nuestra fuerza ha residido en que, aunque no siempre estemos de acuerdo, permanecemos unidos cuando tenemos algo importante entre manos o nos enfrentamos a nuestros enemigos políticos.

Wilhelm: Los trabajadores de este país están en una situación grave, y gran parte del problema viene de que el movimiento sindical está en una situación grave. Creo que en la década de 1990 el país fue anestesiado por el Presidente Clinton, por el Secretario de Trabajo Reich y por algunos otros que repetían sin cesar que no debíamos preocuparnos por la pérdida de buenos puestos de trabajo en la industria puesto que estábamos en la era de la economía del conocimiento, y que si conseguíamos alcanzar unos mínimos índices de educación la gente estaría preparada para encontrar buenos empleos, buenas condiciones de trabajo y salarios altos. Lo decían para preparan el terreno de proyectos como el TLC [Tratado de libre comercio de América del Norte].

Pero en Estados Unidos todo el mundo sabe que se están exportando puestos de trabajo de todo tipo, y muy particularmente puestos de trabajo del sector del conocimiento, que se suponía que iban a ser el futuro de nuestra economía. Vemos la otra cara de la globalización en nuestra propia casa, los restos del sueño de la clase media que floreció en este país después de la Segunda Guerra mundial. Debemos recuperar las condiciones en las que creció mi generación: si trabajas duro y te atienes a las normas lograrás tu pedazo de sueño americano. No creo que sea posible una recuperación de las oportunidades de la clase media sin un movimiento sindical más grande y más fuerte.

McEntee: La mayor parte es atribuible a factores externos. Los trabajadores del sindicato del acero salieron a la calle y gastaron un montón de dinero organizando actividades sindicales. Incluso se han preocupado de activar otros sectores, como el sanitario, en el que millones de trabajadores no están sindicalmente organizados. Por tanto, los sindicatos continúan pegando duro. El sindicato United Auto Workers está tratando de organizar sindicalmente a los trabajadores de las plantas de componentes y también a los trabajadores del sector público para que intenten hacer algo y crezcan. Lo que hace tan difícil organizarse son los factores externos, tiene muy poco que ver con la estructura de la AFL–CIO.

Cohen: Analicémoslo en su contexto global. ¿Por qué la participación sindical crece en Taiwán, Corea, Sudáfrica y Brasil, y sin embargo mengua aquí? Ellos tienen derechos de negociación colectiva muy fuertes. Lo cual quiere decir que todo tiene mucho que ver con qué políticas aplican estos países y cuáles aplicamos nosotros, y tiene que ver también con la conducta de los gestores y de las estructuras políticas, y en cambio tiene menos que ver con cómo los trabajadores y sus organizaciones cambian su conducta. En cualquier crisis hay una necesidad imperiosa de cambiar de conducta. Pero no podemos confundir la necesidad de cambiar lo que hacemos con la causa del problema.

Stern: Hemos pasado de una economía de General Motors a una economía de Wal–Mart. Podemos centrarnos en tratar de frenar este cambio o, como aprendimos con el New Deal, podemos organizar a los sindicatos y aprobar leyes que amortigüen los cambios. Hay un montón de factores que no controlamos, pero sí tenemos el total control sobre nuestras estrategias y planes, y sobre la forma que tenemos de trabajar unos con otros. Por aquí es por donde hay que empezar, por cosas que estén bajo nuestro control. Si queremos que el trabajo esté bien retribuido debemos tener sindicatos con estrategias, recursos y orientaciones adecuados. Diría que hoy en día no tenemos sindicatos que estén coordinados y que cooperen, y no tenemos una estrategia común. Tenemos un movimiento sindical terriblemente dividido.

P. Hace diez años había muchas esperanzas puestas en las promesas de la "nueva AFL–CIO". ¿Qué cree usted que funciona y qué no va bien en la federación? ¿Qué lecciones pueden sacarse de la etapa Sweeney?

Sweeney: Hemos visto que la influencia de la política sindical ha crecido mucho desde 1995. En este tiempo hemos unificado al movimiento sindical en torno a un programa de formación y movilización de los afiliados. Aunque las familias con algún miembro sindicalista sólo representan un 17% de la población en edad de votar, constituyen un 24% de los votantes de 2004. Según las encuestas nacionales a pie de urna, en 2004 el número de votos procedentes de afiliados sindicales creció en cuatro millones respecto a 1992, a pesar del declive sindical. Kerry no habría estado tan cerca de ganar de no ser por el voto sindical. A nivel nacional, Bush barrió entre los votantes no sindicados.

Estoy satisfecho por cómo hemos conseguido reforzar nuestro programa organizativo y político, pero debo reconocer que la política del gobierno de Bush es extremadamente contraria a los trabajadores y a los sindicatos. Las políticas fiscal y comercial de este país hacen augurar tiempos muy difíciles. Durante estos años hemos organizado sindicalmente a millones de trabajadores, pero hemos perdido casi tres millones de trabajos industriales bien remunerados, con buena cobertura sanitaria y seguro de jubilación. A pesar de lo mucho que hemos trabajado, lo más que hemos conseguido ha sido estabilizar el número de afiliados.

Wilhelm: Creo que las lecciones son programáticas y estructurales. La AFL–CIO se ha convertido en una federación que actúa de mínimo común denominador. De modo que, en la práctica, cuando alguno de los sindicatos cree que deberían hacerse las cosas de otro modo, no hay forma de cambiar nada. Debemos recrear el movimiento sindical del siglo XXI si el actual no está preparado para realizar buenos análisis y tomar grandes decisiones cuando es necesario.

Cohen: En el CWA creemos que la cuestión básica está en la casi completa eliminación de los derechos de negociación colectiva y en el vínculo que hay entre estos derechos y una democracia moderna. Nuestro sindicato considera esta situación más crítica que la de hace 50 años, cuando contribuimos a empezar el movimiento de Empleos con Justicia. Lo más positivo del enfoque de la AFL–CIO de los últimos 10 años es que, como nunca antes en su historia, se ha concentrado en este problema. La crisis más importante no tiene que ver con la afiliación sindical. No estamos de acuerdo con los que dicen esto. La crisis es sobre el derechos de los trabajadores americanos de unirse y constituir sindicatos.

McEntee: Hasta hace 10 años la federación no empezó a tener programa organizativo de ningún tipo y el programa político no estaba orientado a las bases, ni era tan amplio, ni tenía tanto poder. Cuando Sweeney llegó una de las primeras cosas que hizo fue crear un departamento para la formación de los nuevos miembros, algo que nunca se había hecho antes. Aplicó una táctica política completamente nueva, siendo mucho más agresivos en las movilizaciones. Creo que nadie podrá negar el hecho de que, aparte de los partidos políticos –y esto es algo que los Demócratas debieran tener bien presente– la AFL–CIO es el elemento político de base más fuerte de los Estados Unidos de hoy. Esto ha sido por el liderazgo de Sweeney. Lo cual no significa que haya podido hacer todo lo que deseaba hacer. Los insurgentes están diciendo que la AFL–CIO está demasiado próxima al Partido Demócrata y que apoya más a los Demócratas que a los Republicanos. Nosotros somos un sindicato progresista liberal, pero cuando los Republicanos han trabajado por los hombres y mujeres trabajadores también les hemos apoyado. Apoyamos más a los Demócratas por cómo nos tratan los Republicanos en muchos ámbitos. En Missouri un gobernador Republicano publicó una orden ejecutiva que acabó de un plumazo con los derechos de negociación colectiva de los trabajadores del sector público, y esto probablemente costó a los sindicatos AFSCME, SEIU y UAW entre 30.000 y 40.000 afiliados. Lo mismo ocurrió en Indiana, y hay serias posibilidades de perder a 60.000 afiliados. Esa gente son Republicanos. No son Demócratas, y sabemos bien qué ha hecho George Bush desde que llegó a la Casa Blanca.

Hoffa: Debemos volver a construir una base popular en este país. Antes había una especie de contrato social según el cual si trabajabas duro para la General Motors, y demostrabas un día tras otro que eras un buen empleado, ellos te debían algo. En algún momento de la era Reagan esto se acabó. Hoy impera un ethos darwiniano. Necesitamos alguien como Franklin Delano Roosevelt que proponga un programa popular para recuperar a Estados Unidos. Aunque soy Demócrata, mi obligación es buscar personas que crean en las familias trabajadoras, ya sean Republicanas o Demócratas, que compartan nuestra idea de construir una coalición que esté a favor de los trabajadores.

Stern: Primero, creo que lo que hemos aprendido es que importa mucho tener un plan, sobre todo si es un plan ambicioso. De modo que la AFL–CIO empezó con un plan organizativo y construyó un plan político que se basa en explicar a los afiliados qué es lo importante. Estas cosas han sido positivas. Segundo, hemos aprendido que una federación muy laxa que permita que cada uno actúe independientemente de los demás no funcionará en el siglo XXI. En modelo de federación establecido en 1955, cuando uno de cada tres trabajadores estaba sindicado y cada sindicado podía ir por libre, hoy no funciona. Tercero, la estrategia importa. John Sweeney ha hecho un gran trabajo dirigiendo la organización, pero hoy debemos tomar una orientación adecuada al nuevo siglo, y ésta debe basarse en organizarse en el sector de la venta al por mayor, no en la venta al por menor –creando estructuras sindicales en las industrias, sectores y mercados de las grandes superficies, no en los lugares de trabajo individuales.

P. ¿Cuáles considera que son las estrategias básicas necesarias para reactivar el movimiento sindical?¿Cree que es posible reactivar la AFL–CIO en el sentido que usted considera necesario a partir de las estructuras existentes? ¿Debe la federación tener más poder sobre los sindicatos que la constituyen?

Sweeney: La federación no es un sindicato nacional. Es la reunión de diferentes sindicatos que aportan distintas culturas y experiencias. Hay que confraternizar con todo el mundo. Para la buen marcha de la federación es muy importante buscar consensos. Debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para reforzar el movimiento sindical en todos los niveles, ya sea en las iniciativas locales y estatales, ya en las asambleas sindicales o en las federaciones estatales. Debemos continuar en la línea iniciada estos años de centrarnos en la formación de las bases sindicales e involucrarlas en las movilizaciones a favor de programas políticos y otras campañas concretas. El día de las pasadas elecciones presidenciales teníamos a 225.000 activistas trabajando en todo el país. El mayor reto en el campo político consistirá en transformar el "conseguir el voto cada dos años" por algo que signifique un compromiso cada día del año, ya sea para pedir cuentas a los candidatos o para movilizarse por asuntos como la Seguridad Social. Éste es nuestro punto fuerte, poner en acción a los afiliados que quieran involucrarse a fondo.

Wilhelm: Se trata de un problema estructural. Gobernar requiere estar siempre dispuesto a actualizarse. Es también una cuestión de liderazgo. Necesitamos un presidente de la AFL que demuestre un liderazgo firme, aunque esto suponga que haya menos unanimidad en la toma de decisiones. Los que ahora gobiernan el sindicato van repitiendo el mantra de que no hay diferencias relevantes entre las dos partes que participan en este debate; pero esto es absolutamente falso. Nosotros hemos propuesto que se financie una campaña estratégica bien planificada, sistemática y bien dotada en el corazón mismo del tejido empresarial; supondría una financiación equivalente al valor del 50% de las cuotas de los afiliados. [...] Si la AFL exhorta a que se organicen acciones pero no se concentra en organizarlas, las exhortaciones son hueras.

[...]

Stern: Las enmiendas a los estatutos del sindicato que plantea Cambiar para Ganar se proponen reforzar el poder de la federación, la cual históricamente ha tenido poco poder sobre los sindicatos afiliados. Al fin y al cabo, ser un miembro electo de la AFL–CIO debe significar que estás dispuesto a hacer ciertas cosas por los miembros que forman la federación. La forma en que los trabajadores consiguen lo que se proponen es trabajando codo con codo con otros trabajadores que hacen el mismo tipo de trabajo en su empresa o sector. Nosotros decimos que tiene que haber comités de coordinación fuertes dentro de la industria que tengan autoridad para negociar, para realizar planes anuales de actuación y para prohibir a otros que no forman parte de esos planes estar involucrados en ese sector. Esto acabaría con que 30 sindicatos distintos organicen acciones cada año en un mismo sector. Hay una manera mejor de unir la fuerza de los trabajadores que actuando con 57 sindicatos distintos. Tiene que haber una comisión delegada para sugerir fusiones e incentivarlas. Finalmente, debe de haber un comité ejecutivo. El actual consejo ejecutivo es demasiado amplio para poder tomar decisiones.

P. Señor Andy Stern, ¿realmente es posible hacer un cambio de esta magnitud de un día apara otro, en una sola Convención? ¿Hay margen para que haya acuerdo, o bien la propuesta de las enmiendas es sólo un preludio deque en Julio habrá una secesión?

Stern: No se puede transigir sobre la estrategia que mejore las condiciones de las personas que trabajan cada día. Necesitamos una estrategia que funcione. No podemos tomar un poquito de aquí y un poquito de allá, y decir que estamos todos juntos. Si seguimos así vamos a fracasar. Si nosotros ponemos en marcha una nueva federación, ésta deberá defender los valores que nosotros defendemos. [...]

P. Si sus enmiendas no son aceptadas en la Convención, qué probabilidades hay de que el SEIU abandone la federación?

Stern: Desde ya puedo decir que es muy probable. Tenemos una concepción muy distinta sobre cómo los trabajadores pueden conseguir cosas en el actual contexto económico. El que hayamos aumentado la afiliación en 900.000 trabajadores en los últimos nueve años nos da una gran confianza, sobre todo porque nosotros hemos logrado aumentar la cobertura sanitaria mientras otros la han ido perdiendo.

[...]

P. SEIU y HERE pueden estar contentos de lo que han logrado. SEIU es uno de los pocos sindicatos que han crecido, pero otros que están en Cambiar para Ganar también han perdido peso, y de hecho muchos están organizando actividades sindicales fuera de su sector empresarial. ¿En que se basa realmente esta unión? ¿Cómo justifica usted una coalición con otros sindicatos que no han sabido organizarse dentro de su propio sector?

Stern: Hay seis sindicatos (si incluimos el de carpinteros) que quieren cambiar para ganar, y ninguno de ellos, al menos hasta ahora, está diciendo que lo hayamos hecho todo bien. El nuevo presidente de la United Food and Comercial Workers dice que si ellos no se organizan sindicalmente en el sector de la comida envasada y de las tiendas de alimentación no tienen futuro como sindicato. Sindicatos como el de camioneros se han reorganizado a nivel nacional para concentrarse más en ciertos sectores, pero lo cierto es que pueden aumentar su afiliación en muchos otros. Ellos nunca han adaptado el conjunto de la organización para crecer en sectores específicos, y probablemente nunca lo hagan. Pero la buena noticia es que quieren ganar y están dispuestos a cambiar.

P. Señor James Hoffa, el sindicato de camioneros es el sindicato más generalista de todos. ¿Por qué está usted en un equipo que apoya tan claramente que los trabajadores se unan a partir de sectores industriales específicos? Ustedes actúan en todos los sectores. ¿Van ustedes a cambiar esto?

Hoffa: De ningún modo. No vamos a abandonar a nuestros afiliados. Pero creemos que si un sindicato está dispuesto a hacer algo con los fondos de la AFL–CIO, debe ser para organizarse sindicalmente en los sectores que constituyen el corazón de la economía, no sólo para salir y organizar sindicalmente a los trabajadores de los zoológicos o algo así (como los que tenemos en el Zoo de San Diego). Nosotros tenemos a trabajadores de sectores de la A a la Z, desde pilotos de avión hasta cuidadores de zoo, pero creemos que el dinero que proviene del programa de reembolso de cuotas debe destinarse a que cada uno de los sindicatos organice acciones en sus sectores estratégicos. Nosotros nunca seremos un sindicato sólo de camioneros o transportistas. Siempre seremos un sindicato generalista, y no vamos a renunciar a nuestro derecho a serlo.

P. Señor Gerald McEntee, por su historial como presidente del AFSCME y su confianza en un enfoque de organización sindical estratégica de su sindicato, ¿por qué no está usted con Cambiar para Ganar? Ustedes tienen muchas cosas en común con ellos.

McEntee: Digámoslo así: nosotros entendemos muy bien muchas de sus propuestas. Por ejemplo, estamos de acuerdo en la propuesta del sindicato de camioneros de dedicar un 50% del reembolso de cuotas a que cada uno de los sindicatos se organice en su sector económico estratégico. Pero nosotros creemos que debe haber una AFL–CIO y que ésta debe disponer de los recursos para poder realizarlo. [...] Creo que tiene que haber un centro sindical, una federación en la que todos los sindicatos estén juntos, donde después de debatir duramente sean capaces de utilizar su poder en todo el país y en cada Estado. Creo que debemos tener una federación fuerte. No estoy por la labor de tirar la toalla, eso de "o sea hace como yo digo o me voy".

P. Especialistas como el economista laboral Richard Freeman ha documentado que el movimiento sindical, tanto aquí como en otras partes, siempre ha crecido a rachas, nunca por un lento crecimiento sostenido. Cuando se aprobó la Wagner Act, se produjo un crecimiento realmente extraordinario, en parte porque había una sensación general de que el Presidente Roosevelt quería que los trabajadores formaran sindicatos y que éste protegería su derecho a hacerlo. La estrategia de Cambiar para Ganar se basa fundamentalmente en cambios internos en los sindicatos para que puedan salir y organizar actividades sindicales, pero en realidad ¿no se necesita algo más que una nueva estructura, más personal y una estrategia sectorial más inteligente?¿Sobre qué se edifica el movimiento, mediante un cambiando el clima y formando una conciencia de la clase trabajadora a partir de esta nueva concepción?

Wilhelm: Es cierto que el movimiento obrero ha crecido a rachas, pero no es verdad que en la década de 1930 las cosas ocurrieran simplemente porque las estrellas estaban alineadas de cierto modo. El crecimiento de los sindicatos del CIO [entonces, Comité para la Organización de la Industria] se dio porque se produjeron cambios muy profundos en la estructura de la economía. Pero esto no habría tenido como resultado un gran crecimiento de la organización sindical de los trabajadores, y la consiguiente enorme mejora social, si no hubiese sido por un segmento del movimiento sindical encabezado por John L. Lewis, el CIO y parte de los sindicatos de la AFL. Éstos decidieron meditar seriamente qué significaban esos cambios e hicieron todo lo que estuvo en su mano para organizar sindicalmente a los trabajadores. Tiene que haber voluntad suficiente para apostar fuerte, porque si no lo hacen los sindicatos hoy existentes, van a ser los propios trabajadores quienes acaben inventando algo distinto. Creo que el movimiento sindical puede hacerlo. Y debemos hacerlo.

Stern: En el último medio siglo la conciencia de clase de los trabajadores se ha desvanecido, no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo, y todos los movimientos sociales que contribuyeron a dar un cariz diferente a este país están en horas bajas. Antes que nada, debemos cumplir con nuestra obligación como sindicato, para luego estar en posición de construir movimientos más amplios de cambio social. Si el crecimiento se da a rachas, debemos prepararnos para tomar ventaja y crear las condiciones para que esas rachas de crecimiento se produzcan.

[...]

P. Algunas personas creen que la escisión entre la AFL y el CIO fue buena para que muchos nuevos trabajadores se incorporaran al movimiento sindical. ¿Cree que una ruptura a día de hoy puede tener el mismo efecto galvanizante?

Sweeney: Bueno, hoy no estamos en la década de 1930 ni en la de 1940, cuando la industria estaba en su apogeo y el país estaba pasando de una economía agraria a una industrial. Hoy vamos a una economía de servicios, las familias trabajadores no tienen una cobertura médica básica, están aumentando los ‘working poor’ y la gente a duras penas consigue salir adelante. Los derechistas del Congreso de Estados Unidos aprovechan cualquier circunstancia para socavar sin tregua cualquier protección legal que pueda beneficiar a los trabajadores. Sepa usted que esos derechistas están salivando ante la posibilidad de que se produzca una ruptura. Consulte las webs Republicanas; verá que no caben de satisfacción, porque la verdad es que nosotros hasta hoy hemos tenido un poder mucho mayor que el de los miembros de la federación por separado, precisamente porque estábamos fuertemente organizados. Una ruptura no nos ayuda. Los sindicatos deben trabajar conjuntamente para poder enfrentarse a los grandes patronos, que se han aliado contra nosotros. Sólo de esta manera podemos salir airosos.

Stern: El movimiento sindical está ya muy dividido. La única unión que existe es cuando nos reunimos alrededor de una mesa en Washington DC o porque todos los sindicatos ponemos las siglas de la federación al final de las nuestras. Pero cuando hay que tratar con compañías como United Airlines o cuando hay que fijar estrategias nacionales sobre como organizar sindicalmente a los trabajadores de Wal–Mart o a los trabajadores de los servicios personales de atención médica, no existe unión. [...]. No creo que una ruptura por sí misma conlleve una situación de crecimiento y esperanza idílicos. No espero resultados inmediatos. Pero cuando estás avanzando por una senda que te lleva cada vez a estar peor, debes cambiar. [...]


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